Paco Mora. EL EFECTO LAPICERO

El efecto lapicero

 

Uno de mis cuentos inéditos acaba con una maestra en el suelo sangrando por un oído. Sin más. No hay referencia alguna que nos indique por qué esa mujer ha dado con sus huesos en el piso; menos aún a si está viva o muerta. Pues bien, todo aquel que ha leído el cuento, sin excepción, ha creído ver que la maestra está muerta, es más, que ha muerto porque alguien le ha clavado un lapicero en una oreja. Esto es así hasta el punto de que algunos insisten en que mi relato debería titularse "El lapicero", aun sabiendo que en el texto no aparece esa palabra ni una sola vez.
Los que nos dedicamos a garabatear cuartillas hemos sido testigos, a veces, de los curiosos equívocos que provoca lo que yo llamo "el efecto lapicero". Uno propone con su escritura y el lector dispone de lo escrito. Y lo que el lector dispone, en ocasiones va más allá de las propias palabras impresas e incluso de las sugerencias que el talento del autor haya podido colar entre renglones. Esa es la grandeza de un texto literario: por encima de lo escrito y de lo insinuado por el escritor está el imaginario del lector, legítimo recreador de lo que lee. Aunque lo que se lee sea otra cosa.
Lo malo es cuando, entre lo que se lee y lo que se cree haber leído, se esconde un problema gramatical. Por ejemplo, si no se tiene clara la diferencia entre los artículos determinado e indeterminado. Si yo, pongamos por caso, trazo el retrato descarnado de un gandul de tomo y lomo que termina diciendo: "Este hombre, hoy, es el mandamás de la Oficina de Empleo" y lo publico en un periódico de Soria (es un suponer), ciudad en la que no hay más que una de estas oficinas, convendremos que, aunque no dé ningún nombre, todo quisqui señalará al jefe de la entidad soriana como el destinatario de mi retrato. Ahora bien, si escribo: "Este hombre, hoy, es el mandamás de una Oficina de Empleo", nadie puede deducir, en rigor, que se trate de Soria y no de Sebastopol; lo lógico es pensar que he hecho una abstracción genérica y paradójica (casi un cuento moral): en esta sociedad desquiciada cualquiera puede ostentar un cargo, incluso careciendo por completo de capacidad para éste.
En fin. Contra el equívoco: gramática. O mejor: humor, mucho humor y gramática.

 

El Día de Cuenca
18 de febrero de 2004.