
Con un ruido de helicópteros simulando sobrevolar el escenario y luces blancas rastreadoras, mientras una voz en off contaba cómo cuatro forajidos habían desaparecido y se les estaba buscando, comenzó el concierto de Pereza que vi el domingo. La narración era familiar, pues terminó diciendo: "Si alguna vez se encuentra con ellos, quizá pueda contratarlos", al tiempo que comenzó a sonar la música del Equipo A, en el instante en el que los cuatro aparecieron sobre el escenario. Esta, junto a un solo de batería hacia la segunda mitad del concierto, fueron las novedades que el grupo ha introducido en su espectáculo desde la primera vez que los vi, en diciembre.
Tras el recuerdo-homenaje a la serie de los 80, abrieron con
Algo para cantar, que da título al segundo trabajo de la banda, a la que siguió
Pelos de punta. Y así hasta tocar prácticamente todas las canciones incluidas en este último disco, algunas del anterior (
Horóscopo,
Pompas de jabón o
Música ligera), y las versiones que han hecho de
No se ría (otro homenaje a aquella época, esta vez mediante
La bola de cristal) y
Voy a pasármelo bien. Siguieron con las bromas referentes al pelo del guitarrista, identificándole como Anne Igartiburu, y repitieron la de tocar tres segundos de AC/DC. Después dijeron al público que están planteándose pillarse un apartamento para vivir aquí durante diez millones de años (aunque si Pereza hubiera hablado de verdad con el alcalde de esta ciudad, seguro que se les habrían quitado las ganas de comprar, dada la opinión tan ocurrente y graciosa -tanto como el culo- que tiene sobre la especulación inmobiliaria), y tras volver al escenario, tocaron una canción que "habían compuesto en el camino",
Pienso en aquella tarde, con la que pusieron el colofón. Se echaron en falta
Dale a la guitarra y
Sí, sí, de los Ronaldos, que hace meses dedicaron a Ana Botella, pero que no interpretaron esta vez.