Paco Mora. FICCIÓN

Ficción

 

Fabulemos. Hagamos un ejercicio de ficción literaria, que según los expertos es sanísimo y está especialmente indicado en el tratamiento de los cálculos renales, las afecciones del lóbulo frontal izquierdo del cerebro y las asechanzas del corazón.
Imaginemos una mañana de verano cualquiera. Es temprano y no se ve a nadie en la calle. Es una mañana desconocida para la ciudad de Cuenca: ningún coche rompe la calma chicha que lo invade todo, las cuadrillas de barrenderos parecen haber desaparecido como por ensalmo de las calles y ni siquiera tras las ventanas de las casas se atisba el menor vestigio de actividad humana. Pasa un tiempo. La mañana va abriéndose pero la ciudad sigue dormitando en su letargo, ni un solo ser humano da señales de vida por ninguna parte. En esto, llega a Cuenca un viajante de comercio. En un principio no parece extrañarse de que la avenida de la República Argentina aparezca completamente vacía, mejor, piensa, así la cruzaré en un pispás. Cuando alcanza la calle Cervantes y observa el mismo panorama comienza a inquietarse seriamente. En medio de Carretería no puede más y, horrorizado, para el coche en el centro de la calzada. El silencio es absoluto.
A esta altura de la narración el lector se figurará que el viajante, fuera de sí, echa mano de su teléfono móvil y da la voz de alarma. Al cabo de un par de horas la ciudad de Cuenca ha sido tomada por expertos, políticos, policías y militares. La noticia vuela de inmediato y hacia el mediodía no hay medio de comunicación en el mundo que no relate la aterradora historia de esa pequeña ciudad del centro de España en la que todos sus habitantes (unos 50.000) han amanecido muertos. Durante meses la noticia hace correr ríos de tinta en los cinco continentes. No hay explicación posible para tan extraño suceso. El impacto mundial ha sido tan grande que años después se sigue recordando la tragedia y aún se levantan monolitos en memoria de los muertos.
Cada día mueren de hambre en el mundo 50.000 personas. Todos los habitantes de una ciudad como la nuestra al completo. Cada día, los 365 del año y de todos los años y sin embargo rara vez es noticia. Se saben las causas y se conocen los remedios para evitar esta sangría constante pero no se hace apenas nada. Y qué curioso, seguimos mirándonos cada mañana en el espejo y no nos asombra que no se nos haya caído todavía la cara de vergüenza. ¿Quizá cuando dejemos morir, digamos a la vuelta del verano, 90 veces 50.000? ¿O un millón de veces 50.000, tal vez?

 

El Día de Cuenca
03 de agosto de 2005.