Paco Mora, escritor
TODOS LOS PECES SE LLAMAN EDUARDO

 

          Mi amigo Tristán me cuenta cosas de los peces. Mi amigo Tristán dice que los peces tienen una vida secreta y saben más que Lepe. Por eso me habla de los peces todo el rato. Bueno, y también de otras cosas. Tristán es mi mejor amigo, aunque como es mayor que yo no entiendo bien todo lo que me cuenta. Él dice que no importa, que ya lo iré entendiendo. Tristán aparece y desaparece, según, pero siempre que lo llamo viene y se queda conmigo. Mamá dice que es natural que me invente un amigo, que casi todos los niños lo hacen alguna vez, que los cuentos están bien. Ella misma, de pequeña, tuvo a su amiga Susi, me lo ha contado muchas veces, pero dice que yo empiezo a preocuparle, porque yo no voy con otros chicos y no es bueno que vaya solo Conese. Yo le digo que no se llama Conese, que se llama Tristán y no es ningún cuento. Mamá termina diciendo siempre que sí, que bueno, que está bien, pero que tendremos que hablarlo más despacio. Entonces me dice Corazón y me da un beso de buenas noches. Mamá tiene la manía de llamarme Corazón a todas horas, y Corazonmío, y me da mucha vergüenza porque igual me lo dice delante de Tristán que en la escuela, con Laseño delante, y con los compañeros.
          Mi papá está siempre de viaje. Algunos sábados vuelve y cuando viene a casa me trae un juguete. No se le olvida nunca. Siempre es igual: entra papá, me dice ¡queaimachote! y mamá se va a hacer un recado urgente. Entonces papá me lleva al parque de atracciones o al zoo a ver los acuarios o a una peli de dibujos y al burguer. Con papá te mondas de risa porque sabe contar los chistes que te tronchas, aunque mamá dice que no es trigolimpio y yo no sé qué tiene que ver papá con trigolimpio. Cuando papá y yo volvemos, mamá ya está en casa pero ellos ni se saludan ni se miran ni se besan. Mamá me acuesta en seguida y al poco rato oigo voces en la cocina, pero no sé lo que dicen porque yo estoy en mi habitación y desde allí no se entiende. Mamá chilla mucho y parece que llora y papá saca un vozarrón que da miedo oírlo. Y se oyen ruidos de pisadas y de trastos y más chillos. Entonces yo me tapo la cabeza con la almohada, hasta que no se oye nada. Y luego veo por el rabillo del ojo a mamá, que entra en la habitación y me da un beso y se queda un rato mirando, aunque esto ya no lo sé bien, porque como me hago el dormido no lo veo. Y creo que papá se ha ido de viaje otra vez, porque no está con mamá y ya no lo veo hasta que es un sábado o dos sábados, o más. Una vez, después de una pelea con papá, mamá se puso unas gafas negras negrísimas que le caían fatal. Dijo que se las había recetado el médico porque tenía malos los ojos y no le podía dar el sol, y las llevaba en todos lados, hasta donde no hacía sol y entonces dijo que no era el sol sino la luz lo que le hacía daño, aunque también las llevaba puestas cuando estaba oscuro.
          Un sábado que yo sabía que era sábado porque no había colegio, mamá me dijo que papá no iba a venir a buscarme y que yo tenía que ser bueno y quedarme toda la tarde en casa de la yaya, porque ella tenía mucho que hacer y donde iba no podía llevarme. Pero no volvió a recogerme por la noche, ni al día siguiente tampoco, ni en muchos días. Y la yaya estaba nerviosa y le decía al primo Ginés y al primo Alberto que había que tomar una determinación cuanto antes, que esto no podía seguir así. Y yo no sé qué día volvió mamá a por mí. Se le había puesto la cara muy blanca y tenía puntos en el labio y una venda en el brazo y otra vez las gafas. Hablaba con voz rara, muy bajito y despacio, y me daba todo el rato besos y achuchones y decía Corazonmío, Corazonmío sin parar. Me dijo que había estado enferma y que en todo ese tiempo no había dejado de pensar en mí ni un minuto, pero ahora ya iba a estar buena y muy pronto nos iríamos ella y yo a otro sitio, a un sitio con mar. Y yo estaba muy contento y le pregunté si vendría papá con nosotros a ese sitio con mar y entonces ella se echó a llorar, y yo también, y me abrazó más fuerte. Y ya no dije nada y aunque llorábamos, yo estaba muy contento.
          Y entonces papá ya no venía los sábados y mamá decía que un juez no le dejaba venir, y yo pensaba que el juez era el hombre del saco. Un día mamá se quitó las gafas negras, dijo nunca más, las tiró y las pisó en el suelo. Y mamá se reía y me daba pingoletas y me llevaba a costalete y yo también me reía y mamá me decía claro que sí, Corazonmío, ríete tú. Y mamá estaba muy contenta.
          Y al otro día mamá llevaba otra vez las gafas y yo no sabía cómo podía ser, si las había roto. Y es que eran otras gafas. Y mientras nos comíamos unas tarrinas en la heladería se puso a llorar y me cogió de la mano y dijo no puedo más, no puedo más. Y yo miraba su tarrina casi entera pero yo tampoco podía porque la mía era extragrande y me la había comido toda y aunque mamá decía no pasa nada, Corazón, no pasa nada, toma, ¿quieres mi helado?, no paraba de llorar, así que aunque no podía más me la comí, pero mamá seguía llorando y ya no me miraba cuando le enseñaba la tarrina vacía para que dejara de llorar.
          Después vino la yaya y dijo que me iba a quedar unos días en su casa, porque mamá estaba enferma y tenían que curarla en una clínica. Hasta que luego vinieron los primos Ginés y Alberto, diciendo palabrotas muy gordas y la yaya se puso a llorar y a chillar como una loca. Y como yo también lloraba todo el rato en seguida me cogió y decía mi pobre niño, mi pobre niño y me abrazaba y me daba besos por todos lados que no me gustan nada, porque los besos de la yaya huelen fatal.
          La yaya es la que me trae ahora a la escuela y yo le pregunto cuándo saldrá mamá de la clínica y ella siempre me dice que pronto, y si le digo que por qué no vamos a verla a la clínica me dice que no puede ser porque en esos sitios no dejan entrar a los niños, pero yo sé que es mentira porque Laseño dice que Rubén está en una clínica y Rubén es un chico de mi escuela. Y si le digo a la yaya que por qué ya no viene papá ningún sábado le da un soponcio a la yaya, se pone colorada y muy seria, me mira pero no dice nada, sólo llora, y luego se saca un pañuelo de flores de la manga y se suena muchas veces, aunque nunca le salen mocos ni nada.
          Sito siempre me pega y me hace burla, para que me chinche. Sito es un compa del cole que siempre está chinchando. Esta mañana en el recreo me ha empujado y ha dicho que mi papá había matado a mi mamá. Laseño ha venido corriendo y le ha echado una buena. Me ha dicho que no le haga caso, que me lo dice para hacerme rabiar. Ha castigado a Sito poniéndole una tarea y Sito hacía pucheros y me ha dado mucha pena Sito. A mí, Laseño me ha llevado a su mesa y me ha puesto un dibujo. Yo he dibujado un acuario con peces de colores. Cuando Laseño lo ha visto ha dicho que era muy bonito pero que no se entendía lo que ponía en el cartel que he dibujado encima del acuario. Le he dicho que pone LOS PECES EDUARDO y Laseño se ha quedado con cara de sota y me ha preguntado que qué era eso de los peces Eduardo. Entonces Tristán, que estaba conmigo pintando el dibujo, casi hace que le dé un patatús a Laseño, porque va Tristán y le dice a Laseño muy serio: "Todos los peces se llaman Eduardo".