Paco Mora. LA PIEL DEL CORDERO

La piel del cordero

 

Uno las mira en la fotografía que trae el periódico y lo primero que percibe es la imagen de dos niñas rubísimas, con el cuerpo a medio hacer, que se abrazan y sonríen a la cámara desde el metal del aparato de sus dientes, o sea, la estereotipada imagen de dos niñatas –aspirantes a lolitas de saldo- en plena edad del pavo (tienen 13 abriles las criaturas y son gemelas). Pero algo desentona en la instantánea. Las hermanitas lucen una camiseta blanca con un dibujillo infantiloide que representa la cara de un Hitler sonriente, es decir, han vestido su piel de corderitas en ciernes con la correosa piel de un asesino de masas, feo, impotente y malcarado. Las pimpollitas en cuestión, Linx y Lamb, forman el dúo musical Prusian Blue (Azul Prusiano) y llevan un par de años –desde que grabaron su primer disco- montando gresca por los Estados Unidos, su tierra natal, con sus proclamas racistas. Como no podía ser menos, pertenecen a la Alianza Nacional Neonazi y entre sus canciones más celebradas –en el Festival de Negación del Holocausto, por ejemplo- cabría citar una dedicada a Rudolf Hess, el lugarteniente de Hitler, que como todo el mundo sabe fue un dechado de humanidad y virtud, igual que su jefe, y otra titulada Aryan man awake (Despierta, hombre ario) de cuya letra no quiero acordarme. Es de suponer que algún cerdo con pintas les compondrá semejantes engendros musicales, teniendo en cuenta que entre los padrinos de las dulces rubitas se encuentran David Duke, líder del Ku Klux Klan y William Pierce, autor del libro que inspiró el atentado de Oklahoma. El videojuego favorito de Linx y Lamb es, por supuesto, uno titulado “limpieza étnica” y su última obra de caridad ha consistido en hacer una donación a los damnificados del huracán Katrina, con la condición de que fuese a parar solo a las víctimas blancas. La madre de los angelitos, una activista neonazi devota de la eugenesia, está orgullosísima de sus retoños: su trabajo le ha costado lavarles el cerebro desde la cuna, criándolas entre caballos, esvásticas y fervor hitleriano. En fin, para vomitar. Presumo que las gemelas se afirmarán aún más en su ultrarracismo viendo cómo los jóvenes de “el barrizal” –así motejan ellas despectivamente a las minorías- incendian Francia por los cuatro costados con extraordinaria e injustificable violencia. Entre los unos y los otros, ¿dónde queda la decencia?, ¿no estaremos dinamitando la infancia y con ello y para siempre cualquier posibilidad de convivencia en paz? Ya nos vale.

 

El Día de Cuenca
16 de noviembre de 2005.