Mi aproximación al camino fue poco ortodoxa. En el 2004 viví un par de sacudidas anímicas (salud/trabajo) que me llevaron a plantearme el cambiar algunas cosas de mi vida. Siempre he sido un ferviente seguidor del "sillón-bol" y decidí que debería hacer algo de actividad física. Ante mi total inutilidad como deportista (soy un desastre en todo tipo de deportes) y después de haber descartado las actividades individuales (gimnasia, natación, etc.) el doctor me soltó la pregunta última:
-¿Sabes andar? – A lo que respondí que obviamente sí.
-Pues – me dijo – cómprate unas deportivas y anda.
Y así empezó la cosa: Empecé por media hora diaria de lunes a viernes, luego añadí 1 o 2 horas en sábado, amplié el tiempo diario hasta llegar a 1 hora y media y empecé a participar en andadas populares de 12 a 15 km. Un buen amigo al ver que mi afición iba “en crescendo” me comentó que podría fijarme otro objetivo a mi andar y , como aquel que no quiere la cosa, me explicó que habia hecho parte del Camino de Santiago en abril, que esa experiencia le había gustado muchísimo y que creía que a mí me podría resultar igualmente satisfactoria.
Como buen Acuario que soy, siempre estoy abierto a las novedades y empecé a buscar información sobre el Camino de Santiago, por supuesto en internet, y ahí empezó el enganche, la adicción, el cuelgue (llamadlo como queraís) porque encontré la página personal de cierto peregrino (Mario Calvo, jubilado del ISM ) con un extenso, detallado y ameno diario de una pergerinación y a partir de ahí un tema ( mi camino ) empezó a ser EL TEMA.
Compra de material adecuado, entrenamientos con peso, impresión de mapas/rutas, planificación de etapas. Tanto me volqué en ello, que en las vacaciones de agosto convencí a mi santa esposa para hacer un viaje en autocar a Galicia para ver, sobre el terreno, parte del Camino y al tiempo conseguir la credencial del peregrino.