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Durante una estancia en Bilbao seleccionamos para una cena este excesivamente bien comentado restaurante, que se
ubica en un palacete con una decoración demasiado clásica que pide a gritos una actualización.
Elegimos comer a la carta , ya que el menú degustación aparte de excesivo no nos atrajo en demasía.
Sin ninguna sorpresa especial comimos adecuadamente, y el vino, tras sustituir la primera botella, un rioja del 87, fue servido correctamente.
Quizás destacaría la copa de foie en gele, ya que de las ostras crocantes esperabamos algo más.
Al solicitar 1 entrante distinto para cada comensal nos sirvieron 3 a cada uno, no se si por error (inadmisible)
o para inflar la factura (más inadmisible todavia).
Seguro que en Bilbao debe haber mejores sitios que éste y con mas relación calidad/precio. (100 euros por cabeza)
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