Paco Mora, escritor
Incluiré en este apartado aquellas cuestiones que no tienen cabida en otros lugares de la página, comenzando con la entrevista que le realizó Raúl Torres tras la publicación de su último libro, "Ejercicios de Caligrafía", en el número 5 de la revista "Papeles del Huécar".

 

P.- ¿En este libro has realizado el sueño de tu vida, o lo haces cada vez que escribes?
R. -No. Si así fuera dejaría de escribir de inmediato. ¿Para qué hacerlo si ya crees haber alcanzado la plenitud? Mis sueños son altos, exceden con creces mis limitaciones, por tanto aún me queda mucho camino por recorrer antes de tocar ese sueño. Confío, eso sí, y con esto respondo a la segunda parte de tu pregunta, en que cada nuevo libro sea un paso adelante en ese camino, que sea mejor que el anterior: Eso es lo que me impulsa, además de la pura necesidad, a seguir escribiendo. Y está bien que sea así. Yo, si me das a elegir, quiero ser como Cervantes, es decir, quiero escribir mi quijote al final de mi carrera. No concibo acicate mejor ni placer más grande que éste a la hora de ponerme cada día ante el papel en blanco. Puedo adelantarte que "Ejercicios de caligrafía" no es mi último libro. En consecuencia, espero que no sea el mejor de los que he escrito. El mejor, quiero creer, es siempre el último: un libro de cuentos al que acabo de poner estos días el punto y final. Este sí es un libro de cuentos en sentido estricto y no Ejercicios de caligrafía donde, como explico en el prólogo, se amalgaman todo tipo de artefactos más o menos literarios: cuentos, artículos, invenciones, crónicas, levísimos vuelos líricos, humoradas ... y un largo etcétera.

P.- ¿El cuento es un género menor? ¿Crees que se puede contar tanto como se hace en una novela?
R.- No sólo no es un género menor: el cuento es el género narrativo por excelencia. A las pruebas me remito; mucho antes que la novela y antes que el cuento literario (tal como lo entendemos hoy) tenemos toda la tradición oral, plagada de historias maravillosas. El cuento está en la propia naturaleza humana, desde el principio, desde que el hombre articula un lenguaje medianamente inteligible surge la necesidad de fabular. Por tanto, si obviamos la poesía -eso ya son palabras mayores- el cuento es el género de géneros y puede y debe contar más y mejor que la novela, pero por otros medios, con muchas menos páginas, llegando a la esencia misma de lo narrativo y encontrando en la elipsis y en la complicidad del lector a sus mejores valedores. La novela, que está muy bien, no deja de ser un híbrido entre el cuento, el ensayo, el teatro y la pincelada paisajística. El cuento es la poesía en pantuflas que hace más habitable la casa del hombre. En cualquier caso no creo en géneros mayores ni menores. El escritor verdadero se entrega con el mismo rigor en un cuento, un poema, una novela o un simple artículo.

P.- ¿Qué relación existe entre el cuento y el poema?
R.- Ambos participan de un mismo gusto por la contención y el rigor y tienen un cierto sentido del ritmo muy similar. Si son buenos, hablan siempre al hombre de tú a tú, en primera persona, sobre esas cosas cercanas que le conciernen, y esto con independencia de que se trate de un poema intimista o figurativo, de un cuento realista o fantástico. Estructuralmente, además, tienen mucho en común cuentos y poemas. En ambos, es tan importante lo que se dice como lo que se calla, buscando siempre ese nivel superior de sugerencias que deben conmocionar al lector, para bien o para mal. En mi caso, no encuentro diferencias sustanciales de planteamiento a la hora de ponerme a escribir en uno u otro género. Eso sí, teniendo siempre en cuenta que un cuento no es un poema con los renglones más largos, que una cosa es cantar y otra contar.

P.- No tenemos en Cuenca grandes cuentistas ni grandes poetas, ¿a qué crees que es debido?
R.- Afirmar eso es olvidarse, por ejemplo, de Fray Luis de León, grande entre los grandes de todos los tiempos. Además, démonos una oportunidad de asombrar al mundo los que estamos en activo en estos momentos, tiempo al tiempo. Fuera de bromas, creo que sé a lo que te refieres, al aquí y al ahora ¿no? Pues bien, a eso se podría alegar una razón meramente matemática: somos muy pocos los conquenses y si ser un buen escritor es, de suyo, muy difícil, entre pocos es misión casi imposible que destaque alguno. Pero me temo que pasa tres cuartos de lo mismo en cualquier otro lugar, por poblado que esté. Son muchos los llamados pero muy pocos los elegidos, no hay más que mirar atrás para comprobar lo que digo. De todas formas la geografía tiene poco que ver con la literatura, una buena obra surge cuando y donde surge sin por qué.

P.- ¿Qué héroes, momentos cotidianos o sucesos están en tu nuevo libro?
R.- Creo que Ejercicios de caligrafía es mi libro más personal y por eso, de los más queridos. Quizá por su carácter misceláneo en él están buena parte de mis obsesiones, de mis fantasmas, de mis ideas recurrentes y por qué no, también de mis lugares más comunes. Creo que es un libro muy entretenido y que le va a resultar muy cercano al lector, porque le habla -siempre en tono menor y sin mayúsculas- de todas esas cosas de la vida diaria que puede ver con sólo asomarse a las páginas de un periódico, a la ventana de su propia casa o a esa ventana tonta de la televisión. Ejercicios de caligrafía es, a la postre, uno de esos libros de prosas que van creciendo día a día entre las hojas volanderas de los periódicos mientras uno está en otras cosas, pero que al final trazan, sin que casi nos demos cuenta, una imagen de uno mismo mucho más real y ajustada que los libros de poemas que le preceden (supuestamente más desnudos e intimistas) .

P.- De los cuentistas conocidos ¿a quién admiras?
R.- Son legión. Entre los "clásicos" releo con admiración creciente a Chéjov, Stevenson, Maupassant y Aldecoa, por ejemplo, sin olvidar la tradición hispanoamericana, que pasa por Horacio Quiroga, Borges, Cortázar, García Márquez y Julio Ramón Ribeyro. Me gustan mucho los norteamericanos, que tienen una tradición cuentística admirable, de Poe, Melville o Henry James a Bowles, Cheever o Carver. Si te refieres a las generaciones de escritores españoles más próximas, te diré que me parece que Quim Monzó está escribiendo los mejores cuentos del momento, pero también Manuel Rivas o Ignacio Martínez de Pisón, por ejemplo. Si me preguntaras mañana seguramente te haría otra nómina completamente distinta.

P.- ¿Cuál es tu tema preferido, en lo que se refiere al cuento?
R. -Cualquiera que dote de emoción y de sentido la futura lectura que el lector haga del cuento. Me interesa hurgar en el lado oculto de la realidad, en ese lado secreto que se instala en la cotidianidad sin que muchas veces nos demos cuenta, y me gusta tratar los asuntos que preocupan al hombre de hoy, comprometido con su tiempo y que, en el fondo, aunque con mil disfraces distintos, son los mismos de siempre.

P.- ¿Cuenca inspira cuentos?
R.- Exactamente igual que cualquier otro lugar; por mucho que nos tire lo nuestro el arte es largo y diverso y universal. La inspiración no está en el objeto mirado sino en el ojo del que mira y los "objetos" susceptibles de ser fabulados se cuentan por millares, aquí en Cuenca o en Sebastopol.