ALGUNOS
ASPECTOS DE
LA MEDIACIÓN
PLATÓNICA
Es un hecho que Platón, en algunos de sus "Diálogos",
nos ofrece una formulación matemática de la doctrina. Nos limitaremos a dos
ejemplos: la relación geométrica entre el mundo sensible y el inteligible en
el libro VI de La República y la explicación numérica, en el Timeo,
del proceso de formación del "Alma del Mundo" a partir de la serie
de los dobles y los triples (1-2-3-4-9-8-27).
En el primer caso, se trata de establecer una analogía
geométrica entre los mundos sensible e inteligible:
"Toma, pues, una línea que esté cortada en dos
segmentos desiguales y vuelve a cortar cada uno de los segmentos, el del género
visible y el del inteligible, siguiendo la misma proporción...
Ahora aplícame a los cuatro segmentos estas cuatro
operaciones que realiza el alma: la inteligencia, al más elevado; el
pensamiento, al segundo; al tercero dale la creencia y al último la imaginación,
considerando que cada uno de ellos participa tanto más de la claridad cuanto
más participen de la verdad los objetos a que se aplica"(1).
El otro texto, de no fácil interpretación, es el
que habla de la formación del "Alma del Mundo" en el Timeo:
"Veamos de qué elementos y de qué forma la
hizo. De la sustancia indivisible, que se conduce siempre de una manera
invariable, y de la sustancia divisible que se halla en los cuerpos, compuso
entre las dos, mezclándolas, una tercera clase de sustancia intermedia, que
comprendía la naturaleza de lo Mismo y la de lo Otro...Luego tomó él esas
tres sustancias y las combinó las tres en una forma única, armonizando por
la fuerza con lo Mismo la sustancia de lo Otro, que se resistía a ser
mezclada".
El texto continúa explicando cómo, tras dividir el
todo en siete partes, proporcionales a la serie 1-2-3-4-9-8-27, se rellenan
los intervalos dobles y triples, de manera que en cada intervalo hubiese dos términos
medios. Surgen luego en los intervalos que acabamos de señalar nuevos
intervalos de 1 y 1/2, de 1 y 1/3 y de 1 y 1/8. Con ayuda de éste último se
colman todos los intervalos de 1 y 1/3, dejando subsistir de cada uno de ellos
una fracción tal que el intervalo restante quede definido por la fracción
256/243. Y así se empleó toda entera la mezcla en cuestión.
"Ahora bien, toda esta composición el Dios la
cortó en dos en su sentido longitudinal, y, habiendo cruzado una sobre otra
las dos mitades, haciendo coincidir sus puntos medios, como una X, las curvó
para unirlas en círculo, uniendo entre sí los extremos de cada una, en el
punto opuesto al de su intersección. Los rodeó del movimiento uniforme que
gira en el mismo lugar y, de los dos círculos, hizo uno interior y el otro
exterior. Destinó el movimiento del círculo exterior a ser el movimiento de
la sustancia de lo Mismo; y el del círculo interior a ser el de la sustancia
de lo Otro. El movimiento de lo Mismo lo orientó, siguiendo el lado de un
paralelogramo, de la izquierda hacia la derecha, y el de lo Otro, siguiendo la
diagonal, de la derecha hacia la izquierda. Y concedió la preeminencia a la
revolución de lo Mismo y de lo semejante, pues sólo toleró ésta sin división.
Por el contrario, habiendo dividido seis veces la revolución interior, hizo
siete círculos desiguales, según los intervalos dobles y según los
intervalos triples, de manera que hubo tres de cada clase"(2).
¿Cómo entender los pasajes en cuestión? Decían
los pitagóricos que todo está estructurado según el número, y el propio
Platón afirma que los números constituyen el más alto grado del
conocimiento, más aún, son el conocimiento por antonomasia.
La clave de la edificación del cosmos está en la
noción de "mediación". Entre dos números hay un intervalo que se
va llenando a medida que el cosmos se desarrolla. Así, por ejemplo, entre dos
números que nos dan las longitudes de dos cuerdas diferentes de una lira, el
desarrollo de la música exigirá intercalar una cuerda intermediaria. ¿Cómo
se establecen estos valores intermediarios? No al azar, sino de acuerdo con
ciertas leyes establecidas por el Demiurgo, que exigen que todo número
intercalado entre otros dos sea una media entre ellos.
Los pitagóricos distinguen tres tipos de media: la aritmética,
en la que el intervalo entre el término mayor y el medio es el mismo que el
existente entre éste último y el menor (entre a y b, la media,
m, será igual a (a+b)/2). La media armónica, en la que
la diferencia entre el término mayor y el medio referida al mayor iguala a la
diferencia entre el medio y el menor referido al menor (entre a y b,
la media, h, se formulará: h=2ab/a+b). La media geométrica,
en la cual la relación entre el término mayor y el medio es la misma que hay
entre el medio y el menor (entre a y b, la media, g, será
igual a la raíz cuadrada de a.b).
Hay que hacer constar que a las medias aritmética y
armónica se las llama también medias musicales. En efecto, la fórmula
h=2ab/a+b puede escribirse también 1/h=(1/a+1/b)/2, es decir,
la media aritmética de los inversos de a y b. De ahí que ambas
medias, aplicadas respectivamente a la longitud de dos cuerdas y a las
frecuencias de las mismas, hayan sido denominadas medias musicales.
¿Qué relación existe entre las medias aritmética,
armónica y geométrica? Si en la fórmula de la media armónica (h=2ab/a+b),
sustituimos 2ab por su equivalente 2g2, y a+b por 2m,
tendremos: h=g2/m. Y, por tanto: g2=mh. Ahora bien, por definición,
g2=ab. Por consiguiente, la media geométrica entre dos números lo es
también de sus medias musicales, m y h.
Hasta ahora hemos considerado las medias que podríamos
denominar de comparación, pues parten de la confrontación entre dos
magnitudes, a y b, independientes entre sí. En las
medias de partición, en cambio, el punto de partida es la división de
un entero, que fraccionamos en dos partes: a la mayor la denominamos parte,
y a la menor, resto. Así, pues, si el entero es 1, la parte será
x, y el resto, 1-x. Nos queda por definir otro concepto, el de antimoria,
que es la inversa de la parte, es decir, 1/x.
Reemplacemos ahora en las fórmulas de las medias de comparación,
los términos a y b por los valores que toman en la partición.
Si sustituimos a por 1 y b por 1-x, tendremos la fórmula
de la media aritmética, que, por definición es x, la parte:
x=1+1-x/2=2-x/2, de donde x=m=2/3.
En cuanto a la partición geométrica,
tendremos: x2=1(1-x)=1-x, o sea, g2=1-g, y, tomando el valor
positivo de la ecuación de segundo grado que resulta, g=0,618..
En cuanto a las antimorias, la aritmética,
valdrá M=1/m=3/2, que marca la frecuencia de la quinta musical.
Y la geométrica, G=1/g, de donde G2=G+1, ecuación de
segundo grado cuya raíz positiva es 1,618., que es el llamado número
de oro.
Así, pues, si las medias de comparación nos
daban fórmulas algebraicas, en las que a y b podían tomar
infinidad de valores, las medias de partición dan como resultado números,
verdaderos invariantes del cosmos numérico (3).
Ahora bien, la partición no puede detenerse en la
primera etapa, sino que habrá de continuar indefinidamente, lo que da lugar a
una progresión. Pues bien, para Platón, el desarrollo del cosmos
se efectúa según una progresión geométrica cuya razón es una media de
partición. Si esta media es la aritmética, es decir, 2/3,
tenemos la clave de la edificación musical del cosmos. Si es la geométrica,
de valor 0,618., tenemos la clave de la edificación de la vida,
pero también de la conciencia. A diferencia de la partición geométrica
que da la quinta musical (en la que la segunda parte era diferente del primer
resto), aquí la segunda parte y el primer resto son idénticos. Resulta,
pues, que el resto ya no es despreciable, como en la quinta musical; es parte
integrante de la sección áurea, lo que le confiere un carácter de
perpetuidad. Es el carácter esencial de la partición áurea: la perpetuación
automática, que es la ley más imperiosa del cosmos biológico, la que rige
la reproducción de las especies vegetales o animales, e incluso minerales,
como lo prueba en particular el crecimiento de los cristales. El número áureo
engendra una progresión análoga a la gama musical, pero mucho menos
tangible, pues, como decía Platón, la audición es la única sensación que
habla directamente a nuestra alma. Y este algo menos tangible expresa el
misterio del cosmos todavía con más profundidad que la escala musical,
porque el número áureo le confiere un carácter de perpetuidad que no
comporta la quinta.
Si el número de Neper está ligado a la continuidad, el número áureo
marca el camino discontinuo de la evolución. La serie áurea es la de cada
individuo (hombre, ciudad, nación, cultura), condenado a la discontinuidad
por el solo hecho del nacimiento y la muerte, que le hacen pasar de un medio a
otro. Por tanto, está efectivamente ligado a la vida y traza el camino
evolutivo a los vegetales, animales y hombres (4).
Pues bien, si el texto de La República tiene
relación con el número áureo, el del Timeo está íntimamente
conectado con la música.
En el citado texto de La República se
establecen, pues, las proporciones siguientes: imaginación:opinión::visible:inteligible
//inteligencia:conocimiento::visible:inteligible//por tanto: imaginación:opinión::inteligencia:conocimiento;
o sea, imágenes:cosas::números:ideas.
Platón nos propone la proporción 1:x::x:1-x. Una
vez resuelta la ecuación, tendremos: 1: 0,618.::0,618.:1-0,618., o sea,
1:0,618.::0,618.:0,381. Si el mundo inteligible es como 1, el mundo sensible
será como 0,618. A su vez, dentro del mundo inteligible, el segmento menor
será 0,381., y el mayor, 0,618.Y, dentro del mundo sensible, el segmento
menor será 0,235., y el mayor, 0,381.De manera que las proporciones entre
segmentos serán éstas: 0,618.:0,381.::0,381.:0,235., es decir: inteligencia:
pensamiento::opinión:imaginación, o también Idea:número::cosa:imagen. Por
otra parte, 0,235.:0,381.::0,618.:1, a saber, imagen:cosa::mundo
sensible:mundo inteligible. Y, por último, 0,381.:0,618.::0,618.:1, o, dicho
de otro modo, número: idea:mundo sensible:mundo inteligible. En definitiva,
si el segmento a dividir en primer lugar figura la unión de alma y cuerpo, y,
por consiguiente, el cuerpo es como 0,381., y el alma como 0,618., también
cabe expresar la proporción del modo siguiente: cuerpo:alma::0,618..1. Y, por
tanto, el nivel inferior del cuerpo será como 0,236., y el superior como
0,381.Y, análogamente, el nivel inferior del alma será como 0,381., y el
superior como 0,618. Son, pues, las proporciones que se derivan del denominado
"número de oro" o "sección áurea", la "Divina
Proporzione" del arte renacentista.
Por eso Platón, en el pasaje aludido, habla de tomar
las cosas como "imágenes inteligibles" (números) de las Ideas (que
serían las verdaderas cosas), lo que se manifiesta de modo plástico cuando
observamos que, en la primera de las proporciones examinadas, 0,381.,simboliza
a la vez (aunque a distinto nivel) el ámbito de la "dianóia" (el
de los números) y el de la "dóxa" o "pístis" (el de las
cosas). Pero también podría decir (tercera proporción) que la esfera de la
"nóesis" (la de las Ideas) es análoga al mundo sensible en su
totalidad, pues ambos planos poseen el mismo número: 0,618..
La relación entre los dos mundos y, dentro de cada
uno de ellos, entre las dos partes, no es una relación musical, sino algo más
completo y sutil que, en este caso, tiene que ver con la "salida de la
caverna" y con el desarrollo del verdadero ser del hombre. La frase
"Que no entre aquí quien no sepa geometría" adquiere a este propósito especial relevancia. En efecto, a
diferencia de la sensibilidad musical, que tiene carácter universal y no
exige conocimientos especiales, la peculiar sensibilidad que lleva consigo la
geometría supone conocimientos bien estructurados.
Por tanto, cabe una simbolización numérica de los
mundos (quizá más adecuada para su comprensión, dado el nivel existencial
del ser humano, inferior al del "Alma del Mundo") (5), de manera que
el mayor de los segmentos puede atribuirse al inteligible, en el que la
claridad es mayor. Pero la parte más clara del mundo visible iguala en
claridad a la inferior del inteligible. ¿Qué significa ésto? ¿Quizá que
las cosas son algo así como la "encarnación" de las figuras geométricas,
pues, en definitiva, el Demiurgo lo hizo todo según medida, mientras que las
Ideas son modelo pero no medida de las cosas? A los números les compete
clasificar las cosas según medida (las cosas que tienen la misma figura o el
mismo número pueden agruparse), pero las Ideas prescinden de la medida y de
la figura de las cosas.
Por otro lado, el segmento de mayor claridad dentro
del mundo inteligible, es decir, las Ideas, son "como" todo el mundo
sensible, imágenes+cosas.
Hasta aquí la paráfrasis del texto de Platón. Por
cierto, cuando comparamos una cierta interpretación del pensamiento platónico
con el contenido de este y otros textos, es difícil evitar la sensación de
que, con frecuencia, se nos ha escamoteado el pensamiento del padre de la
filosofía. ¿Cómo ha podido hablarse, a propósito del sistema platónico,
del "abismo" entre lo sensible y lo inteligible, cuya relación,
marcada por 1,618., reviste particular importancia, ya que indica a la vez la
razón entre unidad y multiplicidad? Por lo demás, hay que destacar la
proximidad de 1,618.. a la frecuencia de la nota "la" (que es
1,687..) y, sobre todo, al la bemol, por más que se trate de
"escalas" diferentes. En el símil de los segmentos se establece una
clara analogía entre los diversos planos, es decir, un "puente"
bien definido entre el ámbito sensible y el inteligible, un
"puente" geométrico a partir de la famosa "sección áurea".
Ahora bien, ¿qué sentido tiene establecer una
analogía entre los mundos sensible e inteligible, por un lado, y los sub-niveles
en que se dividen ambos mundos, por otro? ¿Puede afirmarse en rigor que la
distancia entre el mundo sensible y el inteligible, dos ámbitos de por sí
muy alejados, es la misma que la que, dentro de uno y otro mundo, separa la
parte inferior de la superior? No es posible puesto que la distancia interior
no puede igualar a la exterior. En efecto, cada uno de los segmentos, el del
mundo sensible y el del inteligible se tomará luego por separado como
constituyendo una unidad de referencia, pues ¿cómo va a haber entre imagen y
cosa la misma diferencia que entre número e Idea? Y, menos todavía, ¿cómo
se va a identificar la cosa con el número? Se trata, por tanto, de una analogía
entre el ámbito de la claridad y el de la oscuridad, a sabiendas de que en la
oscuridad hay grados, al igual que en la claridad. Pero nunca podrá
identificarse la mínima oscuridad con la mínima claridad, pues entre las
tinieblas y la luz hay un salto cualitativo, por más que la figuración
sensible nos muestre la contigüidad entre la fase que antecede inmediatamente
al alba y el comienzo de ésta última. Sin embargo, el tránsito entre el
mundo sensible y el inteligible supone un paso de lo concreto a lo abstracto,
de la infinidad de las cosas a la unidad de la Idea.
Pasemos ahora al texto del Timeo, en el que el
lenguaje utilizado guarda relación con la música. En primer lugar, la
descripción que nos da Timeo de los tres tipos de sustancias parece apuntar a
una identificación de la primera con la unidad, el denominado ámbito de
"lo Mismo", en tanto que la segunda sustancia se referiría a la
esfera de "lo Otro", que asiste al despliegue de las sucesivas
potencias de 2. Para algunos, la tercera sería la síntesis de unidad y de la
serie de las dualidades. Tal es la tesis de R.Abellio (6), que relaciona los
sucesivos umbrales de integración de la dualidad en la unidad con la serie de
los números perfectos, es decir, de aquéllos cuyo especial equilibrio
se manifiesta en que igualan a la suma de sus divisores.
En cualquier caso, es claro que la estructura de las
tres sustancias se refleja en la serie 1-2-3-4-9-8-27: dejando aparte la
unidad, el ámbito de "lo Mismo", nos hallamos con la sucesión de
los dobles (2-4-8), por un lado, y con la de los triples, por otro, por más
que vayan mezcladas y, a veces, diesen lugar a malentendidos tan flagrantes
como el de que Platón habría antepuesto por error el 9 al 8. Se olvida que
la llamada "doble Tetractys" parte de la unidad y encierra no sólo
la progresión de la dualidad (2-4-8), que de por sí no genera la escala
musical (puesto que sólo explica el paso de una octava a otra), sino también
la formación de la gama musical completa a través de la serie de los triples
(3-9-27). En efecto la serie de los dobles sólo daría lugar a
"octavas" de una sola nota, mientras que el 3 introduce la quinta
musical, capaz por sí sola de engendrar la entera gama.
Según Néroman,
Platón se desinteresa de las distancias y de las velocidades individuales de
los planetas y se concentra en el orden, factor capital, ya que
constituye estructuras, progresiones, gamas que son el armazón mismo del
cosmos o mundo armónico. Platón atribuye a los planetas números de orden,
que expresan longitudes de cuerdas sonoras en armonía con la vibración de
cada uno de ellos. De acuerdo con dos pasajes del "Timeo", 36 d y 38
d, tales números expresarían las distancias de los planetas a la Tierra
referidas a la distancia Luna-Tierra. Según Albert Rivaud, la correspondencia
sería entonces:
Luna................1
Mercurio............2
Venus...............3
Sol.................4
Marte...............8
Júpiter.............9
Saturno............27
Néroman, en cambio, propone éstas:
Luna................1
Sol.................2
Marte...............3
Venus...............4
Júpiter.............9
Mercurio............8
Saturno............27
Pero ambas correspondencias son armónicas. Si, de
derecha a izquierda, transportamos sobre la circunferencia el septenario de
los planetas por el orden en que aparecen en la segunda y unimos cada uno de
ellos con el que le sigue en tercer lugar (es decir, partiendo de la Luna y en
sentido inverso: el tercero a partir de la Luna será Mercurio, dejando en
medio a Saturno; el tercero contando desde Mercurio será Venus, dejando en
medio a Júpiter, etc.), obtendremos la correspondencia de Rivaud.
Con todo, la interpretación del texto del Timeo
tropieza con una dificultad: la descripción que del cosmos nos ofrece Er el
Panfilio en el libro X de La República. Er contempla en vida lo que
los demás hombres sólo pueden ver tras la muerte: el eje luminoso del mundo
o el "huso de la Necesidad", que se extiende de arriba a abajo desde
la última extremidad del universo y alrededor del cual se efectúan todas las
revoluciones celestes. El huso en cuestión comporta un eje diamantino,
puntiagudo en sus extremidades y rodeado de una vaina formada por 8 anillos,
de diferentes colores, encajados los unos en los otros cual vasos de diámetro
decreciente. Desde su posición en el plano de la eclíptica, Er puede ver una
sección de las 8 vainas, cuyos bordes son de espesor diferente. Por lo demás,
las 7 primeras giran en sentido contrario a la rotación de la octava, la del
anillo exterior, que la Parca Clotho mueve con la mano derecha, es decir, de
izquierda a derecha.
En contraposición al Timeo, que habla de 7
anillos, Er alude a 8. )A qué se refiere? El octavo anillo es el Zodíaco
estelar, es decir, el de las estrellas "fijas". Ahora bien, dicha
esfera viene introducida en el sentido geocéntrico, ya que Platón le asigna
la velocidad máxima, que es la del movimiento de rotación, contrario al de
los 7 planetas (7).
¿Cómo entender esto? Sabemos que las estrellas
fijas giran muy lentamente, a razón de una vuelta cada 25920 años en el
sentido directo, el mismo de los planetas: es lo que se llama la precesión de
los equinoccios, conocida ya por Hiparco y por Platón. Pero Platón asegura
que el octavo anillo gira en sentido retrógrado. ¿Cómo explicar la aparente
contradicción. De la siguiente manera: todos los planetas se mueven en
sentido directo, el mismo en que la Tierra gira sobre sí misma. Por eso la bóveda
celeste desfilará bajo nuestros ojos en sentido retrógrado. Por tanto, el
octavo anillo no es otro que la esfera de las estrellas "fijas"
girando en sentido retrógrado a la velocidad del movimiento de rotación
terrestre.
La exposición anterior suscita una serie de
cuestiones, cuya solución nos ayudaría a comprender mejor el pensamiento
platónico: ¿Cuál es el "status" del simbolismo numérico? ¿Por
qué la música es utilizada por Platón como una clave? ¿Qué consecuencias
tiene la tesis según la cual, entre las artes, la música es la única que no
requiere preparación especial para "sentirla"? ¿Por qué Platón
utiliza en una de sus obras más maduras los recursos de la numerología y de
la música, representando como representan el nivel más bajo del mundo de las
Ideas? ¿Quizá por razones pedagógicas, tan relevantes en la obra de Platón?
¿Quizá por amor a la exactitud y a la Belleza, aunque se hallen por debajo
del Bien? ¿Quizá como una concesión al estatuto de las cosas, lo que
desautorizaría a la mayoría de los intérpretes de Platón, para quienes el
sistema platónico desvaloriza las cosas frente a las Ideas? Por el contrario,
las cosas sirven aquí como "soporte" numérico (no en vano la
"pístis" posee el mismo número que la "dianóia").
Cuando reflexionamos sobre tan importantes
cuestiones, inmediatamente nos viene a la mente la doctrina platónica de la
composición del ser humano tal como aparece en el Timeo. Los humanos sólo
constarían de la segunda y la tercera sustancias, de ahí la dificultad para
comprender las Ideas, no digamos la del Bien, y la mayor accesibilidad de los
números y de las figuras a la inteligencia humana. En cualquier caso, ni
siquiera las Ideas pueden ser entendidas plenamente sin la matemática, ya que
el ámbito de la "nóesis" completa la proporción que tiene por razón
el número áureo. Es el principio de analogía el que hace posible la dialéctica
y pone en su debido lugar a la famosa "jôris". Dicho principio
combina lo idéntico con lo diverso, lo visible con lo invisible. Por eso, los
números nos permiten "medir" lo que de por sí es no-mensurable. Y
si su campo de aplicación más inmediato es el mundo sensible y su esfera
homogénea la de la "dianóia", no llegan a abarcar con propiedad el
ámbito de la "nóesis" (como máximo podríamos relacionar este
campo con los números primos, más allá de los cuales sólo se sitúa la
unidad).
Lo que
está implícito aquí es la visión cualitativa de los números, que, lejos de
ser entendidos como otras tantas cantidades que crecen a partir de la unidad,
aparecen como "umbrales" sucesivos que empiezan a descender desde la
unidad, que en modo alguno es un número. A diferencia de las Ideas, que son
invisibles e irrepresentables, los números permiten una "visualización"
(figuras geométricas, etc.) o una "sonorización" (a través de la
noción de frecuencia, medida por el inverso de la longitud de la cuerda
musical). Sólo desde esta perspectiva cabe una representación aritmética o
geométrica de las Ideas. Pues, cuando se compara la esfera de la "nóesis"
con un segmento, dicha operación mental no tiene como objeto la medición de la
esfera en cuestión, sino su comprensión analógica. Es curioso que
Aristóteles asimilara los números de Pitágoras a las Ideas de Platón:
sin duda, comprendió el aspecto cualitativo del número, pero no distinguió
con claridad el número de la Idea.
Con frecuencia se ha aludido al carácter acabado de
las matemáticas y de la música como prueba, si no del innatismo platónico, sí
de la profundidad de las estructuras numéricas, que tienen vigencia antes de
cualquier toma de conciencia y de cualquier distanciamiento. La existencia de
genios de la música y de las matemáticas o el no infrecuente fenómeno de las
familias de músicos o de matemáticos sería un poderoso argumento en favor de
la originariedad de tales estructuras. Se suele decir entonces que la conciencia
de tales personas despierta muy pronto en relación con las ideas más puras y
menos dependientes del mundo sensible. Se las considera como personas un tanto
"angélicas". Ello supondría que semejantes estructuras son el núcleo
de la vida del espíritu, o, al menos, de aquella dimensión del espíritu que
apenas requiere contacto con la experiencia.
Sin embargo, la perspectiva platónica, según la
cual los números son, dentro del mundo inteligible, el ámbito más próximo a
las cosas, introduciría una importante matización. No es que la esfera de las
matemáticas y de la música estén más lejos de las cosas que el dominio de
las Ideas. Éstas ocupan la cima del mundo suprasensible, pero tal circunstancia
no las aleja del mundo de las cosas. Simplemente, necesitan de la mediación de
la dianóia para hacerse cargo de ellas. No es que las matemáticas se
caractericen sin más por su falta de contenido o su formalismo, mientras que el
auténtico pensamiento filosófico sería el único que trabaría contacto con
la realidad, como señalaron, cada uno a su manera, Aristóteles y Hegel. Tan sólo
se trata de dos niveles de contacto con lo real.
NOTAS
(1) La República, libro VI, 508B-511E. Edición del Instituto
de Estudios Políticos.
(2) Buenos Aires, 1981, Aguilar, 102-104.
(3) Para la exposición de las medias, cf. Néroman,D. Le nombre d´or,
París, 1981, Dervy-Livres,17-38).
(4) Ibidem, 20-26.
(5) Timeo, 41e, p.116.
(6) La structure absolue, París, 1965, Gallimard, pp. 320-343;
cf. asimismo Saura, Emilio, Una nueva formulación del esoterismo,
Guatemala, 1997, Symbolos, 34-36.
(7) Néroman,D.,La leçon de Platon, ed. de Arma-Artis,
Paris,1997, 403-411.