HERIDA DE LOS DÍAS
Hombre,
¿quién te conoce?.
¿La Mitología del Tiempo?,
¿tu historia, tu son, tu prole?
¿Quién te hizo y quién te dio
tus facultades feroces
y tus labios de limón
y tus rabietas de noche?
¿Quién te impregnó de mentira
evolutiva y deforme?
¿Quién desde niño te apoca
como algún estorbo enorme?
Quién te hiere y de qué forma
que como fuego en el monte
se te alimenta la herida,
y un volcán se superpone
a tu paz y a tu sonrisa,
y empiezas a herir, y escondes
tus voluntades primeras
y tus instintos mejores.
Quién te disuade, mi amigo,
si la amistad no conoces
porque en tu despacho oculto
el poder hizo en ti noche.
Quién te disuade, mi hermano,
si en el útero recoges
ya tu fortuna y tu clase,
tu mando y tus tradiciones,
como su pena y su ira
recoge en el suyo el pobre.
Heridas que se alimentan
y se agrandan como voces,
se estiran sobre el planeta,
se acumulan, se anteponen
a la belleza del mar,
a la altura de los montes,
al cielo de una mirada.
Heridas que se conocen
en el tiritar del viejo,
en los silencios del joven,
en la timidez del niño
y en la ceguera del hombre.
Heridas que en el mercado
de los amplios borbotones
engendran armas de lujo,
cuerpos de ataque y de choque,
magnicidios casuales,
multitudes de uniforme,
epopeyas que abaratan
la sangre y los corazones.
(Pobre de mí, condenado
a las hazañas del hombre).
julio 1981
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