Paco Mora. LEER

Leer

 

El último informe sobre la materia es demoledor. Sabíamos ya desde hace tiempo que en este país de nuestras entretelas el gusto por la lectura, entre la población en general, andaba a la altura del betún, que a la mitad de las buenas gentes con las que nos cruzamos a diario por la calle la sola mención de la palabra "libro" les produce urticaria y que, en consecuencia, para encontrar por ahí lo que comúnmente se entiende por un "lector habitual" hay que echar el anzuelo en aguas profundas, por no decir procelosas. Uno, en su ingenuidad, pensaba que ante este estado de cosas los guardianes del saber -y por qué no, del placer- que la lectura encierra serían naturalmente y por definición los estudiantes. Lamentable error. El informe no deja lugar a dudas: los universitarios españoles leen poco -y lo poco que leen por obligación-, escriben mal y no saben expresarse, ni oralmente ni por escrito. Los expertos achacan tan penosa situación a un sistema educativo en exceso tolerante que ha ido relajando el nivel de exigencia muchísimo, a unos padres que, intentando acercarse a sus hijos -sin conseguirlo, por supuesto-, rebajan su nivel lingüístico hasta el paroxismo y a unos medios que tratan a los jóvenes como meros consumidores, o sea, como ganado. Si, por otro lado, nos paramos un instante a mirar lo que el personal lee, a tenor de lo que anuncian las listas de libros más vendidos, comprenderemos que la batalla por la lectura -quiero decir, por las buenas letras- está si no del todo perdida, al menos dando sus últimas boqueadas. Y eso que en las listas españolas, como ocurre en las turcas, aún no ha aparecido entre los libros más leídos del momento ese bodrio que el carnicero Hitler llamó "Mi lucha", lo cual ya sería de juzgado de guardia. Para llorar.
Ante semejante panorama uno se pregunta dónde pretende llegar con una columna titulada "Leer". Francamente, no lo sé. Será querencia. Desde esta esquina hemos intentado una y mil veces transmitir -aunque comprendo que es inútil, la lectura no es una forma de ocio apreciada, ni siquiera por los estudiantes de letras- nuestra experiencia como lectores. Renuncio a repetirme. No diré que los libros nos hacen mejores. Y más libres. No diré que la lectura es una fuente de placer tan íntima como vivificadora, y además asequible y universal: está al alcance de tus sentidos, solo tienes que despertarlos. Simplemente te recordaré que no es mala la ocasión que la ciudad nos brinda, con una Feria del Libro en marcha, para sumergirte, aunque sea a ratos perdidos, entre esas casetas atestadas de hermosos volúmenes. No lo dudes, uno, al menos uno está escrito especialmente para ti y, desde siempre, te aguarda.

 

El Día de Cuenca
27 de abril de 2005.