Paco Mora. CUTREZ

Cutrez

 

Por entonces, con el término música ligera pretendían despacharse aquellos soniquetes que nada tuvieran que ver con los clásicos (de Mozart al jazz) ni con el flamenco (del jondo a la copla), o sea, todo lo demás, el pop, el rock, la canción melódica, la de cantautor, etcétera. En aquel batiburrillo de solfas de varia invención cabían lo mismo los sones merengados de José Luis (y su guitarra), los chuntachunes estivales de Los Puntos, el ¡oh yeah! electrificante de Los Beatles o una interminable salmodia (en dos únicos acordes) de Luis Eduardo Aute. Eran otros tiempos, virados a un gris grisísimo, y el régimen imperante (imperaba mucho el régimen, ya lo creo) no hacía distingos, porque si bien se mira tanto da una pita, un flautín o un caramillo; todo es soplar.
Hablar hoy de música popular en España es echarse a llorar, salvadas las escasas excepciones de siempre, claro. Desde que saltó a la fama la generación triunfito -aunque ya antes se atisbaban signos inquietantes- la cutrez más recalcitrante se ha instalado en el mundillo del dorremí, y con tanta fuerza que no hay modo de enchufar una radio sin que suenen de continuo diez patéticos imitadores de los más patéticos Camilosextos o Pecos de turno, tropecientos grupitos de laboratorio clónicos hasta la irritación de los peores conjuntos yeyés de hace cuarenta años o una legión de salseros, pontífices de las esencias latinas, machacándonos las meninges con un mismo son sin ton que se repite hasta la náusea. Es decir, todo es imitación de clichés manidos, remedo de fórmulas gastadas, pastiche trillado y con mucha caspa. ¿Y los creadores, dónde? ¿Volverán algún día?
Así las cosas no es extraño que retornen con renovado ímpetu los fantasmas del pasado, como los que representan los festivales de la canción (Benidorm o Eurovisión, pongamos) demodés ya desde su inicio. Qué lastima. Este año las feministas andan cabreadas con la letra de la canción que, dicen, nos representará en Eurovisión, porque atenta contra la dignidad de la mujer. Qué pasadas de vueltas están algunas feministas de libro, mira que perder el tiempo en estas cutrerías con la de asuntos importantes para la mujer que hay por resolver. Hace unos días leí la letra de la discordia y aunque la olvidé de inmediato creo recordar que es mala, rematadamente mala, pero nada más, así que de atentar contra alguna dignidad lo hará contra la del oído del que escucha, sea hombre o mujer. Lo demás, rizar el rizo. O tontuna. Ay, qué será de nuestra música cuando entren en dique seco nuestros grandes letristas, Serrat, Aute, Sabina… Claro que alguien podrá decirme con razón que muchas letras de Los Beatles, por ejemplo, son de parvulario. Es verdad, pero Los Beatles con un simple yé-yé, oh-oh, la-la cambiaron la música para siempre. Las chicas de Eurovisión, con suerte, a lo mejor cambian durante una semana el tono del teléfono móvil de una dulce quinceañera quiceañeada y chimpún.

 

El Día de Cuenca
04 de mayo de 2005.