EDITORIAL N1
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Al
igual que en el año anterior, la humanidad aparece dominada en 1998 por el
simbolismo de Saturno en Aries, el "plomo a transmutar". Durante el
presente año, el "espíritu" de la humanidad tenderá a enfocarse en
una doble dirección. Como telón de fondo, el ansia de trascendencia, conforme
a la posición de Plutón (acompañado de Mercurio, lo
que subraya su significación iniciática) en Sagitario, lugar del "largo
viaje" del espíritu y tradicional ámbito de lo divino. Más en primer
plano, la apertura a la utopía, como señala la conjunción de Marte con otros
cuatro planetas en Acuario, signo de la ruptura y de la novedad, a la vez que de
la súbita manifestación de las energías "celestes". Conviene
subrayar asimismo la conjunción Marte-Venus en Acuario, expresión de una nueva
capacidad del "espíritu" de la humanidad para asimilar la
"alteridad" y de un renovado reto a abrirse a ocultas
complementariedades, por difíciles que parezcan de integrar. Las dos
direcciones citadas se conjugan favorablemente y vienen recapituladas por la
conjunción de Júpiter y Urano, que, como colofón del año 1997, expresa la
aceleración creciente de la historia y la intervención de fuerzas
extrahumanas, angélicas, las cuales, como en la parábola de la cizaña, se
disponen a su labor: discriminar primero para cosechar después, al final del
"día sexto", el campo que es la humanidad. Otra circunstancia
convendrá tener en cuenta en el año que comienza: el paso de Neptuno a Acuario
y su conjunción con la "puerta de Seth", que marca el tránsito de
las "tinieblas" a la "luz", inaugurando así un periodo en
el que los peligros que hasta ahora amenazaban a la humanidad tienden a quedar
neutralizados. )De qué manera? Justamente a causa de la
intervención de factores inéditos que facilitan la reacción de un cuerpo
social entregado a la pasividad. Y así, las iniciativas institucionales
promovidas en este sentido durante 1997 hallarán eco en la colectividad, al
tiempo que los promotores en cuestión tenderán a abandonar el campo de la acción.
)Qué decir del "alma" de la
humanidad en el nuevo año? El eje nodal nos ofrece enormes posibilidades, dada
su inmejorable posición en signos: el nodo descendente, situado en Piscis, nos
coloca ante un umbral preparatorio, que exige la renuncia al ego, el cultivo de la compasión y el sacrificio
en aras de la colectividad; en cuanto al nodo ascendente, su posición en Virgo
nos habla de un umbral interior, que sólo es posible transponer mediante una
vida integralmente dedicada al servicio del espíritu. Apenas es necesario
indicar la conexión de dicho eje
con los arquetipos característicos de la Era cristiana: el Pez y la Virgen.
Arquetipos que están en la raíz de la cultura occidental, cuya verdadera
vocación no es otra que la de trascenderse a través de su impulso
universalizador. Y si la cultura occidental ha sido capaz de dinamizar la entera
superficie terrestre través de la tecnología, la economía y la política, no
es ése su destino auténtico, sino el de ser portadora de aquella
espiritualidad que recoge, resume y trasciende la quintaesencia de todos los
esoterismos que en el mundo fueron.