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BAUSÈN |
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A MI AMADA TERESA
Aunque la gente de alta montaña, es bastante recelosa con los forasteros, después de unos días, cuando se dan cuenta de tu sinceridad, empiezan a abrirse, y contar historias de la tierra, que no aparecen en las guías oficiales. Una de estas historias, trataba sobre los Amantes de la Vall d'Aran. A principios del pasado siglo, en una población del valle, Bausèn, vivieron unos jóvenes, que se amaban. Pero era tan fuerte su amor, que no podían estar el uno sin el otro... Se buscaban, se esperaban y empezaron así el cortejo... Francisco , que así se llamaba él, después de hablar con los padres de Teresa, que era ella, decidió ir al párroco de la población, para organizar la boda. Pero, allí empezaron los problemas: por lo visto, eran de parentesco muy cercano, y para poderse casar, necesitaban una dispensa de Roma… y eso, costaba dinero, y el dinero en esas épocas escaseaba. De poco valieron las palabras y las súplicas de la pareja: Sin dinero, no había dispensa, y sin ésta, no había boda. Por tanto, según el cura, tenían que dejar su relación malsana, y buscar otros amores para formar una familia "decente"... Ni el uno ni la otra, se imaginaban la vida separados, así es que, después de meditarlo muy mucho, Teresa, se fue ha vivir con su prometido sin pasar por la bendición de la Iglesia. El revuelo fue enorme en una época en que la Institución, ejercía un gran poder sobre todos. Pero ellos, eran felices. Y esa felicidad, pronto dio sus frutos, primero un niño, y años más tarde una niña, llegaron para completarla. Prescindían del rechazo inicial de la gente, y vivían su amor en plenitud. Pero ya sabemos que en la vida real, no ocurre como en los cuentos en que todo acaba bien... Teresa, enfermó, y lo hizo tan gravemente, que al final murió... Francisco, desesperado y roto por el dolor, hubiese querido seguirla, pero, allí estaban sus dos hijos, que eran también una parte de élla, y que lo necesitaban para crecer... Así es que, nuevamente, se fue a hablar con el párroco, para organizar esta vez, el entierro... Y una vez allí, se encontró con que, se lo negaban... Eran "pecadores", que habían vivido en pecado, y por tanto, no recibirían ningún sacramento, y mucho menos se les enterraría en la Tierra Sagrada del cementerio... El pobre hombre, no sabía que hacer, ni a quién acudir, y sólo en su casa con sus hijos y la mujer que tanto había amado, lloraba sus penas... Y entonces el Pueblo reaccionó: Uno a uno, todos los vecinos del lugar, fueron acercándose a la vivienda, y organizándose... En veinticuatro horas, construyeron un cementerio para Teresa... Piedra a piedra, en un paraje, cercano al lugar dónde años atrás, habían festejado su amor... No sé, cual sería la reacción, del cura ante el desafío de la población, pero me encanta imaginármelo... Visitamos, Bausèn y ese cementerio... Parece anclado en el tiempo...Cuesta muy poco esfuerzo imaginar el pasado, allí entre la inmensidad de la montañas y la frondosidad de los bosques... La tumba de Teresa, sigue igual: solitaria, y serena bajo la sombra de unos álamos... Siempre tiene flores...en la lápida una sencilla inscripción: "A mi amada Teresa, que murió el 10 de Mayo de 1916 a los 33 años"... Por lo visto, al estallar la guerra civil Española, Francisco y sus hijos, pasaron a Francia, que está justo enfrente y allí, con el paso del tiempo, murió. Nunca se casó. Su última voluntad había sido, que lo enterrasen junto a su Teresa, pero, eran tiempos de Dictadura, y la burocracia lo impidió… nuevamente. Por eso Teresa, sigue sola en su cementerio. Su hija, murió hace tiempo, y su hijo, nos contaron que había fallecido el pasado año, a una edad muy avanzada. Han quedado, nietos que son quienes se encargan de la conservación... Y es que casi es un deber el recordar y admirar la fuerza y la valentía de unas personas que por Amor, se enfrentaron a todo y a todos... Cuando nos marchamos de Bausèn, los horizontes se veían puros y lejanos, las hojas de los árboles se movían suavemente... había una calma absoluta, y silenciosamente, me despedí de Teresa, una mujer avanzada a sus tiempos que sin que se dieran cuenta se les escapó de las manos... Este año, pensamos volver de vacaciones al Valle de Arán... y creo que en mi equipaje, incluiré unas flores, para rendir un homenaje a su recuerdo... |
BAUSÈN |
Quizás, empiece, por decir, que cumplí mi propósito de depositar flores sobre la tumba de Teresa, la mujer que desafió a todos por amor... Esta vez, escogimos un camino antiguo, utilizado por los lugareños de otros tiempos, para iniciar la ascensión a pie, hasta el pueblo de Bausen. Un salto en el tiempo, para recordar el pasado... Se trataba de una ruta, teóricamente no demasiado difícil... hasta que la emprendimos y vimos como era... El desnivel, no superaba los 1000 mts. pero, la ascensión era muy rápida, por lo que el esfuerzo, fue considerable, sobretodo, llevando con nosotros a los niños... Pero valía la pena: la mayor parte del recorrido, transcurría entre bosques de hayas, robles y avellanos, tan espesos, que casi no dejaban pasar la luz del sol... Al lado del sendero, que conservaba en los tramos más empinados un empedrado digno de una obra de ingeniería moderna, íbamos cruzándonos, con "Bordes", cabañas típicas de los pastores de antaño, abandonadas actualmente, pero que recuerdan la vida del valle, años atrás, cuando dependían de la tierra y de sus recursos. El agua, omnipresente por todas partes, nos obligaba a ir cruzando entre pasos, que no eran más que piedras más o menos alineadas, el río Bausen, del mismo nombre que el pueblo, que se une en su parte final al Garona a los pies de la montaña que ascendíamos. La gente que habitó estos parajes, tenían que ser, sin lugar a dudas de una gran resistencia y fortaleza... Por eso no es extraño, las historias de gigantes que se cuentan, y las leyendas, como la del Aneto, que desde arriba, cuando llegamos, pudimos observar junto al macizo de la Maladeta... Dicen los más ancianos, que el Aneto, era un gigante de nieve, que enseñó a los pastores como hacer el queso... Ahora está convertido en montaña, porque no quiso ayudar a Jesús cuando este, cansado y desfallecido, le pidió hospitalidad. Su penitencia fue, el que pudiese recobrar la consciencia y su voz las noches de tempestad... La gente de los valles, dice que en las noches de mucho viento, se oyen sus quejas lamentándose por lo que hizo... El día de nuestra visita, era San Roc, el 16 de Agosto, patrón del pueblo, desde que los salvó de una epidemia de Peste que azotaba Europa, y Francia, tan cercana, a finales de la edad Media. Fue una casualidad que se dio, no lo sabíamos, pero resultó curioso, terminar nuestro recorrido entre los prados que rodean el lugar, a ritmo de una charanga tocando música de Fiesta Mayor... Era, como si se nos diese la bienvenida por una vuelta anunciada... Sé, que no era así, pero, no por ello dejó de emocionarme... Guardo un grato recuerdo de los momentos que pasamos ahí. La tumba estaba como el año pasado. El pueblo, había cambiado un poco... Se están edificando casas que estaban casi derruidas, se rehabilitan otras, y me temo, que de seguir así, perderá ese aire de autenticidad, que nos cautivó... Cosas del progreso... Cuando iniciamos el descenso, deseé fervientemente, que pese a los avances, no permitiesen que se perdiese el encanto de esos parajes, ni de sus pobladores, conservado durante tantos siglos... es como un recuerdo a la memoria de quienes hicieron esos caminos, de quienes edificaron esas casas, y consiguieron que perduraran hasta nuestros días... |
desde BAUSÈN vista del pueblo de LES |
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