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Educar en Cristo

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Pautas de conducta:

1. El niño, desde sus primeros días, requiere no sólo cuidados físicos, sino amor y dedicación.
 
2. Reparad, padres, en esto: el niño es producto de nuestro amor. Pero nos necesita tanto que ha de primar nuestra dedicación a él; y de esto, lo comprobaréis, se seguirá el aumento de vuestro mutuo cariño.
 
3. Por pequeño que sea el niño, ¿dos años?, no lo ofendas en su dignidad, que la tiene.
 
4. Ese hijo de diez años que hace lo contrario de lo que deseamos, sin ser malo, lo hace porque sabe que no debe hacerlo. No le hagamos el juego con nuestro enfado. Desarmémoslo con nuestra mansedumbre.
 
5. Si el niño de doce o trece años aprecia vuestra paciencia con los hermanos menores, estará cristalizando vuestro buen ejemplo.
 
6. Ante la ternura siempre cederá el educando.
 
7. Cuidar que vuestro AMOR-AMOR transcienda a vuestros hijos. Será la base de la educación sexual que habréis de darles.
 
8. Corregid serenos. Propiciará la autocorrección del educando.
 
9. Es lamentable, pero muy frecuente, que los padres tengan dificultad para hablar con los hijos. Es aconsejable ejercitarse haciéndolo con anterioridad a esa cota de desarrollo en que sepan oír-escuchar-asimilar.
 
10. El diálogo es arte y actitud. El educador debe practicarlo permanentemente, mas con oportunidad.
 
11. Ante "reprender siempre", mejor "reprender nunca".
 
12. Permanente observación y estudio de cada niño. Es exigencia para el bien educar.
 
13. Respetad a vuestros mayores. Clave para que los niños os respeten.
 
14. Pensad que los conflictos entre hermanos menores se disuelven por sí solos.
 
15. La educación pide mucha mansedumbre no exenta de energía.
 
16. No impongáis el amor entre hermanos. Fomentadlo con el vuestro y con el que dispensáis a vuestros hermanos y parientes.
 
17. Los niños están siempre compitiendo. Conducidlos hacia la deportividad.
 
18. Tu guardia siempre discreta pero "en guardia".
 
19. Al reprender, discreción, suavidad y, de verdad, con sentimiento.
 
20. La siembra de ideas maestras para las pautas de conducta, urge y requiere oportunidad y ejemplaridad.
 
José Manuel  Sánchez - Gey

 

PENSANDO EN LOS ESPOSOS Y EN SUS HIJOS

 

1.- De cristal son los primeros pasos en la vida matrimonial: brillantes y frágiles.

 

2.- Ese brillo debe ser de cada uno. Que cada uno lo conserve para su actitud de entrega el otro.

 

3.- La fragilidad no es por el cristal, sino por las manos que lo manejan: hay que ser buenos artesanos de nuestro matrimonio.

 

4.- El rezo en común es piedra angular de la espiritualidad de los esposos.

 

5.- No temáis las pequeñas contrariedades de la vida doméstica. Encajadlas y afrontadlas con deportividad.

 

6.- Las contrariedades provienen de dos fuentes: de la vida y de nosotros mismos. Según la fuente se requiere distinto método para tratarlas y superarlas.

 

7.- Aquellas contrariedades que nos vienen de la vida o de los demás, nos deben llevar al análisis de las circunstancias y porqués, poniendo el acento en la objetividad.

 

8.- Aquellas contrariedades que nos vienen de nosotros mismos, precisan mucha frialdad y sinceridad auténtica.

 

9.- Vivir un amor de anticipación. Así el invierno no os dará frío.

 

10.- Hay que vivir un amor de conquista por etapas. No tratéis de apurar el vaso de la entrega de un tirón.

 

11.- Cuando Dios os señale con el anuncio de un hijo: postraos de rodillas y, cogidos de la mano, dad gracias al Autor de la VIDA.

 

12.- En esa feliz etapa de la gestación, dedicaros a revisar y programar vuestro papel de educadores.

 

13.- Que el amor a vuestros hijos arranque y tenga su apoyo en el amor que os prometisteis ante Dios.

 

14.- Cuando la madre siente en su ser ese otro ser que gravita en su seno, el padre debería caer de rodillas y alzar los ojos a Dios en un mudo reconocimiento de la grandeza de la MATERNIDAD.

 

15.- No educar al niño para niño, sino para el hombre en proyecto que es.

 

16.- Un hijo que va a nacer hace vivir la más sublime de las esperas.

 

17.- Madre que vas a ser dentro de poco: dite muchas veces: ¡Gracias, Señor!

 

18.- La esposa que espera un hijo se hace doble donación: al padre, y al ser que late en su seno ¿Has captado tú, esposo, esa actitud?

 

19.- La ternura de la madre en ciernes que es la esposa en estado de merecer; tú, varón, cuídala como se cuida la más delicada flor.

 

20.- Tener un hijo es la más nuestra de las propiedades. Mas no olvidéis que se adquiere en NOMBRE DE DIOS AUTOR DE LA VIDA.

 

21.- La grande y grave responsabilidad de tener un hijo, qué fuerza da.

 

22.- Ese tierno infante de sólo unos días, ¡cómo os une! Pues así debéis de estar siempre para ser educadores.

 

23.- Ante ese infante de dos meses en la cuna, miraos a los ojos y prometeros UNIDAD EN EL AMAR.

 

24.- Me dicen que hablas y hablas, incansable, a tu hijo de apenas un mes de nacido ¿Has visto, madre, qué compañía da ese tan breve ser?

 

25.- Habéis visto, por primera vez, sufrir a vuestro hijo, con dolor físico. Habéis sentido el más hondo dolor que podíais imaginar: eso es amar.

 

 José Manuel Sánchez Gey


Prejuicios y tópicos

en la educación de los hijos

   Los padres cristianos nos vemos sometidos a una influencia poderosa de la sociedad en que vivimos. Esta influencia se manifiesta en una serie de errores, prejuicios y tópicos educativos que dificultan y en ocasiones incluso anulan nuestra labor educativa en Cristo. Muchos de estos errores provienen de una mentalidad profundamente burguesa y acomodaticia, anticristiana, que ha caracterizado las últimas generaciones de padres. Por otra parte, la evolución de nuestra sociedad ha pasado por una época de liberalismo radical y de negación hedonista de la moral cristiana católica que ha impregnado profundamente la mentalidad de varias generaciones. En este capítulo veremos algunos de estos errores y prejuicios para corregirlos y evitarlos.  

ERROR  1 : “ES MALO IMPONER COSAS A LOS NIÑOS”.

  La raíz de este prejuicio contra la autoridad dela familia (que, en su esencia, no es democrática) se halla en la creencia siguiente: “Imponer algo es malo porque mi hijo no me va a querer”. También: “Imponer significa no respetar la libertad de mi hijo”.

    Contra esto podemos argumentar: la libertad se aprende a partir de la autoridad. Sólo quien se domina a sí mismo y se hace capaz de elegir el bien frente al mal es libre. Por tanto, antes que ser libre, nos interesa que nuestro hijo sea dueño de sí mismo y no esté esclavizado por sus apetencias, instintos y, en definitiva, pecado. La libertad buena para nuestros hijos es aquella que le lleva interiormente a elegir lo bueno (según la fe) frente a lo malo.

    También es falso que una actitud de autoridad (que no tiránica, que es muy distinto y casi opuesto)  genere odio en nuestros hijos. Nuestros hijos nos querrán más, mucho más, si nos respetan como padres, es decir, si viendo lo bueno de lo que hemos inculcado en ellos, lo viven en sus vidas como un tesoro que nosotros les hemos dado. Consentir a los niños, responder a sus caprichos, es lo que verdaderamente les distancia de sus padres. Un niño o adolescente no respeta a un padre o madre  sin autoridad, como tampoco respeta a un tirano.

 

ERROR  2: “ES MALO PROHIBIR COSAS”.

    Este prejuicio trae consigo gravísimas consecuencias para nuestros hijos. Se basa en creer que la prohibición genera curiosidad y deseo de lo prohibido, “que es peor”. Puede ser cierto, en algunos casos, que prohibir algo genere una malsana curiosidad y deseo de lo prohibido. Pero atención: saber que algo está prohibido es saber que es malo, saber que es pecado. Y  que desearlo y cometerlo es pecado. Aquí está en juego la propia visión cristiana dela naturaleza humana.

   Pongamos un ejemplo. Hay muchos programas de televisión que los padres debemos impedir que nuestros hijos vean, por los daños morales y humanos que sufrirían (y que sufre la población infantil por causa de padres timoratos en prohibir: dejan a sus hijos a expensas de que el mal se cebe en ellos). Ante estos programas de televisión podemos tener dos actitudes : a) le decimos que está mal, que son violentos, obscenos, etc., etc., pero no prohibimos que los vean. Esto produce en nuestros hijos la sensación de que no es malo pecar, de que no importa ver algo malo, y anula su voluntad y, desde luego, los dejamos a expensas de las influencias negativas que, seguro, incidirán sobre su carácter y por supuesto sobre su vida religiosa. Y b) prohibimos que los vean, argumentando, con todo nuestro amor y con ayuda de Dios, las razones de nuestra prohibición si el niño es capaz de entenderlas. Si es demasiado pequeño, nuestra autoridad y amor bastan. ¿Qué puede pasar? En la mayoría de los casos, que nuestro hijo quede a salvo de influencias gravemente perniciosas sobre su vida íntima y moral. En otros casos, que genere curiosidad malsana por lo prohibido. Pero si nuestro hijo intenta acceder a lo prohibido, será con nuestra prohibición sobre sí, es decir, con la idea de que está MAL lo que va a hacer. Si lo hace, será consciente de que está cometiendo voluntariamente y con consciencia algo malo, por tanto, tendrá conciencia de pecado.

    En el próximo número continuaremos revisando los numerosos errores que abundan hoy en día en torno a la educación.

 David González Cea

Prejuicios y tópicos en la educación de los hijos  

por David González Cea

ERROR 4: “COMODIDAD ANTE TODO”

     Actualmente, en aras de la comodidad se sacrifica casi todo. La importancia que tiene, sin embargo, el cuidado del porte personal para los niños y adolescentes es tan grande, que habremos de anteponer a ella la comodidad.

 

¿Por qué es necesario cuidar el aspecto personal? Por respeto a los demás, por respeto a nosotros mismos, y sobre todo por respeto a Dios.

   

   Muchos educadores y padres de hoy en día restan importancia a la educación de la voluntad, como hemos dicho en capítulos anteriores. Este fatal menosprecio de la disciplina y el autodominio incide sobre el cuidado de la apariencia exterior, los buenos modales y el talante. Detrás de ello, se esconde la falta de respeto a los demás y el egoísmo. Si educamos a nuestros hijos para que les importe la imagen que den a su prójimo, estaremos valorando, y enseñándoles a valorar, la consideración, la amabilidad y el respeto por encima de su comodidad egoísta, su pereza, y una pseudosinceridad que sólo encubre desconsideración.

     ¿Cómo lograremos que el niño se preocupe por su aspecto personal? Habituándolo, desde muy pequeño, a cosas como:

  - Meterse por dentro la camiseta cuando se le salga, tanto en casa como en el colegio.

- Mantener sus zapatos limpios y cuidados.

-  No ensuciarse la ropa.

- Permanecer siempre arreglado, sin desaliño y, sobre todo, sin mostrar dejadez ante los demás ni ante si mismo.

- Guardar la compostura en ocasiones pertinentes.

- Doblar y cuidar su ropa, manteniéndola en orden y llevándola al cubo de la ropa sucia cuando sea necesario.

-  Acompañar el buen aspecto externo con los buenos modales, la sobriedad en el comer, el hablar y el gesticular, y la reciedumbre general de su vida cotidiana.

-  Adoptar posturas corporales dignas -importantísimo evitar malas posturas que inducen a la pereza -.

-  No estar en casa de cualquier manera.

- Vestir con elegencia aunque sin afectación, y de acuerdo con las circunstancias etc.

     Veamos cosas que debemos cuidar especialmente:  

·         No mostrar dejadez en el aspecto general del vestir.

·         Nunca decir palabrotas o hablar de forma vulgar.

·         Demostrar la importancia de ciertos acontecimientos modificando la forma de vestir (por ejemplo: al colegio, que es fundamental para la vida del niño, habrá que ir siempre bien vestido; nunca en chándal, a no ser que sea necesario).

·         En casa, no estar vestido de cualquier manera. Si llegan visitas, sobre todo.

·         En general:

NIÑO ARREGLADO, NIÑO EDUCADO

     Veamos a continuación algunas consecuencias del desaliño y la dejadez en el porte personal:

1)      Potenciamos la pereza.

2)      Se refuerza el egoísmo.

3)      Es fácil que se generen problemas o conflictos sociales -por ejemplo: antipatías, tensiones, etc-.

4)      La apariencia exterior irá en disonancia con el mundo interior. Tarde o temprano, acabará comiendo terreno a la vida de la fe (la dejadez en el porte personal influye en el abandono de la vida religiosa o en su minusvaloración).

5)      Favorece el malestar interior, el descontento general, y potencia la falta de concentración.

   Ni que decir tiene que habrá que evitar la afectación y estimular positivamente para la sobriedad y, en general, para que la amabilidad en la actitud, la apariencia y el buen talante habitual sean la tónica.  

 

 

capítulo SEGUNDO:

LA VIDA COTIDIANA DE LA FAMILIA CATÓLICA

    “La familia cristiana constituye una revelación y una actuación específicas de la comunidad eclesial; por eso (...) puede y debe decirse “Iglesia doméstica”1.

    En el seno de la sociedad secularizada, y conviviendo con unos valores mayoritarios distintos a los valores cristianos, la familia católica debe afrontar el gran reto de la educación.

   En el capítulo anterior vimos cómo la vida cotidiana de nuestros hijos es un ámbito educacional ideal para forjar su voluntad en Cristo, con Bien y Verdad. Esta idea nos puede servir para entender LA FORMA ESPECÍFICA DE VIDA COTIDIANA DE UNA FAMILIA CATÓLICA inserta, inevitablemente, en la sociedad des-cristianizada.

   La forma de vida cotidiana, bajo el punto de vista católico, quiere decir: la existencia familiar en Cristo. “Por la gracia del sacramento del matrimonio, los padres han recibido la responsabilidad y el privilegio de evangelizar a sus hijos. Desde su primera edad, deberán iniciarlos en los misterios de la fe, de los que ellos son para sus hijos los primeros (...) heraldos. Desde su más tierna infancia, deben asociarlos a la vida de la Iglesia. La forma de vida en familia puede alimentar las disposiciones afectivas que, durante toda la vida, serán auténticos cimientos y apoyos de una fe viva”2.

   La forma de vida en familia: la vida cotidiana de nuestros hijos, de nosotros sus padres, en medio de la sociedad secularizada. Cotidianamente esta sociedad transmite unos valores y cotidianamente nosotros, padres, y nuestros hijos, los percibimos a través de las relaciones sociales, laborales, y de los medios de comunicación. ¿Cómo convivir con esto? La evangelización de nuestros hijos es, hoy en día, radicalmente necesaria. Sólo una evangelización sistemática, plena de amor, ternura y esperanza, de los niños y adolescentes, podrá lograr alimentar en ellos el deseo voluntario y libre de la fe y ayudarlos en su camino hacia la Verdad de Cristo.

   ¿Por qué es la vida cotidiana el campo de acción ideal de nuestra evangelización como catequistas domésticos? Porque es, como se ha dicho, en el ámbito de la cotidianeidad, donde la sociedad secularizada y descristianizada transmite eficazmente sus valores, ideologías y pautas de conducta.

   “Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos en la fe, en la oración y en todas las virtudes. Tienen el deber de atender, en la medida de lo posible, las necesidades materiales y espirituales de sus hijos”3.

   Cotidianamente, nuestros hijos deben:

Cuadro de texto: 1.	Orar a Dios.
2.	Profundizar en el conocimiento de la doctrina católica.
3.	Practicar las virtudes.
4.	Ejercitarse, por el ejemplo de sus padres, en el amor: aprender a amar en Cristo.
5.	Vivir “en Iglesia”.

 

 

 

 

 

 

  Cotidianamente, nosotros, como padres, debemos:

Cuadro de texto: 1.	Orar a Dios por nuestros hijos.
2.	Profundizar y enriquecer nuestro conocimiento de la doctrina católica para avivar nuestra propia fe y perfeccionar nuestra catequesis familiar a nuestros hijos.
3.	Practicar y enseñar las virtudes.
4.	Ejercitarnos en el amor por ejemplo de Cristo.
5.	Inculcar en nuestros hijos el amor y la fidelidad absoluta a la Iglesia Católica.

 

 

   La   La familia, como Iglesia doméstica, tiene el deber y el derecho, desde el amor, y en la fe, de sembrar el pensamiento cristiano en el pecho y en la mente de los jóvenes que, gracias a sus padres, sentirán en su interioridad: “Nada sería yo, Dios mío, nada sería yo en absoluto si tú no estuvieses en mí”4.  

Citas:

1.        Catecismo de la Iglesia Católica, 2204.

2.        Catecismo de la Iglesia Católica, 2225.

3.        Catecismo de la Iglesia Católica, 2252.

4.     San Agustín. “Confesiones”; pág. 74. Ed. B.A.C., Madrid, 1998. 

 

CONTINUACIÓN capítulo SEGUNDO:

La vida cotidiana de la familia católica

  ¿Cuáles son las principales dificultades de la familia católica en el contexto de su vida cotidiana actual?

Son cinco:

         1.El trabajo y sus exigencias          

         2.Los amigos y conocidos

         3.Valores acerca del comportamiento y la vida diaria latentes en su entorno.

         4.El espíritu hedonista envolvente

         5.El extrañamiento del cristiano inmerso en una sociedad  contraria al cristianismo.

EL TRABAJO Y SUS EXIGENCIAS

   La era del trabajo en que vivimos ha creado un potente tabú en torno a él: lo más importante es trabajar, y se sacrifica la familia por el trabajo, cuya remuneración es usada para elevar innecesariamente el nivel de vida y llevar una vida de consumo. La familia cristiana, viviendo el amor de Cristo, y constituyéndose Iglesia doméstica, superará este tabú dando muestras de unidad, austeridad y sacrificio. La familia cristiana debe estar siempre unida.

LOS AMIGOS Y CONOCIDOS

    Entre sus amigos, nuestros hijos deben conservarse íntegros en el modo de vida que queremos inculcarles. Esto es, desde luego, difícil, pues la influencia exterior es fuerte. Pero si impregnamos su vida, su educación del amor de Cristo, conseguirán fortalecerse en la fe y superar todos los obstáculos. Es fundamental llevar a nuestros hijos a colegios católicos donde les eduquen en la fe. Si asisten a colegios públicos, debemos luchar por sus derechos religiosos y velar, con amor y firmeza, las influencias que puedan recibir.

VALORES ACERCA DEL COMPORTAMIENTO Y LA VIDA DIARIA LATENTES EN EL ENTORNO

   Hoy en día es más necesario que nunca recuperar por parte de los padres cristianos valores como la buena educación, los buenos modales, el sacrificio, la abnegación, etc.Los valores acerca de la vida cotidiana latentes en nuestra sociedad son los contrarios, primando un concepto falso de libertad. Los padres cristianos organizará la vida diaria de la familia en torno a los valores de la moral católica, inundando, con ello, de luz su entorno y siendo ejemplo indudable.

EL ESPÍRITU HEDONISTA ENVOLVENTE

   Nuestros hijos verán aparentemente felices a los que les rodean. La televisión, el cine, Internet, la sociedad en general... transmiten unos valores centrados en la vida instintiva liberada de todo juicio moral y de trascendencia. Nuestros hijos dudarán de su fe... serán tentados... Será duro para ellos mantenerse en el camino de la cruz, que sin embargo es el camino del más profundo gozo y alegría. Debemos mostrarles la diferencia radical que existe entre placer y alegría cristiana.

EL EXTRAÑAMIENTO DEL CRISTIANO INMERSO EN UNA SOCIEDAD CONTRARIA AL CRISTIANISMO

   Nos sentimos aislados, solos, como si estuviéramos locos. A nuestro alrededor se respira lo contrario a Cristo. Minuto a minuto debemos sobreponernos a este extrañamiento... sentir que no sólo no estamos locos, sino que estamos en los cierto y nuestra razón ha sido encauzada en la verdad. Compartimos la lucidez real y sobrenatural en Cristo de la Iglesia. Todos los que formamos el Cuerpo Místico poseemos, si nos esforzamos y luchamos en nuestro camino de santificación, la Verdad y la Luz, que vienen a nosotros por el Espíritu, gracias al Padre, y con la ayuda inestimable de nuestra amada Madre. ¿Cómo vamos a estar locos? La mayoría de la gentes nos ve, a los creyentes, como extraños. Y así nos sentimos nosotros en esta sociedad. Pero nuestro reto es ir comiendo terreno a esta extrañeza e ir ganando el mundo para Cristo. La familia cotidianamente puede luchar, desde su trabajo, oración y sacramentos, por  mostrar la proximidad íntima y profunda que une a todos los bautizados.

David González Cea

 

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Última modificación: 08 de diciembre de 2001