Escribir porque sí, por ver si acaso
se hace un soneto más que nada valga;
para matar el tiempo, y porque salga
una obligada consonante al paso.
Porque yo fui escritor, y éste es el caso
que era tan flaco como perra galga;
crecióme la papada como nalga,
vasto de carne y de talento escaso.
¡Que le vamos a hacer! Ganar dinero
y que la gente nunca se entrometa
en ver si se lo cedes a tu cuero.
Un escritor genial, un gran poeta...
Desde los tiempos del señor Madero,
es tanto como hacerse la puñeta.
LA DIEGADA (1926)
*
Marchóse a Rusia el genio pintoresco
a sus hijas dejando –si podría
hijas llamarse a quienes son grotesco
engendro de hipopótamo y arpía.
Ella necesitaba su refresco
y para procurárselo pedía
que le repiquetearan el gregüesco,
con dedo, poste, plátano o bujía.
Simbólicos tamales obsequiaba
en la su cursi semanaria fiesta,
y en lúbricos deseos desmayaba.
Pero bien pronto, al comprender que esta
consolación estéril resultaba,
le agarró la palabra a Jorge Cuesta
1959
Juguemos al pendejo, vida mía;
verás qué divertido, cuando a huevo
tienes qué celebrar el Año Nuevo
con Sonetos y muecas de alegría.
Verás qué lindo, cuando cada día
(al surgir en Oriente el rubio Febo)
sientes que el mundo ya te importa sebo
y un ardite nomás la poesía.
Acaso te amanezca alborotada
-otrora erecta, dura y agresiva-
la dulce prenda, por mi mal hallada.
No te hagas ilusiones. Pensativa,
en cuanto expulses la primera miada,
se volverá a arrugar, triste y pasiva.
1960
Doce veces menstruó 59.
¡Y en tanto tú, vencido y cabizbajo,
discurrías meciendo ese badajo
que ningún repicar yergue o conmueve!
¡Ah, cuánto fuera nuestra vida breve
para cortarle a la epopeya un gajo!
¡Cuán presto desistió de su trabajo
este huevón que no hace lo que debe!
En vano es que le invoquen o lo llamen,
amenacen, exhorten o supliquen,
estrujen, froten, rueguen o reclamen.
Perezoso y undívago cual liquen,
no pretendemos ya que nos lo mamen,
sino -¡siquiera!- que nos lo mastiquen.
1961
Desde que el huevo se me hinchó derecho
(transposición se llama esta figura)
tanto disminuyó mi donosura,
que paso rara vez del dicho al lecho.
No vale darme ya golpes de pecho;
pues esta menopáusica criatura,
privada de vigor, sólo procura
rendir al mingitorio su provecho.
Resignación. Consistan mis jolgorios
en disfrutar, porque los haya bien gua-
recido, mis recursos supletorios.
Ejerceré, mientras su fuerza mengua,
la función que por méritos notorios
me adscribe a la Academia de la Lengua.
SONETO COTIDIANO
Blonda de leche y miel, cuando te miro,
y calcular tu natalicio quiero,
que el acta en que tal consta, considero,
es hecha del más sólido papiro.
El origen del pedo y del suspiro
con tu aliento mezcláronse primero;
súpolo Urbina, fuese a tu trasero
y se escapó, mas con violento giro.
Fatigada del soplo y del efluvio,
tu menstruadora máquina caduca,
puesta a marcha a tiempo que el Diluvio.
Y un siglo se acomoda y acurruca
como paloma o dinosaurio rubio,
en los rizos sin par de tu peluca.
*
Muestra que transportaron desde Suiza
como vaca ejemplar y literaria;
prolongada vejez de la araucaria,
¿crees que no tu peluca se divisa?
¿A quién vas a dejarle, María Luisa,
aquella dentadura hipotecaria
que aplicaste a la glándula mamaria
cuando se ataba el can con longaniza?
Tú brindaste -¡oh, feliz!- hospitalaria
acogida en tu cueva estercoliza
de un siglo a la oropéndola urinaria.
Tu juventud pasó como la brisa
que el radio lleva en onda estrafalaria.
Entre tus piernas queda una poetisa:
(Es fulana de tal, que gargariza).
*
Ultrapiojo, archiliendre, multichinche,
bufoncete, soplón, semiladilla,
no hay festival, fiestaza o fiestecilla,
en la que no rebuzne o no relinche.
Puta como la clásica malinche,
actrizuela, metiche, estudiantilla,
con todo el que se deja se atornilla,
le pide un peso y le presta el pinche.
¡Oh, pareja feliz! Este es el cuento:
aliáronse una meretriz y un pillo
(que para todo da el departamento).
Invitáronme a ver El Laborillo:
y en premio a su magnífico talento,
nutridas palmas dioles mi fundillo.
¿Qué puta entre sus podres chorrearía
por entre incordios, chancros y bubones
a este hijo de tan múltiples cabrones
que no supo qué nombre se pondría?
Prófugo de la cárcel, andaría
mendigando favores y tostones;
no pudieron crecerle en los cojones,
en la cara la barba le crecía.
Bandido universal, como la puta
que el ser le dio, ridícula pipilla
suple en su labio verga diminuta.
Treponema ultrapálido, ladilla
boliviana, el favor de que disfruta
es lamerle los huevos a Padilla.
*
Antes que el documento se nos pierda
en las indoctas sombras del mañana,
has de saber, Ermilo, que sor Juana,
cual todas las demás, cagaba mierda.
Esta opinión, como verás, concuerda
con la que dio Miss Schons cuando en la Habana,
halló que se pelaba la banana
y que a cada reloj le daban cuerda.
Otro dato importante de la vida
de esa monja que estudias con empeño,
es que tenía su entrada y su salida.
Y que a fin de engendrar Primero sueño,
a falta de una verga a su medida,
entre las piernas deslizóse un leño.
REDONDILLAS
En que felicita, y aconseja, al doctor Ermilo, pluma ingeniosa, con ocasión del nuevo estampamiento de sus elegantes, sutiles, claros, ingeniosos, útiles versos.
Que intentas, dícenme, Fabio,
-diré Fabio por Ermilo,
que es tropo muy de mi estilo
al decir burro por sabio-,
los reporteros del cielo
-que aquí hay también Dalevueltas,
magazines, hojas sueltas
y alguno que otro libelo-
publicar –no me propase
con incidentales nuevos,
que en metáfora de huevos
son cáscaras de la frase-
las obras que en el convento
entretuvieron mis ocios
y que con otros negocios
me ganaron el sustento.
Grata ha sido la noticia,
y te digo verdadera
que aplaudírtela quisiera
si hallara ocasión, propicia.
Mas llegada a revestir
el seráfico abolengo
ni con qué sentarme tengo
ni tengo con qué aplaudir.
En mi estado duradero
soy sólo cabeza, y alas,
y ando, en las etéreas salas,
con alas, y sin sombrero.
Mas para que no presumas
soberbia altiva en mi parte,
voy a arrancarme, y a enviarte,
de mis alas cuatro plumas.
Mójalas en los torrentes
escribirán ellas solas,
y allí donde yerren olas
corregirán solas alas.
Y allá te van, si las quieres,
las póstumas instrucciones
para que mis ediciones
purifiques y moderes.
No tomes gato por liebre.
Fue imperdonable desliz
darle mis autos a Ortiz
viendo garage en pesebre.
Cálate bien los quevedos
cuando mis versos traslades;
no pongas por jodes jades
ni saques por podos pedos.
¿Te parece bien, a fe?
¿No te parece un insulto
que donde yo puse el culto
tú me suprimas la t?
Y en aquella linda glosa
“qué importa cegar o ver”
hiciste cosas de oler
la que era visible cosa.
Cegaste, y en vez del e
una a me colocaste,
con que no diré cegaste
sí que cagaste diré.
Y mis partos repartidos
son espectáculo triste,
puesto que los dividiste
como si fueran ejidos.
Y si una errata me pierde
cuida de mi Romancero;
pues saber dél más no quiero
si ese Monterde es Tonmerde.
No eches a perder papel
y haz que por vida de Urano
ya no monte Montellano,
sí que lo monten a él.
Y que mi teatro me espanta
haga persona tan leda,
pues Julio Jiménez, Rueda,
pero su suegra no yanta.
Y desespera, desola,
anonada y contrapincha
un cuñado que relincha
y una suegra que habla sola.
Ya me asegura mi instinto
que el tal tiene en la cabeza
maleza tal, que en certeza
ni “Amor es más laberinto”.
¿Cómo, Fabio, se acompasa
que un reprobado en idiomas
les ponga puntos y comas
sin empeños de una casa?
Ya termino, por mi mal.
Veremos a ver si puedes;
la Condesa de Paredes
quiere echar un nixtamal.
*
A una pequeña actriz, tan diminuta
que es de los liliputos favorita,
y que a todos el culo facilita:
¿es exageración llamarle puta?
Por mucho que se diga y se discuta
las vergas que recibe de visita
ornamenta con una cagarruta.
Cuando logra que un golfo se la embuta,
en gritos de placer se desgañita
y gráciles piruetas ejecuta.
Y satisfecha abrocha su levita,
y corre al excusado y le tributa
los górgoros de mecos que vomita.
Y HE DE CONCLUIR, SONETO, Y CONTENERTE...
*
Pienso, mi amor, en ti todas las horas
del insomnio tenaz en que me abrazo;
quiero tus ojos, busco tu regazo
y escucho tus palabras seductoras.
Digo tu nombre en sílabas sonoras,
oigo el marcial acento de tu paso,
te abro mi pecho –y el falaz abrazo
humedece en mis ojos las auroras.
Está mi lecho lánguido y sombrío
porque me faltas tú, sol de mi antojo,
ángel por cuyo beso desvarío.
Miro la vida con mortal enojo;
y todo esto me pasa, dueño mío,
porque hace una semana que no cojo.
*
¿Qué hago en tu ausencia? Tu retrato miro;
él me consuela lo mejor que puedo;
si me caliento, me introduzco el dedo
en efigie del plátano a que aspiro.
Ya sé bien que divago y que deliro,
y sé que recordándote me enredo
al grado de tomar un simple pedo
por un hondo y nostálgico suspiro.
Pero en esta distancia que te aleja,
dueño de mi pasión, paso mi rato,
o por mejor decir, me hago pendeja,
ora con suspirar, ora con pedo,
premiando la ilusión de tu retrato
y los nuevos oficios de mi dedo.
*
Me dije: “Ya por fin la vida mía
el objeto encontró de su ternura;
es él quien llenará con su dulzura
para todos los siglos mi alegría”.
Pero un año pasó desde aquel día;
monótona tornóse mi ventura,
y vi junto a su carne prematura
huerto en sazón que mieles ofrecía.
Déjame en mi camino. Por fortuna
ni el Código Civil ha de obligarte
ni tuvimos familia inoportuna.
El tiempo ha de ayudarte a subsanarte.
Nada en mí te recuerda –salvo una
leve amplitud mayor- en cierta parte.
*
Nos volvemos a ver. Año tras año
soñé con encontrarte en mi camino.
¡Sol de mis ojos, luz de mi destino!
¿No quisieras, mi bien, tomar un baño?
Nos encontramos uno al otro extraño:
Gordo tú, flaco yo -¡mundo mezquino!
Y me complace ver -¡oh, desatino!-
que hay cosas que no cambian de tamaño.
Te quiero como antaño te quería:
con pasión, con dolor, con amargura,
cual si este siglo hubiese sido un día.
Quiero corresponder a tu ternura:
Levanta tu barriga, vida mía,
que me voy a quitar –la dentadura.