Paco Mora. CARRERA POLÍTICA

Carrera política

 

Decía una cosa por otra. Quiso decir: Se borran los años, como las pisadas en la arena, en cuanto un poco de viento bate las alas y acerca la espuma del mar. Pero en realidad dijo: A buen hambre no hay pan duro. De un tiempo a esta parte entre su cerebro y sus cuerdas vocales había, en efecto, un cortocircuito que le impedía articular frases con algún sentido. Vivía fuera de contexto. Si pensaba en una "silla", le salía un "escapulario"; pronunciaba "ornitorrinco" cuando quería decir "cataplasma". En una reunión de ejecutivos sin cartera, ante la pregunta -decididamente capciosa- de un consejero delegado sobre cuentas de resultados y estrategias de marketing, respondió sin venir a cuento: Ahí te quedas, mundo amargo, que te atienda Rita la Cantaora.
Un día descubrió que, aunque seguía pensando en español, las palabras salían de su boca en un perfecto francés de liceo de pago. Coincidió con su segunda -y definitiva- crisis matrimonial. Por esas mismas fechas supo que a la rebelión de su lengua se unía ahora la de sus extremidades inferiores. Tampoco sus piernas obedecían las órdenes de su cerebro. Si pretendía ir al despacho sus pasos lo llevaban a la consulta del dentista. Tuvo que acostumbrarse a usar el coche a todas horas. Lo peor, con todo, llegaba en casa. Cuando, por ejemplo, quería ir al baño pero sus pies se empeñaban en visitar el frigorífico una y otra vez. No le quedó más remedio que utilizar el tapervare del embutido como orinal. Entonces tuvo una revelación. Aquel cúmulo de singularidades suyas no podía ser fortuito. Respondía, sin duda, a un mandato superior.
Hoy, después de tantos años (trabajamos juntos hace tiempo en el ministerio), he visto su foto en los periódicos y he mascado con rencor los elogios que le dedican a su "brillante y meteórica carrera política". He comprendido de inmediato que nuestro actual ministro tiene los días contados. Por si acaso, he comenzado a ensayar las distintas maneras de pronunciar "su ilustrísima" y, ya puestos, "vuecencia". Eso sí, en versión bilingüe, con mucha coba y un resto de amargura en los labios.

 

El Día de Cuenca
03 de marzo de 2004.