Número 1: FRANCOIS VILLÓN, POETA DE LADRONES Y PROSTITUTAS - anima, sayula, humor, revista, literatura, verdugo, zombies, santa muerte, mal gusto,

           FRANCOIS VILLÓN



           Poeta de ladrones y prostitutas

  

                                       ADEMÁS:


            SIR WALTER RALEIGH: SONETO A SU HIJO

Primero Estudiante y maestro de la Soborna, luego ladrón, asesino y condenado a muerte, Francois Villón, feo y pobre, “seco y negro como escoba de horno”, es sobre todo un poeta sin ilusiones, descarnado, autor de poemas que nos llevan de viaje por los burdeles, cementerios, tabernas y barrios bajos del París de la edad media.


 


Nace en 1431. En 1455, a los 24 años, mata de una pedrada a un clérigo. En 1456 participa en un robo de 500 escudos de oro al Colegio de Navarra. En 1460 está preso en Orleáns. Al parecer es liberado, porque vuelve a caer preso en 1462, por otro robo, y es condenado a la horca. Escribe una balada pidiendo clemencia, y la pena de muerte se le permuta por el destierro. Escribe otra balada para agradecer el perdón y para solicitar se le concedan 3 días de estancia en la ciudad para arreglar sus asuntos. Desde 1463, los documentos de la época dejan de mencionarlo, y Villón desaparece. Se desconocen la fecha y circunstancias de su muerte.


 


Vivo, no careció de cierta fama: Mencionamos ya que una de sus baladas influyó para salvarle de la soga. Ganó en algunos torneos de poesía. Muerto, se le considera el mejor poeta francés del medioevo.


 


En una cuarteta el poeta se presenta y resume su vida:


 


Yo soy Francois, aunque no quiera,


nacido en París, de Pontoise cerca,


y en el extremo de una cuerda


sabrá mi cuello lo que mi culo pesa.


 


En su aparente tosquedad, esta cuarteta puede dar una idea de los juegos de palabras que hay en sus poemas. “Francois” -Francisco, diría un español- es su nombre, pero en el idioma del autor significa a la vez francés. También hace un retruécano de importancia entre dos zonas geográficas: Para que sepan donde queda París, dice que está cerca de Pontoise, pero Pontoise es una zona tan pequeña, que muy pocos, aún en París, la conocen.


 


EL LEGADO


 


Antes de desaparecer deja dos poemas largos: El Legado y El Testamento. El Legado lo escribe a punto de abandonar París, según el poema, para curarse de un mal de amor, según la historia, para huir de ser encarcelado. Imitando la redacción notarial de los testamentos (repite, por ejemplo, la fórmula ítem, común en aquella época a esos documentos), “da” en burla, como si fuera caballero adinerado, cosas que no le pertenecen ni tuvo nunca: regala a sus amigos distintos monumentos y edificios celebres de París, guantes y capas de seda, bosques.... a alguno le lega “las guayabas de un naranjo”, a otro “una oca podrida, los hijos de un capón bien cebado, y dos pleitos, para que no engorde mucho”. Juega con nombres de comercios: a uno le deja un “Rubí” -nombre de una tienda-, a otro le deja una “Linterna” -nombre de un prostíbulo-, etc. Como caballero noble, no se olvida de legar parte de su herencia para obras de caridad:


 


Ítem, dejo a los hospitales


las  telarañas de mis ventanas,


y a los enfermos, un puñetazo en cada ojo,


a cada uno, que tiemblen flacos, peludos,


y llenos de mocos, helados y empapados.


 


Ítem, dejo a mi barbero


mis pelos cortados, y a mi zapatero,


mis zapatos viejos, y a mi ropavejero,


mis ropas tal como estén cuando me abandonen.


 


Ítem, dejo a los mendicantes,


a las hijas de dios y a los párrocos


sendas cascaras de huevo


llenas de francos y escudos viejos.


Los carmelitas cabalgan a nuestras vecinas,


pero eso es lo de menos.


 


EL TESTAMENTO VILLÓN


 


El Testamento es su obra más importante. En él vuelve a hacer parodia de la jerga burocrática, y vuelve a dejar la mitad de París a sus conocidos, pero también dedica algunas baladas a distintas personas. El poema se convierte así en una especie de recopilación de su obra poética. Junto al humor, hay grave patetismo y duro realismo.


 


A continuación, dos baladas que Villón dedicó en su testamento a una novia de tan fina alcurnia como el autor y a un envidioso, respectivamente, así como su Epitafio en forma de balada, que compuso para él y sus compañeros de robo cuando se veía a unos pasos de la muerte y esperaba el momento de ser colgado.


 


En estos poemas Villón hace varios juegos de palabras, a veces difíciles de captar para nuestra época. Cuando dice “por su amor ciño escudo y daga”, hace burla de los romances de caballeros andantes que dedican sus triunfos a princesas hermosas. Los Envíos con que remata sus baladas son parodia de otros que los poetas de la época dedican a príncipes, caciques y otras personas dizque importantes.  Si Villón se burla de esta zalamera costumbre, también demuestra que es capaz de usarla en su provecho,  e incluso de superarla: en su Epitafio, el Envío no va a ningún poder terrenal, sino al mismo Jesucristo.


 



 


BALADAS


FRANCOIS VILLÓN


 


 


BALADA DE LA GORDA MARGOT


 


Si Amo y sirvo a mi señora de buen corazón,


¿me tendréis por vil o tonto?


Ella tiene en sí virtudes para un gusto sutil.


Por su amor ciño escudo y daga;


cuando vienen gentes, corro y tomo una jarra


y me voy discretamente, sin hacer gran ruido;


les sirvo agua, queso, pan y fruta.


Si pagan bien, les digo bene stat,


cuando estén en celo, vuelvan a visitarnos,


en este burdel donde trabajamos.


 


Pero hay gran enfado


cuando Margot va a acostarse sin dinero;


no la puedo ver, mi corazón la odia a muerte.


Tomo su vestido, su cinturón y su camisa,


le juró que lo tendré en pago.


A los lados se me agarra: “¡es el anticristo!”,


grita y jura por la muerte de Jesucristo


que no será así. Empuño entonces un trozo de lo que sea


y sobre la nariz le dejo un escrito,


en este burdel donde trabajamos.


 


Después se hace la paz y me suelta un gran pedo,


más gordo que un escarabajo venenoso.


Riendo me pone la mano sobre la cabeza,


“¡go, go!” me dice, y me golpea el muslo...


borrachos los dos, dormimos como un zueco.


Al despertar, cuando le suena el vientre,


se monta sobre mí, para que no estropee su fruto.


Gimo bajo ella, que me deja más liso que una tabla;


con tantos excesos me agota


en este burdel donde trabajamos.


 


                      (ENVÍO)


Haga viento, granice, hiele, tengo mi pan cocido.


Soy lujurioso, la lujuria me persigue.


¿Qué vale más?, cada uno imita al otro.


Ambos son equivalentes; a mala rata, mal gato.


Nos gusta la suciedad, la suciedad nos colma.


Huimos del honor, el honor nos rehuye,


en este burdel donde trabajamos.


 


 



                                      BALADA A LOS ENVIDIOSOS


 


En rejalgar, en arsénico de roca;


en oropimiente, en salitre y cal viva;


en plomo hirviendo, para consumirlas mejor;


en hollín y pez empapados de lejía


hecha de excrementos y orines de judía;


en agua que ha lavado las piernas de leprosos;


en raspaduras de pies y calzados viejos;


en sangre de culebra y medicinas venenosas;


en hiel de lobo, de zorro y de tejón,


sean fritas esas lenguas envidiosas.


 


En sesos de gato que odia pescar,


negro, tan viejo que no tenga un diente en las encías;


de un viejo mastín, que vale igual de caro,


rabioso, en la baba y saliva;


en la espuma de una mula asmática


bien troceada con buenas tijeras;


en agua en que las ratas zambullen morros y hocicos,


igual que ranas, sapos y alimañas peligrosas,


serpientes, lagartos y otros nobles pájaros,


sean fritas esas lenguas envidiosas.


 


En sublimado, peligroso de tocar;


y sobre el ombligo de una culebra viva;


en sangre que se ve seca en las bacías


de los barberos, cuando llega la luna llena


y que una parte es negra, y la otra, más verde que cebollino;


en pupas y tumores y en los sucios compuestos


donde las nodrizas aclaran sus paños;


en los enjuagues de muchachas amorosas


(quien no me entiende no ha visto burdeles),


sean fritas esas lenguas envidiosas.


 


                      (ENVÍO)


Príncipe, colocad estos sabrosos trozos,


si no tenéis estameña, saco o tamiz,


en el fondo de unas bragas sucias;


pero antes, en excremento de cerdo,


sean fritas esas lenguas envidiosas.


 


 


EPITAFIO EN FORMA DE BALADA


(Que compuso Villón esperando ser ahorcado


junto a sus compañeros por sus fechorías)


 


Hermanos humanos que viviréis tras nuestra muerte,


no tengáis contra nosotros endurecido el corazón.


Y si se compadecen de nosotros, infelices,


Dios premiará vuestra consideración.


Vednos suspendidos aquí a cinco, a seis,


y la carne, que tan a menudo alimentamos,


está siendo consumida en pedazos y se pudre,


y nosotros, los huesos, convertidos en ceniza y polvo.


¡Que nadie se burle de nuestra desgracia,


mejor rogad a Dios que se digne perdonarnos!


 


La lluvia nos ha mojado y lavado,


el sol, desecado y ennegrecido


los pies, las rodillas: tenemos los ojos hundidos


que nos han cavado urracas y cuervos,


y tenemos arrancada la barba y las cejas.


Nunca permanecemos quietos;


de acá para allá, igual que el viento varía,


así, a su placer, sin cesar nos agita.


Más picoteados por las aves que un dedal.


¡No os hagáis de nuestra cofradía,


mejor rogad a Dios que se digne perdonarnos!


 


                      (ENVÍO)


¡Señor Jesús, que dominas sobre todo,


evita que Lucifer se apodere de nosotros:


a él nada queremos devolver ni pagar.


¡Hombres, no os burléis de todo esto,


mejor rogad a Dios que se digne perdonarnos!


 





DE SIR WALTER RALEIGH A SU HIJO


 


 


 


Para finalizar, incluimos un poema de otro poeta-bandido celebre, el pirata Sir Walter Raleigh, quien después de asaltar por años barcos españoles en nombre de la reina, aumentando grandemente la fortuna de esta -por ello fue nombrado Sir-, fue traicionado por sus patrones, y compuso algunos de sus mejores sonetos encarcelado en la Torre de Londres, mientras esperaba se cumpliera su sentencia de muerte.


 


 


Tres cosas hay que crecen muy deprisa


y florecen mientras crecen separadas;


hasta que un día, las tres se encuentran en un lugar,


y al encontrarse, se echan a perder las unas a las otras.


 


Y son estas tres: la madera, la hierba y el niño.


La madera es la que sirve para árbol de la horca,


la hierba para trenzar el lazo del verdugo;


el niño, pillete guapo, te toca a ti.


 


Fíjate, hijo del alma, mientras no se reúnan las tres


reverdece el árbol, el cáñamo crece, corre el niño;


pero cuando se juntan, se pudre la madera,


se desgasta la soga, y se asfixia el niño.


Ven en paz, y guárdate en mí, y roguemos


que no nos aparte el día de ese encuentro.