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Somos personas que dentro de una organización que es CGT-CAT tratamos de cambiar una sociedad que no nos gusta por desigual, injusta, autoritaria y, la mayoría de las veces, irracional. Para ello trabajamos en muy diversos campos; en lo cotidiano, en lo sindical, en lo social, luchando por reparar a cada instante las injusticias que nos rodean.

No somos los únicos dispuestos a cambiar las cosas a mejor. Nos diferencian de otros sobre todo los medios para lograrlo. Así, nuestro principio es la autonomía. La autonomía no es otra cosa que pensar y actuar conforme al criterio de que sólo actuando juntos y con independencia absoluta, los trabajadores y cuantos se sienten explotados podremos lograr algo. Esto significa que estamos al margen de partidos, y poderes , y que no dependemos para nada de ninguno de ellos. Que cuanto hacemos responde a la suma de espíritus particulares de cada persona, y no a mandatos, imperativos o estrategias ajenas. Nuestra voluntad es hacer las cosas por nosotros mismos.

Desde hace años en el ámbito de las Administraciones Públicas, hemos venido trabajando sindicalmente compañeros/as que en su día apostamos por trabajar colectivamente, unos con el Colectivo Autónomo de Trabajadores (CAT) y otros con la Confederación General del Trabajo (CGT). Tras la integración del CAT en la CGT, se han mantenido las siglas CGT-CAT y la autonomía plena en la toma de decisiones que afectan a los trabajadores de la Administración del Estado y de la Seguridad Social.

Actualmente la Federación CGT-CAT de Administración Pública está organizada en unas 20 provincias, tiene presencia en Juntas de Personal y Comités de Empresa en INEM, Seguridad Social, Fomento, AEAT, Economía, Hacienda, CNCT, etc., defiende el sindicalismo Autónomo y de participación directa de los trabajadores en sus decisiones.

 

 

EL TIEMPO QUE VIVIMOS

Vivimos una actualidad que merece algún comentario. Tiempos de cambio, ciertamente, instalados sobre unas posibilidades tecnológicas nuevas, sobre un agresivo discurso por parte de quienes tienen el poder, el dinero y la capacidad de decisión, sobre una pasividad preocupante por parte del sindicalismo oficial, y sobre una resignación que se extiende por el conjunto social.

Vivimos una sociedad cada día más rica y cada día con un mayor número de pobres.

Cada día con más posibilidades materiales de mejorar la vida de la mayoría, pero en la realidad, cada día más amenazante de esas condiciones de vida. Se ha impuesto un discurso -ese que llamamos neoliberal- que establece la productividad y la ganancia como únicas razones, despreciando las conquistas sociales o la necesidad de proporcionar unos mínimos vitales para la gente. La fría lógica económica se ha comido lo social. Ahí tenemos la política de privatización de empresas y servicios públicos, los recortes sucesivos a las prestaciones por desempleo, la disminución y privatización del sistema de pensiones o el retroceso y depreciación de la sanidad o de la escuela públicas.

Por desgracia, el sindicalismo oficialista no es ajeno a todo ello. Todos recordamos el acuerdo administración - sindicatos en la función pública, en que asumieron la pérdida del poder adquisitivo de los empleados públicos, la modificación del sistema de pensiones aumentando el número de años para calcularlas ...

Para dar la vuelta a esta situación consideramos que hay que hacerse valer, demostrar la fuerza que tenemos. Hay que responder a la política neoliberal que nos domina. Pero hay que hacerlo no en los discursos ni en las fotos, sino en la movilización de fuerzas que nos disponga en mejores condiciones ante la negociación. Hay que recuperar la solidaridad social. esa voz que siempre nos ha dicho que tenemos que ver en todos aquellos asuntos donde se litiga el bienestar de la mayoría. Que no hay pleitos propios y ajenos, que lo mío no acaba en las cuatro paredes de mi empresa. Que la lucha de allí es mi lucha, que las pensiones son la lucha también de los jóvenes, que la lucha contra el paro lo es también de los trabajadores más o menos estables.

El compromiso de los trabajadores con CGT CAT lo define cada uno, puede ir desde la afiliación hasta la simple simpatía. Somos conscientes de que nuestra propuesta no es cómoda y menos en los tiempos que corren en los que priva la búsqueda de la solución individual, de avenirse con el que manda buscando el premio, o el privilegio. Evidentemente no resulta cómodo el exigir un trato igual para todos, enfrentándose a las arbitrariedades.

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