Paco Mora, escritor

PALABRAS PARA CONJUGAR TU NOMBRE

 

 


 

LA VIDA

 

La vida es perra vieja. A la vida, por más que te empeñes, no se le notan
las costuras. Cuando crees poseerla se te escurre entre los dedos, se muestra
amante desdeñada, hiena en celo, y a poco que te descuides te escupe
a la cara su colación de espuma. A la vida siempre se le hace huésped
pobre tu pobre presencia; y tarde o temprano te llamará al banquete
donde serás convidado de piedra. No intentes adularla, no hay remedio.
La vida es perra vieja, ya te digo, y sabe más por perra que por vieja.
Pero es tan hermosa que duele, duele aun cuando no hay dolor y la hermosura
-efímera como todo lo eterno- reparte sus dones a manos llenas.
Uno, viajero entre dos estaciones, gris tahúr del misterio y del asombro,
juega a los dados con la vida algunas tardes de lluvia, juega una partida
sabiéndola marcada de antemano; poco importa, si la gracia del juego
no está en el cubilete ni en la mesa, sino en tu mano que mueve los dados.
No te inquiete si la vida hace trampa. Tú, apúrala;
                                                                                    que la función es breve.

 


 

LAS HORMIGAS

 

¿De dónde salís vosotras? ¿Adónde os dirigís con vuestra carga a cuestas?
No sé lo que buscáis en este folio, ni a qué ha venido vuestra comitiva,
esta hilera de hormigas que de pronto caminan en procesión por mi mesa.
Estas hormigas son tontas. Se afanan en balde. Van en sus mandiles negros
guardando las letras de este poema. Son tontas estas hormigas, confunden
las palabras con el trigo. Husmean en una ele. En la pinza abierta
de una i griega se entretienen como zahorís ciegos. Sortean las eses
con pericia de reptiles, tropiezan en las comas. Sobre el río de dudas
de los puntos suspensivos, musitan. Ante la palabra gracia levantan
las antenas; en la palabra cuerpo se demoran, como si fuera el tuyo.
Cuando ya no quedan letras que echarse a la espalda se van como vinieron.
Las veo perderse por una rendija del rodapié.
                                                                                    Las hormigas son tontas,
              no saben que las letras no alimentan, ni abrigan, que no sirven para nada
              si no aciertan a decir las precisas palabras para conjugar tu nombre.