Paco Mora, escritor

PALABRAS PARA CONJUGAR TU NOMBRE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ángel Luis Luján y Juan Ramón Mansilla analizan desde sus respectivos puntos de vista el último poemario de Francisco Mora, "Palabras para conjugar tu nombre".

 

Desde que Francisco Mora publicó su último libro de versos en el año 2000, "Memoria del silencio", han ido madurando, en un silencio productivo entreverado de buenas prosas, estos poemas, según nos indica en la nota final. Tan prolongada fermentación ha dado un caldo denso y lleno de matices.
Vista desde la altura de la madurez creativa de Mora en estas "Palabras para conjugar tu nombre" toda su poesía se me presenta a semejanza de una nube de materia cósmica que gravita en torno a una masa central, el centro de una pregunta que se manifiesta en diversas formulaciones y que carece de respuesta. El libro que ahora reseño pasa a formar parte de esa estructura, con la peculiaridad de que la materia que aporta, aunque procede de las mismas fuentes, extiende el volumen de la nebulosa hacia márgenes algo más desgarrados, como se verá.
El libro se divide en cuatro partes que, aunque tiene cada una un núcleo temático central, comparten rasgos de contenido y formales con las demás.
La primera parte, titulada "En vilo", tiene un carácter existencial. Encontramos en ella temas queridos del autor: la extrañeza de la existencia, el hombre que se enfrenta a reflejos propios, la inquietud de la identidad vacilante, a lo que se une el retorno a la infancia (otro tema predilecto de Mora) como una cura a la inestabilidad y fragilidad de la existencia. Resuena aquí el Machado teorizador del problema de la alteridad, más que el poeta, pues la sobriedad expresiva del sevillano es en Mora un cauce más abierto al que acuden las aguas visionarias de Claudio Rodríguez y al que el autor añade un lenguaje más arriesgado que el acostumbrado, cosa que se extiende al resto del libro, como si el poeta estuviera dispuesto a escapar por todos los medios del puro "lirismo".
La segunda parte, que da título al libro: "Palabras para conjugar tu nombre", se dedica de manera casi exclusiva a la poesía amorosa, pero se trata de un amor situado en el ámbito de la cotidianidad, ahí donde el arte mide su capacidad para elevar la simple existencia a otro nivel de significación. A ello contribuye, como ha ocurrido siempre en Mora, el hecho de que el amor y todo tipo de sentimiento poderoso vaya unido a una reflexión metapoética. La vivencia, si no es conjugada, es menos vivencia. Esa es la raíz del romanticismo íntimo del poeta, que no siempre se deja ver de cuerpo entero.
La tercera parte, cuyo título "Trece días de junio" ya nos da una idea de su carácter más directamente biográfico y referencial, constituye uno de los grandes logros de la poesía de Mora: la fusión entre lo personal y fuertes tradiciones místicas, con un tinte alegórico a veces, como ocurría en el poema "La bruma", de su libro anterior. Esa metafísica de la cotidianidad, los instantes salvados a la destrucción forman la verdadera biografía del poeta. En concreto el poema "Entre las cosas del mundo" recuerda al borgiano "Poema de los dones". Mora no es muy borgiano en su técnica poética (bastante más en sus ficciones), sin embargo muestra aquí su capacidad para asumir el espíritu de un texto anterior y ajeno (en varios sentidos) para hacerlo materia y voz propias.
En la trayectoria hacia lo real concreto que parece dibujar este libro, la última parte "Una cabaña en el agua" da definitivamente el giro metapoético y sarcástico que se venía anunciando desde el principio. Aquí Mora deja correr con libertad su vena por territorios que abren nuevos caminos en su creación. Es sintomático que esta parte se abra con un poema en que leemos: "La vida, en ocasiones, / ladra como una perra", pues esta imagen venía repitiéndose a lo largo del libro. Se cierra así el volumen con un a modo de espejo que refleja el resto deformándolo hacia tonos del realismo sucio. Las preguntas siguen siendo las mismas, las respuestas más allá de cualquier lenguaje (y se intentan todos) y los poemas se sostienen de manera brillante sobre la plenitud de ese espacio vacío.

 

 

Ángel Luis Luján

 

 

El pasado día 8 de mayo, en el marco de la FLLIC, Francisco Mora nos aproximó a "Palabras para conjugar tu nombre", su último poemario. Sucedió dentro de un acto colectivo organizado por la editorial ExLibris. Colectivo y, más que variado, desigual. Junto a propuestas sólidas (la del propio Mora o la de José ángel García), hubo alguna otra que de puro bochorno, tocada por las musas del subvencionismo que no por las de la poesía, debiera movernos a una reflexión sobre los criterios utilizados por los poderes públicos para la promoción de la cosa literaria (basta repasar, y leer, los fondos y obras de tantos servicios de publicaciones locales, provinciales o autonómicos donde, junto a obras magníficas, malduermen numerosos paniaguados). Frente a ese totum revolutum, el libro de Francisco Mora hubiera requerido una presentación a solas, donde sus "Palabras" pudieran, pausadas, serenas, calladas, haber conjugado los nombres. Todos sus nombres.
Y es que Mora, poeta de una pieza, nos ofrece un poemario poliédrico, intimista pero a veces mordaz, ni ajeno a la vida ni a la literatura (el poema "Las hormigas", magnífico, o la sección "Una cabaña en el agua" son tanto una reflexión metaliteraria como toda una declaración de principios vivenciales), en el que resuenan voces que nos devuelven siempre sus ecos. Un poemario que además supone, ya ocurría con "Memoria del silencio", una liberación de la tutela, nunca impuesta ni impostada, de Diego Jesús Jiménez. En "Palabras para conjugar tu nombre" la memoria, esa memoria de penumbra lánguida que habitaba sus primeros poemarios, va dejando paso a una memoria más analítica, menos herida, de un mayor vitalismo. Capaz de rendir y pedir cuentas al pasado, de saber que "andar con las migajas de aquel niño / en los bolsillos no va a devolvértelo". "Bodegón", "De prestado", "Parranda", "Fantasmas", "Inscripción", son poemas que lo atestiguan. Pero no sólo de memoria viven estas "Palabras" de Francisco Mora. También en ellas aflora el problema del espejo y la otredad. Y el amor, ese hilo conductor de buena parte del libro (especialmente en títulos, y no cito todos, como "Condena", "Costumbre", "Divertimento", "Biografía"), hasta el punto de que esta obra más que ninguna otra anterior se desborda en emociones. Aunque yo no diría sólo el amor, sino la luz. Una luz que se convierte en elemento vivificador y da a la palabra nuevo brío y contrastes. Contrastes que se reflejan también entre los propios poemas. Si bien, en general, la palabra poética de Mora se ha hecho cada vez más esencial, más desnuda y precisa, es curiosamente en los poemas de mayor extensión donde mejor se resuelve (acaso por ser más acordes a su quedo y hondo decir), y no tanto en los cortos o los de cierto sesgo experiencista o social tales como "Intemperie" o "Luna vieja" (tal vez por la tensión que imponen contra el intimismo de nuestro autor). Pero claro, como decía más arriba, este "Palabras para conjugar tu nombre" es, tal y como cualquiera somos, una obra poliédrica.
Y sobre todo es una propuesta sugerente, capaz de partir de un mundo para crear otro, denso en su mítica cotidiana. Inquietante en ocasiones. Además, y eso me agrada, exige al lector que se adentre en él, que no sea complaciente, que se deje llevar en sus aguas, ya sean calmas o tempestuosas, pero que no se limite a ir en la barca, sino que reme pues, tal y como Francisco Mora cierra el libro, no entregará nunca "su verso mejor al usurero".

 

 

Juan Ramón Mansilla