Negro futuro.

Entrada a la cantera de Rezola, y justo encima el Pastorenkorta.

El futuro que espera al Pagasarri en las próximas décadas no es nada halagüeño a juzgar por todas las agresiones de uno y otro carácter que está pedeciendo, y que parece que sufrirá a lo largo de los próximos años. La cantera de Rezola y la Súper Sur han superado con creces todo el daño que generó la cantera del Peñascal a lo largo de su explotación. No dejarán la huella tan profunda como aquélla, porque el descontrol que existió entonces parece que ahora ya lo miran algo más y exigen planes de recuperación que en un principio da la impresión de que se están cumpliendo, pero no quedarán invisibles a los ojos de la población bilbaína, y sus sistemas de explotación a base de nagolita y excavadora, repercutirán negativamente en los alrededores de Bolintxu y en todo su entorno. Si este plan de restauración es igual que el de otras explotaciones vigentes, Bilbao podrá "gozar" de otra nueva vista canteril a compartir con las ya existentes.
La Súper Sur además dejará un bonito "recuerdo" en el corazón de este lugar con su tablero volado de 150 metros cruzando el centro del lugar de mayor valor ecológico de la ciudad de acero, hormigón, titanio y cristal. Curiosamente, a todos los nuevos elementos que están construyendo esta nueva urbe, se les da mayor importancia que a la propia riqueza natural que la rodea.
Las nuevas voladuras de Rezola avanzan implacablemente hacia Bolintxu, ya en terreno bilbaíno, y con el beneplácito de las instituciones. Las zonas ya explotadas son "recuperadas" antes de continuar hacia las nuevas cotas de explotación. Unos montones de tierra y varias filas de coníferas son plantadas para que con el paso de tiempo cubran los bancos explotados hasta ahora. No está mal si se tiene en cuenta que ni en el Peñascal, ni en Mina Primitiva ni en Ermular nada de esto hizo y así quedó todo. 
Las obras de la Súper Sur más las del futuro parque de Arraitz rematan la faena por el oeste. No queda títere con cabeza por este punto cardinal del Pagasarri. Pistas nuevas que atraviesan pinares; camiones y excavadoras de gran envergadura y tonelaje; varias obras a la vez; pistas antiguas que son regeneradas y cuidadas con esmero para que los camiones no se estropeen al paso por ellas.......... Todo vale en pro de una nueva ciudad modelo de sostenibilidad, sobre todo  monetaria, porque lo que es naturística, prácticamente de eso no le queda nada.
Las ansias municipales de ampliar horizontes hasta los últimos confines del municipio abarcan incluso la reforma y adaptación de zonas emblemáticas, como el Arraitz, donde ya se está trabajando para transformar la naturaleza y adaptarla a las necesidades actuales de la ciudadanía, que según este ayuntamiento deben  de ser el consumismo de mesa y asiento de hormigón. Muchas de estas mesas, ubicadas en zonas alejadas del tránsito de vehículos, permanecen abandonadas sin uso alguno y a falta de un mínimo mantenimiento. Es decir, la cosa era colocar el hormigón donde fuera, se usara o no después. En el caso del Arraitz el éxito ya está asegurado, dado que hay carretera asfaltada hasta bien cerca de él, y cierta infraestructura hostelera que también garantiza servicios mínimos a la gente cómoda y glotona. Todo esto generará un nuevo flujo de circulación que a su vez obligará a   abrir nuevas vías de comunicación, toda vez que la actual quedará muy escasa, así como algún aparcamiento reglamentado, no como la campa actual que rápidamente quedará pequeña  para la afluencia que se generará. En definitiva, habrá que decir adiós al Arraitz, al menos tal y como lo hemos conocido durante décadas, y asumir que un nuevo lugar de ocio gastronómico recreativo, ha surgido. Así es el nuevo Bilbao que nos presentan los políticos de ahora. Como dijo en su día el súperconcejal bilbaíno que  concedió la licencia de actividad a la cantera de Rezola en terrenos de Bilbao "no se pueden poner obstáculos al progreso". Más claro y más alto no se puede decir, y bien estamos comprobando que lo están llevando a cabo a rajatabla.

Volver. Itzuli.