Web del 4 de agosto

[Volver]

 

 

Este año se cumplen cuatro siglos desde que en 1605 las prensas madrileñas de Juan de la Cuesta diesen a luz una obra deslumbrante: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, que desde sus primeros momentos se convirtió en un referente para la letras universales a la par que demostraba la profunda madurez de la novela como género literario, con perdón de ilustres precedentes como La Celestina o El Lazarillo.

Esa novela, que tendría su continuación en 1615, aglutinaba múltiples tipos de discursos y subgéneros. Podría decirse que en El Quijote está representada buena parte de la Literatura de nuestros Siglos de Oro. La poesía -esa "enfermedad incurable y pegadiza"- no es una excepción y, así, a lo largo de las dos partes de la novela podemos contar más de medio centenar de poemas enunciados por diferentes personajes que hemos recopilado en este libro como pequeño homenaje a ese gran monumento verbal que escribió un viejo soldado manco llamado Miguel de Cervantes.

Independientemente de las tipologías que se puedan establecer, una de las funciones generales que cumple tanto poema puesto en la boca de tanto narrador es el de construir un ambiente profundamente literaturizado. Si pensamos que don Quijote está "enfermo de ficción", ¿qué no pensar de que tantos personajes tengan poemas que proferir en un momento dado? Los poemas insertos en El Quijote no son sino una muestra más del tema central de la obra: la propia Literatura y su relación con la vida.

 

Miguel de CERVANTES
José Luis PÉREZ PASTOR & Diego MARÍN A. (eds.),
Esa enfermedad incurable y pegadiza (los poemas de El Quijote,
Ediciones del 4 de agosto, Logroño, 2005, contraportada.

 

[Volver]