Paco Mora. NUEVA ORLEANS

Nueva Orleans

 

Las imágenes que desde hace unos días nos sirven los medios de comunicación son tan elocuentes que hablan por sí solas. Cientos, quizá miles de cadáveres pudriéndose a la intemperie sin que nadie venga a rescatarlos de su fosa de lodo, montones de enfermos hacinados en condiciones insalubres, muriéndose a chorros porque el hilo que los une a la vida -la insulina, una sesión de diálisis, una bombona de oxígeno- se ha evaporado en el aire, un anciano abandonado a su muerte en su silla de ruedas en plena calle, niños semidesnutridos llorando por un trago de agua potable, veintitantos mil seres humanos confinados en un estadio entre sus propias heces y su baldío, sin los bienes mínimos que les permitirán seguir viviendo mañana. Y en medio de la devastación, el caos: el pillaje, la rapiña, el saqueo, las violaciones, los crímenes, porque de las grandes tragedias emergen siempre sujetos hediondos, hampones de la miseria dispuestos a traficar con la necesidad y el dolor ajeno. Es el dantesco paisaje que el huracán "Katrina" ha dejado a su paso por Nueva Orleans y por otras zonas de Luisiana, Misisipi y Alabama. Si no supiéramos de dónde proceden, estas imágenes nos remitirían a cualquiera de los mil y un países pobres de la tierra, donde toda desgracia -natural o provocada- encuentra acomodo. Pero no. Esta vez no. Lo que sorprende es que en esta ocasión el infortunio se ha cebado en el país más poderoso de la tierra, en el que se permite con prepotencia dilapidar cada año -mientras buena parte del planeta agoniza de hambre- cantidades indecentes de dinero en armas, guerras y carreras espaciales. Confío en que la Historia ponga a cada cual en su sitio. Al Sr. Bush habrá de ponerlo entre los gobernantes más nefastos de todos los tiempos, porque disponiendo de los mayores recursos para la vida los malbarata, con ínfulas de iluminado, en puro humo (o en algo peor), mientras millones de sus conciudadanos viven por debajo del umbral de la pobreza y ante desastres como el provocado por el "Katrina" nos muestra con total desvergüenza a un país en calzoncillos, lento y torpe, incapaz de afrontar la tragedia con un mínimo de previsión y solvencia, y eso que el huracán se vio venir con muchos días de antelación y se televisó en directo. Pero descuiden, que no aprenderá la lección -esa es gracia de los humildes- y con su política exterior, económica, medioambiental, etc., seguirá contribuyendo, con renovado ímpetu, a la consunción de este planeta malherido. Lo grave, lo intolerable de la ineficacia política es que hoy en Nueva Orleans hay gente que sufre, que sufre mucho y, me temo, seguirá sufriendo más tiempo del que debiera. Porque quiero creer que el que la mayoría de los atrapados en esa desgraciada ciudad sean pobres y negros no tiene nada que ver con la lamentable manera del mister de gestionar esta catástrofe.

 

El Día de Cuenca
07 de septiembre de 2005.