Paco Mora. LA MANO IZQUIERDA

La mano izquierda

 

A Merceditas no le gustaba la escuela. A Merceditas la escuela la traía a maltraer, y eso que según todos los indicios era más lista que el hambre y para ella ni la aritmética, ni los reyes Godos, ni los verbos irregulares guardaban secreto ninguno. Con el mismo aplomo con el que resolvía un problema irresoluble de quebrados te recitaba de un tirón el pretérito pluscuamperfecto del verbo argüir, un verbo muy enredoso que no acertábamos a comprender para qué serviría, si en el pueblo nunca se había visto argüir nada a nadie. O a lo mejor sí, a lo mejor los había que se pasaban el día arguyendo pero como no entendíamos su significado ni nos dábamos cuenta. El caso es que Merceditas, por espabilada que fuera, sufría mucho en la escuela por culpa de su mano izquierda. Era zurda y en aquellos tiempos esa singularidad suya se consideraba un defecto que había que corregir antes de que fuera demasiado tarde. Don Fidel, el maestro, empeñado en enmendarle la plana a la naturaleza zocata de Merceditas, la sometía a interminables sesiones de adiestramiento con la tiza y el lapicero. Y la niña, que con su mano izquierda tenía tan buena letra, una letra redondilla y menuda, casi caligráfica, con la derecha no daba pie con bola. La cu le salía con el palote del revés, como la pe y la be, y para trazar el rabillo de la a minúscula retorcía la muñeca en una contorsión circense. Para escribir la e y la u sudaba hasta las lágrimas y no hubo modo de que la efe y la ge no pareciesen siempre viscosas lombrices de tierra, escuchimizada y larga la una, retorcida y panzona la otra. Para evitar las malas tentaciones, don Fidel cada mañana le ataba a Merceditas el brazo izquierdo a la espalda, así que la pobre chica, sin serlo andaba de manca por el aula. Solo se libraba de sus cadenas en el recreo. Don Fidel, desde luego, lo hacía por su bien y estaba seguro de que alguna vez se lo agradecería.
Y puede que don Fidel su camino llevara, aunque por otros derroteros ignorados para él. Ahora resulta que unos científicos holandeses han descubierto que las mujeres zurdas corren mayor riesgo de sufrir cáncer de mama que las diestras, porque al parecer concentran un mayor nivel de hormonas sexuales en el útero, lo que influiría en el hecho de operar con la mano izquierda y, a la vez, en cambios en el tejido mamario. Claro que, lanzada la piedra, los científicos esconden la mano (derecha, supongo) y dicen que las zocatas no tienen por qué alarmarse, que aunque los datos son intrigantes aún no tienen suficientes pruebas para vincular esa condición suya con el cáncer. Tiemblo pensando en el día en que a algún médico tronado le dé por relacionar el tamaño de la nariz con las afecciones hemorroidales. Aunque eso explicaría muchas cosas. Merceditas hoy con 48, más deliciosamente zurda que nunca y como una rosa.

 

El Día de Cuenca
19 de octubre de 2005.