Paco Mora, escritor

Francisco Mora presentó su libro "Memoria del Silencio" en el Círculo de Bellas Artes.

 

La nueva poesía conquense alcanza un brillante lugar en el mapa literario español.

 

Desde la sala Valle Inclán Francisco Mora se asoma el 19 de mayo al mundo. Casi como los toreros en las Ventas, el poeta, narrador y articulista conquense, se presentó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Era su "debut" nacional que confirmará en otras plazas –Barcelona, por ejemplo- tras "torear" en Tarancón y en Cuenca y sus cercanías. Día ingrato e inoportuno porque el calor aliado con el fútbol, las manifestaciones y el absentismo del "week-end", restó el "lleno hasta la bandera" que el espectáculo merecía, pero al menos un casi centenar de personas fueron testigos del acontecimiento. La poesía conquense –con nombres como Diego Jesús, Jover y ... ahora Mora- viene alcanzando una mayoría de edad y se abre a todos. En este acto, el empuje casi belicoso de Carlos Morales, director de "El Toro de Barro", colección en la que "Memoria del Silencio" ha sido editado, quedó de manifiesto. Sobre todo porque la presentación corrió a cargo de magníficos padrinos de la ceremonia, como son Antonio Lázaro Cebrián, poeta y novelista a partes iguales; el escritor y periodista de RNE, Sabas Martín, un último enconquesado; y Fernando García Román, poeta y fotógrafo, escritor de viajes en "El País". Carlos Morales, lógicamente, centró desde el "córner" una última semblanza de Francisco Mora. En este "Cultural", ya hicimos el comentario crítico correspondiente e incluso adelantamos una antología de este libro, tres años atrás, pues es un poemario anterior a "La noche desolada". A ella remitimos a nuestros lectores puesto que la fuerza de estos poemas, todavía inéditos entonces nos obligaron a romper el reglamento. Los presentadores en Cuenca en el Salón de Actos de la UIMP, fueron Nicolás del Hierro y Amparo Ruiz Luján -¡a ver si por una vez transcribo sus apellidos con exactitud!- así como en el Aula de la Casa Parada de Tarancón oficiaron como ampliamente ha reflejado "EL DÍA DE CUENCA" el editor Carlos Morales y el poeta, narrador y director de los Servicios Informativos de RNE en Castilla la Mancha y ya nombrado director de la próxima Feria del Libro, José Ángel García. Creemos que el éxito de "Memoria del silencio" radica tanto en su valor intrínseco como en la perspicacia de los críticos, que han homologado el poemario con los mejores libros del año, gracias al cual la poesía conquense mantiene su lugar de primera línea. Por ello, estos textos levantan acta y sacramentan también la madurez de un poeta ya sin discusiones.

 

Sabas Martín: "Hojas de hierba viva y palpitante"

 

Publicado por el Toro de Barro, la célebre editorial conquense afortunadamente recuperada en una nueva etapa bajo la dirección del poeta Carlos Morales, y en donde en 1983 se publicó "De la tierra adentro", el primer poemario de Francisco Mora, aparece ahora "Memoria del Silencio". Se trata de una obra de múltiple registro en donde se cumplen con plenitud algunas de las constantes que identifican el discurso de Francisco Mora, al tiempo que se abre a nuevos y arriesgados territorios, como veremos.

Dividido en tres partes, la primera de ellas, "Caja de Música", entronca con esa poesía de la memoria, la melancolía y la vulnerabilidad característica del poeta, ofreciéndonos, además, una meditación sobre la muerte, asumida en una doble dimensión: íntima, sentida como herida abierta en la propia desolación, y diferida, proyectada en otros referentes poéticos como el hermano o un Heinrich Böll recuperado de entre las voces y las lluvias "con su voz clara de niño muerto". El paisaje reconocible –Cuenca, cómo no, el Júcar, el Huécar-, el territorio neblinoso de la infancia, y el amor como ofrenda y deseo –"sólo el amor lava e infecta a la vez", nos dice el poeta-, constituyen el "rumor oculto" que impregna con su hondo estremecimiento los poemas de este apartado. Poemas en los que el dolor existencial del poeta es reflejo de otro dolor sin límites, solidario y universal. Ese que surge de la conciencia de que es "el corazón caja de música amarga" en donde resuena el vacío y habitan las sombras, porque –sentencia Francisco Mora- "el hombre es huérfano del hombre".

En "Cuaderno de Notas", la segunda parte del libro, la dicción poética se condensa e intensifica para destellar en lo que el poeta muestra como el recuento de instantes de vida. En ellos late el rostro secreto de aquello que se oculta tras la apariencia y lo cotidiano. El amor, los sueños, la luz, la palabra creadora y la relación que con ella mantiene el poeta en el ejercicio de la escritura, son los motivos que aquí predominan. Sin embargo, el registro es distinto. Los ecos han cambiado. El discurso abandona los acentos trágicos, los tonos sombríos y esa cierta atmósfera alucinatoria y envolvente de la primera parte de la obra, para cristalizar en poemas breves y sintéticos. Poemas en los que a veces los versos se yuxtaponen enumerativamente en una suerte de recuento descriptivo –del que incluso desaparece el yo sujeto protagonista-, para dejarnos sumidos en un estado de asombro o sorprendida incertidumbre, en un clima de indefinición acumulativa de sensaciones. Pero aún otra novedad nos depara "Cuaderno de Notas". Y ésa es el uso de la ironía. "Cree el poeta que todos son de su condición / ¡váleme Dios! / y adjetiva" dice en un momento. Y más adelante: "El muchacho sufría / un acceso de amor. / Y un exceso de poética" ... que en el poema siguiente se transforma en: "El poeta sufría flatulencias / (y un exceso de amor / y un acceso de poética)". Como vemos, la mirada se distancia, se vuelve más lúcida e imprevisible y, la risa de sí mismo, como sabemos, es signo de los espíritus inteligentes. Creo que con "Cuaderno de Notas" estamos en un nuevo territorio poético de Francisco Mora, una nueva etapa de su escritura que se abre a múltiples exploraciones. El tiempo dirá.

Finalmente, "La bruma". Según su fecha de datación, es de 1993-95, anterior pues unos cuatro años a "La noche desolada". Sin embargo, su relación estilística no tiene nada que ver con ella ni con la obra posterior. Aparece entonces como una isla luminosa, deslumbrante, en el trayecto literario de Francisco Mora. ¿Y qué es la bruma? Pues un extenso poema unitario, estructurado en 13 tramos, en 13 calas, en 13 estancias del ser que ahonda en sí mismo persiguiendo las respuestas a esas preguntas que intenten explicar su destino sobre la tierra. "La bruma", lo digo sin pudor, es una obra excepcional, construida desde esa verdad, con esa profundidad que hace que lo escrito prevalezca contra la miseria del tiempo y el olvido. En la estela de esa religiosidad agónica, terrible y rebelde que poetas como Unamuno o Blas de Otero, y con esa tan borgiana ensoñación del yo que se disocia y se desdobla en el sueño del otro, en "La bruma" Francisco Mora nos entrega una muestra –excepcional, insisto- de la poesía que explora lo inefable, lo religioso, la mística carnal y humanísima del ansia del conocimiento del origen. Poesía, pues, que ocurre en esa siempre recomenzada búsqueda ontológica con la que explicar el más alto sentido de la condición humana. Y poeta, en suma que aspira a reconocer una verdad superior para, en ella, al fin, reconocerse. Como los poetas verdaderos, los que nos son necesarios, Francisco Mora escribe el misterio, no lo explica. No hay explicaciones para lo que nos excede.

Estas, entre otras razones –y ya concluyo- hacen de "Memoria del silencio", de Francisco Mora, un libro fundamental, en donde late la conciencia de la caducidad del ser, su fragilidad ante el tiempo y la muerte, su anhelo de acceder al misterio de lo invisible, a la bruma de lo sagrado originario... Un libro hondo, intenso y singular, tanto en la sabia formulación de su palabra como en el alcance de su planteamiento conceptual. Un libro que se adentra en el alma de las cosas y del tiempo para dejar constancia del asombro y el conflicto de vivir.

Yo me felicito por haber leído, por haber podido hablar hoy aquí de él ante ustedes. Y quisiera que muchos otros tuviesen la fortuna de compartir mi misma revelación.