RAZONES CRISTIANAS
 DEL AMOR AL PRÓJIMO


"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas; y al prójimo como a ti mismo".

Razones teológicas:

a) Todo hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios; por consiguiente, el amor al original implicará amor a aquello que se le asemeja.

b) Ahora bien, dicha implicación sería de rigor en el caso de que exista la semejanza, como ocurría con el hombre en estado de justicia original. ¿Y después de la caída, se justifica ese amor? Sólo si se considera que el hombre puede volver a la situación primitiva. Y, puesto que ese retorno sólo puede efectuarse en virtud de la redención operada por Cristo, el amor al hombre caído tendrá que ser un "amor en Cristo", es decir, en tanto uno se identifica con Él o tiende a imitarlo. Por tanto, desde la identificación con el amor ilimitado de Dios hacia el hombre, incluso y sobre todo cuando ha pecado.

c) Cuando en el juicio universal se ponen en boca de Cristo las palabras "Lo que hicísteis a uno de éstos, a mi me lo hicísteis" o, en negativo, "Lo que dejásteis de hacer con uno de mis hermanos, también lo dejásteis de hacer conmigo", se está suponiendo este amor ilimitado de Dios hacia el ser humano.

d) ¿Cuál es la esencia del amor de Dios a la humanidad? La voluntad de incorporarlo a la vida divina, la voluntad de hacerlo partícipe de ella. Por tanto, no el hacer obra de beneficencia con el prójimo. Cuando santa Teresa dice "Ojalá tuviésemos todos quien nos amase hasta el punto de desear continuamente nuestra salvación y rezar sin tregua por ella (ejemplos de santa Mónica y de santa Rita)", alude precisamente a la esencia misma del amor de Dios.

e) Así, pues, se trata de desear para el prójimo el bien más alto y, a la luz de él, ayudarle a conseguir todos los demás y, especialmente, los que mejor le conduzcan a aquél.

f) Lo primero que hay que hacer, pues, es desear la salvación del prójimo y orar por ella. A partir de aquí, el deseo de salvar al otro nos conducirá a prestarle auxilio en aquello que más necesite o, en todo caso, que mejor le conduzca a la meta final.

g) El criterio: amar al prójimo como a uno mismo, "ponerse en su lugar", "no hacer a otro lo que no querrías para ti".

h) Superioridad de las obras de misericordia espirituales ("enseñar al que no sabe", "dar buen consejo al que lo necesita, "perdonar las injurias", "consolar al triste", etc.) sobre las materiales ("dar de comer al hambriento", "dar de beber al sediento", "dar posada al peregrino", "redimir al cautivo", "enterrar a los muertos"...). Con todo, a veces habrá que hacerlas simultáneamente. Y es que las primeras se refieren al alma y tienden a hacer tomar conciencia a la persona de lo que es Dios y la vida divina, en tanto que las segundas van dirigidas al cuerpo y buscan conservarlo y robustecerlo.

El significado de la Eucaristía: volver accesible a los hombres en todo tiempo y lugar el sacrificio efectuado en el Calvario. En él Cristo, el Dios hecho hombre muestra su amor al género humano y nos rescata del pecado en que hemos nacido y de todos los que después cometemos por nuestra propia voluntad.

¿Cuál debe ser nuestra respuesta al amor de Cristo manifestado en la Eucaristía? Tratar de amarlo como Él nos ama, cosa imposible si nos fiamos en nuestras propias fuerzas. Sólo podemos desearlo con todo el corazón, pidiéndole que nos otorgue ese don. Acto seguido, amar al prójimo como a nosotros mismos y por amor de Dios. Sólo en la medida en que amamos a Dios podemos amarnos correctamente a nosotros mismos y al prójimo.

¿Qué es amarnos correctamente a nosotros mismos y al prójimo? Buscar en todo nuestra salvación y la del prójimo. De ahí la frase de santa Teresa: "Ojalá tuviésemos todos quien nos amase hasta el punto de desear continuamente nuestra salvación y rezar sin tregua por ella".

Como consecuencia, habría que clasificar las obras de amor al prójimo según este criterio, es decir, de acuerdo con nuestra mayor o menor intención de contribuir con ellas a su salvación; quizá por ello surge la distinción entre obras de misericordia "corporales" y "espirituales", aunque conviene precisar que la superioridad de éstas sobre aquéllas no siempre implica la superioridad de quien las realiza; todo depende de los talentos con que cuenta cada persona y de cómo los aprovecha.