Paco Mora. NOVIEMBRE

Noviembre

 

Sería cosa de analizar por qué noviembre tiene tan mala fama. Si tuviéramos fuerzas y ganas y voluntad podríamos hacer un bonito estudio sobre este mes hundido en el fondo del calendario que en Cuenca incendia el paisaje, y cruje de ocres y amarillos, y va deslizándose hacia el frío bajo un cielo claro que aún se demora en aprensiones de octubre. Porque en Cuenca noviembre, unos años por otros, se nos pone casi octubre y nos deja las calles perdidas de manchas de sol y de turistas en chándal que no aciertan con el plano. Y sin embargo es un mes que a muchos paisanos, dicen, les da yuyu. Mi amigo Sebastián, al que no veía desde hace tiempo (ha estado unos días griposo y con la caída de la hoja y de las castañas pilongas se nos ha venido un poco abajo), lo tiene bastante claro. Amarrados a los taburetes, un tanto inestables, de nuestro bar de siempre, Sebastián me larga una de sus filípicas atorrantes que ponen a la parroquia oreja avizor, más que por su tono de voz -unos decibelios por encima de la media- por los muchos visajes y aspavientos con los que ameniza su monólogo y que en alguna ocasión a punto están de darle un disgusto con el taburete. ¡Joder! -exclama dirigiéndose al camarero- a ver cuando vamos renovando el mobiliario, que cualquier día me dejo los piños en una baldosa. Y el camarero, que rara vez replica a un cliente, le dice con sorna: Si te tratases de una vez por todas ese baile de san Vito que arrastras desde la cuna…
Sebastián hace caso omiso de la pulla y continúa su arenga. Lo que te digo, si noviembre le da repelús al personal es porque aún hay mucha superstición por aquello de que éste es el mes de los muertos, como si los muertos no se repartiesen por igual a lo largo y ancho del almanaque. Tiene que ver con esta sociedad nuestra, tan berzotas y tiquismiquis, que se jiña ante todo lo que huele a dolor, a fealdad, a miseria y por eso ha inventado eufemismos vergonzantes, para ocultar tras un antifaz su miedo a las palabras y a la vida. ¿Porque qué es un eufemismo a fin de cuentas? Pues eso, una mala metáfora del miedo. Ya no hay ni locos ni loqueros, ni encarcelados ni carceleros; por no haber no hay ni tiros en la nuca, sino acciones armadas, ni víctimas civiles en las guerras, solo daños colaterales. Noviembre, en fin, participa de la misma naturaleza turulata del eufemismo. O sea -le digo por ir acabando con esta soflama un tanto estomagante- que noviembre es un eufemismo. ¡Y menudo! -me contesta- sobre todo desde que nos apuntamos a esa tontuna americanoide del halloween, como si no fuese mucho más bonita nuestra tradición, esas historias de ánimas y aparecidos que se contaban tal que esta noche. ¡Dónde va a parar! -digo- y de repente se me representa mi infancia y siento un ligero escalofrío.

 

El Día de Cuenca
02 de noviembre de 2005.