Canción.
Qué feliz la mariposa,
que vuela de flor en flor
y va usurpando el olor
a la bella y noble rosa.
Con su gala portentosa
de delicados colores,
pisa y atropella flores,
altanera y orgullosa
entre ellas primorosa,
que el celoso jardinero
deberá ser el primero
en cultivar a la rosa,
por ser la flor más hermosa
que se cría en su jardín
defendiéndola hasta el fin
de la ingrata mariposa.
Dedicado a Luisa María de sus abuelos Dolores y Manuel, en su cumpleaños
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De cara hacia el porvenir.
Aunque en edad muy temprana,
será el hombre del mañana
que nos hará sonreír.
En vano será repetir,
en honor a la verdad,
que envuelto en prosperidad
lo habremos de ver subir
poco a poco, y sin apenas sentir.
Cosechando voluntad,
no hay duda que alcanzará
un glorioso porvenir.
Dedicado a Manolín, de sus abuelos Dolores y Manuel en su cumpleaños.
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Soneto.
Un señor bastante rico
en un centro de enseñanza,
sintiendo desconfianza,
quiso inscribir un borrico.
Tiene una expresión de hocico
dócil de irlo educando.
A muchos voy enseñando
el profesor contestaba,
quien sus estudios acaba
de aquí sale rebuznando.
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Las flores del jardín.
Qué feliz la mariposa
que vuela de flor en flor,
y va usurpando el olor
al clavel y a la rosa.
Con su gala portentosa
deslumbrante de colores,
humilla a todas las flores
(su majestad) la mariposa,
que sintiéndose orgullosa
al posarse en un jardín,
busca con ansia el jazmín
el clavel el lirio y la rosa.
De nada sirve ser rosa
con pétalos afelpados,
si han de ser pisoteados
por la ingrata mariposa.
También la abeja hacendosa
que carece de conciencia,
aprovecha la inocencia
de la inofensiva rosa.
Para hacer su miel sabrosa
que almacena cada año,
no le importa hacer el daño
a la ennoblecida rosa,
siendo la flor más hermosa
que cultiva el jardinero
con el cuidado y esmero
que se merece la rosa.
La que quiera ser dichosa
y ser dueña de su honor,
que oculte su resplandor
a la ingrata mariposa.
Fin.
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Soneto.
Repugnante debe ser
censurar la vida ajena,
si es mala como si es buena
en nada te has de meter.
La dignidad te hará ver
lo que nunca has de olvidar,
agua que no has de beber,
aunque la veas muy clara
por si un día se enturbiara,
debes dejarla correr.
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Verso suelto.
El camino a recorrer
que se anda con paciencia,
se va adquirida la ciencia
para luchar y vencer,
dejando al hombre un placer,
cosechado con constancia
en época de su infancia,
quien siembra para coger.
Es un sagrado deber
de profesión o de oficio,
hacer un gran sacrificio
y sembrar para coger.
Dedicado a Paquito en su cumpleaños de sus abuelos Dolores y Manuel.
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Rendido homenaje al mes de Noviembre.
Distinguido e inolvidable mes;
No sabes con cuanta alegría y placer te vemos asomar por el lejano oriente tanto los vivos como los muertos, pues estos aún, que reposan bajo el frío y certero mandato de la muerte, también te esperan. Saben que vienes a ofrecerles una vez cada año por conducto de los vivos, esas flores hermosas y blancas como la nieve que la naturaleza creó, quizás expresamente para ellos, y que sus deudos se apresuran a llevarles a porfía, ambicionando todos, para los suyos lo mejor y en mayor cantidad. Y así, en triste caravana, acuden a ese lugar sagrado llamado cementerio, donde todo es silencio y quietud, pues solamente suelen oírse prolongados suspiros, y, llantos reprimidos y ahogados. Yo, viejo e inútil cerebro, considero este acto que se celebra el día de los santos, el más digno, el más generoso, el más noble y el más humanitario de todos los actos celebrados desde que existe la raza humana. Y allí, al pie de una tumba o nicho, pasan unas horas rezando unos y derramando lágrimas otros. Transcurrido el tiempo, vuelven a sus hogares todos los que llevaron tan lindas y frescas flores a sus queridos deudos, sintiendo en sus corazones la satisfacción de haber cumplido con el deber más sagrado de todos los deberes. Por eso, ennoblecido Noviembre, creo que es una verdadera lástima que ocupes el lugar más triste y sombrío del año, en él que los árboles y las plantas se desnudan y arrojan al suelo sus vestidos, por viejos y sucios. Continúan así hasta que, en los meses de la primavera, vuelven a vestirse con sus trajes nuevos y relucientes. Regresan a la vida alegres y sonrientes, y tu, sufrido y humilde Noviembre, sigues sin alterar tus tradicionales costumbres, haciendo acto de presencia una vez al año para llevar (aunque triste) ese perenne recuerdo a todos los que la muerte les arrebató uno o más miembros de su amada familia.
Tengo el convencimiento, de que este humilde homenaje carece de valor intelectual, pero en cambio, me anima a hacerlo (a mi manera). Su origen radica en el sincero agradecimiento que a mi juicio merece el homenajeado, y que todos debiéramos rendir, aunque fuera solo con el pensamiento. Para terminar, me permito hacer presente a todos los que tengan la ocasión de leerlo, que... los muertos mandan.
Autor desconocido.
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