Web del 4 de agosto

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A pesar de estar bien entrada la primavera, la temperatura de aquel 14 de abril era más baja de lo habitual. No obstante, la mañana había salido fresca, pero agradable. Una de esas mañanas que invitaba a dar la vuelta a los puetntes o bajar caminando al Pozo Cubillas.

Sobre el mediodía las nubes habían ocultado al sol y un frío viento del Norte hacía bajar la temperatura por momentos, tornando la fresca pero agradable mañana en una fría, ventosa y desapacible tarde.

Por toda la ciudad, al igual que en el resto del país, se notaba esa tensión anterior a los momentos en que una decisión puede cambiar el curso de la Historia. El triunfo del Frente Popular en las elecciones del domingo hacía concebir esperanzas de que ese cambio se produciría. Los ciudadanos sabían de las largas y delicadas negociaciones entre la Monarquía y los representantes del Frente Popular, pero nadie imaginaba en qué depararían. Eran todo conjeturas, todo suposiciones.

En el Círculo Republicano sito en la calle del Mercado, los nervios estaban a flor de piel. Las personas allí reunidas se movían presurosas, presas de la tensión de los momentos y del agotamiento de la dura campaña electoral. Los principales dirigentes republicanos se encontraban reunidos en la secretaría del propio Círculo esperando con imaciencia la noticia que más anhelaban: el advenimiento de la República.

Sonaba el cuarto en el reloj del amplio salón cuando un funcionario del Cuerpo de Correos y Telégrafos cruzó el umbral de la puerta con un telegrama en la mano y el libro de firmas bajo el brazo, preguntando por don Jesús Ruiz del Río. Éste no se hizo esperar. Cogió el telegrama con manos temblorosas por la emoción y trató de abrirlo torpemente. [...]

A santiago le "cayó la noticia en pleno "tajo", en el taller de zapatero remendón que, como buen republicano, él mismo decía que presidía, no que regentaba.

Javier BAÑARES, Ruavieja 32,
Ediciones del 4 de agosto, Logroño, 2004, pp. 11-12

 

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