Paco Mora. BOCHORNO

Bochorno

 

Definitivamente, a Sebastián, con los calores, se le reblandece la corteza cerebral y las ideas le bailan en la mollera, saltando del prado al monte como cabras locas. Amarrados a la barra de nuestro bar de siempre me pone la cabeza como un bombo con las más peregrinas opiniones sobre lo divino y lo humano, mientras ahoga el bochorno en cerveza y manotea como un poseso para darse fuelle. Se conoce que el visaje está en su misma sustancia de mamífero parlanchín y por mucho que le afees la conducta -llama la atención de todo el mundo y uno, a veces, siente vergüenza ajena a su lado- no se corrige. "La que me trae a maltraer este verano", me dice de repente cambiando por enésima vez de tercio, pues hace un instante pontificaba sobre el matrimonio gay y cinco minutos antes me largaba una filípica sobre el problema del agua y los trasvases, "la que me hace echar las muelas cada día es mi hija, la mayor. Nada, que no hago carrera de ella". "Hombre, dale tiempo", le digo por calmarlo, "solo tiene quince años y a esa edad ya se sabe". "Pues no, amigo mío, no se sabe", replica saltando del taburete como si tuviera un muelle en el culo, "nunca se sabe con ella, eso es lo malo. Comprendo que tiene un pavo de aquí te espero, que los quince son los quince, pero es que lo suyo son quince quinceañeados. Pase que aunque le han caído cuatro para septiembre tenga alergia a los libros y no hinque los codos así la piquen, a fin de cuentas no todos los hijos nos pueden salir estudiosos, pase que esté el día entero en la calle jijí jajá con los amigotes y que me haga trampa a la hora de volver por la noche, es verano y hay que tener un poco de manga ancha, pase que en casa no dé un palo al agua y ni siquiera se haga su cama, pero lo que no puedo tragar de ninguna de las maneras son las pintas con las que pretende salir a la calle". "¿Qué pintas?", le digo. "Pues las que les ha dado por ponerse ahora a las adolescentes, esas faldas que no es ya que sean minis, es que no tienen ni tela, a ti y a mí no nos servirían ni de muñequeras, y esas camisetas escotadas y ajustadísimas… que es que lo enseñan todo, leche. Ha intentado ponerse un par de veces el modelito de marras, para tentarme, pero yo ahí me he hecho fuerte y si ha querido salir de casa ha tenido que vestirse como está mandado". "Ya, ¿pero tú sabes, Sebastián, lo que tu hija guarda en el bolso?, porque igual, en cuanto sale a la calle, te da el cambiazo". Ha sido una maldad decirle una cosa así, ya lo sé, pero es que con este bochorno y su cháchara inagotable me va a estallar la cabeza. Y no se me ha ocurrido otra cosa para dejarlo sin habla el resto de la tarde.

 

El Día de Cuenca
27 de julio de 2005.