Esta noche llega a su fin Friends, la serie que durante diez años ha mantenido al público de todo el planeta pendiente de las vidas de seis jóvenes amigos neoyorkinos, de sus dificultades laborales, sentimentales, de su enfrentamiento a la vida fuera del hogar paterno, de las alegrías y de los buenos ratos que la amistad les ha brindado alrededor de la mesa de un café, o en los respectivos apartamentos de los protagonistas, que a lo largo de diez años han ido cambiando, al tiempo que lo hacían sus inquilinos. Porque en diez años los hemos visto evolucionar, madurar, ir y volver, protagonizando un sinfín de situaciones cómicas y divertidas, unas con más dosis de realidad y otras con algo más de imposible ficción, combinando el drama en momentos de ruptura sentimental (que se lo pregunten a Ross, el divorcios) o de pérdida de seres queridos (de esto saben algo los nietos de Nana, o Phoebe) con el humor allá donde, en la realidad, sería imposible su presencia.
El buen hacer de estos seis actores y del equipo de guionistas que semana tras semana durante una década han mantenido en el puesto más alto el listón de la calidad, ha conseguido que hoy millones de seguidores lamenten que llegue el fin de Friends. Tras varios años en los que productores y actores no se ponían de acuerdo con la continuidad, y se había llegado a jurar que sería la última temporada que se rodaría, esta vez ya no hubo más prórrogas. Cuando esta noche la NBC emita el último episodio de la serie, y la semana que viene sea vendido en DVD, el Central Perk cerrará sus puertas definitivamente, para dejar que se abra otra, de momento pequeña puerta, que dará paso al spin-off Joey. Los seguidores de Friends nos trasladaremos entonces a Los Ángeles, para continuar las correrías de uno de los seis. Ya no será lo mismo, pero es un adiós más dulce.