ESTATUTOS

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ESTATUTOS

 

ESTATUTOS DE LA ASOCIACIÓN

 « JUAN PABLO II »

 

 

INTRODUCCIÓN

 

   La asociación católica de apostolado “Juan Pablo II” nace como respuesta a dos necesidades, a dos llamadas:

 

   Por un lado, se encuentra nuestra propia necesidad, como fieles, de asociarnos para fortalecernos y ayudarnos mutuamente en nuestro seguimiento de Cristo, teniendo en cuenta que vivimos en unas circunstancias poco favorecedoras para ello.

 

   Por otro lado, entendemos la necesidad de la Iglesia, en nuestros días, de hacernos participar a todos los creyentes en su labor misionera, necesidad que se viene concretando, desde el Concilio Vaticano II, en una llamada general a la asociación de los fieles en comunidades activas de apostolado y vida cristiana.

 

   La primera razón que nos mueve a asociarnos tiene fundamento en la Tradición de la Iglesia. Desde sus principios, los fieles, primariamente unidos en familias, han vivido su cristianismo en comunidad: “La muchedumbre de los que habían creído tenían un corazón y un alma sola, y ninguno tenía por propia cosa alguna, antes todo lo tenían en común” (Hch 4, 32). Por otra parte, que esta asociación sea explícita es particularmente necesario cuando nos encontramos en “tierra de misión”, como era el caso de los primeros cristianos y como lo es en nuestra sociedad. Así participaremos en “el paso de una Iglesia de «cristiandad» a una Iglesia de «misión»” (Sínodo Diocesano de Cádiz y Ceuta 2000,  Constitución Sinodal sobre la evangelización de los alejados; Disposición nº 18).

 

   En cuanto a la llamada a la acción evangelizadora, la encontramos, fundamentalmente, en el Concilio Vaticano II: “como lo propio del estado de los seglares es el vivir en medio del mundo y de las ocupaciones temporales, ellos son los llamados por Dios para que, fervientes en el espíritu cristiano, ejerzan su apostolado en el mundo a la manera de fermento” (Decreto Apostolicam Actuositatem, 2).

 

   En nuestros días, esta llamada ha sido repetida con particular insistencia por S.S. Juan Pablo II. Él, junto a nuestro Obispo, Monseñor Ceballos, nos ha exhortado con frecuencia: “El Espíritu Santo nos impulsa a la misión. ¡No tengáis miedo!”. Siendo así que nos proponemos obedecerle, tomamos su nombre, “Juan Pablo II”, para denominar nuestra Asociación. Aunque reconocemos nuestra incapacidad para colaborar en esta “nueva evangelización”, confiamos en que, en palabras del Beato Josemaría Escrivá, “Dios condesciende con nuestra libertad, con nuestra imperfección, con nuestras miserias. Consiente en que los tesoros divinos sean llevados en vasos de barro, en que los demos a conocer mezclando nuestras deficiencias humanas con su fuerza divina”.

 

   Si bien el Concilio Vaticano II ha puesto especial empeño en convocar a los seglares al apostolado, también nos hace ser conscientes de que, como laicos, nos resulta imprescindible apoyarnos en aquellas personas que han recibido del Espíritu Santo, por medio del sacramento del Orden sacerdotal, la capacidad de representar al Señor entre nosotros. Así, nos proponemos atender a la advertencia de Jesús: “el que permanece en Mí y Yo en él, ése da mucho fruto, porque sin Mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5). La oración y los sacramentos deberán ser la base y alimento indispensables para nuestra vida en la fe, para poder mostrarla a los demás en nuestros actos y, gracias al estudio y la formación necesarios, también en nuestras palabras. Ayudarnos mutuamente para mantener un equilibrio armónico de todos estos aspectos, respondiendo a nuestras obligaciones como miembros de una familia y una sociedad, es el reto fundamental que nos planteamos como asociación.

 

   Como intercesores y maestros privilegiados para mostrarnos el camino, nos encomendamos a Santa Teresa del Niño Jesús y a San Agustín de Hipona. A Santa Teresa de Niño Jesús, Doctora de la Iglesia, patrona de las misiones, que nos muestra su ofrecimiento vital a Dios y su oración, le pedimos que nos enseñe a prender esa llamita capaz de incendiar el mundo. A San Agustín de Hipona, Padre de la Iglesia, amante apasionado de la Verdad y maestro de catequistas, le pedimos que nos ayude a ver, amar y reflejar, como él lo hizo, la Luz de Dios.

 

   “Desde la fe –afirma el Cardenal Daneels-, la evangelización no puede reducirse a un mero trabajo humano; evangelizar es mucho más que traer a alguien al mundo, más que darle a luz. Es entrar en la maternidad de María”. Nuestra temeraria ambición es, precisamente, participar de la maternidad de María, engendrando en nosotros a Cristo y dándole a luz en nuestro mundo. Quisiéramos tener siempre presente que eso no es posible partiendo de nuestras propias intenciones e iniciativas, sino uniéndonos a Ella en aquel humilde y atento “Fiat”, “hágase en mí según tu palabra”, que incendió la Creación. Rogamos el amparo y toda la ayuda de nuestra Madre para que así sea.

 

CAPÍTULO I:

NATURALEZA Y FINES

 

 

Art. 1.- Rogando el amparo de la Santísima Virgen, constituimos una asociación privada de fieles, sin ánimo de lucro, para la difusión de la doctrina católica y fomento de la vida cristiana. Podrá formar parte de ella cualquier católico, sea cual sea su condición. La denominamos Asociación Católica de Apostolado “Juan Pablo II”.

 

 

Art. 2.- El domicilio social de la Asociación es:

 

Asociación Católica de Apostolado “Juan Pablo II”

apartado de correos 684

 Cádiz (España)

 

 

Art. 3.- Los patronos de la Asociación son Santa Teresa del Niño Jesús y San Agustín de Hipona, a cuya intercesión nos encomendamos especialmente.

 

 

Art. 4.- La Asociación tiene los siguientes fines:

 

1º.- Colaborar en la misión salvífica de la Iglesia, propagando su fe con el ejemplo, la oración y la palabra. Se pondrá especial atención en extender y fomentar el amor y la obediencia a la Iglesia como Madre y Maestra.

 

2º.- Ayudar a los socios en su camino de santificación personal y su vocación específica de misión en el mundo en el que viven, cuidando particularmente de que sea llevada a cabo con verdadero sentido eclesial.

 

 

CAPÍTULO II:

 

DE LA VIDA ESPIRITUAL Y LA ACTIVIDAD DE LA ASOCIACIÓN

   

Art. 5.- Con el objeto de unirse profundamente a Cristo, y convertir esa unión en cimiento del apostolado, los socios procurarán llevar una intensa vida de piedad que incluirá:

-         Meditación de la fe de la Iglesia. 

-         Oración.

-         Estudio espiritual.

-         Vida de los sacramentos.

   Los socios procurarán hacer de la Eucaristía el centro de su devoción, como alimento necesario para la acción apostólica, y acudir al sacramento de la Penitencia como medio de renovación interior.

 

   El espíritu propio de la Asociación contiene la lucha ascética contra el pecado para abrirnos a la acción de la gracia; el culto a los santos como modelos a imitar en el camino de identificación con Cristo; la llamada humilde a la vida del Espíritu Santo en nosotros y la protección maternal de la Virgen María.

 

 

Art. 6.- Para poder llevar a cabo los fines de la Asociación, los socios deberán:

 

1º.- Formarse lo más sólidamente posible en la doctrina de la Iglesia.

 

2º.- Orar personal y colectivamente por los fines de la Asociación.

 

3º.- Dedicarse al apostolado en su entorno más inmediato (familiar, laboral, amistades, etc.), atendiendo a la virtud de la prudencia, sin buscar en ello satisfacción personal, y cultivando la paciencia y la fortaleza frente a las dificultades.

 

 

Art. 7.- Asimismo, los socios se comprometen a dedicar su oración y su esfuerzo, en comunión con el resto de asociados, para un mejor cumplimiento de sus deberes individuales, familiares y eclesiales según las enseñanzas de la Iglesia Católica, considerando, especialmente, los siguientes principios:

 

1º. Austeridad de vida; desprendimiento, generosidad y responsabilidad en el uso de los bienes materiales.

 

2º. Obediencia a la autoridad eclesiástica y a los cargos de la Asociación, y aceptación alegre, confiada y sin reservas del Magisterio de la Iglesia. 

 

3º. Pureza y castidad según su estado.

 

 

Art. 8.- La Asociación constituirá grupos de acción dedicados a actividades específicas de apostolado. Los grupos así constituidos contarán con un responsable que orientará y animará su funcionamiento y dará cuenta del mismo al resto de la Asociación.

 

 

Art. 9.- La actividad de la Asociación se desarrollarán de la siguiente forma:

 

1º.- Los asociados plantearán y desarrollarán diversas actuaciones para conseguir sus fines de apostolado, como pueden ser la edición de una revista, la catequesis (actividades que la asociación realiza en sus inicios) o cualesquiera otros que se estimen oportunos. Para ello, la Asociación deberá estar atenta a las necesidades o demandas específicas de la Iglesia en cada momento.

 

2º.- Con el fin de adquirir los conocimientos necesarios para su labor de apostolado, los socios acudirán a formarse a las instituciones adecuadas, poniendo, posteriormente, sus conocimientos al servicio de la Asociación para la formación de los demás miembros de la misma. La Asociación podrá solicitar también a colaboradores externos que contribuyan a dicha formación.

 

3º.- Además de la imprescindible oración personal de cada uno de los socios, en la que cada uno incluirá las intenciones propias de la Asociación, ésta organizará encuentros periódicos de oración. La oración será el fundamento indispensable de su labor de apostolado.

 

4º.- Los diversos grupos de acción organizarán las actividades necesarias para desarrollar su labor específica de apostolado, además de reuniones periódicas para facilitar que sus miembros se ayuden mutuamente en su camino de santificación personal y familiar, así como en el cumplimiento cotidiano de su labor apostólica.

 

 

Art. 10.- Se pondrá especial cuidado en que toda actividad de la Asociación se lleve a cabo con absoluta fidelidad al Magisterio de la Iglesia en todas las expresiones de éste. Asimismo, las decisiones de la Asociación estarán siempre subordinadas a las decisiones tomadas en el ámbito propio de la familia o la Iglesia, por ser instituciones de carácter superior.

 

 

 

 

CAPÍTULO III:

 

DE LOS ASOCIADOS

 

 

Art. 11.- Podrán formar parte de la Asociación, en calidad de socios, todos aquellos fieles católicos, seglares o religiosos, que, identificándose con los fines y el espíritu de la misma, así lo soliciten al Presidente y sean admitidos por el Consejo de Dirección.

 

 

Art. 12.- Podrán tomar parte activa en las actividades de la Asociación, en calidad de miembros colaboradores, aquellas personas que, sin estar sujetas a los deberes y derechos descritos para los socios en estos Estatutos, pero respetando su cumplimiento y el espíritu de la Asociación, ofrezcan su colaboración en lo que ésta necesite. Para ello no se dispone ningún otro requisito que ser aceptados por el Presidente.

 

 

Art. 13.- El Consejo de Dirección podrá decidir la exclusión de socios cuando se estime que no participan suficientemente de los principios y fines de la Asociación, y así se decida por unanimidad, pudiendo pasar a miembros colaboradores o causar baja en la misma. El Presidente podrá decidir sobre la exclusión de miembros colaboradores cuando lo estime necesario para la buena marcha de la Asociación.

 

 

 

 

CAPÍTULO IV:

 

DE LOS ÓRGANOS DE GOBIERNO

 

 

Art. 14.- Los órganos de gobierno de la Asociación son:

 

1º.- La Asamblea General

 

2º.- El Consejo de Dirección

 

 

Art. 15.- La Asamblea General es el órgano de expresión de la voluntad de todos los asociados. Estará integrada por el Consejo de Dirección y todos los socios.

 

 

Art. 16.- Todos los participantes en la Asamblea General tendrán derecho a deliberar, pero sólo tendrán voto los miembros del Consejo de Dirección y tres representantes de cada uno de los grupos de acción. Los tres representantes de cada grupo de acción serán elegidos democráticamente por los socios pertenecientes al mismo.

 

 

Art. 17.- La Asamblea General se reunirá con carácter ordinario una vez al año, y con carácter extraordinario cuantas veces lo acuerde el Consejo de Dirección o así lo solicite, al menos, la tercera parte de los socios, mediante escrito dirigido al Presidente. Los cargos de Presidente y Secretario de la Asamblea lo serán también del Consejo de Dirección.

 

 

Art. 18.- Las funciones de la Asamblea General ordinaria son:

 

1º.- Velar por el espíritu y marcha de la asociación.

 

2º.- Aprobar el Reglamento de Régimen Interno y sus posibles modificaciones.

 

3º.- Elegir los miembros del Consejo de Dirección.

 

 

Art. 19.- Las funciones de la Asamblea General extraordinaria son:

 

1º.- Modificar y reformar los estatutos.

 

2º.- Elegir los miembros del Consejo de Dirección cuando se produzcan vacantes.

 

3º.- Acordar la disolución de la asociación.

 

 

Art. 20.- Para que la Asamblea General pueda acordar decisiones, es necesario que, en primera convocatoria, o tras una segunda convocatoria, que será al menos media  hora después, acuda la mitad más uno de los convocados. En caso de falta de quórum, los asistentes quedan facultados para tomar las decisiones oportunas sobre las materias que se fueran a tratar, siempre que estén presentes el Presidente y el Secretario (o el Vicepresidente, por delegación de alguno de los dos).

 

 

Art. 21.- Los acuerdos tomados por la Asamblea General afectan y obligan a todos los socios y miembros colaboradores.

 

 

Art. 22.- El Consejo de Dirección estará formado por:

 

1º.- Presidente

 

2º.- Vicepresidente

 

3º.- Secretario

 

4º.- Tesorero

 

5º.- Vocal

 

6º.- Director de Comunicaciones

 

 

Art. 23.- El cargo de Tesorero podrá ser desempeñado por un socio o por un miembro colaborador; en este último caso, no tendrá voto en el Consejo de Dirección.

 

 

Art. 24.- Los cargos del Consejo de Dirección tendrán una duración de tres años. El Presidente sólo podrá ejercer dos mandatos consecutivos; puede ejercer más, siempre que no sean consecutivos, entendiendo como no consecutivos los ejercidos con, al menos, un año de intervalo entre ambos.

 

 

Art. 25.- El Consejo de Dirección se reunirá cada vez que así lo soliciten el Presidente o, al menos, dos de los miembros del mismo.

 

 

Art. 26.- El Consejo de Dirección tiene las siguientes atribuciones:

 

1º.- Convocar y fijar fecha de la celebración de la Asamblea General.

 

2º.- Organizar el desarrollo de las actividades aprobadas por la Asamblea.

 

3º.- Velar por la marcha de los grupos de acción constituidos.

 

4º.- Disponer el inicio de nuevas actividades y la constitución de nuevos grupos.

 

5º.- Dictar normas interiores de organización.

 

 

Art. 27.- Las decisiones de gobierno de la Asociación serán tomadas por el Presidente, después de informar y consultar a los miembros del Consejo de Dirección o, al menos, al Vicepresidente, siempre que las circunstancias lo permitan y aconsejen. Asimismo, el Presidente podrá, en casos particulares, someter a votación en el Consejo de Dirección los asuntos que considere oportunos.

 

 

Art. 28.- Funciones del Presidente:

 

1º.- Tomar las decisiones necesarias para el gobierno y buen funcionamiento de la Asociación según las condiciones expresadas en el artículo anterior.

 

2º.- Velar por el cumplimiento de los Estatutos de la Asociación.

 

3º.- Disponer las actuaciones necesarias para ejecutar los acuerdos adoptados en los órganos de gobierno de la Asociación y velar por su cumplimiento.

 

4º.- Fijar y presidir las reuniones del Consejo de Dirección, y presidir, asimismo, la Asamblea General.

 

5º.- Coordinar la permanente colaboración con las autoridades eclesiásticas y orientar la colaboración con otras organizaciones cristianas, así como dirigir las acciones necesarias para la expansión de la asociación y sus actividades de acuerdo con las necesidades de la Iglesia.

 

 

Art. 29.- Funciones del Vicepresidente:

 

1º.- Sustituir al Presidente en sus funciones cuando éste lo solicite o sea manifiestamente necesario.

 

2º.- Colaborar con el Presidente en todas las funciones que se estimen oportunas y aconsejarle en la toma de decisiones.

 

3º.- Dirigir la puesta en práctica de las decisiones que tome el Presidente.

 

4º.- Velar por el buen gobierno del Presidente.

 

 

Art. 30.- Funciones del Secretario:

 

1º.- Actuar como tal en las reuniones del Consejo Directivo y de la Asamblea General, levantando actas de las mismas.

 

2º.- Asistir al Presidente para fijar el orden del día y convocar a los socios.

 

3º.- Llevar el registro y los ficheros.

 

4º.- Hacerse cargo de la biblioteca de la asociación y de su funcionamiento, procurando el máximo aprovechamiento de sus fondos.

 

5º.- Custodiar los libros y documentos, y llevar a las reuniones los que sean necesarios.

 

6º.- Redactar la Memoria Anual.

 

 

Art. 31.- Funciones del Tesorero:

 

1º.- Ocuparse de la contabilidad de la Asociación.

 

2º.- Responsabilizarse de la custodia y el mantenimiento de todos los bienes de la Asociación.

 

 

Art. 32.- Funciones del Vocal:

 

1º.- Representar en el Consejo Directivo al resto de los socios y miembros colaboradores.

 

2º.- Informar al Presidente y al Consejo de Dirección de los problemas e inquietudes que puedan ir surgiendo en el seno de la Asociación.

 

 

Art. 33.- Funciones del Director de Comunicaciones:

 

1º.- Ocuparse de las relaciones externas de la Asociación con otras asociaciones y particulares, así como con el resto de la comunidad eclesial.

 

2º.- Informar puntualmente al Presidente y al Consejo de Dirección de sus actuaciones y requerir al Presidente para que se haga cargo personalmente de aquellos contactos, institucionales o personales, que aconsejen su intervención.

 

3º.- Asesorar al Presidente, y a la Asociación en general, en todos aquellos aspectos que puedan incidir en las relaciones y la imagen externa de la Asociación.

 

4º.-Velar por las buenas relaciones de la Asociación con otras asociaciones y particulares, así como de la buena imagen de la Asociación de cara al exterior, de acuerdo con el espíritu de la misma expresado en sus Estatutos.

 

 

CAPÍTULO V:

 

DE LA ADMINISTRACIÓN

 

 

Art. 34.- La Asociación podrá adquirir, retener, administrar y enajenar bienes materiales de acuerdo con los Estatutos y el Derecho Canónico.

 

Art. 35.- Todos los bienes de la Asociación deben ser administrados por el Tesorero General bajo la dirección del Presidente, atendiendo a los principios de austeridad y responsabilidad en el uso de los mismos.

 

Art. 36.- El Tesorero General presentará la contabilidad de la Asociación al final del año al Consejo de Dirección.

 

Art. 37.- Los socios se comprometen a abonar puntualmente la cuota que sea estipulada por el Consejo Directivo para colaborar al mantenimiento económico de la Asociación.

 

CAPÍTULO VI:

 

FACULTADES DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA

 

 

Art. 38.- Corresponde al Ordinario del lugar:

 

1º.- El derecho a la inspección de las actividades de la Asociación.

 

2º.- El nombramiento del Asesor Religioso (Director Espiritual) de la Asociación y la facultad de removerlo a tenor de lo establecido en el Derecho Canónico vigente.

 

3º.- La confirmación de los cargos de Presidencia, así como demás miembros del Consejo de gobierno.

 

4º.- La aprobación, modificación de los Estatutos y su interpretación o dispensa.

 

5º.- La disolución de la asociación, de acuerdo al derecho.

 

6º.- Conceder la licencia necesaria para la enajenación de los bienes de la asociación de acuerdo con las normas del Derecho Canónico vigente.

 

7º.- Otras facultades que el Derecho Canónico vigente le atribuya.

 

 

CAPÍTULO VII:

 

DEL DIRECTOR ESPIRITUAL

 

 

Art. 39.- La Asociación precisa un Director Espiritual (Asesor Religioso), que será un sacerdote nombrado por el Ordinario del lugar. Para ello, el Presidente propondrá a un sacerdote que goce de la confianza de los asociados. El Director Espiritual se ocupará de velar por el buen desarrollo espiritual de la Asociación y de todos sus asociados, así como informar de la marcha de la Asociación al Ordinario del lugar.

 

 

Art. 40.- El Asesor Religioso presidirá la elección del Presidente.

 

 

CAPÍTULO VIII:

 

DE LA DISOLUCIÓN DE LA ASOCIACIÓN

 

 

Art. 41.- La Asociación se disolverá por las siguientes causas:

 

1º.- Por acuerdo de los dos tercios de los miembros de la Asamblea General extraordinaria.

 

2º.- Por resolución de la autoridad competente.

 

 

Art. 42.- En caso de disolución de la Asociación, los bienes de la misma se entregarán a instituciones eclesiales con fines caritativos y piadosos, de acuerdo con lo determinado en la Asamblea General extraordinaria.
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Última modificación: 13 de mayo de 2001