CAÍDA ORIGINAL
Y GENERACIÓN DEL HOMBRE INDIVIDUAL
Pero el espíritu es creado en el momento mismo de la generación o "cuando el cuerpo está dispuesto". Eso significa que el espíritu va necesariamente unido al cuerpo, siempre que "esté debidamente dispuesto" y haya sido engendrado por un hombre y una mujer. Es, pues, el cuerpo el que lleva el sello del pecado original, a sabiendas de que será animado por el espíritu, pues dos gametos unidos no implican de por sí la humanidad de lo engendrado.
¿Qué conexión hay entre el espíritu de nuestros primeros padres y el de cada uno de sus sucesores? La doctrina católica nos dice que "por un hombre entró el pecado en el mundo", es decir, que "en Adán todos pecamos". Él nos representaba, pues, a todos. Ahora bien, al igual que en Cristo fuimos todos redimidos y, sin embargo, cada hombre ha de trabajar por su redención, la culpa que adquirimos en Adán no acarrea las peores consecuencia hasta tanto no colaboramos libremente con nuestro pecado personal. Si la redención de Cristo, aplicada en el bautismo, borra el pecado original (y los pecados personales hasta ese momento cometidos), no quita los pecados personales cometidos tras el bautismo.
¿Qué posibilidades nos ofrece el perdón del pecado original? Se nos devuelve la capacidad para acceder al ámbito de la energía primordial y para rebasar las fronteras fenoménicas. La caída de Adán se traduce para sus descendientes en un nacer alejados de la condición divina, en una inclinación instintiva a la propia autoafirmación, en el germen del ego más desviado.
Cabe ampliar un poco más la fenomenología del estado de caída:
No es lo mismo nacer después de la Redención que antes de ella. )Cuál es la diferencia? La existencia o no de la Iglesia, de manera que la situación de quienes nacen en la Era cristiana es mucho mejor que la de los nacidos antes de ella.
Esto nos lleva a distinguir entre los niños de padres cristianos y los de no cristianos (diferencias que afectan primero al ámbito existencial y, después, a medida que pasa el tiempo, al conciencial).
Revisar las etapas de la génesis conciencial que propone, por ejemplo, Piaget, pero también las que establece la fenomenología genética. Habría que insistir, en primer lugar, en la no separación del Principio, que luego deviene distancia casi insuperable (aplicar el esquema del "origen y retorno" para comprender la experiencia del tiempo; astrológicamente habría que hablar de las progresiones como expresión de una etapa "inconsciente").
Sería oportuno investigar si en la infancia se da un estado de conciencia semejante al de los hombres espirituales o, al menos, en vías de purificación. Todo induce a pensarlo: "Si no os hiciéreis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos". Aquí se está hablando del Reino en términos del "Paraíso", al que se asemeja el estado de los niños bautizados.