Paco Mora. NIÑA DE HUMO

Niña de humo

 

Ya lo tenemos muy escrito por ahí, a nuestros cancerberos de la sanidad pública les preocupa mucho la cuestión seminal. Investigaciones, estudios, estadísticas que se suceden sin parar lo anuncian bien a las claras: la cantidad y, lo que es más grave, la calidad del semen humano está cayendo en picado a ojos vistas. Y no parece que la debacle de espermatozoides vaya a tener freno a corto plazo. Las causas de esta espantada espermática en el hombre moderno son, según los expertos, de muy variada índole, o sea, las de siempre: el estrés, la alimentación, las agresiones de un medio cada día más hostil que nos devuelve el veneno vertido de nuestra propia mano sobre el planeta, amén de complicados intríngulis de origen genético; el colesterol, la hipertensión, el ritmo sobrehumano al que sometemos a nuestras meninges (de suyo ya muy perjudicadas en cada cual), las ondas asesinas de los teléfonos móviles y cómo no, el tabaco, que aunque nos avisa en sus cajetillas (tipo necrológica) que fumarse el cigarrete de después provoca impotencia y reduce la fertilidad, nosotros continuamos erre que erre ahumando la pervivencia de la especie. Pues bien, estos días un instituto valenciano de infertilidad se descuelga con una revelación de gran calado. Los varones fumadores tienen, en su mayoría, más hijas que hijos. Por lo visto la explicación es sencilla: los cromosomas femeninos son mucho más resistentes que los masculinos, quiere decirse que mientras los agentes perjudiciales del tabaco reducen a papilla a los espermatozoides masculinos, los femeninos aguantan el tirón con voluntad de héroes. Es de suponer que, siguiendo el hilo de esta investigación, en el futuro se desvelen otras muchas causas externas que influyen en la selección de la especie (el cromosoma masculino, tan vulnerable, saldrá perdiendo siempre) y así, en plena revolución genómica, descubramos un método "natural" para engendrar niños a la carta. ¿Quién le dice a usted, señor, tan sin tacha en todo, que su dieta de huevos fritos, chorizos de orza y pimientos -le encantan, ya lo sé, no puede dejar de comerlos casi diariamente- no está en el origen de los cuatro guachos que alegran -y destrozan- hoy su casa, y simplemente pasándose a la lechuga, el tomate arrugao y la pechuguita a la plancha conseguiría tener, al fin, a esa niña de sus ojos que colmaría todas sus ansias de cuarentón en crisis? Ojalá el tiempo le sea propicio.
Por lo que a mí respecta debo confesar que la noticia me ha puesto tan contento. Mi mala conciencia de fumador -espero que pronto exfumador en ciernes- se ha visto aliviada de buena parte de su carga. Doy por bien quemados mis alvéolos porque, ¿cómo he podido vivir hasta ahora sin ver el mar en los ojos de esta hija mía surgida del humo?

 

El Día de Cuenca
22 de junio de 2005.