Paco Mora, escritor

APARATO CRÍTICO

 

Entresaco a continuación algunos fragmentos de lo que un espigado ramillete de críticos han escrito en la prensa sobre la obra de Paco Mora.

 


 

"La colección El Toro de Barro que dirige Carlos Morales y que fue fundada por el poeta Carlos de la Rica, acaba de publicar los versos de Francisco Mora (Cuenca, 1960).
"Memoria del Silencio" (2000) se divide en tres libros: "Caja de música", "Cuaderno de notas" y "La bruma". Esta es la voz de "El poeta": "Soy tan pequeño que podría / soñaros, sin que os dieseis / cuenta -dijo, con un chorro / de voz, el poeta. / El poeta sufría flatulencias / (y un exceso de amor / y un acceso de poética)".

(C.J., en el CULTURAL del periódico "El Mundo")


 

"Así la obra de Mora se convierte en una metapoesía en la que la propia lírica se convierte en reflexión sobre la creación ("yo no sé atender con palabras / lo que tu condición requiere") en una continua investigación en la que demuestra constantemente su capacidad de investigar a partir de la metáfora y de la imagen en los más intrincados rincones de la palabra."

(Ángel Luis Mota, en "Crónicas de Cuenca")


 

"De todos los jóvenes maestros de la poesía española de los años ochenta, Francisco Mora ha sido, probablemente, el que con más coherencia ha recogido la herencia estética y espiritual del romanticismo. [...] Todo ese mundo ha sido, en cierta forma, barrido sin misericordia por el libro de su consagración, "Memoria del Silencio" [...] En "Memoria del Silencio" aparecen, en efecto, dos grandes líneas de evolución literaria. La primera "Cuaderno de notas" nos conduce por los derroteros de la experiencia inmediata, que el poeta organiza en poemas cortos con un lenguaje directo y casi cinematográfico, un lenguaje sin apenas aristas literarias... [...] La segunda -la más interesante a nuestro juicio, desplegada en "La bruma" como una gigantesca y memorable oración- desemboca en un paisaje donde el lenguaje poético se transforma, en sí mismo, en una forma de conocimiento, en un camino de reflexión orientado al desvelamiento de los rincones más oscuros del espíritu humano, aquellos rincones en que habita nuestro ser inmortal, el dios que somos. En este punto, Francisco Mora alcanza cotas realmente inolvidables, con poemas maestros que, a poco que se difundan con cierta normalidad, formarán parte, en un futuro inmediato, de la memoria colectiva de la poesía española."

(Carlos Morales, en "La Tribuna")


 

Francisco Mora habita ya el territorio de la modernidad poética, sin perder por ello frescura y sugerencia. [...] Hay tres libros en uno, al menos tres flexiones de un mismo movimiento lírico. La perfección ha llegado ya a la primera parte, titulada "Caja de música". Todo está escrito a la extraña luz de la evocación mas sin caer, al menos en sus mejores piezas, en la melancolía. Hace bien en no renunciar a su calado narrativo, que tanto juego le diera en sus libros precedentes ... [...] Como hemos dicho alguna vez, en la poética de Francisco Mora el árbol es mucho más que un árbol, al punto que cuando desrealiza la realidad para convertir su pulpa en atmósfera casi mística, es cuando logra la sublimidad lírica. [...] Los poemas más consistentes son aquellos que están forjados sobre un calado realista. En "Caja de música" el adelgazamiento de la meolodía poética es claro, y especialmente su purificación emocional. Me gustan especialmente "Ronda del Huécar", "Noviembre", por supuesto "Valverde de Júcar" -poema clave para establecer su progresión dentro de una temática intensiva-, "Tres poemas de amor a M*" y, por supuesto, "Sucede que me canso de ser hombre". He de decir que "Ansichten eines clowns" es un magnífico pastiche culturalista en la mejor línea de los Carnero o Villena. Y en cuanto a "Camino de regreso" me confirma que (escapes automáticos aparte) la memoria bien enraizada es un valor muy firme. [...] El segundo libro, "Cuaderno de notas" del que prefiero algunas piezas como "A pesar de todo", "Autobiografía", "Vuelta" o "Nada", es el ensayo a cuatro manos de una fuga de emoción. Casi como un ejercicio instrumental. En el apartado "La bruma", el silencio es oración de cautivo... [...] Poesía de ambición liberadora y mística, en dolorosa progresión a lo absoluto. Sorprende ciertamente. El poeta persigue -y lo consigue- lo sagrado por otra vía lírica más dialéctica.

(Florencio Martínez Ruiz, en CULTURAL "El Día de Cuenca")


 

Se edita en la colección "El Toro de Barro", dirigida desde 1997 por Carlos Morales, el último poemario de Francisco Mora, punto de inflexión definitivo en su tendencia surrealista de una brecha iniciada en 1992 con la publicación de La Luna en los álamos.Compuesta de tres libros -"Caja de música", "Cuaderno de notas" y "La bruma"-, Memoria del silencio retoma viejas fórmulas de su autor -los elementos simbólicos, una experiencia que va dejando paso a la memoria como fuente de inspiración ...- para desmenuzarlas y superarlas, conformando la tercera de las partes del texto un bello canto que concibe la poesía como instrumento de búsqueda de una verdad superior, estrechamente ligada con el conocimiento de Dios, y muy cercana a la literatura de aquel Borges que buscaba respuesta a su pregunta: "¿Qué otro yo me sueña desde el otro?"

(Javier Díaz Guardiola, en el CULTURAL de ABC, el 2 de septiembre de 2000)


 

Francisco Mora (Valverde de Júcar, Cuenca, 1960) publicó su primer libro, De la tierra adentro, en 1980. Desde entonces, han aparecido con su firma cuatro poemarios que nos han dado noticia de una obra en permanente evolución/revisión, crecida y madurada en la lateralidad de la provincia. Memoria del silencio es quiz&á la expresión m&ás madura de ese proceso. Con él culmina una etapa de cuño surrealista iniciada en 1992 con La luna en los álamos y abre, a la vez, la puerta a una lírica más depurada y seca, en la que la noticia de la vida y de sus aspectos menos complacientes penetran el poema con su fondo de incertidumbre, amargura y misterio. No deja de lado el poeta, sin embargo, una de sus obsesiones fundamentales: la memoria. Aunque atemperada, ésta respira, ante todo, en los poemas iniciales del libro, remansados en la geografía, remota y cercana a la vez, de la infancia. Emotivo poemario que nos descubre, en una colección mítica que en los últimos años parece recobrar el pulso de antaño, a un poeta verdadero cuya obra ha permanecido semioculta.

(Manuel Rico, en BABELIA de El País, el 9 de septiembre de 2000)


 

La publicación en 1992 de La luna en los álamos, de Francisco Mora, que había obtenido por unanimidad el Premio Fray Luis de León, supuso para muchos el sorprendente descubrimiento de una voz poética capaz de crear un mundo en el que la experiencia de la memoria, fuertemente cargada de valores simbólicos, transcendía lo conocido e, incluso, lo imaginado, para convertirse en un sistema expresivo de indagación en aspectos fundamentales de la condición humana. Todo ello, con un lenguaje alejado de la vaciedad retórica y de grandilocuentes artificios estéticos. Nacido en Valverde de Júcar, Cuenca, en 1960, Francisco Mora se revelaba, así, como un poeta esencial y necesario, en el que la palabra se transformaba en un dramático instrumento de iluminación que arrojaba luz sobre la consciencia de pérdida, vacío y desvalimiento del ser: Títulos posteriores, como Sonata breve con desnudo y lluvia (1994) y, sobre todo, La noche desolada (1998), Premio Alfonso VIII, configuraron originalmente ese ámbito, estremecido y estremecedor, en el que sentimientos y emociones, visiones y símbolos, intimismo y reflexión, confluían con inusual acierto.
Publicado por El Toro de Barro, la célebre editorial conquense afortunadamente recuperada en una nueva etapa bajo la dirección del poeta Carlos Morales, y en donde en 1983 se publicó De la tierra adentro, el primer poemario de Francisco Mora, aparece ahora Memoria del silencio. Se trata de una obra de múltiple registro en donde se cumplen con plenitud algunas de las constantes que identifican el discurso de Francisco Mora, al tiempo que se abre a nuevos y arriesgados territorios, como veremos.
Dividido en tres partes, la primera de ellas "Caja de Música", entronca con esa poesía de la memoria, la melancolía y la vulnerabilidad característica del poeta, ofreciéndonos, además, una meditación sobre la muerte, asumida en una doble dimensión: íntima, sentida como herida abierta en la propia desolación, y diferida, proyectada en otros referentes poéticos como el hermano o un Heinrich Boll recuperado de entre las voces y las lluvias "con su voz clara de niño muerto". El paisaje reconocible -Cuenca, cómo no, el Júcar, el Huécar-, el territorio neblinoso de la infancia, y el amor como ofrenda y deseo -"sólo el amor lava e infecta a la vez", nos dice el poeta-, constituyen el "rumor oculto que impregna con su hondo estremecimiento los poemas de este apartado. Poemas en los que el dolor existencial del poeta es reflejo de un otro dolor sin límites, solidario y universal. Ese que surge de la conciencia de que es "el corazón caja de música amarga en donde resuena el vacío y habitan las sombras, porque -.-sentencia Francisco Mora- "el hombre es huérfano del hombre".
En "Cuaderno de Notas", la segunda parte del libro, la dicción poética se condensa e intensifica para destellar en lo que el poeta muestra como el recuento de instantes de vida. En ellos late el rostro secreto de aquello que se oculta tras la apariencia y lo cotidiano. El amor, los sueños, la luz, la palabra creadora y la relación que con ella mantiene el poeta en el ejercicio de la escritura; son los motivos que aquí predominan. Sin embargo, el registro es distinto. Los ecos han cambiado. El discurso abandona los acentos trágicos, los tonos sombríos y esa cierta atmósfera alucinatoria y envolvente de la primera parte de la obra, para cristalizar en poemas breves y sintéticos. Poemas en los que a veces los versos se yuxtaponen enumerativamente en una suerte de recuento descriptivo -del que incluso desaparece el yo sujeto protagonista-, para dejarnos sumidos en un estado de asombro o sorprendida incertidumbre, en un clima de indefinición acumulativa de sensaciones, próxima a los procedimientos sutiles de los hai-kai japoneses. Pero auacute;ún otra novedad nos depara "Cuaderno de Notas". Y esa es el uso de la ironía. "Cree el poeta que todos son de su condición/ ¡váleme Dios!/ y adjetiva", dice en un momento. Y más adelante: "El muchacho sufría/ un acceso de amor/ y un exceso de poética" ...que en el poema siguiente se transforma en: "El poeta sufría flatulencias/ (y un exceso de amor/ y un acceso de poética)". Como vemos, la mirada se distancia; se vuelve más lúcida e imprevisible y, la risa de sí mismo, como sabemos es sigilo de los espíritus inteligentes. Creo que con "Cuaderno de notas" estamos en el inicio de un nuevo territorio poético de Francisco Mora, una nueva etapa de su escritura que se abre a múltiples exploraciones. El tiempo dirá.
Finalmente, "La bruma". Según su fecha de datación, es de 1993-95, anterior pues unos cuatro años a La noche desolada. Sin embargo, su relación estilística no tiene nada que ver con ella ni con la obra posterior. Aparece entonces como una isla luminosa, deslumbrante en el trayecto literario de Francisco Mora. Y ¿qué es "La bruma"? Pues un extenso poema unitario, estructurado en 13 tramos, en 13 calas, en 13 estancias del ser que ahonda en sí mismo persiguiendo las respuestas a esas preguntas que intenten explicar su destino sobre la tierra. La bruma, lo digo sin pudor, es una obra excepcional, construida esa verdad, con esa profundidad que hace que lo escrito prevalezca contra la miseria del tiempo y el olvido. En la estela de esa religiosidad agónica, terrible y rebelde que poetas como Unamuno o Blas de Otero y con esa tan borgiana ensoñación del yo que se disocia y se desdobla en el sueño del otro, en Francisco Mora nos entrega una muestra excepcional, insisto- de la poesía que explora lo inefable, lo religioso, la mística carnal y humanísima del ansia del conocimiento del origen. Poesía, pues, que ocurre en esa siempre recomenzada buacute;squeda ontológica con la que explicar el más alto sentido de la condición humana. Y poeta, en suma, que aspira a reconocer una verdad superior para, en ella, al fin, reconocerse. Como los poetas verdaderos, los que nos son necesarios, Francisco Mora escribe el misterio, no lo explica. No hay explicaciones para lo que nos excede.
Estas, entre otras razones -y ya concluyo-, hacen de Memoria del silencio, de Francisco Mora, un libro fundamental, en donde late la conciencia de la caducidad del ser, su fragilidad ante el tiempo y la muerte; su anhelo de acceder al misterio de lo invisible, a la bruma de lo sagrado originario... Un libro hondo, intenso y singular, tanto en la sabia formulación de su palabra como en el alcance de su planteamiento conceptual. Un libro que se adentra en el alma de las cosas y del tiempo para dejar constancia del asombro y el conflicto de vivir.

(Sabas Martín, en el nº 13 de "La Estafeta Literaria" del año 2000.