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| Octubre 2011 ver plano |

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El vuelo de mejor precio que hemos encontrado para ir a las Repúblicas bálticas sale de Alicante, así que en algo mas de 4 horas allí estamos para en un hotel al lado del aeropuerto, en Torrellano, pasar la noche, previa entrega del coche en un aparcamiento lowcost, de los muchos que allí hay.
A las 5 de la mañana nos recoge el transfer del hotel que en 5' nos deja en el aeropuerto. Facturamos la maleta y a las 7 h. salimos
hacia Kaunas (Lituania), donde llegamos a las 12 h. (1 más que en España). Hacemos el papeleo para retirar el coche, un golf que
hemos alquilado por 237 € para 8 días (más 220€ por devolución en otro país). Enchufamos el gps del móvil para que nos lleve al
hotel Daurgidas, en pleno casco histórico.
Tras un completo desayuno en las antiguas bodegas del castillo y por una autovía con radares cada pocos kilómetros marchamos hacia
el tranquilo pueblo de Trakai, para ver su castillo situado en una isla en el lago Galve.
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El almuerzo lo tomamos en la explanada del CAC: tortillitas de salmón y carne a la pimienta La cena la hacemos en un restaurante belga a base de mejillones y pollo. A las 8 h. golpean la puerta de la habitación para entregarnos una bandeja con el desayuno. Sacamos el coche del patio y salimos hacia Kaunas. Una vez pasada ésta, la autovía se convierte en autopista con limite en 130. Es éste, al igual que los otros 2 países, un país extremadamente llano con apenas elevaciones y grandes masas de arbolado.
Llegamos al puerto de Klaipeda a mediodía y por 47 Lt accedemos con el coche al barco que cruza al istmo de Curlandia , que
Lituania comparte con Rusia. Tras pagar el acceso al parque natural en un peaje automático en la carretera (10Lt) vamos hasta
el pueblo de Juodkrante, vacío en esta época del año y en donde nos cuesta encontrar donde comer: Al final lo hacemos en un
agradable jardín: pan con ajo y queso y pescado. Tras regresar a. Klaipeda y encontrar el hotel Promenada, salimos a pasear al cercano centro de la ciudad y a hacer una cena a base de Saltibarsciai (una fria sopa de remolacha con yogur) , pato con manzanas y peras y gambas con beicon y cangrejo. Riquisimo todo y con una presentación de lujo en el Bistro Friedricho y por 70Lt . Eso sí, al final, en nuestra estancia no llegaremos a probar el típico cepelinai (pure de patata relleno de carne y/o setas) Hacemos el desayuno en una nublada mañana, en la que gastamos las litas que nos quedan en gasolina y, primero por autopista y después por una carretera en obras, nos dirigimos hacia Siauliai para visitar, a 11 km de éste, la Colina de las Cruces, que algunos cifran en más de 100.000 y que el ejercito ruso intentó destruir varias veces ya que se convirtió en un símbolo de resistencia y que ahora es un centro de peregrinación y negocio católico. Salimos de Lietuva y entramos en Latvia, donde las carreteras empeoran mucho, para desde Eleja ir hacia el Palacio de Rundale, de estilo barroco- rococó y con unos versallescos jardines. Lo vemos desde el exterior antes de seguir hasta Bauska para cambiar 200 € en Lats y comer algo.
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Llegamos a Riga con tiempo de dar una vuelta por su casco antiguo antes de que oscurezca. Antes hemos aparcado el coche en un parkin callejero (5 € las 24h), dejado las cosas en nuestro hotel, el Clarion Valdemar, en el que por 105 € las dos noches, tenemos desayuno, cena, te/café las 24 h, jacuzzi, sauna y a un paso de lo visitable. Un lujo. Tras un completo desayuno, paseamos en la neblinosa mañana nuevamente hacia el casco antiguo de Riga,
el “París del norte”: Por la “Explanada” vamos hasta la catedral ortodoxa y el vecino Monumento de la Libertad desde donde accedemos
al casco histórico: la torre de la Pólvora y los edificios conocidos como los “Tres Hermanos” son nuestras primeras visitas antes
de ir a la plaza del Ayuntamiento, la plaza Ratslaukums y la Casa de las Cabezas Negras.
Inauguramos el mes de octubre saliendo hacia Turaida en el valle de rio Gauja (conocido como la Suiza letona). Tenemos la suerte de
llegar temprano y visitar la zona antes de que se abarrote al ser sábado. Entrar a la zona del antiguo castillo cuesta 3 Lats.
El castillo fue destruido totalmente en el siglo XVIII y ha sido reconstruido en ladrillo rojo. También han reconstruido en la
falda de la colina de lo que era la villa extramuros para su visita una serie de casas, donde el personal va vestido de época.
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Vamos al pequeño pueblo de Cesis a ver su castillo y a comer algo en una cafetería con una camarera que no se entera apenas. Llegamos al alojamiento en Bille en una mansión del siglo XIX. ubicada sobre el río, en la que no hay nadie esperando. Al rato aparecen por que estaban durmiendo ya que a la noche tenían una “celebración”. Cambiamos la habitación que nos dan por otra mas alejada de la zona «festiva». La cena la hacemos en un bar de la cercana carretera nacional. Salimos temprano hacia Valmiera y Valga, pueblo distribuido en las dos partes de la frontera. Gastamos el resto de lats en gasolina y en un baratisimo tabaco y entramos en Estonia. Aunque en Lituana y Estonia el idioma, sin ser el mismo, tiene un tronco común aquí ya procede del finés. Lo que a nosotros nos va a dar lo mismo, ya que seguiremos entendiéndonos en un chapurreado inglés.
La carretera mejora hasta llegar a Tartu, ciudad universitaria tranquila en esa mañana de domingo y con «precios» ya en euros: la
cerveza de aperitivo nos cuesta el doble que durante el resto del viaje. Paseamos por la plaza del Ayuntamiento con su estatua de
dos estudiantes besándose bajo un paraguas, donde unos chavales hacen el gilipollas, hasta que uno de ellos cae dentro de la
fuente.
El almuerzo lo tomamos en el pueblo de Mustvee a las orillas del lago Peipus para proseguir hasta Kuremae para visitar el único
claustro ortodoxo ruso en Estonia, con convento, casa para 160 monjas, fuente sagrada y curativa y un entorno realmente agradable.
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Amanece un día lluvioso que nos impide hacer senderismo, como teníamos previsto en el cercano Parque Nacional de Sahemaa. Camino a éste visitamos la cascada de Valaste, Sagadi Manor y su museo del bosque, antes de alojarnos en un hotelito de Vosu, pueblo casi fantasma en esta época del año. Almorzamos en el único pub abierto del pueblo y ya que cierra a las 18 h. tenemos que hacer la cena en hotel de Sagadi: ensalada de pato, arenque semifrito, cuello de jabalí y pastel de zanahoria. Desayunamos y abandonamos el PN, siguiendo por autovía hasta Tallinn. Llegamos temprano al hotel que
hemos escogido por su cercanía a la terminal marítima “A “ para dejar las maletas e ir a sacar los billetes de barco. A la mañana siguiente seguimos recorriendo el casco medieval : la iglesia de S Olaf, la plaza del Ayuntamiento, la Farmacia Municipal, el monasterio dominico, el callejon de santa Catarina, finalizando el dia con una cena en el restaurante finlandes Mannerheim : entrantes «rusos», pato (nuevamente) y Vorschmack (carne asada picada con arenque, patata asada, pepino agridulce, remolacha y requesón ruso).
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A las 7,30 embarcamos en el barco Viking xpress que en 2,30 h. nos lleva de Tallinn a Helsinki, de puerta a puerta de hotel. El Hotel Katahannokka, en el que nos alojaremos 2 días es la antigua cárcel de la ciudad, muy adecuadamente reformada, mereciendo pagar el precio más alto de todo el viaje. Dejamos las maletas en consigna y partimos a descubrir la ciudad. Tras ir a la catedral ortodoxa, recorremos el mercado del puerto bajo una pertinaz lluvia y entramos en el mercado, donde nos sentamos en un puesto para tomar unos platos de reno (poro) y de arenque. Vamos a la catedral luterana y como la lluvia arrecia nos vamos al hotel, saliendo para cenar en una pizzería cerca de la estación.
El desayuno es muy completo y se sirve en tazas y platos de metal como los que se usaban en la prisión. Recorremos las calles en
un día menos lluvioso pero con mas frío en el que hordas de suecos desembarcan para el partido de esa tarde. Vemos los decorados
edificios de esta ciudad, muchos de ellos de estilo art deco. Almorzamos en un nepalí de precio discreto para lo que se estila aquí.
Una vez desayunados y pagada la «celda» vamos a tomar el bus 615 que por 4 € en 40' te lleva al aeropuerto, para con Norway en un avión «guarderia" regresamos a Alicante, recuperar el coche y pasar la noche en el mismo hotel de la ida, con cena en un lugar muy recomendable: el cortijillo de Juan Diego, para volver a casa al día siguiente, tras 14 días de ruta báltica.
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