LA VISIÓN TOMISTA
DE LA ASTROLOGÍA EN LA
SUMMA CONTRA
GENTILES
Tomás de Aquino comienza a abordar el tema en el capítulo 83 y en el contexto del gobierno de Dios sobre el mundo. A este propósito aduce algunos textos tradicionales. Así, san Gregorio, en relación con el texto de Job 34,13 (")A quién otro puso para gobernar el universo que él mismo fundó?"), comenta: "Gobierna por sí mismo el mundo aquél que por sí mismo lo fundó". Y Boecio: "Dios ordena por sí solo todas las cosas".
En cuanto a la ejecución, santo Tomás afirma que Dios gobierna las cosas corporales mediante las espirituales. Pues, como dice san Gregorio: "En este mundo visible únicamente puede gobernar las cosas a través de la creatura invisible". Siguen dos textos de Dionisio el Areopagita: "Las esencias intelectuales celestiales primeramente reciben en sí mismas la iluminación divina, y luego nos comunican sus manifestaciones, superiores a nuestra naturaleza". "El sol colabora a la generación de los cuerpos visibles, y respecto a la vida misma los mueve, alimenta, hace crecer, perfecciona, purifica y renueva". San Agustín, finalmente, señala: "Así como los cuerpos más sutiles y poderosos gobiernan según cierto orden a los más pesados e inferiores, así el espíritu dotado de vida racional dirige todos los cuerpos, y el espíritu racional justo gobierna al espíritu racional pecador".
Acto seguido, santo Tomás se centra en dos cuestiones: el influjo de los astros en el intelecto y su acción sobre la voluntad.
A propósito del primer problema, Tomás expone su tesis en el capítulo 84: "Los cuerpos celestes no son causa del conocimiento de nuestra inteligencia". En apoyo de la misma, aporta algunas razones.
La primera es que la inteligencia supera en orden de naturaleza a todos los cuerpos. Luego es imposible que los cuerpos celestes influyan directamente en la inteligencia.
La segunda parte de la siguiente premisa: los seres que quedan totalmente fuera del movimiento no pueden recibir la causalidad de los cuerpos celestes. Ahora bien, todo lo que dice relación a la inteligencia queda fuera del movimiento. Luego es imposible que los cuerpos celestes sean por sí mismos causa de lo que se refiere a nuestra inteligencia.
He aquí la tercera, que es un corolario de la segunda: sólo se mueve aquello que es cuerpo o alguna potencia corpórea. Luego es imposible que los cuerpos celestes influyan directamente en el entendimiento.
En cuarto lugar, todo cuanto causan los cuerpos celestes está sometido al tiempo. Luego el entendimiento, que realiza su operación fuera del tiempo y del espacio (pues considera lo universal, que está desligado del aquí y del ahora) no está sujeto a los movimientos celestes.
Y concluye Tomás diciendo que, en realidad, el poner a los cuerpos celestes como causa de nuestro conocimiento es propio de quienes no distinguen la inteligencia de los sentidos, como Demócrito, Empédocles, Homero y los estoicos, a diferencia de Platón y Aristóteles.
A continuación el autor se plantea una importante cuestión: )Pueden los astros influir de manera indirecta sobre nuestra inteligencia? Y responde así: en la medida en que la inteligencia, para realizar su operación, precisa del concurso de las potencias corporales, como son la imaginación, la memoria, etc., los astros pueden ejercer sobre ella una influencia indirecta. Por ejemplo, cuando alguna indisposición física nos impide el ejercicio de tales potencias, también se impide la operación intelectual, como ocurre en los perturbados mentales o, en las personas normales, durante el sueño. Y cita a san Agustín, a san Juan Damasceno y a otros que reconocen la influencia de los planetas en las complexiones, hábitos, etc. Termina diciendo que, al igual que los médicos pueden juzgar sobre el estado del intelecto por la complexión del cuerpo, así los astrólogos pueden juzgarlo por los astros. Y cita al respecto el Centiloquium de Ptolomeo: "Cuando Mercurio se encuentra en alguna de las casas de Saturno durante el nacimiento de alguien, le da un ser robusto y una inteligencia que penetra hasta la médula de las cosas".
La posible influencia de los astros sobre la voluntad es el objeto del capítulo 85, en el que santo Tomás sostiene que los cuerpos celestes no son causa de nuestras voluntades o elecciones.
En efecto, toda elección y voluntad actual tiene su causa inmediata en la aprehensión intelectual; pues el objeto de la voluntad es el bien conocido. Si los cuerpos celestes no son causa de nuestro entender, tampoco lo serán de nuestra elección.
Segunda razón: todo cuanto proviene de la causalidad de los cuerpos celestes sobre los inferiores sucede por necesidad de la naturaleza. Por otra parte, sabemos que las elecciones de la voluntad no proceden de la necesidad natural. Luego tampoco pueden depender de los astros.
En tercer lugar, las virtudes y los vicios son principios propios de las elecciones de la voluntad. Puesto que no pertenecen al orden de la necesidad natural, no pueden ser causados por los astros.
Como en el caso del intelecto, nuestro autor se plantea una pregunta: )pueden los astros influir indirectamente en nuestra voluntad?. La respuesta es afirmativa. Los cuerpos celestes pueden ejercer su influjo indirecto de dos maneras: primera, influyendo sobre las cosas externas, como cuando tal configuración planetaria, al determinar un frío intenso, nos obliga en cierto modo a acercarnos al fuego para calentarnos; segunda, cuando provocan en nuestro cuerpo ciertos impulsos o movimientos pasionales (ira, lujuria,..) o una enfermedad (que nos obliga a tomar alguna medicina) o la pérdida del uso normal de la razón por indisposición cerebral (como en los perturbados mentales). Ahora bien, muchos son los que se dejan llevar por los impulsos y pocos los que no se dejan arrastrar por ellos. Y vuelve Tomás a citar a Ptolomeo: "El alma del sabio ayuda a la obra de las estrellas; y el astrónomo no puede juzgar sobre ésta a menos que conozca la capacidad del alma y el temperamento; y tampoco puede juzgar de las cosas de manera particular, sino únicamente general".
No vamos a entrar en una discusión de los planteamientos tomistas. Tan sólo queríamos exponer la importancia que para nuestro autor tiene la astrología. Ella ayuda, en efecto, a conocer la complexión del cuerpo y los impulsos que lo habitan. En definitiva, se trata de enseñar al ser humano a dominar tales impulsos y a controlar sus pasiones, a fin de que aparezca su verdadero yo. ("Sol negro", n1 6, 26-27).