Paco Mora. LOS AMORES PROHIBIDOS

Los amores prohibidos

 

Todavía perdura en la retina y en la sensibilidad herida de mucha gente, tantos años después de la guerra de los Balcanes, la imagen de aquellos dos jóvenes abatidos por un francotirador cuando intentaban poner a salvo su amor de la barbarie y la sinrazón humana; él era serbio y ella bosnia (o a la inversa), un cruce fatal en tiempo de tormenta del que no podían saber sus ojos enamorados, pero del que sí sabía el ojo asesino del fusilero que quebró para siempre su sueño a los pies de la alambrada que los separaba de la libertad. Hace poco saltaba a los papeles la asombrosa historia de esa pareja que tras largos años de amor y convivencia se ha revelado, para su desgracia, como una pareja de hermanos. Las tramas del azar son caprichosas y más si se enredan en los asuntos del corazón, músculo tontorro donde los haya capaz de urdir razones que la propia razón ignora. En mi pueblo, un paisano enamoriscado hasta los tuétanos de dos hermanas, incapaz de decidirse por la una o por la otra, resolvió montar dos casas, una para cada hermana, y así vivió feliz durante décadas, saltando de un sillón de escay a uno de orejas, de una cama de madera a otra de latón, entre hijos que eran hermanos de sus primos, cuñadas que eran a la vez hermanas y mujeres del propio marido y otros desaguisados genealógicos de lo más chuscos y divertidos.
Y ahora, anteayer mismo, nos sorprendían los medios con los amores a la contra entre una diputada por Barcelona pesoeana y un diputado pepero de Cantabria. Qué bonito. Cuando según todos los indicios las tarascadas de los unos y de los otros se hacían más estruendosas y las posturas se figuraban irreconciliables surge la llamita del amor para apaciguar las cosas. Porque estamos seguros de que tras la llamita vendrá el fuego o, al menos, una hogareña lumbre congresual que traerá consigo un apacible periodo de sosiego, que buena falta hace. Así que eso, que cunda el ejemplo a raudales: el amor, si se riega todos los días, es más contagioso que el sarampión. Por cierto, podían tomar nota nuestros políticos locales y apuntarse a la recién inaugurada moda del avío entre contrarios. Sin duda los problemas del tráfico, de las zanjas, de los semáforos, de los bolardos, de las rotondas, de la suciedad, de las obras y demás bagatelas domésticas enquistadas en el alma ciudadana conquense, a la luz del amor se soportarían de mejor talante, ¡huy!, perdón, quise decir con mejor disposición de ánimo. Dónde va a parar.

 

El Día de Cuenca
08 de junio de 2005.