EDITORIAL DEL N1 13
Al escribir el último editorial podríamos referirnos al horizonte social y político en que vivimos: tras el derrumbamiento del comunismo, los polos en presencia han variado notablemente: por una parte, la "sociedad avanzada"; por otra, una especie de sucedáneo del comunismo que, compuesto de elementos heterogéneos apresuradamente recogidos aquí y allá, apenas tiene otro contenido que el puro rechazo de aquella sociedad, a la que sataniza. Pero ninguna de esas guerras es la nuestra: no nos situamos en el primer bando porque la "sociedad avanzada" nos parece una "torre de Babel" a punto de caer; tampoco nos identificamos con el otro, porque sólo se define por el resentimiento.
Fieles a nuestra línea originaria, nos parece más adecuado insistir en el carácter terminal de nuestra época, cuya expresión más plástica es el eclipse del pasado 11 de agosto en el signo de Leo, que, por intuitiva asociación de ideas, nos recuerda el célebre lema de san Malaquías "De labore solis", que, en el n1 1 de nuestra revista, aplicábamos a nuestro tiempo. Todo induce a pensar que el eclipse en cuestión, con su tremendo simbolismo, constituye la ratificación y culminación de lo indicado en el lema. Puesto que la duración del fenómeno astronómico fue de algo menos de 2 horas, sus "consecuencias" se extenderán a lo largo de unos 21 meses, es decir, hasta mayo del 2001. Si sus primeros y, por consiguiente, más leves "efectos" tienen relación con el terremoto de Turquía, aterra pensar cómo serán los mayores...
Concluido el ciclo de SOL NEGRO, hemos de constatar que, dentro de nuestros modestos límites, su objetivo ha quedado básicamente cumplido: una vez que "el enemigo está a las puertas" huelgan ya los avisos de los centinelas; cuando lo anunciado está a punto de producirse, sobran las proclamas de los heraldos.