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EL PUEBLO SERRANO EN POESÍA
Primera Parte

 

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Sierra de Aracena



Mi dulce amor

Cuánto, mi dulce amor, llevo esperando
  la noticia envidiable de tus ojos.
Cuánto me hace dudar de tu verdad
  y de mi potestad para alcanzarte.

Cómo puede zaherir esa sonrisa
  a un corazón que se ha rendido al sueño.
Cómo puedo frenar el potro blanco
  que emprende otra estampida adolescente.

Me da miedo salir de la penumbra
  y presentarme al aire en luz primera.
La desnudez es pasto de alacranes
  de dorado aguijón y piel de azúcar.

En éstas me debato. Y luego llegas,
  como si nada, luminosa y leve,
  meciendo un carnaval indescriptible
  de memoria genética de besos.

Y luego enternecida te abandonas
  a un tembloroso azar de lejanía,
  de abrazarte a mi ausencia, de ocultarte
  en un zulo infernal de nieve en ascuas.

2003

 

Me obligaste a soñar

Me obligaste a soñar despierto y solo
  al calor de tu sombra clandestina,
  a librar la batalla de los mares
  con la ilusión remota de tu puerto.

Cabalgué con urgencia bandolera
  un Pegaso de angelicales alas
  mientras plácida y fiel a la distancia
  te mecías urdiendo el oleaje.

Las cien cartas de amor que, como hijos,
  emprendieron la orilla de tu suerte,
  trastabillaron gélidas cien veces
  hasta volver a mí como un cuchillo.

Y hoy, enjuto mi rostro en la bahía,
  enherbolando el último suspiro,
  deja tu ardid la estela del esfuerzo
  por bebernos el mar de nuestros ojos.

2003

 

La Loca            

Hacia la paz espesa y numantina
  del largo atardecer sobre la aldea,
  cuando enrosada y pálida ya otea
  la luna más que el sol en la colina,

  cruza la plaza a pecho descubierto
  la Loca. Ladra un perro en algún monte.
Hacia la paz mayor del horizonte
  camina la mujer con paso cierto.

Qué ilusión forjará su fantasía.
Qué invernadero fiel de niñez pura
  acunará su alma de amargura
  cuando su mente sangra y desvaría.

La Loca es una niña. Juega y llora
  como los niños, salta y patalea.
Sufre como los hombres y golpea
  en la puerta del mundo cada hora.

Con ella corazones emergentes,
  utopías del bien y la ternura,
  resisten sobre temblorosos puentes
  en el silencio atroz de la locura.

 

Paz                  

Estás en todo. Sé de tu hermosura.
En tus ojos está, y entre tu pelo.
Está en la proyección que en nuestro cielo
  dejan nuestras miradas de ternura.

Estás en la arboleda, sola y pura,
  de soledad de hembra en puro celo.
Estás en la quietud, desde el subsuelo
  hasta el último astro de la altura.

Está entre los silencios del abismo
  que media de la luz hasta la guerra.
En las profundidades de la tierra,

  en la entraña del ser humano mismo,
  entre la ronca sed de este seísmo
  que te aterra, me aterra, nos aterra.

Mayo, 1988

 


Golpe a golpe     

Dignificar la estancia golpe a golpe,
  saludar la mañana y el mañana.
Dar a la vida al menos el sentido
  que tiene agradecer este regalo.

Se están rompiendo el mar y los motivos
  y el hombre es partidario de los fuegos.
Vuelvo sobre la guerra de los hombres
  y el plomo es enemigo de los aires.

He comprobado el verde del olivo
  y el negro en las cenizas de este infierno.
Quiero restar sentido a los recelos
  de los niños que lloran seriamente.

Dónde se esconden dignos torbellinos
  para la sed carnívora del hombre.
Cómo se vuela al fin tan dignamente
  que se quiebre el patrón de sed y hambre.

Seré otra voz en tanto llegue el día
  que los aires transporten levemente,
  como pariendo, un halo de inquietudes
  que despliega los sueños uno a uno.

febrero- 93

 


Amanda                  

Te sé empeñada en germinal tarea,
   fecunda empresa de humanizar humanos,
   templar las frentes, dignificar ideas,
   recuperar hermanos.

Te veo, aliento mensajero, entera
   frente a los ojos de los que no miran,
   haciendo Paz en combatiente espera,
   abriendo luz donde a la luz se aspira.

Te escucho, permanentemente tuyo
   -Amanda mira, ternura toda, y ríe...,
   me hace feliz, en su regazo arrullo-
   y busco luz que hacia la Luz nos guíe.

1986

 

Romance del Arroyo
de La Morena

Era un borbotón de agua
  de los que Natura pare
  en lo alto de estas sierras
  que gobiernan cortos valles.

Descendió su cristalina
  lengua, dibujando un cauce
  paciente y ceremonioso
  con el amor de una madre.

Y convenciendo a la piedra,
  cuyo pecho pule y lame
  como la loba al lobezno,
  como a la loma los aires;

  y rodeando a la encina.
  la coscoja, los jarales,
  los generosos olivos,
  los rojos alcornocales,

  va fraguando su equilibrio
  de inercia serpenteante.

Con pureza de aguanieve
  en los inviernos tenaces.
Con serenidad de limo
  las albas primaverales.

Atemperando el empuje
  del hastío flameante.
Hasta empujar el torrente
  que abre los otoñales.

¡Qué sabio mirar sus aguas
  unas horas una tarde
  y al arrullo del arroyo
  dormivelar y arrullarse!

¡Qué paz de contorno verde
  del silencio palpitante!

Después de besar las vegas
  siembra fuentes en el valle,
  se encharca profundo y limpio
  en las pozas que abrió antes,

  y se entrega humildemente
  a los huertos sin linaje
  entre cortinas de yedra
  y de fronda de nogales.

Quién pudiera, siempre en ti,
  llorar como tú lo haces.

junio 1998

 


EL MESÍAS               

Y en verdad os digo que puedo enseñaros a volar.
Es decir, que debéis enseñarme.
  (He visto un niño azul tirarse desde arriba
  cuando todos creyeron que era un trozo de cielo).

Y en verdad os digo que quien no envidia a las aves
  lo hace robando nidos y financiando templos.

Y aquél que cree en mí debe creer en sus alas
  y en la luna de marzo y en los harapos sucios.

Porque todos sabemos
  que las aves, la luna, los niños, los harapos
  pueden salir sin cargo en el juicio final.
  (Los hombres que no veo rebatir ni apurarse
  se agazapan en torpes secretijos de estado)

1981

 

 

Adoración          

Para quererte en paz sufro el empeño
  de acunar tu regazo azul ausente.
Para beber tu paz corre una fuente
  que enciende una ilusión y aviva un ceño.

No renuncio a la luz, no tienen dueño
  las alas del amor cuando se siente.
Ante la libertad, o vuela o miente
  el corazón sacrificando un sueño.

Qué lindo pudo ser. Estoy cansado.
Qué eterna en la quietud la fantasía
  del carro del amor. Qué luz del día

  de nuestro amanecer ensimismado
  izará en el fulgor de la sequía
   la bandera del mar enamorado.

1993

 

Firmado: Rafael Silva


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