)CUÁNDO CESARÁ EL MOVIMIENTO
 DE LOS ASTROS?

Un texto clave de Tomás de Aquino


 

"Una vez concluido el juicio final, la naturaleza habrá llegado totalmente a su término. Y como todo lo corpóreo ha sido creado para el hombre, según hemos demostrado, también habrá de cambiar el estado de todas las creaturas corporales, de manera conveniente para los hombres, en su nuevo estado. Y como los hombres serán entonces incorruptibles, toda creatura corporal habrá de perder la capacidad de generación y corrupción. Por eso dice el Apóstol: "Toda creatura se verá libre de la esclavitud de la corrupción, para pasar a la libertad de la gloria de los hijos de Dios" (Rom 8,21). Y la generación y corrupción de las creaturas inferiores depende causalmente de los movimientos del cielo. Luego para que cese la generación y la corrupción, también ha de cesar el movimiento del cielo; por eso dice el Apocalipsis: "Ya no existirá el tiempo"(10,6).

Mas no debe parecernos imposible que cese el movimiento del cielo. Pues no es natural, como el de los cuerpos pesados o ligeros, de manera que tengan un principio activo e interno de su movimiento. Es natural en otro sentido, en cuanto tienen en su naturaleza la capacidad de moverse; y tal principio es una inteligencia, como hemos dicho. Luego el movimiento del cielo depende de una voluntad, y ésta se determina por un fin. Y el fin del movimiento celeste no puede ser el movimiento mismo, pues éste, como siempre tiende a un fin, no puede ser él mismo su último fin. Tampoco puede afirmarse que el movimiento del cielo tiene como fin que los astros se actualicen en un sitio; porque esta potencia nunca puede reducirse completamente al acto, porque cuando el cuerpo celeste se encuentra actualmente en un sitio, está en potencia respecto a otro, como la materia prima está en potencia respecto a todas las formas. Luego así como el fin de la naturaleza en la generación no es hacer pasar la materia de potencia a acto, sino el objeto que con ello se logra, es decir la perpetuación de los seres que los hace semejantes a Dios, así el fin del movimiento celeste no puede ser el pasar de la potencia al acto, sino algo que se siga de tal tránsito, que es una cierta causalidad, por la que se asemeja a Dios. Y todos los seres que pueden engendrarse y corromperse, y cuyo movimiento causa el del cielo, se ordenan en cierta forma al hombre como a su fin, según hemos demostrado. Luego los movimientos del cielo existen primariamente para la generación del hombre; y en ello encuentran su máxima semejanza con la causalidad divina; porque la forma del hombre, o sea el alma racional, es creada inmediatamente por Dios, según hemos expuesto. Tampoco puede ser fin del movimiento del cielo la multiplicación indefinida de los animales, porque lo indefinido también es contrario a la esencia del fin. Luego no hay inconveniente alguno en que, una vez completado el número de hombres que han de existir, cese el movimiento celeste.

Y una vez que cese el movimiento celeste y la generación y corrupción de los elementos, su sustancia permanecerá, por la bondad divina, que es inmutable; pues creó las cosas para que existiesen; por ello las cosas que por naturaleza tienen capacidad de perpetuarse, permanecerán perpetuamente...

Así se entiende también aquel texto: "El hombre que duerme no resucitará hasta que se transforme el cielo" (Job 14,12); o sea, hasta que cambie el aspecto actual del cielo, por el que se mueve y causa en otros el movimiento.

Y como entre todos los elementos el más activo es el fuego, y el que más corrompe las cosas corruptibles, es muy a propósito lo que se afirma, que cuanto no debiere permanecer será consumido por el fuego; y por ello se dice que al final el mundo se purificará por el fuego, no sólo de los cuerpos corruptibles, sino de toda mancha con que se hubiese manchado por haber habitado en él el pecado; por eso se ha dicho: "Los cielos que ahora existen, y la tierra, que fueron creados por la Palabra, están reservados para el fuego el día del juicio" (20 Pedro, 3,7)...

Luego como la creatura corporal finalmente habrá de transformarse de manera que convenga al nuevo estado del hombre, éste no sólo se verá libre de toda corrupción, sino también revestido de gloria, como consta por lo expuesto; y así, también la creatura corporal se verá revestida de cierta claridad de gloria. Por eso se ha dicho: "Vi los cielos nuevos y la tierra nueva" (Ap 21,1); y: "He aquí que creó un cielo nuevo y una nueva tierra; y no habrá memoria de los anteriores, ni el corazón los echará de menos; sino que os alegraréis y seréis felices para siempre" (Is 65,17-18). Amén." (Suma contra los gentiles, México, 1991, Edit. Porrúa, pp. 713-715). (n1 8, 28).