ESTUDIOS

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-          El romance chalaco de Pedro Rivarola, por Santiago Risso.

-          El grupo poético Ánade por José Antonio Palacios Guzmán.

-          Virginia Wolf o el espejo refulgente del lenguaje por Roger Metri.

-          Sufismo por Emilio Ballesteros.

-          El espejo refleja el collar luminoso y la espada del poderoso GRAÁLICO por José Antonio Vílchez.

-          Juan García Ponce y sus críticos por Carlos Torres.

-          Las islas por Claudio Obregón.

-          Tres poetas ecuatorianas: Dolores Veintimilla de Galindo, Aurora Estrada y Ayala e Ileana Espinel Cedeño por Sara Vanégas Coveña.

-          José Antonio Porras Bolívar por Elmys García.

-          La bondad cómoda y la bondad trabajada por José Repiso Moyano.

-          Los silencios del poeta por Ana María Fuster Lavín.

 

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EL ROMANCE CHALACO DE PEDRO RIVAROLA:

SUS CENIZAS AL VIENTO EN EL BAQUÍJANO

 

Por: Santiago Risso (*)

 

El espacio semanal Poesía en el Puerto, el boletín Chalaca Vida, la Municipalidad Provincial del Callao, todo el Callao mismo, y los amigos de diversas acciones como la Biblioteca Nacional del Perú, los Jueves de Café Literario del Instituto Nacional de Cultura, los Viernes Literarios, las bibliotecas periféricas, los colegios, todos están de duelo, de una pena del alma, por la reciente muerte física del gran Pedro Rivarola. Ratifico aquí dicha afirmación, lo hago con el gusto de la amistad labrada a diario que siempre sostuve y sostendré con Rivarola. Don Pedro Rivarola Urdanivia, el Caballero de la Décima, que aterrizó en el buen puerto del Callao una noche de abril de 1999, ha elevado su espíritu al infinito. Fue el sábado 19 de febrero del 2005, a poquísimo más de un mes de haber cumplido 70 años. Pedro Rivarola fue el conductor fundador de Poesía en el Puerto, el programa de los miércoles a las siete en el Anfiteatro Manuel Raygada de la Plaza Casanave del Callao (Ex Bolognesi). Y a partir de hoy Poesía en el Puerto lleva el nombre de "Pedro Rivarola". Poeta de reciedumbre, deja su obra dispersa, inédita, y en folletos de tirajes astronómicos pero de ediciones franciscanas. Nació en Lima el 18 de enero de 1935, fue coordinador del Departamento de Producción de Radio Nacional del Perú, en 1983 ganó un premio Circe, recorrió casi todos los colegios de Lima y Callao, siempre con sus adivinanzas, con sus jitanjáforas, con su picardía de niño travieso, con su sonrisa dulce y sus ojos aguilados proyectados por su nariz cuasi aguileña. Entre sus publicaciones, muchas al alimón, algunas bilingües, tenemos: Virutas de cedro (1976), Postales from Miami (1990), Sucedió en Belén (1992), Retos retadores (2000), Pescadores y mentirosos (con Félix Llaque, 2000), Pemares y drotines - Trabalenguas (2000), Camino a Chosica (2000), Domingo en sol (2001), Correo de Locumba y Madera y fuego (ambos con Elga Reátegui, 2002), ¡Te desafío! ¿Respondes? (2002), Chicoca de La Cantuta (con Guillermo Niquén Ortiz, 2002), En acción (con Dolores Solórzano y Tobías López, 2004), Dos mañanas dos abismos (con Charo Paloma, 2005). Pedro Rivarola, embebido con las olas del Primer Puerto,  también retrató la historia del Callao en su Romancero Chalaco, fue coautor de la antología Poesía en el Puerto (editada por nuestro Concejo Provincial), de varios CDs como Poesía en el Puerto, Abrazados, Los Caballeros de la Décima... y con estos Caballeros: Germán Súnico Bazán y Diego Vicuña formó un trío de polendas y jarana.

 

Todos los amigos lo recuerdan y lo extrañan para siempre. En la oficina de Cultura de la Municipalidad: Alfredo, Nora, Toño, los poetas del puerto: Alberti, Iturrégui, Maritza. A muchos Pedro, con su peculio le sacó plaquetas que repartía junto a caramelos en el anfiteatro. Por eso, en el primer homenaje que se le dio en Poesía en el Puerto el miércoles 23 de febrero no faltaron quienes lo querían, sus familiares, sus amigos, los poetas, los transeúntes de esta acera prestada quizás al desvarío de la vida terrena. Le dedicaron una fiebre de poemas (fíjense la calidad de poeta de Pedro, que hasta su recuerdo hace escribir): Andrés Roberto Arriola Badaracco, Ángela Neglia, Isabel Young, Segundo Robles, Aurelio Alberti, César Iturregui, Manuel Odar, Germán Súnico Bazán, Jesús Aquino, Orlando Ordóñez Santos. Y allí estuvieron frente a la inusual neblina del verano Rosamarina García, Aída Tam Fox, Delia Vargas Machuca, Yilbert Gutiérrez, Mario Aragón, Nicolás Silva, Nello Marco-Sánchez, Tobías López, Óscar Aguirre Mendiz, Dolores Solórzano, José Arecco, Mamá Julita Vernazza "tiene una cita con un poeta full dinamita", Juan Benavente, Manuel López Rodríguez, Antonio Morales Jara... y Radio Callao se hizo presente en el trajinar de Roberto Pachas. Yersin Percovich y sus alumnos de guitarra tocaron "a media asta". Kike Müller apagó su equipo de sonido, es hora de seguir leyendo algunos poemas de Pedro Rivarola... y dejar que el tiempo pase, es la mejor manera de vencer en la eternidad de la palabra con sabor a fraternidad. Nos vemos Pedro, aquí está tu respetable público.

 

(*) Santiago Risso es poeta, periodista y promotor cultural. En la actualidad es Subgerente de Cultura y Turismo de la Municipalidad Provincial del Callao y Director del Centro Cultural del Colegio Augusto Cazorla.

POEMAS DEL GRAN PEDRO RIVAROLA

 

LA BICI DE PEDRO

 

La bici de Pedro

no sólo es timón

es amigos, cantos

playas, ilusión.

La bici de Pedro

no es tan sólo ruedas

es destreza, gozo

ternura, alamedas.

La bici de Pedro

no sólo es pedales

es viaje a los astros

risas e ideales.

La bici de Pedro

es vida y timón

gozo sobre ruedas

pedales y sol.

  

DESPEDIDA

 

Contigo quedan mis huellas

el gozo de las llegadas

el recuerdo de cascadas

la magia de nuestras selvas.

El tintinear de botellas

el recitar de ovillejos

el palmear en los festejos

y mi diario bendecir.

Si mañana he de partir

tú jamás estarás lejos.

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JOSÉ ANTONIO PALACIOS GUZMÁN

 

EL GRUPO POÉTICO “ÁNADE”

 

    Pocos Grupos poéticos existen o han existido en la literatura española contemporánea tan cohesionados y firmes como el grupo “Ánade”. Los miembros del mismo, Enrique Morón, Juan J. León, Antonio Enrique, José Lupiáñez y Fernando de Villena, aunque pertenecientes a dos generaciones bien diferenciadas, la novísima y la de los ochenta, poseen muchos rasgos semejantes y han participado en numerosísimos actos y proyectos en común. Pero no nos equivoquemos: la primera característica de los componentes del grupo “Ánade” hay que buscarla en sus fuertes individualidades, en sus estilos peculiarísimos, no en vano todos ellos, cada uno en su medida, figuraron en su momento en ese vendaval reformador que se llamó Poesía de la Diferencia cuya primera premisa fue la independencia y originalidad de cada autor, o dicho de otra manera: la no clonicidad.

    Los cinco poetas que conforman este grupo han publicado por lo general en las mismas colecciones (“Ánade”, “Zumaya”, “Genil”, “Campo de Plata”, “Batarro”, “Port Royal”, “Los cuadernos de Sandúa”, “Ex –Libris”, “Troppo Mare”, “Palabras mayores” y “Crisálida”), han realizado libros en común (“Églogas de Tiena”), se han intercambiado dedicatorias al frente de sus obras o han sido incluidos en las mismas antologías.

    Tres de ellos fundaron en su día “La Academia de Oriente” y los cinco pertenecen a la Academia granadina de Bellas Letras. Pero por encima de todo se encuentra la amistad. Antes he hablado de la cohesión del grupo. Estos cinco poetas se conocieron entre sí en los años setenta y su relación ha ido estrechándose conforme avanzaron las dos décadas siguientes. Desde hace más de un lustro mantienen la tertulia literaria más activa de toda Andalucía, una tertulia por la que han pasado centenares de escritores, desde Luis Alberto de Cuenca hasta Guillermo Carnero, desde Antonio Colinas hasta Mario Múchnik… Pero antes de la formación  de la tertulia, los cinco poetas que a la sazón andaban desperdigados por diversos puntos de la geografía española impartiendo clases (pues –y ello es otro rasgo que los unifica- todos son profesores de literatura en institutos de enseñanza secundaria), siempre que tenían ocasión se reunían en Cádiar, en Tiena, en Almuñécar, en Cúllar-Vega o en Granada para intercambiar impresiones de lecturas o leerse sus inéditos.

    Pero, hagamos un poco de Historia. El ambiente literario de la España de la Transición estaba marcado por la pluralidad. En poesía concretamente, los novísimos comenzaban a imponerse y con ellos un culturalismo que contrastaba con la poesía social y humanitaria tan propia de los últimos años de la Dictadura. De cualquier forma, el momento era de total eclosión, de apertura generalizada, y ninguna tendencia excluía a las demás. Duele admitir que a finales de los setenta existió una España más libre y mucho más culta que la de hoy.

    Aunque la producción editorial estaba centrada en Madrid y en Barcelona, la vida cultural en provincias poseía una intensidad muy fuerte. En Granada existió entonces una interrelación muy grande entre escritores de todas las generaciones y todas las tendencias, y los ejes principales de aquel florecimiento literario se hallaban en la vieja facultad de Filosofía y Letras ubicada a la sazón en el palacio de las columnas de la calle Puentezuelas, y en el programa radiofónico “Poesía 70” que dirigió Juan de Loxa y que supuso una apertura total a cuanto se realizaba en poesía durante esa época en España e Hispanoamérica. En algunos bares de la ciudad podía verse la fotografía de Pablo del Águila, el pionero de aquella pacífica revolución, el hondo poeta que muy joven, antes de que cayese la Dictadura, se había retirado de este mundo.

    Del ambiente de inquietud intelectual que reinaba en la Facultad de Letras surgió la colección “Zumaya”, dirigida por el poeta Juan J. León, cuyo primer número publicado fue, con fecha de 1974, “El poema de la Alhambra” de Antonio Enrique, un libro torrencial en su léxico y en sus metáforas, una obra rarísima que provocaría el estupor de sus contemporáneos.

    Otro poeta muy joven, el gaditano de La Línea de la Concepción José Lupiáñez, después de haber vivido su primera adolescencia en Barcelona, recaló en Granada por esas mismas fechas. En seguida tuvo a punto su primer libro, “Ladrón de fuego”, obra que a juicio de la crítica es la primera que rompe con la estética novísima y abre las puertas a la Postmodernidad. José Lupiáñez hizo gestiones para publicar su libro en Madrid y también en Cuenca 8en la colección “El toro de barro” que entonces dirigía Carlos de la Rica), pero al no cuajar éstas, se decide, en compañía de otro poeta, Narzeo Antino, a fundar la colección “Silene” de poesía. Una nueva tipografía para una nueva est´tica. Bellísimamente editado, “ladrón de fuego” aparece en 1975 y supone un auténtico deslumbramiento para el público y para la crítica. Eran los años en que la madrileña colección “Adonáis” cayó en picado y en su lugar “El Bardo”, en Barcelona, dirigida por Batlló, se había convertido en abanderada de la generación novísima.

    Pero “ladrón de fuego” iba más allá de la poesía de preocupación humana y social representada por “Adonáis” y más allá también del montaje novísimo con su culturalismo mal digerido y ostentoso. “Ladrón de fuego” era un libro íntimo, elegíaco, que ante todo aspiraba a crear belleza en estado puro. ¡Verdadera novedad entonces!

    Antes he mencionado al poeta Antonio Enrique y su heterodoxo “Poema de la Alhambra”. En aquellos años el autor redactaba su novela infinita “la armónica montaña”, que tardaría aún más de una década en publicarse, y frecuentaba la encantadora biblioteca pública que existe en el  paseo del Salón en Granada. A la salida de la misma se conocieron una tarde Antonio Enrique y José Lupiáñez e iniciaron una profunda amistad que no ha hecho sino crecer hasta nuestros días. pronto surgen las reuniones de artistas y escritores en el café Suizo donde concurrían, además de los jóvenes poetas, el pintor Iván, el compositor Juan Alfonso García y el polígrafo Tomás Ramos Orea.

 Después de poner en la calle varios títulos de la colección “Silene”, surgen algunas diferencias entre Narzeo Antino y José Lupiáñez, por lo que éste último se aleja de aquel proyecto que permanecerá para lo sucesivo en manos de Antino y del también poeta José Gutierrez. Pero José Lupiáñez no tarde en poner en marcha otra iniciativa: en 1978 funda en colaboración con Ángel Moyano y con Antonio Ubago, la colección “Ánade” de poesía, una de las más importantes del país durante sus casi veinte años de vida. Al poco tiempo, la colección paso a convertirse en editorial con el nombre de “Ediciones Antonio Ubago”. Los jóvenes emprendedores que han acometido este hermoso proyecto comienzan a trabajar en la misma casa de José Lupiáñez, después se ubican en un modesto local de la calle “Zegrí Moreno” y finalmente en un alegre piso de la plaza “Garcilaso de la Vega”. Los poetas José Gutiérrez y Antonio Abad, que también estuvieron vinculados al principio de esta aventura editorial, se apearon pronto de la misma.

    Al arrancar los años ochenta, José Lupiánez, Ángel Moyano y Antonio Ubago conectan en Sevilla, durante el transcurso de unas oposiciones, con el poeta granadino Fernando de Villena que acababa entonces de publicar en Barcelona, en la editorial “Ámbito Literario” un libro de poesía en línea con los autores de los siglos de Oro precedido de un desafiante prólogo donde preconizaba “un Nuevo Manierismo”.

    Fernando de Villena, que era ya buen amigo de Antonio Enrique, congenia en seguida con los promotores de “Ánade” y se integra, lleno de entusiasmo, en su pequeña odisea.

    Antonio Enrique, José Lupiáñez y Fernando de Villena pronto se convierten en inseparables. se suceden los viajes y recitales compartidos en escenarios tan diversos como Almería, Sevilla, Marruecos, Málaga, Torrevieja, Santander, Castilla…, y los tres poetas crean la “Academia de Oriente”. Mucho tiempo después, la universidad mejicana  de Veracruz publicará un trabajo antológico de ellos con ese mismo título. Pero no nos adelantemos. Estamos aún en el arranque de los ochenta y la “Academia de Oriente” se abre al grupo malagueño “Banda de mar”. Con Francisco Ruiz Noguera y con Antonio Abad preparan una innovadora antología. Antonio Abad se compromete a publicarla y se lleva el manuscrito, pero, al producirse su distanciamiento, el libro no llega a ver la luz.

    Mientras tanto ha comenzado la dispersión. Antonio Enrique da clases en el País Vasco, después en Jerez y más tarde en Ronda. José Lupiáñez también va destinado a Jerez y Fernando de Villena comienza a dar clases en Sevilla, aunque en seguida se traslada a Ceuta.

    La breve estancia de Villena en Sevilla le valdrá al grupo para conectar con los poetas hispalenses Andrés Mirón, José Antonio Moreno Jurado y Pedro Rodríguez Pacheco que no tardarán en publicar en “Ánade”.

 Mientras tanto en Granada ha nacido otro grupo literario, “La nueva Sentimentalidad” que reúne al gran poeta Javier Egea, a Álvaro Salvador  y a Luis García Montero. Este grupo se inclina hacia una poesía más de lo cotidiano basada en el magisterio de los poetas del 50 y en los presupuestos marxistas del profesor Juan Carlos Rodríguez.

    En Sevilla también existe un grupo de poetas inclinados a una poesía en línea con los del 50. Se agrupan primero en torno a la colección “Calle del Aire” y más tarde en torno a la editorial “Renacimiento”. Son autores como Abelardo Linares, Fernando Ortiz y Francisco Bejarano.

     Mientras tanto, en España el P.S.O.E. ha llegado al poder e intenta crear una cultura a su medida: pequeñoburguesa, realista, urbana y con un barniz de izquierdas. Por primera vez entra el dinero a raudales en la vida literaria española. El felipismo se encarga de administrar las subvenciones, los premios, las apariciones en televisión…, de una manera partidista e injusta. Y se produce la gran escisión en la literatura española contemporánea. Por una parte se encuentran los oficiales, los mimados por el régimen; por el otro, los marginados. Entre los primeros, están los autores de “La Nueva Sentimentalidad”, los de “Renacimiento”, algunos críticos literarios, o más exactamente apologístas, de la línea oficial como José Luis García Martín o Miguel García Posada, y algunos escritores madrileños como Luis Antonio de Villena o Andrés Trapiello. Todos ellos forman rápidamente una coalición con el nombre de poesía o literatura de la Experiencia y comienzan a recibir sus beneficios. Ejemplos de los mismos, por ceñirme al caso de Granada, son las revistas “Olvidos de Granada”, “La fábrica del Sur” y “Hélices” o la colección “Maillot amarillo”, todas costeadas con dinero público y herméticamente cerradas a quienes estaban fuera de la oficialidad. En el otro extremo, en el de la total marginación, quedaría el grupo “Ánade”

    Por estas fechas, dos poetas de la generación novísima en Granada, Juan J. León y Enrique Morón, se suman al proyecto “Ánade”. Juan J. León, al que habíamos conocido como director de la colección “Zumaya” en los años setenta, cultiva por una parte una poesía muy depurada con una fuerte inquietud social a veces, y por otra una línea extraordinaria de poesía satírica en la que no conoce rival. En cuanto a Enrique Morón, se trata de un poeta de estirpe clásica con variedad de registros pero caracterizado por su búsqueda en la naturaleza de la plenitud espiritual. Enrique Morón venía publicando en “El Bardo” y Juan J. León en las ediciones malagueñas de Ángel Cafarena. Ambos poetas participaron activamente en la vida literaria de Granada durante los años finales de la Dictadura en bares de tradición bohemia como Bimbela o Éngix, y después su trabajo en la docencia los había conducido a un exilio variado y agotador. Juan J. León estuvo en La Carolina y en Antequera y Enrique Morón en el País Vasco y en Orgiva. La incorporación de los dos escritores reforzó y conformó definitivamente el grupo “Ánade”.

    Los primeros enfrentamientos entre la poesía oficial y los autores de “Ánade” no tardan en producirse. Francisco Bejarano, en Jerez, ataca la poesía de Luis Rosales. Antonio Enrique le replica y estalla la polémica que no tarda en personalizarse cuando participan en la misma dos jóvenes seguidores de Abelardo Linares, Juan Bonilla y José Mateos, por parte de la poesía de la Experiencia, y José Lupiáñez y Fernando de Villena (que entonces está de profesor en Ubrique) por parte del grupo “Ánade”. Lupiáñez dirige por aquellos días “Azul”, el suplemento cultural del Diario del Guadalete, y Bonilla y Mateos están al frente de “Citas”, el del Diario de Jerez.

    Por esta época los autores de “Ánade” se vinculan también con los del grupo almeriense “Batarro” y con Domingo F. Faílde, poeta independiente que dirige en Algeciras “La Isla”, el suplemento cultural del Diario de Algeciras.

    A principios de los 90, con el respaldo de toda la crítica oficial y mimada por el ministerio y las consejerías de cultura de las principales comunidades autónomas de la nación, la literatura de la Experiencia comienza a ser hegemónica. Pero entonces surge la llamada “Poesía de la Diferencia”. Muchos de los autores que  se han visto marginados a causa de las manipulaciones de los de la Experiencia, se reúnen, primero en Madrid, en el café “Libertad”, luego en Córdoba, en la posada del Potro y después en el Ateneo de Sevilla, para elevar una protesta contra la literatura oficial.

    La poesía de la Diferencia no es una estética, sino una pluralidad de estéticas y por ello tenía muy difícil el combate frente a quienes contaban ya con el respaldo del poder político. Los críticos de la Experiencia replicaron en la prensa nacional defendiéndose mal que bien de aquella avalancha que se les venía encima. Más tarde, faltos de argumentos, prefirieron dar el silencio por respuesta. La “Diferencia” contaba sólo con algunos suplementos literarios de provincias, pero sus ataques eran de una contundencia tal que no admitían réplica posible. “Los Cuadernos del Sur” del Diario de Córdoba, dirigido por Antonio Rodríguez Jiménez, y “El Papel Literario” del Diario Málaga Costa del Sol, dirigido por Pedro José Vizoso, José García Pérez y Antonio Romero Márquez fueron las tribunas desde donde se expresaron los autores de la Diferencia, en tanto que los de la Experiencia contaban con los diarios nacionales (ABC, El Mundo, El País).

    En primera línea de toda esta desigual guerra literaria anduvieron siempre los poetas del grupo “Ánade”. Poco después, se celebran en Granada y Valencia actos y congresos llamados a consolidar la Poesía de la Diferencia, pero, curiosamente, en estos actos se incubó el germen de la disolución. No voy a entrar ahora en la búsqueda de culpables al respecto: considero natural que, dadas sus fuertes individualidades creadoras, cada uno de los escritores de la Diferencia regresase a su propio mundo después de haber manifestado enérgicamente su protesta.

    En Granada, Antonio Enrique y el novelista Gregorio Morales habían creado “El Salón de Independientes” para exigir una mayor limpieza en el ámbito de la cultura española, bochornosamente dirigida por el felipismo. Surge una nueva y encarnizada polémica entre Gregorio Morales y uno de los escritores más prototípicos de la cultura oficial, Luis García Montero. El campo de batalla será ahora el periódico “Ideal” de Granada. Y en la lucha intervienen entre otros Álvaro Salvador, por la Experiencia, y Fernando de Villena a favor de la Diferencia y el Salón de Independientes.

    A raíz de todos estos acontecimientos, muchos autores intentan incorporarse a la literatura de la Diferencia, pero algunos de ellos pretenden apropiársela en su propio beneficio. el movimiento empieza a hacer aguas, pero antes se publican varias antologías que recogen el espíritu del mismo: “Elogio de la Diferencia” (1997), de Antonio Rodríguez Jiménez, “…y el Sur” (1997) de José García Pérez y “De lo imposible a lo verdadero” (2000) de Antonio Garrido Moraga. En todas ellas están incluidos algunos miembros  del grupo “Ánade”. Paralelamente, la poesía de la Experiencia ha realizado decenas de antologías en todas las editoriales prestigiosas del país, antologías de tendencia que se ofrecen como visión global de lo que se realiza en España.

    Como antes indiqué, a partir de este momento, los popes de la literatura de la Experiencia prefieren evitar los encuentros frente a frente y ensayan una nueva estrategia: el silenciamiento absoluto de todos los marginales y el arrebatarles hasta el último vehículo posible de expresión que tengan.

    Cuando el Partido Popular alcanza el poder en España sin ningún proyecto cultural sólido, se limita a mantener las cosas tal como las encontró, o sea a prorrogar los privilegios a quienes ya los gozaban.

     Los críticos y poetas de la Experiencia han intentado crear escuela promocionando mediante antologías y publicaciones a todos los poetas jóvenes que aceptan sin discusión su magisterio. Pero también existen poetas independientes de las últimas generaciones y algunos d e ellos fueron recogidos en la antología “La poesía que llega” que preparó Fernando de Villena. A nuestro juicio hay grandes poetas jóvenes ahora que tienen mucho que decir y que no deben heredar la guerra de sus mayores.

    Cuando el movimiento de la Diferencia se vino abajo, los poetas del grupo “Ánade”, más cohesionados que nunca, volvieron a la quietud de su tertulia, a sus encuentros y a sus respectivas obras en marcha.

     José Lupiáñez evolucionó desde la poesía elegíaca y acendrada de su primera etapa a otra marcada por el Modernismo y más recientemente cultiva una poesía descriptiva y simbólica que profundiza en las grandes interrogantes del hombre. Además de su vertiente poética, Lupiáñez ha cultivado con rigor y amenidad el ensayo literario.

    Antonio Enrique, menos barroco que en sus inicios, sigue cultivando una poesía que se aproxima a la épica, una poesía visionaria a veces y de una espiritualidad heterodoxa. Ha cultivado también la novela y el ensayo con verdadera maestría. En este género, mucho dio que hablar su extraordinario “Canon heterodoxo”.

    Juan J. León ha sido fiel a sus dos líneas poéticas: la satírica y la clásica, aunque el paso del tiempo ha dejado en sus poemas un tono de hondo desengaño. También ha realizado ensayos lingüísticos y literarios entre los que destaca su “Historia de la Literatura Universal”.

    La poesía de Enrique Morón sigue también el mismo camino elegido en sus años de juventud: el camino de la autenticidad  y la constante comunicación con la naturaleza, pero ahora, en sus versos, cada vez más aforísticos y profundos, late una gran preocupación por el hombre  y su lugar en este mundo. Enrique Morón es también un notable dramaturgo y ha publicado un excelente libro de memorias.

    En cuanto a Fernando de Villena, de su luminoso neomanierismo inicial pasó a una etapa de poesía más directa y vivencial y en sus últimas entregas, dedicadas al Mediterráneo, consigue una poesía reflexiva de una sencillez clásica. Es autor además de numerosas novelas y ensayos literarios.

    Y hemos llegado al final. He aquí, muy por encima, la historia de uno de los grupos  literarios  más activos y originales de las últimas décadas, un grupo cuya importancia crece día a día como la ya abundante obra de sus componentes.

 


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ROGER METRI

 

Virginia Woolf o el espejo refulgente del lenguaje

 

Mrs. Dalloway said she would buy the flowers her self. (1) Oración reveladora,  con la que Virginia Woolf desenmascara las intenciones de una de las novelas que la hicieron la escritora inglesa cuyo trabajo creativo fue comparado con Conrad, Joyce, Proust o Kafka. El que la construcción gramatical se desarrolle de manera horizontal y sencilla, exponiendo el nombre de la heroína  del roman desde el primer párrafo, y la simple arquitectura de sujeto, verbo y complemento, es sólo una trampa que la autora de “Al faro”, “Las olas”, “Orlando”, “Flush” o “Tres guineas”, “Los años”, “Entreactos”, “El cuarto de Jacob” y “Una habitación propia”; nos ha puesto precisamente antes de enclaustrarnos en el “stream of consciousness” (2) que el monólogo interno con el que la escritora comienza  a experimentar en 1917 en el relato “Kew gardens”, cinco años previos a la publicación del “Ulises” de James Joyce (lo más leído del siglo XX), en 1922 (3). La novedad en aquel 1925 cuando “Mrs.Dalloway” es publicada, y acaso lo sigue siendo, era la complejidad del predicado compuesto por tres complementos, she would buy en copretérito, the flowers, donde recae la acción y herself, en reflexivo (4).  Nos revela también, la vida de una mujer sencilla, si bien de la alta clase inglesa de la época victoriana,  y la forma doméstica de su existencia. That is all, I am happy, I have five sons (5), suenan como rocas cuyo ritmo de caída aventuran al lector a un mundo que en aparente simplicidad, tiene de trasfondo la guerra mundial de principios de siglo, la locura, la enfermedad, la felicidad, en fin, esas cosas que de algún modo nos tocan universalmente. Virginia Woolf buscaba como Dostoyevsky, que el discurso fuera fabricado a partir de un sentimiento profundo, con la salvedad que ella le añadiría la conciencia abstracta de la realidad para acercarlo a la ficción, a través del discurso del silencio que el “stream of consciousness” arrojaba por medio de las palabras no sugeridas por lo meramente convencional. Así, igual a los ojos que se acostumbran a la tiniebla o a la luz para distinguir una silueta, o el universo visto por el loco y el cuerdo a la vez, el refulgente espejo del lenguaje de la narradora británica nos quiere patentar que contra la brutalidad del mundo que falsamente promueve ideales,  por un lado, y por otro ejecuta actos de barbarie, sólo la sensibilidad y la sensibilización nos proporciona una mínima, aunque sea, esperanza. Afirma, la también ensayista, que en resumen todo el mundo es una obra de arte y nosotros parte de él, que “Hamlet” o “La Novena Sinfonía” son la verdad, no existen Shakespeare o Bethoveen. Nosotros somos las palabras y nosotros somos la música (6). Eso es lo real detrás de las apariencias y eso es lo que refulge.

Sobraría decir que Virginia Woolf  nace y crece en la época victoriana, en 1882, hace ciento veintidós años, y que su novelística expone y se contrapone a esa etapa socioeconómica de la Inglaterra imperial, así como hasta su muerte en el lago Ouse en 1941, cerca de su casa en Sussex, Londres,  luego de la defensa incansable de los derechos de género, la prerrogativa política de la mujer para votar y ser votada, la conciencia pública de lo social en un régimen monárquico; a los cincuenta y nueve años de edad y habiendo tenido como compañeros de luchas a Lytton Strachey, E. M. Forster, J. M. Keynes, Roger Fry, Vanessa Bell, su hermana,  y su  esposo Leonard Woolf, miembros todos del influyente grupo de Bloomsbury, el barrio londinense donde se afincaron, cursando también una cálida amistad con T. S. Elliot, a quien publicaron en la editorial de la firma de los Woolf, Hogarth Press y el célebre, también, Ezra Pound. También sobra decir que fue la primera mujer en impartir una conferencia en la prestigiada Universidad de Cambridge  y el Museo Británico, de las cuales surgieron sus ensayos “Una habitación propia” y “El cuarto de Jacob”.

Ya desde los escritos anteriores a su obra mayor, tales como “The voyage out”, “Noche y día” o “Lunes y martes”, le obsesionaba la palabra precisa que había aprendido puntualmente de su padre el crítico, hombre de letras  y biógrafo Sir Leslie Stephen, pero que reflejaba la preocupación primordialmente humanística que abordará  en toda la tarea woolfiana, la suficiente y pesada carga de uno mismo con el singular distanciamiento del yo que, nos determina a través de la serie de recuerdos producto de la memoria finita,  y por lo tanto consciente de su pasado, presente o futuro,  que no son una masa informe sino un halo luminoso en el abismo interior donde se aloja una serie imprecisa de emociones, imágenes y flujos que constituyen la vida y el espíritu.

En “Orlando” , 1929, bastaría dejarnos engañar por el efecto de su conversión de hombre a mujer  a mitad de la novela, para caer en el pensamiento inocuo de que es sexista, cuando en realidad el fin de la obra es exponer las necesidades de una dama de la época isabelina, los tropiezos masculinos y femeninos de la sociedad victoriana y los obstáculos inherentes a las obsesiones del yo, nuestro trato con los demás que es efímero y no dura mucho, en donde el lenguaje es determinante para la marcación de épocas . Una vez aprendida la lección, completado el deber, hecho el servicio y obtenida la satisfacción, permanece una distancia y el tiempo como recompensa. El trabajo es lo que resta es muy simple. Recordar. Esa reconciliación amorosa  con el pasado que se logra sólo en el nivel lingüístico. Sea ya la sombría obsidiana, el pabellón polícromo de los príncipes de Asia, la vida reclusa de las estatuas en mármol de Grecia, los murmullos de las ruinas de Roma, el verde profundo del jade, el pórfiro denso del basalto, el carmesí de los tejidos persas, los mosaicos de Lisboa, en fin, esas bellezas materiales que se humanizan cuando las toca la palabra que las limpia del musgo y la hierba y las devuelve intactas para preguntarnos, estuvieron ahí, no estuvieron ahí, las soñamos o las vivimos.

El lenguaje en Virginia Woolf fue determinante para su filosofía. En “Las olas”  apunta:

The sun had not yet risen. The sea was indistingshableb from the sky, except that the sea was slightly creased as if a cloud  had wrinkles in it. (7) Cada uno de los seis monólogos van precedidos de una etapa del día hasta llegar al crepúsculo, donde al ponerse el sol que aún no nacía en el primer monólogo, cae en el último mientras las olas se quiebran en la orilla.

Si analizamos de nuevo las oraciones, confirmamos el encierro de predicados dentro de predicados y la novedosa propuesta que el discurso woolfiano ofrecía en 1931, trastocando el  orden convencional de la gramática inglesa que iniciara Dorothy Richardson y cultivado por Faulkner posteriormente.

Esta técnica manejada en “Al faro”,  en 1927 y abandonada en sus dos últimos libros “Los años” en 1937 y “Entreactos” en 1941, es la aportación lingüística y literaria de los novelistas ingleses (o irlandeses) (8) de principios de siglo XX, que hicieron corresponder lenguaje, filosofía y personaje. En “Orlando” dice, gracias a Dios soy mujer, gritó y estuvo a punto de incurrir en la suprema tontería – nada más afligente en una mujer o un hombre- de envanecerse de su sexo. La oscuridad que separa los sexos y en la que se conservan tantas impurezas antiguas, aún no abolidas.(9)

La riqueza del lenguaje en Virginia se debe a su concepción de la vida. Examinemos, por un instante, una mente, en un día cualquiera. El cerebro recibe miríadas de impresiones triviales, fantásticas, ya efímeras, ya grabadas con la precisión del acero. Ellas surgen de todas partes, en un incesante espectáculo de innumerables átomos que a medida que caen forman la vida.

En “Al faro”, reafirma sus decisivas líneas iniciales. Yes, of course, if it’s fine tomorrow, said Mrs. Ramsay, (10) creando un juego de tiempos presente y pasado y una expectativa de imaginación que no concluye aún cuando la novela ha terminado.

A fin de cuentas, esos flujos que constituyen la vida se corresponden al lenguaje con el cual Virginia Woolf fabula el mundo de sus novelas, continuando esa tarea de pocos, que es interés cada vez de menos, el de proseguir con el trabajo de Homero, tan simple como que es lo que ha dado identidad a los pueblos desde los griegos.

Hay una cita de “Orlando” que indica el respeto de la escritora británica por la poesía, el lenguaje y el oficio literarios: si el oído es la antecámara del alma, la poesía puede corromper más seguramente que la lujuria o la pólvora. Por consiguiente el oficio de poeta es el más elevado de todos. Sus palabras alcanzan donde otros se quedan cortos. Un simple poema de Shakespeare  ha hecho más por los pobres del mundo que todos los predicadores y filántropos de la tierra. (11)

 

Ese era su gusto por la tolerancia, la honestidad intelectual, el rechazo a la vulgaridad y la aceptación de la belleza, el amor y la dulzura de las palabras, que nunca está de más, seguir de ejemplo.    

 

Citas

1.- La señora Dalloway dijo yo misma compraré las flores ( La señora Dalloway dijo que ella misma compraría las flores). Línea inicial de la novela.

2.- El monólogo interno como técnica literaria, que tuvo influencia en toda la narrativa del Siglo XX, lo trabajaron ampliamente Virginia Woolf y James Joyce de manera separada. A Virginia Woolf le nace la inquietud, al regreso de su hermana menor, Venessa Bell,  quien era pintora, e introducía el impresionismo a Inglaterra, situando los rostros en blanco y dejando que el interior fuera lo que expresara el rostro, impactado por  el ambiente. Eso quiso implementar Virginia en la literatura. Era una forma de “retardación literaria”, como señala Auerbach de Homero. Recordemos el interés de los novelistas modernistas ingleses de lo griego.

3.- Joyce tuvo que exiliarse y publicar en Francia su “Ulises”. Esto fue en 1922. Pero Woolf había trabajado su primera novela, “The voyage out”,  durante diez años,  entre 1905 y 1915, fecha que publicó esa, primera, novela.

4.- Pareciera también, lo dice Woolf en sus diarios, una respuesta al romanticismo que se le antojaba muy plano narrativamente.

5.- Eso es todo, soy feliz, tengo cinco hijos. La señora Dalloway al salir de su casa para comprar las flores.

6.- En “Orlando”, página 122

7.- El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Inicio de “Las olas”.

8.- Tanto Joyce, nacido en Dublín, como Woolf por parte de sus padres, eran de origen irlandés.

9.- “Orlando”, página 105 y 106.

10.- “Al faro”, Sí, por supuesto, si  hay buen tiempo mañana, dijo la señora Ramsay. inicio de la novela

11.- “Orlando”, página 113 y 114. Ya Antonio Candido ha señalado algo.

 

Bibliografía

Mrs. Dalloway. Harvest/HBJ Book. 1990.

Orlando. Editorial Hermes. 1989. Traducción de Jorge Luis Borges.

The waves. Harvest/HBJ Book. 1959.

Las olas. Editorial Premiá. Colección  La nave de los locos. 1991. Traducción de Lenka Franulic.

To the light house.  Harvest/HBJ Book. 1981.

Al faro. Editorial Hermes/ Sudamericana. Colección Horizonte. 1981. Traducción de Antonio Marichalar.

Colección de “Diarios íntimos” a cargo de su sobrina Anne Olivier Bell :

Diario íntimo I (1915-1923). Grijalbo Mondatori. Colección El espejo de tinta. Traducción Justo Navarro.     

                                                                                                                           España,  1922.

Diario íntimo II (1924-1931). Grijalbo Mondatori. Colección El espejo de tinta. Traducción Laura Freixas.     

                                                                                                                                   España,   1922.

Diario íntimo III (1932-1941). Grijalbo Mondatori. Colección El espejo de tinta. Traducción Laura Freixas.     

                                                                                                                                   España,   1922.

 

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EMILIO BALLESTEROS

 

SUFISMO

 

Pocos términos pueden resultar tan difíciles de definir como éste. En la mayoría de los diccionarios enciclopédicos lo despacharán con algo así como la vía mística del Islam. Y es verdad; pero eso es decir bien poco, pues para los prejuicios occidentales, lo místico se asocia con lo apartado, célibe, ensimismado… y el Islam, con cualquier cosa menos con lo que es. Si bien es cierto que místicas como la de S. Juan de la Cruz o Santa Teresa bebieron directamente de la  mística sufí (lo estudia muy bien el sacerdote cristiano Asín Palacios en sus libros), son algo muy distinto pues, por ejemplo, para el sufismo, y para el Islam en general, el sexo no es malo; es incluso necesario, si bien dentro de los límites de la propia naturaleza humana y sin que se convierta en obsesión neurótica; de ahí que el estado natural del ser humano sea el matrimonio (sin perder de vista que puesto que cualquier matrimonio puede salir mal, el divorcio es otra necesidad natural cuando sea preciso). Desde su punto de vista, la renuncia al sexo de por vida, normalmente, es más causa de enfermedad que de iluminación; aunque un sexo descontrolado y compulsivo tampoco lleva a otra cosa que la ansiedad y la soledad siempre insatisfecha. De ahí que el místico sufi no tiene por qué ser célibe. De hecho el erotismo tiene una fuerte presencia en la creación sufi; si bien siempre ligado al Amor, pues despojado de éste no es más que otra forma de atadura y de extravío en la neurosis y en los apegos a lo efímero que es endiosado y se convierte en fuente de infelicidad y angustia. El erotismo sufí siempre mira a la Unidad Esencial de todo lo existente. “Cuando se descubre el enigma de un solo átomo, se puede ver el Misterio de toda la creación, tanto interior como exterior. Verás que Allah no sólo ha creado todo, sino que verás además que, tanto en el mundo invisible como en el visible, no hay más que Él, pues estos dos mundos no tienen existencia propia” –dice La Rízala. El sufismo, en esencia, busca la experiencia de la Unidad de todo lo existente, lo que en su terminología sería ver el rostro de Allah. Como en todas las místicas, tiene que morir para vivir la Realidad, debe aniquilar su ego para liberarse de todos los apegos que impiden vivir la Unidad de todo lo creado, para experimentar (no como se hace en un  laboratorio, sino con la propia experiencia vital, completa) que Todo es Uno: lo que se ve y lo que no se ve, y que Nada existe fuera de Allah (nada se le asocia, es como suelen expresarlo sus textos clásicos). Y el camino es el del corazón.

Tampoco el sufí es un ser apartado del mundo. Tiene sus ritos y disciplinas de iniciación y acceso al Conocimiento, pero eso no lo aparta del mundo, sino que, al contrario, lo capacita más para estar en él y contribuir a transformarlo en un lugar de mayor armonía y felicidad.

El Conocimiento Silencioso que supone el sufismo (como puede ocurrir con otros: el Tao o el Camino del Guerrero que intenta explicar Castaneda en sus libros sobre D. Juan Matus) no es algo que se pueda explicar desde un intelecto discursivo, pues accede a verdades que no son racionalizables, aunque tampoco excluye a la razón. De hecho, gran parte de la ciencia y la tecnología actuales, que arrancaron en el Renacimiento, lo hicieron a partir de científicos andalusíes (sufíes muchos de ellos) de cuyos descubrimientos y avances  surge la mayoría de la ciencia actual (para este tema remito al interesado al estupendo libro del catedrático de la Universidad de Barcelona Juan Vernet sobre Lo que Europa debe al Islam español; y quien dice Europa, dice occidente que hereda, extiende y desarrolla su ciencia y tecnología, aunque ya con un espíritu competitivo y materialista muy lejos del sufismo original).

No voy, por tanto, a intentar explicar algo que sólo puede vivirse. Para quien quiera un mero acercamiento intelectual recomiendo los libros de Ibn ´Arabí (su Tratado sobre la Unidad, sobre todo), el de Idris Shah y Robert Graves sobre Sufismo, el de Ibn Atâ `Allah sobre El abandono del sí mismo (estaba en Hiperión, aunque me temo que se agotó), La Doctrina Sufi de la Unidad, de Leo Schaya, en Olañeta editor, los estudios comparativos que hace Toshihiko Izutsu sobre Taoísmo y Sufismo en Ed. Siruela, cualquier libro de poemas sufis de Rumi o de aforismos sufis de Ibn Atail-Lah o visitar las páginas que sobre sufismo pueden encontrarse en la red. Una de las más recomendables y de la que pueden bajarse algunos materiales difíciles de encontrar (como el propio libro de Ibn Atâ Àllah, por ejemplo) es la sección sobre sufismo de la biblioteca virtual de www.webislam.com

De esta página he extraído parte del material que incluyo y desde aquí les agradezco a sus autores el trabajo que realizan y ofrecen de manera generosa.

Lo que más puede acercarse a una explicación sobre sufismo es su propia creación literaria y eso es lo que ofrezco en este artículo sobre sufismo. No me considero el más capacitado (si es que hay alguien que lo esté) para explicar algo tan inexplicable. Sufíes que siguen el camino hay muchos, pero shaij (maestro) sufí que haya adquirido el Conocimiento verdadero y lo pueda transmitir hay muy pocos y son difíciles de encontrar. Y no suelen transmitir lo mejor de sus enseñanzas por vía intelectual, aunque dejen a veces perlas de su sabiduría en libros o algunos discípulos suyos las recojan y las dejen plasmadas por escrito.

                Sus cuentos y aforismos tienen distintos niveles de lectura, pero su transparencia, profunda y mágica a la vez, en cualquier clase de lector dejará un poso de inquietud que puede emocionar a quien le gusta avanzar en el conocimiento de sí mismo y de lo que le rodea, o molestar a quien prefiere permanecer en la inepcia y el aturdimiento y que los remolinos de la cultura dominante lo lleven de un sitio para otro y llenen su vida de trincheras pensando que así es más libre.

Disfrutadlos. O enfadaos. Es vuestra elección.

 

CUENTOS  SUFIS

 

¿BUENA O MALA SUERTE?

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta de nuestro hombre diciéndole:

-Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.

Más adelante el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.

Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.

 

EL AMOR Y LA PASIÓN

Había una princesa que estaba locamente enamorada de un capitán de su guardia y, aunque sólo tenía 17 años, no tenía ningún otro deseo que casarse con él, aún a costa de lo que pudiera perder. Su padre que tenía fama de sabio no cesaba de decirle:

-No estás preparada para recorrer el camino del amor. El amor es renuncia y así como regala, crucifica. Todavía eres muy joven y a veces caprichosa, si buscas en el amor sólo la paz y el placer, no es este el momento de casarte.

-Pero, padre, ¡sería tan feliz junto a él!, que no me separaría ni un solo instante de su lado. Compartiríamos hasta el más profundo de nuestros sueños.

Entonces el rey reflexionó y se dijo:

-Las prohibiciones hacen crecer el deseo y si le prohíbo que se encuentre con su amado, su deseo por él crecerá desesperado. Además los sabios dicen: “Cuando el amor os llegue, seguidlo, aunque sus senderos son arduos y penosos”.

De modo que al fin le dijo a su hija:

-Hija mía, voy a someter a prueba tu amor por ese joven. Vas a ser encerrada con él cuarenta días y cuarenta noches. Si al final siguen queriéndose casar es que estás preparada y entonces tendrás mi consentimiento.

La princesa, loca de alegría, aceptó la prueba y abrazó a su padre. Todo marchó perfectamente los primeros días, pero tras la excitación y la euforia no tardó en presentarse la rutina y el aburrimiento. Lo que al principio era música celestial para la princesa se fue tornando ruido y así comenzó a vivir un extraño vaivén entre el dolor y el placer, la alegría y la tristeza. Así, antes de que pasaran dos semanas ya estaba suspirando por otro tipo de compañía, llegando a repudiar todo lo que dijera o hiciese su amante. A las tres semanas estaba tan harta de aquel hombre que chillaba y aporreaba la puerta de su recinto. Cuando al fin pudo salir de allí, se echó en brazos de su padre agradecida de haberle librado de aquel a quién había llegado a aborrecer.

Al tiempo, cuando la princesa recobró la serenidad perdida, le dijo a su padre:

-Padre, háblame del matrimonio.

Y su padre, el rey, le dijo:

-Escucha lo que dicen los poetas de nuestro reino:

Dejad que en vuestra unión crezcan los espacios.

Amaos el uno al otro, más no hagáis del amor una prisión.

Llenaos mutuamente las copas, pero no bebáis de la misma.

Compartid vuestro pan, más no comáis del mismo trozo.

Y permaneced juntos, más no demasiados juntos,

pues ni el roble ni el ciprés, crecen uno a la sombra del otro”.

 

EL PESCADOR Y LA BOTELLA MÁGICA

Un pescador encontró entre sus redes una botella de cobre con el tapón de plomo. Parecía muy antigua. Al abrirla salió de repente un genio maravilloso que una vez liberado le dijo al pescador:

-Te concedo tres deseos por haberme sacado de mi encierro. ¿Cuál es tu primer deseo?

-Me gustaría que me hicieras lo bastante inteligente y claro como para hacer una elección perfecta de los otros dos deseos -dijo el pescador.

-Hecho -dijo el genio-, y ahora, ¿cuáles son tus otros dos deseos?

El pescador reflexionó un momento y dijo:

-Muchas gracias, no tengo más deseos.

 

LA MUJER PERFECTA

Nasrudín conversaba con sus amigos en la casa de té y les contaba como había emprendido un largo viaje para encontrar a la mujer perfecta con quién casarse. Les decía:

-Viajé a Bagdad, después de un tiempo encontré a una mujer formidable, atenta, inteligente, culta de una gran personalidad.

Dijeron sus amigos:

-¿Por qué no te casaste con ella?

-No era completa, -respondió Nasrudín-, después fui a El Cairo, allí conocí a otra mujer ciertamente fabulosa; hermosa, sensible, delicada, cariñosa.

-¿Por qué no te casaste con ella?, dijeron los amigos.

-No era completa -respondió nuevamente Nasrudín-, entonces me fui a Samarcanda allí por fin encontré a las mujer de mis sueños; ingeniosa y creativa, hermosa e inteligente, sensible, culta, delicada y espiritual.

-¿Por qué no te casaste con ella? -insistieron sus amigos.

-Pues saben por qué, ella también buscaba a un hombre perfecto.

 

UNA CARRERA DE SAPOS

Érase una vez una carrera de sapos en el país de los sapos. El objetivo consistía en llegar a lo alto de una gran torre que se encontraba en aquel lugar. Todo estaba preparado y una gran multitud se reunió para vibrar y gritar por todos los participantes. En su momento se dio la salida y todos los sapos comenzaron a saltar. Pero como la multitud no creía que nadie llegara a la cima de aquella torre pues ciertamente, era muy alta, todo lo que se escuchaba era: “no lo van a conseguir”, qué lástima, está muy alto, es muy difícil, no lo van a conseguir”. Así la mayoría de los sapitos empezaron a desistir. Pero había uno que persistía, pese a todo, y continuaba subiendo en busca de la cima.

La multitud continuaba gritando: “es muy difícil, no lo van a conseguir”, y todos los sapitos se estaban dando por vencidos, excepto uno que seguía y seguía tranquilo cada vez con más fuerza. Finalmente fue el único que llegó a la cima con todo su esfuerzo. Cuando fue proclamado vencedor muchos fueron a hablar con él y a preguntarle como había conseguido llegar al final y alcanzar semejante proeza. Cual sería le sorpresa de todos los presentes al darse cuenta que este sapito era sordo.

Sé siempre sordo cuando alguien duda de tus sueños.

 

YO ESTOY AQUÍ POR TI Y TÚ POR MÍ

Nasrudín, caminaba tranquilamente por el campo un día soleado. Mientras miraba el paisaje observó que delante de él otra persona también caminaba en la misma dirección. En cierto momento este miró hacia atrás y vio a Nasrudín a cierta distancia. Entonces pensó: seguramente es un atracador y está esperando la oportunidad para quitármelo todo. En ese momento empezó a correr despavorido.

Nasrudín que lo observaba desde atrás con atención, al verlo correr de esa forma, pensó: seguramente le ha pasado algo y necesita ayuda, y entonces él también empezó a correr a toda velocidad. De esta forma los dos corrían por el campo uno tras otro. El primer hombre ya no podía más y en su debilidad tropezó con una piedra, rodó por el suelo y quedó medio atrapado entre unos matorrales; se quedó allí quieto y agazapado con la esperanza de que Nasrudín no le viera cuando pasara. Pero Nasrudín tropezó justo en la misma piedra, rodó igualmente y fue a parar justo encima del hombre. Éste gritaba:

-Por favor no me hagas nada.

Nasrudín quedó sorprendido, se quedó mirando a la otra persona y dijo:

-Sabes qué, creo que tú estás aquí por mí y yo estoy aquí por ti.

 

EL CARACOL EN LA CARRETERA

Un discípulo se adelantó a su maestro de sabiduría y le dijo:

-Maestro encontré a un caracol en la carretera, lo cogí y lo puse en mi jardín para que no fuera aplastado por lo coches.

El maestro respondió:

-¡Idiota!, ¿cómo te atreves a perturbar el destino de esa criatura?

El discípulo se marchó avergonzado, volvió a su jardín y tomando nuevamente al caracol lo devolvió a la carretera.

Nuevamente volvió a su maestro y le dijo:

-Maestro devolví el caracol a su lugar para que se siguiera el curso de su destino.

El maestro le dijo otra vez:

-¡Idiota!, ¿cómo te atreves nuevamente a perturbar el destino de esa criatura?

 

 

DIÓGENES

Diógenes, el místico griego se encontró con Alejandro Magno cuando este se dirigía a la India. Era una mañana de invierno, soplaba el viento y Diógenes descansaba a la orilla de un río, sobre la arena, tomando el sol desnudo. Era un hombre hermoso. Cuando el alma es hermosa, surge una belleza que no es de este mundo...

Alejandro no podía creer la belleza y gracia de aquel hombre y le dijo:

-Señor -jamás había llamado “Señor” a nadie en su vida-, señor me ha impresionado enormemente su persona, además he oído hablar de su gran sabiduría. Me gustaría hacer algo por usted, ¿Qué podría hacer yo por usted?

Muévete un poco hacia un lado, pues me estás tapando el sol, esto es todo, no necesito nada más -dijo Diógenes.

-Si tengo una nueva oportunidad de volver a la tierra, le pediré a Dios que me convierta en Alejandro de nuevo y si esto no es posible, que me convierta en Diógenes.

Diógenes se rió y dijo:

-¿Quién te impide serlo ahora mismo? ¿Adónde vas? Durante meses he visto pasar ejércitos, ¿a dónde van? ¿Para qué?

-Voy a la India a conquistar el mundo entero -dijo Alejandro.

-¿Y después que vas a hacer? -preguntó Diógenes.

-Después voy a descansar.

-Estás loco. Yo estoy descansando ahora. No he conquistado el mundo y no veo qué necesidad hay de hacerlo. Si al final quieres descansar, ¿por qué no lo haces ahora? Y te digo más si no descansas ahora nunca lo harás. Morirás. Todo el mundo se muere en el camino, en medio del viaje.

Alejandro se lo agradeció y le dijo que le recordaría, pero que ahora no podía detenerse. Alejandro cumplió su destino de conquistador pero no le dio tiempo de descansar antes de morir.

 

EL BAMBÚ JAPONÉS

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo convierte en no apto para impacientes. Siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable; en realidad no pasa nada durante los siguientes siete años, a tal punto que un cultivador inexperto pensaría que las semillas eran infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año en un período de tan solo seis semanas la planta de bambú crece hasta treinta metros.

¿Tardó solo seis semanas en crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante esos siete años de aparente inactividad el bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

 

 

 

PAZ PERFECTA

Había una vez un Rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron. El Rey admiró y observó todas las pinturas, pero solo hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo, era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura, también tenía montañas, pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual brotaba un impetuoso aguacero con rayos  y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.

Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, vio tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en el rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en medio de su nido... Paz perfecta.

El Rey escogió la segunda. Y explicó a sus súbditos el porqué: Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro ni dolor. Paz significa que a pesar de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Creo que este es el verdadero significado de la paz. Cuando encontremos la paz en nuestro interior, tendremos equilibrio en la vida.

 

EL CIEMPIÉS Y EL SAPO

Un ciempiés vivía tranquilo, consagrado a sus asuntos, hasta que un día un sapo, que a menudo lo observaba ir y venir, le preguntó: -Por favor, ¿en qué orden accionas tus pies? El ciempiés, desconcertado por la pregunta del sapo, se metió en su agujero. Intentó pensar en una posible respuesta pero no lo consiguió. Permaneció bloqueado en su agujero, incapaz de poner en movimiento sus patas, y murió de hambre.

 

DOBLE INJURIA

Cuando el príncipe Mou We, estaba retirado viviendo como ermitaño en Chungan, le dijo a su maestro:

-Mi cuerpo está aquí entre bosques y arroyos, pero mi corazón está en el palacio de Wei. ¿Qué puedo hacer?

-Cuida más por lo que tienes en ti y menos por lo de los demás.

-Yo debería poder -dijo el príncipe-, pero no puedo seguir a mis sentimientos superiores.

-Si no puedes seguir a tus sentimientos superiores, entonces abandónate a lo que sientes. No hay cosa peor para el alma que luchar en contra de sus sentimientos y de controlar a los que no se pueden controlar. Se llama doble injuria y los que la sufren nunca viven su ciclo completo.

 

 

 

NASRUDÍN ARMADO

Muy asustado en una noche obscura, mullá Nasrudín viajaba con una espada en una mano y una daga en otra. Le habían dicho que eran seguros medios de protección. En su camino se encontró con un asaltante, que le robó su asno y sus alforjas con valiosos libros. Al día siguiente, cuando se estaba lamentando de su suerte en la casa de té, alguien le preguntó. -Pero, ¿por qué dejó que se llevara sus posesiones, mullá? ¿No tenía los medios para detenerlo? -Si mis manos no hubieran estado ocupadas –dijo el mullá-, hubiera sido otra historia.

EL JARDÍN DEL INFIERNO

Todo un grupo de gente murió al mismo tiempo en una catástrofe y se sorprendieron al encontrarse en un mundo muy similar a éste. Tenían a su disposición todo tipo de entretenimientos y todas las facilidades posibles. Se asombraron al descubrir que estaban en el infierno. Aquellos que querían vidas excitantes las tuvieron. La gente que deseaba mucho dinero lo obtenía. Se alcanzaban ambiciones de todos los tipos. Un día conocido como el Día de las Quejas, un grupo de condenados se dirigió al demonio controlador y dijeron: -Llevamos una vida maravillosa: fiestas, riquezas, excitación, pero parece como si nos estuviésemos desgastando, nos volvemos poco atractivos unos a otros y lentamente vamos perdiendo las pertenencias que nos llegan tan fácilmente... -Sí, -dijo el diablo- ¿a qué es infernal?

 

 

PERLAS DE SABIDURÍA SUFI


 

Las obras son formas fijadas: en ellas penetra la vida por el secreto de la intención pura.

Envuélvete en una vida oscura: el grano que germina antes de sembrarlo no llega a madurar.

Aplazar tus obras para cuando seas libre es hacer sacrificios a las inclinaciones del alma.

No pidas a Allah que te saque de un estado para utilizarte en otro. Si quisiera te utilizaría sin cambiarte de estado. 

Más te vale buscarte defectos escondidos que intentar descubrir  las cosas invisibles que te están veladas.

No hay obra mínima si proviene de un corazón desapegado ni obra importante si proviene de un corazón lleno de deseos. 

Eres libre de una cosa cuando renuncias a ella, esclavo cuando la codicias. 

Es raro que las visitas divinas no sean súbitas. Así nadie presume de haberlas merecido.

Si ves a uno que contesta todas las preguntas y exterioriza cuanto contempla y da noticia de todo cuanto aprende, sabe que es un ignorante

¿Quieres saber lo que vales para El? Fíjate en qué te emplea.  

Lo mejor que puedes pedirle: ¡lo que El pide de ti!

Puede que al colmarte Allah te prive y que privándote te colme. Pues si privarte te abre la puerta de la inteligencia, la privación es un regalo. 

¿Aspiras a un poder que no perece? No te apoyes en ningún poder condenado a su extinción.

Cuando El te pone una súplica en la lengua es que te la quiere conceder.

Devotos y ascetas se asustan de todo porque todo les aparta de Allah. Si Le vieran en todo no se asustarían de nada. 

La oración purifica los corazones y abre la puerta de lo incognoscible. 

Como cortesía para contigo te atribuye lo que El mismo crea.

A veces las aflicciones te darán más que el ayuno o la oración. Las aflicciones son un desfile de regalos.

Para enseñarte a apreciar Sus favores te hunde a veces en las tinieblas: el que no aprecie los regalos recibidos ¡Ya los echará de menos cuando se les retiren!

Enfermedad intratable: cuando la dulzura de la pasión manda en tu corazón. Sólo una amenaza temible o un deseo angustioso echan del corazón a la pasión. Igual que no Le gusta una acción compartida, tampoco quiere compartir el corazón: la acción compartida, la rechaza; el corazón compartido, no lo visita.

 

¿Te parece que tarda El mucho en dar por terminada tu aflicción? ¡Mira pues con cuánta lentitud te vuelves tú hacia El!

Lo que has perdido de tu vida es insustituible pero inestimable es lo que has ganado de ella.

Ni tu obediencia Le favorece ni tu desobediencia Le perjudica. Si te impone aquélla y te prohíbe ésta,  es por lo que una u otra te van a dar a ti.

Termina Su favor para contigo al darte lo que te basta y quitarte lo que te habría descarriado.

Que sean menos tus motivos de gozo y menos serán también los de tristeza.

El que se proclama humilde es el verdadero orgulloso, pues sólo se puede ser humilde en relación a una grandeza. Atribuirse a sí mismo esta grandeza es ser verdaderamente orgulloso.


 

                                                                              Del libro de la sabiduría (Al-Hïkam) de Ibn Atail-Lah

 

 


 

El Corán es el grito del despertar del hombre. No adula al ser humano. Lo zarandea para despertarlo.

En función de su propio miedo y esperanza, el nafs separa, segrega la realidad, que es un Todo unido en sí misma. Y lo hace para poder ubicarse en ella como algo separado del Todo.

Un principio de Derecho islámico es: "Un daño no se elimina con otro daño".

Hay tantos maestros y vías como sufis. Tú aprendes de tus propios pasos. No hay conocimientos absolutos. Lo que quiere el maestro es poner en funcionamiento al discípulo y luego desaparecer. Decía Ibn Ayiba que un maestro es el que hacía descansar a su discípulo.

La  baraka es fecundidad de las cosas; es algo fundamentalmente material. No puede traducirse por "bendición divina".

Tú actúas y surge Allâh.

Nos relacionamos con la materia, con lo inmediato, como nos relacionamos con Allâh. La materia es la inmediatez de Allâh.

La extinción tiene lugar cuando te das cuenta de que sólo existe Allâh. Tu resurección (baqá) tiene lugar cuando se te hace saber que Allâh se manifiesta gracias a ti.

En la acción está el contenido secreto.

Pensar sólo lo suficiente para iniciar el camino, para ponerse en marcha. El camino no es saber sino actuar. El conocimiento no es una premisa sino una consecuencia de la búsqueda. “Quien actúe según sabe será obsequiado con lo que no sabe".

Todo lo que existe realiza la voluntad de Allah por el mero hecho de existir. Allah no es un ser añadido a la existencia.

El tiempo es una espada, decían los sufis, que va rasgando los velos de la existencia. Existir, vivir, desenvolverse en el cosmos, actuar según la naturaleza que nos es propia, es ir rasgando velos.

Dice un proverbio sufi: “Aquel que no tiene maestro tiene por maestro a Shaitán.

 Un hálito es una muerte y una vida. En cada respiración morimos y resucitamos.

Allâh es lo real. El universo es mágico, pues carece de sustancia si no es Allâh.

La Creación no es un acto del pasado del cosmos. La Creación es sólo la acción desde Allâh. El hombre se cree que actúa, pero sólo actúa Allâh.

El danb no debe traducirse como "pecado" sino como "transgresión de la propia naturaleza".

Si viéramos cuando vemos, si oliésemos cuando olemos, no necesitaríamos del sueño para comprender aquello que estaba delante de nuestros ojos pero no hemos sabido ver. El sueño de un hombre sano es como el revelado de la fotografía que se tomó despierto: es cuando todo lo que ha sido percibido sin conciencia de estarlo percibiendo se nos manifiesta.

 La palabra es asumir el sentido del silencio.

El ateísmo en el Islam es completamente artificial, porque es declararse negador de la sensación y la existencia. ¿En qué cree un ateo cuando ha acabado su trabajo de demolición de Dios? ¿En sus hijos? ¿En el amor? ¿En el color de las cosas? ¿En su capacidad de razonar?  ¿En la belleza del mar? Pues es exactamente en lo que creemos los musulmanes, y a todo ello le llamamos Allâh.

En la cultura occidental lo simbólico carece de valor. La interpretación se presenta como una violencia contra el texto.

El Islam es tan sólo sentido común.

El musulmán es musulmán con su cuerpo.

En cualquier caso, si es posible una teología islámica, nunca será como la cristiana que ha sido más generalmente aceptada. En el Cristianismo te salvas si aceptas una serie de dogmas, en el Islam lo importante es abrirte a Allâh y llegar a donde llegues. No se trata de llegar a la Verdad, de conocerla, de poseerla, y de imponerla. Sino de estar en continuo acercamiento a esa realidad, sin que de ella sepas gran cosa aparte de que la buscas y que te importa más que tu propia vida.

"Musulmán" quiere decir "pacífico". El musulmán es solamente aquel respecto al que su vecino puede estar tranquilo.

La idea del destino aparece en el Islam no para angustiar al hombre sino para crear ese sentido de calma propia del Islam.

Tener consciencia de Allâh es ser terriblemente consciente de cada instante.

Toda estructura viva es un modo de conocimiento.

El sufi busca tener conciencia de su muerte a cada instante, y se entrena mediante la hadra. La muerte es para él una realidad cotidiana. El sufi busca controlar ese momento, descubrirla en todo lo que sucede, para comprender cómo tiene lugar su renacimiento continuo.

La enseñanza de la muerte en el Islam es la de la existencia de un poder superior al tuyo. Allâh mata -es el Qahhâr ("el Reductor")- para que el ego del hombre no le sea un contrincante. El Qahhâr en ti es el que destruye en ti lo que te separa de los demás, esa nafs tomada como realidad absoluta.

Shaytán: Es la personificación de la ilusión.

Malvado: En árabe para referirse a este tipo de seres autodestructivos que destruyen, se emplea un término que mezcla en sí las ideas de "injusticia" (Dzulm) y "tinieblas" (Dzulm). Dzalim sería algo así como el "entenebrecedor de sí mismo", el que entra en las tinieblas con su acto injusto. El que se retrotrae a la nada antes de ser sacado a la luz.

 Nadie dice de sí mismo que es "sufi" sino mutasawif  (aspirante a ser sufi).

El concepto es la aguja que le clavamos a la mariposa para integrarla en nuestra colección de "cosas". La inteligencia (`aql) es al mundo humano lo que la `aqala a los camellos: su atadura.

El niño ve lo que hay, porque no hay diferencia entre lo que ve y quien lo ve. En la medida que se hace adulto, puede explicar más lo que percibe pero percibe menos.

Los prisioneros de guerra, en los primeros tiempos del Islam, si enseñaban a leer a diez musulmanes, eran liberados. Hay un signo en esta norma de conducta, y es que eres un prisionero mientras no enseñas lo que sabes.

El Conocimiento es dar existencia a todo el universo de Allâh en ti. Reproduces el acto creador a la vez que aprendes. Te conviertes en "El que da forma" cuando conoces. Tienes que aspirar a que tu conocimiento cree la existencia entera. Conociéndolo todo, todo lo integras y te conviertes en recreador del acto de Allâh en tu propio universo.

El Islam es amoldarse a lo que Allâh ha revelado. Todo lo que existe es Revelación de Allâh. El Islam es hacerse Revelación. El resultado del confiarse a la acción en el musulmán es que su búsqueda no es obsesiva, como sí lo sería de ir por su cuenta.

Si Allâh se muestra en su unidad, destruye lo múltiple. Para posibilitar al individuo se oculta en el corazón del sabio.

Cristo es un Dios que se hace hombre. Buda es un hombre que fue hecho Dios. Muhammad es un hombre, nada más.

El sufi realiza el proceso que le lleva a ver a Allâh en todo. No filosofa que todas las cosas son Allâh. Entre otras cosas porque no es verdad: las cosas son las cosas y Allâh es Allâh. Para el sufi, en ciertos momentos, las cosas desaparecen, es cierto, y sólo ve Allâh. Eso no quiere decir que las cosas no sean reales. El ejemplo está fácil: tan real es la materia que se ve, como los átomos que no se ven: son diferentes niveles de comprensión de lo real.

Los musulmanes dejan a Allâh en su esencialidad. Sólo pretenden descorrer el velo. Un velo que no existe. Hay una tradición sobre esto: "Llegué a las puertas de Allâh... ¿Cuál será la llave?... No hay llave, esa es la llave".

Shaitán existe desde que existe el miedo. Son los miedos del hombre, los que le alejan de Allâh. Porque la Creación no es motivo de miedo. Es el nafs del hombre que debería de pasar a otra dimensión de nafs y no lo hace, el que le produce el miedo. No existe el Shaitán sin el hombre. Elimina el nafs y se eliminan los miedos, y con ellos a Shaitán.

Lo que nos parece malo ha sido creado por la rahma de Allâh. Desde el punto de vista del hombre, el mundo no se entiende. La rahma es lo que genera lo creado, al margen de que le convenga al hombre o no. Las serpientes, las epidemias, las tormentas han sido creadas por la rahma de Allâh.

"Allâh gobierna el mundo sin rozarlo", dicen los sufis

El musulman no tiene fe. No la necesita. Si cree en el malakut es porque lo experimenta. No es fe lo que nos pide el Islam porque Allâh está dentro  de tu propia memoria. A Allâh no se lo piensa ni se lo descubre, se lo recuerda. El nacimiento del nafs ha hecho al hombre olvidar a Allâh. Este alejamiento necesario de Allâh hace posible el mundo. Volver a la infancia -"sed como niños", decía Isa (a.s.)- es volver a Allâh, porque Allâh es la realidad de la que partimos antes de reconocernos por nuestro nafs.

El salat tiene una consecuencia inmediata, física, corpórea.

Yihad: Si luchas por tu propio bienestar estás haciendo Islam. Porque tu felicidad -si eres mu'min - es constituyente de Islam.

El conocer del musulmán es un acto de amor por cada una de las cosas creadas y sus relaciones, es por eso que el órgano del conocimiento es el corazón.

O penetras en el Corán porque te has convertido en algo sutil o estás "interpretando" el Corán. Lo que debemos hacer es descubrir los significados del Corán por ensoñación, no por elucubración.

Dolor: La ley de desenvolvimiento del Todo se sirve del dolor para hacer pasar a una criatura de un nivel de comprensión a un nivel más amplio. La crisis es el momento en que la criatura comprueba que las dimensiones de nafs en que se movía no le es útil ni se adecua a la realidad. Todo aquello que rompe tus seguridades, lo que percibes como quiebras de conciencia, es lo que puede moverte a Allâh.

El agua es rahmatullâh, por eso debe estar en contacto con el muerto. En el enterramiento musulmán al muerto no se le pone lápida.

"Absolutamente inmediato a la existencia, absolutamente remoto a la razón". La razón no es el órgano de la comprensión en el Islam, sino el corazón.

Postrarse en suyud es dejar que se revelen las cosas.

Allâh sólo habla con Muhammad. Muhammad es mucho más que un hombre histórico. Es un misterio del ser del mundo: el ser capaz de recibir la Revelación. Cuando Allâh quiere hablar con un hombre le pregunta en qué parte de su corazón está Muhammad y a él se dirige. Eso tiene lugar en la cueva de Hira del corazón de cada uno, en esa parte donde te refugias del mundo y puedes contactar con tu naturaleza original.

Taÿrid: Acción por la que el sufi renuncia a todo excepto a lo que le sugiere su corazón. Se ha traducido normalmente por "desapego". Un mutayarrid es un abandonado a Allâh.

Allâh no es un concepto; es esa permanente tensión a la que es sometido el musulmán.

Allâh le preguntó a Dawud por qué le veía siempre solo. Contestó el Profeta "porque quiero apartarme de lo que me aparte de ti". Y le contestó Allâh: "Entonces busca buenos hermanos que te recuerden a mí. Ése es tu retiro".

El salât de noche es más efectivo. La noche es el momento en que a nada puede uno aferrarse, y facilita el abandono a Allâh.

A Allâh no podemos manipularlo mediante conceptos. Mutakal-lim, teólogo, es textualmente en árabe "un hablador", un charlatán.

Una de las cualidades del Jardín es ser un lugar donde "no se oyen palabras vanas". (Sura al Gâshia).

El problema del ser humano es su aislamiento. Los éxitos nos aíslan porque creemos que nos los debemos a nosotros mismos. La desgracia nos conecta con Allâh. "Conozco a Allâh cuando me contraría", decía un sufi. Ciertamente, las desgracias te "descentran", pero por eso mismo te sacan de ti y te acercan a Allâh.

El Islam no se ofrece como una filosofía, como un pensamiento, sino que se configura como una senda para comprender la unicidad de Allâh, que no se ofrece como un dato a la inteligencia sino como el resultado de un proceso en el que tu ser completo cambia. En este proceso sirve todo aquello de otras tradiciones de pensamiento que contribuyan a abrir nuestra comprensión mental, como parte fundamental que es del hombre, es aconsejable.

No contemplar tu generosidad como un acto meritorio, no ser consciente de que estás siendo generoso es auténtica generosidad. El musulmán es un disfrutador de la generosidad de Allah en su existencia cotidiana. Él es el único que es generoso, porque sólo Él es absolutamente el derrochador de sí mismo.

Siempre lloramos al salir a una expansión mayor. Lo hicimos cuando nacimos: nos daba miedo salir del útero al mundo, y lo volveremos a hacer con la muerte. Toda expansión nos hace temer por nosotros.

No hay límite al conocimiento del hombre, puesto que su objetivo es en definitiva el Conocimiento de Allah en el mundo, y Allah es el que estructura las cosas. El Conocimiento no es laico o sagrado. Es sólo Conocimiento. Todo Conocimiento es conocimiento de Allâh, porque Allâh es lo Evidente. El Conocimiento es una virtud, no un logro. Para actuar, no se nos exige un saber, sino valentía y coherencia respecto a lo que sabemos.

Kufr, encerrarse en sí mismo, empequeñecerse, verse a sí mismo independiente del Todo, estar desconectado de la vida. Confiar en cosas que no tienen a su vez entidad propia. Al kafir su confianza en cosas sin entidad lo convierte en idólatra. La conciencia de ser diferente del todo mantiene al hombre en la angustia de la separación. Ése es el infierno en vida.

El Islam se parece menos a una religión que a un pensamiento comunitario, una filosofía social. Pero, claro está, no se concibe al hombre sin su apertura a la trascendencia. El Islam es una comunidad con sentido de trascendencia.

Filosofía de la lengua árabe: En árabe se empieza por un verbo, siempre en singular. El sujeto en árabe es una adherencia a la acción, una justificación a esa acción, para justificar lo múltiple. A veces, después del verbo en singular viene un sujeto en plural.

Silencio: Llegado a un punto, hasta el árabe es un estorbo. El sufi debe abolir el silencio y que hable su acción, porque Allâh es pura acción.

Salât, derivado del verbo yaslâ ("arder") .

Hayy: El hayy es el viaje al límite, al límite de lo humano, al límite de las fuerzas, al límite de sí mismo. Es física y psíquicamente una experiencia de extinción.

Dice el Corán que "Allah ha puesto en el hombre un solo corazón". El corazón de un pueblo es su profeta.

El Islam es abrirse; no morirse en torno a una idea, como ocurre con la de Pueblo Escogido.

"La shahada la llevan todos los seres escrita en la frente", dicen los sufis. Pero quien no haya perdido la inocencia no tiene por qué hacerla para ser musulmán.

Dice un célebre hadiz: "No me contienen el Cielo y la Tierra, pero me contiene el corazón del hombre".

Wa nuyássiruka li l-yusrá (sura 87)  ("Te haremos fácil un camino para lo fácil"). Decía lao Tsé: "El camino recto es llano pero la gente vulgar prefiere los senderos escarpados". Es el ser humano el que hace complicado lo que es fácil: el contacto con Allâh. El acceso a Allâh es lo más directo, lo más fácil, pero preferimos construir -entre Allâh y nosotros- ídolos. Un ídolo es algo que se interpone entre cada uno de nosotros y Allâh, y nos complica la vida obligándonos a adorarlo.

Dice un conocido hadiz: "Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor".

El sufi es un hombre muy realista. Se sitúa en su nivel de la realidad y es coherente con lo que éste le exige.

Cada cosa existente te interpela con lo que es.

En árabe no hay palabra para "salvación". Nadie se "salva" en el Islam. No se comprende de qué hay que salvarse.

El peor de los ídolos es la muerte. Es el ídolo definitivo. En el que creen los que no creen en ningún ídolo. Pero la muerte no es un hecho real. Lo único real es Allah. La muerte no es verdad.

Tienes que morir en cada acción.

En árabe, hiyab significa "velo" y "amuleto". ¿Qué hay de común entre uno y otro? Que ambos son cosas que se usan para protegerse.

No es en la ausencia de Allah en lo que vives, sino en tu propia ausencia.

Solamente habrá una sombra, la sombra de Allah, en esa explanada expuesta al sol de tras la muerte.

También un nombre de Allah es ad-dar, "el que daña"... ¿Sigue gustándote tu aceptación del Islam? Si tienes intereses en tu creencia, el Islam no es tu camino.

El aparato intelectual es válido únicamente si cumple la función de la ignorancia, es decir, si es demoledor de certezas y no te permite atrincherarte en él frente a la vida.

La espiritualidad del Islam no te hace descansar en una vida ostentosamente austera. El objetivo es llevar una vida normal, porque el Islam ha venido "a hacer fácil lo que es fácil".

Erudición: Hay dos niveles: el del que piensa que no es él el que actúa, sino Allah; y el del que lo vive, lo experimenta.

Cuando te digan de alguien que bebe, que juega, que es amanerado... siempre que busquen de ti una opinión sobre el comportamiento de alguien, contesta: "Deja a las criaturas en manos de su Creador".

Dice un hadiz que una piedra alaba a Allah... ¿cómo si no habla? Su existencia es su palabra.

Islam son los actos que realiza el musulmán sincero. Lo que hace un buen musulmán es Islam.

La mujer musulmana es invisible desde Europa, no es invisible en su propio universo, en tierra islámica.

El Islam es seguir la corriente de la vida.

El Islam es destruir ídolos, abrirse al cosmos, quitarse los propios límites. Borrar aquello que te encierra para que le pierdas el miedo a la inmensidad de Allah.

Ni tus aciertos ni tus errores importan. Lo importante es ese centro tuyo que se ha despertado y que busca una dirección.


 

                               Recogidos por el discípulo de un importante shaij norteafricano vivo. Tomados de webislam.com

 

 

 

 

GLOSARIO BÁSICO:

 

Nafs: Intraducible, por el propio dinamismo de la lengua árabe que en un mismo término lleva implícitas ideas contrarias, lo más parecido en castellano sería ego, pero un ego que, como conciencia, debe ser fuerte, y a la vez debe aniquilarse para conocer la Realidad de la Unicidad de todo lo existente.

 

Salât: Oración. Uno de los pilares del Islam establece la obligatoriedad de hacer oración cinco veces al día, de manera que siempre esté presente en la vida del musulmán el recuerdo (dikra) de lo que de verdad  es importante en esta vida.

 

Hayy: Peregrinación a la Meca. Es otro de los pilares básicos del Islam: que todo musulmán, siempre que sus medios y su salud se lo permitan, vaya al menos una vez en la vida a La Meca.

 

Yihat: traducido en occidente como “guerra santa” en el sentido de luchar contra los no creyentes para imponer la creencia, aparece aquí en su verdadera dimensión: la lucha interior por la perfección.

 

Zakat: Impuesto de purificación. Es otro de los pilares básicos del Islam: cada musulmán, siempre que el umbral de su renta anual sobrepase un nivel establecido, debe dedicar un 2 % de su riqueza a labores de beneficio social (mantener escuelas, hospitales, mezquitas…, o dárselo directamente a personas necesitadas)

 

Shahada: Profesión de fe en un Único Dios y en Muhammad como su profeta. Otro de los pilares básicos del Islam

 

Ramadán: El mes sagrado en el que todo musulmán se abstiene de comer, beber, fumar y tener sexo desde que sale el sol hasta que se pone. Es un mes lunar, por lo que va cambiando dentro del calendario solar de occidente. El musulmán lo vive como algo placentero y le ayuda a ser dueño de sus sentidos y a purificar su cuerpo (incluso en sentido físico). Es otro de los cinco pilares del Islam.

 

Shaitán: Satán. La Maldad. En la visión del Islam, nada es ajeno a Dios; Shaitán tampoco.

 

Kafir: No musulmán.

 

Suyud: postura, dentro del salat, en la que se postra la frente en la tierra

 

Hadiz: dichos pertenecientes, por tradición, a la sunna (vida y conducta del profeta Muhammad). Están clasificados en distintos grados, según la confianza que ofrecen de ser auténticos, dependiendo de la vía de transmisión por la que se han conservado.

 

Sura: cada uno de los capítulos del Corán. Cada sura está dividida en aleyas (versículos).

 

Shaij: maestro espiritual que ha alcanzado un grado de Conocimiento al que los demás aún no tenemos acceso.

 

Isa: Jesús de Nazaret. Otro de los grandes profetas que el Islam tiene como suyo. Tambien lo son, por ejemplo, Musa (Moisés), Ibrahim (Abraham), Suleimán (Salomón), Adam (Adán)…


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JOSÉ ANTONIO VÍLCHEZ

El espejo refleja el collar luminoso y la espada del poderoso. "GRAÁLICO"

 EL GRAAL. (que no Grial como ahora lo denominamos) es evidente que gira alrededor de un centro pues es un recipiente de transmutación y recogida de sustancias. Este tema y esta pieza han dado lugar a libros, ensayos, e incluso operas, relacionado con mitos como Perceval, el Rey Arturo o los caballeros de la mesa redonda.

Dejando aparte las leyendas, daremos guías para localizar la tradición, que aunque a algunos le cueste creer no es originaria del cristianismo.

Lo que sí es cierto es que el “Graal” tiene un trasfondo etnográfico incluso dentro del  esoterismo islámico, con arraigos dentro del orientalismo, del Hinduismo, Budismo. Taoísmo y Sintoísmo. Ni que decir tiene que, aparte, existe un valor literario y poético de este “enigma”.

En algunas de las sociedades primitivas ya había un sentido de iniciación que entronca con el “Graal”, es decir, al postulante se le daban informaciones erróneas como si fueran exactamente ciertas. Esto tenía el objeto de que él por sí mismo buscase la verdad.

En otros casos la información que se daba no era realmente la falsa, pero sí era susceptible de tener dos soluciones. No es el “Graal” el único objeto sacralizado; existían y existen los llamados “vasos nutricios”. Busquemos en las tradiciones populares:

La leyenda del “Graal”no es ni más ni menos que la existencia ideal de un objeto mágico. (Tendremos que buscar la realidad).

El entroncar este sentido de unir el “Graal” (objeto mágico) a la existencia ideal: la realidad sustancial, puede venir derivado de la costumbre judía.

El “Graal” en el catarismo, con tradiciones Indo iraníes, tenía su origen en los mismos “Apocalipsis” Al contar que las estrellas cayeron con los Ángeles y se transformaron en objetos preciosos. Esta gnosis encerraba a los Ángeles en dichos objetos, gemas y piedras preciosas. Nada de esto es una novedad, pues ya conocemos como los astros, las almas y las gemas están tan vinculadas en la astrología.

Por otra parte el “Graal” se funde totalmente con la búsqueda de la “piedra filosofal”.

¿Qué misterio encierra el significado de la palabra “Graal”? Indaguemos: Viene derivado del latín “Cratalis” que tiene su parentesco con la griega “Crater”. Aún, en ciertas regiones, siguen utilizando su antiguo significado “Grazal”, esto es, copa o lebrillo. Coincide con la expresión de objeto nutricio. Señalando sus efectos de Cuerno de la abundancia. La copa que vierte constantemente. El cinturón mágico.

No es de extrañar que se fundiera una corriente Céltica con otra Iraniana y Mediterránea, y esto dio paso, al mezclarse con un sentido espiritual y religioso, a una sacralización.

Esto hace que distingamos los ritos naturalistas de la fecundidad, el amor como fuerza motriz y las religiones.

La curiosidad de la lanza que hiere el costado de “Cristo”.

1ª transformación.

El “vaso nutricio” en la copa de la transmutación de la última cena.

2ª transformación.

En la misma copa se recoge la sangre de “Cristo” por José de Arimatea en presencia de María Magdalena.

3ª transformación.

 La historia del “Graal” encierra un grado de esoterismo profundo, a Él solo llegan los que alcanzan un alto grado de perfección. En resumen todo cuanto atañe al “Graal” y a su simbolismo es de una naturaleza esencialmente iniciática.

Existe toda una organización muy esparcida y con todos los caracteres de una gnosis iniciática profunda y muy secreta, que mantiene viva la tradición del “Graal”  heredada de otros principios gnosticos de la antigüedad.

Es indudable que sobre este tema y esta organización hay textos lamentablemente desconocidos, no encontrados o perdidos para todo aquel que no sabe ver ni leer.

Lo indudable es que, al margen de esos escritos, lo que hay es una fuerte y segura tradición oral llegada hasta nuestros días.

Últimamente podemos encontrar, reuniendo cuanto del “Graal” conocemos por los escritos aparecidos, que hay como una especie de fusión en un momento histórico del pasado en el que se unen dos tradiciones similares: la de la leyenda del eterno retorno céltico y la que, con el trasiego humano de los caminos esotéricos, recibe de la tradición oriental.

Más tarde, mucho más tarde, la iglesia recoge, como siempre, las ancestrales motivaciones del ser humano hechas manifestaciones y las recrea haciéndolas suyas. Este es el momento de hacer surgir el “Cáliz”, el objeto “Graálico” de la copa y la sangre.

Es prácticamente imposible conocer la fecha en que ambas uniones se producen; la céltica-oriental y luego la de aquellas con las religiones. (Esta fecha es conocida solo por aquellos a los que el maestro les ha hablado). La tradición Céltica tiene todas las connotaciones iniciáticas del “Druidismo”. Lo que es históricamente cierto es que en el Medioevo este culto céltico era una realidad y la iglesia había ya absorbido gran cantidad de él para formar parte del “esoterismo cristiano” y aquí hay que hacer un claro distingo, pues eso no es lo mismo que “cristianismo exotérico” Hay que tener clara diferenciación entre “Esoterismo” y “Exoterismo”. Es el “dentro” y él “fuera” lo “interior” y lo “exterior” del individuo o individuos. Las iglesias, las sectas, las asociaciones, las órdenes, nunca pueden representar ese “Esoterismo”, son siempre “exotéricas”. El “esoterismo”, por lo contrario nunca es religioso. Por eso cuando se quiere llegar a la raíz, al nacimiento del llamado “secreto del Graal” hay que recurrir únicamente a los grupos espirituales, emanadores de todas las iniciaciones.

Antes de entrar en una pequeña síntesis de la historia del “Graal” insistiremos  en que en él se da por principio, el símbolo universal de la copa o el vaso que pertenece a todas las tradiciones. Y estos símbolos son universales porque su vigencia viene de la tradición universal, “primordial”. El hecho de la existencia del “vaso de la abundancia” de las antiquísimas tradiciones, incluida la céltica de que antes hablaba, y el del “Graal” no tienen ninguna diferencia esencial. Tan es así que de principio son la misma cosa. Igualmente tenemos que nombrar el otro símbolo integrante de la leyenda del “Graal”; la lanza o la espada,  que no son más que la mítica representación del eje del mundo. Es el caduceo o el símbolo del cetro, tanto en imágenes religiosas, como en la de los monarcas.

Hay otra cuestión cual es “la demanda del Graal” que define lo que en todas las tradiciones gnósticas encontramos, esa “cosa” o “algo” que ha sido perdido o escondido en un determinado momento histórico y que solo le es dado encontrar a los auténticamente iniciados. Estos serían los casos del “paraíso perdido” o del encuentro del “paraíso terrenal” logrado por Set para recuperar el vaso único, que otros tuvieron después de él. La famosa “fuente de la juventud”. Y cómo no, la búsqueda de la “piedra filosofal” en la que los alquimistas tuvieron tanto que ver.

 Existe una tradición que pretende poner fin a la historia del “Graal” o a su búsqueda diciendo que ha desaparecido de la tierra al ser arrebatado hacia los “cielos” o llevado al mítico “reino del preste Juan”. Sobre este nombre o el de “Jean” recomiendo hacer averiguaciones, y encontraréis unas revelaciones muy interesantes y clarificadoras sobre las principales figuras humanas de instituciones muy poderosas en la actualidad.

Se dice ya que el “Graal” no se ha visto más, “claro que no se asegura que nadie pueda volver a verlo”.

Explicar la leyenda del “Graal” de un modo didáctico, sucinto y en cronológica síntesis es imposible. Esta imposibilidad nace de que en ella se encuentran entretejidas una serie de oscuros símbolos y metafísicos significados. Es la idea del “señor del mundo” del “Rey de Reyes” o de “la Majestad del mundo”. En Él están implicadas las historias de las islas misteriosas como la de Apolo, llamada “Avallón”, o la de “Thule” de los griegos. Es la isla de la altura misteriosa de la ciudadela del Sol. Y llegamos a la “Isla blanca”, “La isla del fin del mundo”. La historia del “Vellocino de oro” y “Los argonautas” y el Esotérismo de la salida de los laberintos de Dédalo. En el medioevo encontramos al “Preste Juan” y los “Caballeros del rey Arturo” o la “Tabla redonda”. “EL Preste Juan” es un titulo dinástico, pues hay una estirpe de Juanes “prestes” como la hubo de David. Es un nombre que encierra en el mundo esotérico un “lugar primordial”. Es el lugar donde está el “árbol”. Es el lugar de la “Figura arbórica” de la “Ciencia del bien y del mal”, el “Árbol de la vida” el de la “victoria”, el de la “luz”, árboles personificados que hablan, ayudan o aprisionan al hombre. La figura del “Rey Arturo” y la del “Rey del mundo” tienen una misma realidad. “Arturo” está relacionado con “Arkthos”, y el “oro”. Esto es la mítica solar de las constelaciones, es la “polar”, es decir el “centro”

Esta fabulosa leyenda del “Graal” tan sólo puede comprenderse recogiendo todo el bagaje histórico-mítico de la humanidad. Es el producto de esa “Sobrehistoria” que trasciende al hombre, y lo traspasa en el tiempo. De ahí que todos los que quieran ver en esta leyenda del “Graal” una leyenda nacida del cristianismo estén en un grandísimo error.

Este tema del “Graal” lo encontramos también en otras religiones y lugares, en él “Coran” aparece “El árbol de la vida” o “El árbol de la luz” citados por Zohar con referencia a la conocida “Sura de la luz”. Es la “luz sobre luz” que nos dice él coran. Nos encontramos con la mítica montaña “Qäf”. Todo un simbolismo, identificado geográficamente con el cáucaso, es la montaña que bordea la tierra y sirve de centro, de eje a la misma. Por otra parte es inaccesible al hombre, pues lo impide una región que los mortales no pueden cruzar. No puede, pues, llegarse a ella ni por mar ni por tierra. Esta montaña es de esmeralda y en ella se haya la roca de jacinto rojo. Sobre ella se posa “El ave del espíritu” y más allá tiene su morada el “ave fénix”. Con relación al símbolo de la roca tenemos para los árabes la más importante: es la que guarda la “Cúpula de la roca” en la mal llamada “Mezquita de Omar” en Jerusalén, que se alza precisamente en el lugar donde estuvo emplazado el “Templo de Salomón”. Allí está “La piedra del fundamento” de la religión hebraica. Esta piedra es la que se asimila al “Betel”, la bíblica piedra de Jacob. La roca que para el Islam queda identificada en el conocido “viaje nocturno” o el “Al-mi-rag” del profeta. Todo él no es más que un viaje de iniciación, primero el de la Meca a Jerusalén y el segundo la ascensión del profeta a los cielos desde esa roca. Es decir el primero equivale al viaje iniciático y el segundo al ascenso a los estados superiores del ser. Toda una expresión “Graálica” que es necesario meditar.

 

Dentro de las tradiciones Orientales seguimos encontrando el tema “Graálico” con insistencia lo mismo en el “hinduismo” como en el “budismo”, el “taoísmo” o el “shintoísmo”. No olvidemos que existe una tradición sobre el “Graal” que nos cuenta que, ante la poca veneración que tenía en Occidente su mensaje, se alejó de él para asentarse en Oriente, eligiendo la India para ello. Esto nos descubre una ligazón muy significativa entre el “Graal” y la India. Está clarísimo el paralelismo entre el vaso hindú el “Samudrá”, que contiene la “Soma”, el sagrado néctar de la sangre del “Dios Viviente”, Agni Dios del fuego, es idéntico al del “Graal” conteniendo la sangre del Cristo. Otra imagen “Graálica” es el ave solar de Vishnú que es “Garuda”, la que atraviesa la rueda de acero bruñido que guardaba la “Soma” apoderándose de él, y se lo entrega a los dioses y a los hombres. Por otro lado tenemos una directísima historia “Graálica” arquetípica en la imagen mimética del vaso de sacrificio que está lleno de la “Soma” y el “Santo Caliz” que no es más que la copa del “Asura”, también “Cuenco del padre Titan” que nos menciona el “Rig-veda”. Podemos añadir sobre ello que precisamente las virtudes que posee la “Soma” son las mismas que las del “Graal” de nuestro Medioevo. Son muchas las relaciones que imbrican al hinduismo con la tradición “Graálica”, que es solamente una relación de personas, historia y hechos que se relacionan con otra mitología exterior.

Siendo la tradición budista una herencia del hinduismo no es de extrañar que aparezcan en ella los mismos símbolos arquetípicos que en ésta. El mismo símbolo del “Chakra”, el disco del sol o la rueda que aparece en el budismo, en la forma de “Rueda del Dharma”, que no es otra que la “Rueda de Ley”. El centro de esa rueda es la “Verdad Absoluta” o principio y fin, origen y final. Es la “tierra pura” equivalente a la “Isla de los bienaventurados”. El paralelismo “Graálico” más significativo del budismo es el “patrapatta”, que es la celebre escudilla con la que mendigaba Buda. En los dos casos la imagen “nutricia” es evidente y el símil del objeto, el mismo.

En el caso del Taoísmo éste es portador del vaso que contiene “El agua de la vida”, conocido también “Como el néctar de la Inmortalidad”. Otra semejanza la tienen con el Jade, símbolo solar que tenía una piedra circular, perforada en su centro. El emperador a través de ese orificio, entraba en contacto con el cielo. Todas las exploraciones “Graálicas” se reducen a poder alcanzar ese “Elixir de oro” o llegar a “Kuan-Lun”, la “Montaña Santa” o bien la “Isla de los bienaventurados”. Todo ello supone conquistar el “Graal” porque lograrlo en realidad es conseguir el “Tao”.

Al llegar ya al “Shintoísmo” nos encontramos que el “Graal” se personifica en los “tres Divinos Tesoros” conocidos por tradición oral desde la noche de los tiempos cuando el “Pensamiento Anterior” dio lugar a la “Creación del Conocimiento Posterior” Y estos son. : {El “Espejo Divino” o “ Yata-no-kagami”. Es en realidad “La fuente de la vida”, es el equivalente a la copa en la que se ve el mundo entero. Este espejo se esconde en un cofre y está guardado desde milenios en el “Gran Santuario de Ise”, que es la montaña donde el templo se asienta. Los paralelismos “Graálicos” no pueden ser más perfectos}; {El “Collar de joyas curvas, siempre brillantes”: es el segundo de los objetos que forman parte del “triple tesoro imperial”. Son una serie de piedras preciosas en forma curvas y todas parecidas a las dos partes del “Yin” y el “Yang”. Se pueden considerar “Piedras Solares”. No olvidemos que la piedra y el sol son las imágenes del “Centro”. Fueron hechas por el “Kami” celeste. Se definen por lo tanto como piedras celestiales. Es en esta imagen sobre todo donde hay una coincidencia “Graálica” primordial, pues en tradiciones medievales se nos dice que es “Lapis ex Coelis”, esto es piedra del cielo}; {El tercero de los tesoros es la “Kurangani”, espada sagrada que se identifica con la lanza medieval de la tradición “Graálica”. Es pues en ese “Senshuno-Jingi” de los los tres tesoros donde se encuentra la “Graálica” “Cinto”. En esos tesoros es donde se esconde todo lo “Graálico”.

 

EN EL VERDADERO CAMINO DE LOS “KAMI” ES DONDE ENCONTRAREMOS EL VERDADERO CAMINO “GRAÁLICO”

 

( Al aceptar la misión que se me ha encomendado, soy plenamente consciente de los peligros del camino, la “Copa” que he de beber será “Amarga” y puede que mi naturaleza humana quiera retroceder).

 Alef de Elviria.

 

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CARLOS TORRES

Juan García Ponce y sus críticos

Conferencia sustentada en la Playa del Carmen

24 de octubre de 2004

 

El espectáculo de un escritor que continuamente está ofreciendo al público libros ya es de por sí interesante. En términos más o menos técnicos, eso se llama tener una vocación firme y nuestra época, veneradora de la cantidad, celebra apriorísticamente dicho fenómeno, contra el cual sólo un prurito de censor extremo, fundamentalista, podría exigirle a un autor prolífico que acompañara su exuberancia con una razonable calidad. Sin embargo, ¿qué tribunal podría ofrecer un fallo inequívoco sobre la calidad literaria, cuando observamos con harta frecuencia que la literatura se adelanta a la época en que fue escrita y que, por el lado contrario, muchas obras e incluso autores enteros que en su momento gozaron o toleraron una fama desmedida, pasan a ser patrimonio de la más fría erudición, la que deslumbra en tanto esfuerzo investigativo pero que poco o nada les dice a los lectores y críticos de un período histórico, mismos que, como sabemos, junto con los autores configuran el sentido profundo de esa misma época, si admitimos que es el pensamiento la potencia que dibuja la verdadera fisonomía de las etapas históricas?

Ese tribunal infalible, como ya se ha insinuado, como ya lo puntualizó insistentemente Jorge Luis Borges, resulta ser el tiempo, que coloca a ciertas obras en la categoría de clásicas; es decir, de productos artísticos cuyo valor ya no está en discusión, pero de las cuales se pueden discutir muchos aspectos, hasta el grado de que alguna de ellas, como ocurre con Muerte sin fin, permanezca olímpicamente inexpugnable, a pesar del entusiasta asedio de las mentes más brillantes y sensibles de nuestra época.

Pues bien, en la obra de Juan García Ponce tenemos una admirable conjunción de exuberancia y de talento literarios, con el añadido de que el tiempo ha estado colaborando generosamente con su versátil producción, hasta colocarlo en un sitio que incluso a mí, mero admirador consuetudinario de su obra, me sorprende tanto por sus repercusiones en el pensamiento de vanguardia, que muestra una singular identificación entre crítica literaria y filosofía, como por su conquista de públicos cada vez más amplios, detalle que refleja la reedición de algunas de sus más significativas piezas narrativas y algunos de sus más esclarecidos ensayos.

Colocado desde sus inicios y por decisión personal en un espacio ciertamente elitista, Juan García Ponce le apostó a la más temeraria de las empresas literarias: utilizar un alfabeto propio que pudiera a su vez brindar la visión más personal del mundo. Esto es, ser fiel a ese oscuro imperativo de la intuición artística que le dicta a la conciencia del escritor la orden de estructurar melódicamente su particular impresión de la realidad, pletórica de imágenes confusas, de fantasmas distractivos o burlones, de ordenamientos y sugestiones de esa entidad creada por los poderes instituidos que la terminología psicoanalítica denomina superego; en suma, la construcción de un universo preciso, diáfano y elocuente, en el que el primer lector gozoso es el propio autor porque con su trabajo sistemático y, en lo que se refiere a García Ponce, exhaustivo, va configurando exactamente las respuestas que la complejidad del mundo le plantea; respuestas que, como sabemos, en el mundo del arte son más bien ambiguas que unívocas y con ello más ricas, porque la propia realidad se manifiesta así, irreductiblemente dialéctica, excepto cuando acontece la aparición de lo invisible, el factor sagrado de la naturaleza, en el que no puede haber recuerdos ni esperanzas porque la presencia del absoluto se basta a sí misma, es un regalo de los dioses y por lo tanto no admite preguntas ni respuestas, sino que ambas posibilidades del intelecto se diluyen, se anulan, frente al inefable fulgor de lo sagrado.

En otras palabras, quiero decir que la escritura de Juan García Ponce eludió compromisos nacionalistas, preceptos históricos, ortodoxias estilísticas, para abocarse con una riesgosa fidelidad a necesidades personales de autorrealización que, por el espíritu de la época en que empezó a escribir, el fin de la modernidad y el principio de la postmodernidad, lo llevaron a postular reiteradamente la urgencia de recuperar el sentido religioso de la existencia, pero ya no adscrito a ninguna de las iglesias convencionales, y ni siquiera, aunque podría suponerse que sí, dada su recurrente celebración del fenómeno artístico, adscrito a la nueva iglesia verdaderamente ecuménica de nuestro tiempo, que es el arte, sino más bien oficiante de un rito muy antiguo, el de la iniciación gnóstica, reservado en tiempos remotos a unos pocos elegidos en cuanto beneficiarios, luego sepultado en Occidente por el imperio de las iglesias autoritarias o mediatizadoras, y ahora, de algún tiempo a esta parte, detentado por los artistas, especialmente los escritores, según señala Milan Kundera en su libro El arte de la novela, cuyos beneficiarios potenciales son todos los lectores descontentos con el pensamiento entronizado y que por lo tanto buscan en diferentes fuentes gnoseológicas respuestas fidedignas para su sed de conocimiento profundo.

Dicho de otra manera aun, sucede con la obra de García Ponce que tras sus atributos meramente literarios está una porfiada intención de ofrecer a sus lectores posibilidades de conocimiento profundo de la realidad que, consecuentemente, les otorguen pautas existenciales que, en primer lugar, impliquen una aceptación del universo tan plena que pueda tener las características de una verdadera comunión, de una relación sacra y entusiasta con el cosmos; y en segundo pero no menos importante lugar, le provoquen al lector una adicción permanente, incurable, respecto del arte en general como proveedor de placer intelectual y revelaciones vitales, y específicamente respecto de ciertas figuras de las artes poética, narrativa y pictórica que mejor han explorado y sacado a flote el sentido profundo de eras de transición tan importantes para el espíritu como el derrumbe de los valores burgueses y el paso de la modernidad a la postmodernidad.

Pero como veo con alarma que el inicio de esta ponencia peca de acelerado, conceptuoso, generalizador, recapitulemos sobre esa aseveración de que García Ponce eludió compromisos nacionalistas, preceptos históricos, ortodoxias estilísticas. Pues bien, como heredero de la gesta del grupo Contemporáneos, García Ponce asimiló positivamente la idea de que el mejor camino para culturizar un país nuevo que por lo mismo busca afirmarse en un nacionalismo a ultranza, es el de acudir con puntualidad y agudeza a los fenómenos estéticos y conceptuales del entorno internacional, recurso que por cierto ya había sido utilizado por los integrantes del Muralismo Mexicano y que, sin embargo, después de asimilar las principales corrientes pictóricas de Europa pretendía encerrarse dentro de un nacionalismo excluyente, negador de sus propios orígenes universales.

Por ello, García Ponce aparece ligado en más de un sentido al movimiento pictórico mexicano llamado Generación de la Ruptura, en el que jóvenes artistas como Cuevas, Felguérez, Lilia Carrillo, el propio hermano de Juan, Fernando García Ponce, entre otros muchos, se liberaron de la ortodoxia historicista impuesta por los representantes de la Escuela Mexicana y hallaron en Juan García Ponce un intérprete meticuloso y entusiasta de sus búsquedas y sus hallazgos.

Y en lo que se refiere a los preceptos históricos, hay que decir de una vez que García Ponce simplemente dejó a un lado todo compromiso con la Historia, tanto de México como la Universal, entendida ella como adhesión a una causa determinada, una noción determinista del acontecer, una teleología que prometiera por lo menos avances sustanciales en el modo de convivir los pueblos y las naciones, porque el intelecto de García Ponce prefirió ubicarse dentro del mito (el cual opera dentro de un sistema de eterno retorno), en vez afiliarse a la tendencia más o menos generalizada de los escritores iberoamericanos, que optaban por marcos históricos bien definidos para desarrollar sus narrativas, lo cual, por supuesto, no se opone ni trata de demeritar logros tan definitivos como Al filo del agua de Agustín Yánez, o Pedro Páramo de Rulfo, novelas en las que la Revolución Mexicana tiene un papel más o menos central, pero sí indica una preferencia, asumida incluso como obsesión, por el mito, ese dibujo arquetípico que las acciones humanas trazan una y otra vez y en el que se revelan modelos de conducta tan intensos que reflejan nítidamente qué clase de entes somos en la pavorosa inmensidad del universo y en la no menos extensa y pavorosa inmensidad del tiempo.

Creo entender por Historia el recuento de hechos importantes para la humanidad. Sin embargo, en uno de sus típicos ensayos irónicos y sugestivos, titulado “El pudor de la Historia”, Borges le reprocha a esta disciplina o entelequia (entelequia en el sentido popular de ficción, ensueño, irrealidad, ideal, invención) haber olvidado resaltar el momento en que surgió el modelo de persona contemporánea, el lector, detalle referido en alguno de los muchísimos volúmenes de ardua erudición que Borges manejaba como si fuesen abalorios, en el que se da cuenta, no sin asombro, cómo un hombre movía los labios sin emitir palabras porque estaba absorto en un objeto rarísimo y ciertamente mágico: un libro.

Es obvio que sin memoria histórica seríamos poco menos que cavernícolas, y el propio Borges se sirve de ella para fundamentar relatos tan famosos y cautivadores como “El inmortal” o “Acercamiento a Almotásim” con una admirable economía verbal; pero lo que quiero enfatizar es la actitud de ciertos escritores respecto de la Historia, entre ellos el mismo Borges, que parte de ella para sugerir otros aspectos de la realidad humana más enigmáticos pero mucho más importantes para el individuo; y en por lo que respecta a García Ponce, este alejamiento de la Historia en cuanto cúmulo de datos fidedignos y verificables, claros y aleccionadores, es prácticamente total.

En este sentido, García Ponce parece cumplir la recomendación de Kundera que así reza:

“El que piensa no debe esforzarse en convencer a los demás de su verdad; en tal caso se encontrará en el camino de un sistema; en el lamentable camino de ‘el hombre de convicciones’; a algunos hombres políticos les gusta calificarse así; pero ¿qué es una convicción? Es un pensamiento que se ha detenido, que está inmovilizado, y el ‘hombre de convicciones’ es un hombre limitado; el pensamiento experimental no desea persuadir sino inspirar; inspirar otro pensamiento, poner en marcha el pensamiento. Las convicciones son enemigas de la vida más peligrosos que las mismas mentiras.”

A propósito, debo decir que tal actitud respecto del universo es una de las características más celebradas de uno de los maestros espirituales y estilísticos de García Ponce: Borges, del que García Ponce ha dicho que ha sido capaz de la escritura perfecta. Pero como vemos en una escena de El tigre y el dragón, esa película tan insuflada de filosofía oriental, el famoso vacío del budismo, la duda sistemática sobre la realidad del mundo, retroceden ante la contundencia de una mano tocada amorosamente por otra mano; es decir, que hay una realidad incuestionable: la de los cuerpos trascendidos entre sí y colocados en una esfera idílica, la del amor, que sin embargo en la obra narrativa de García Ponce se sitúan más allá o más acá del arquetipo platónico del amor, porque su más intensa manifestación se da en el erotismo sexual, en esa dimensión arcaica de los ritos paganos que fue combatida ferozmente por el catolicismo y que en ese tránsito de la modernidad a la postmodernidad que empieza a ocurrir desde finales del siglo xix y que tiene su eclosión en los años sesenta del siglo xx, exactamente cuando García Ponce comienza a publicar sus escritos, regresa con toda su carga de éxtasis sagrado, ya que si bien la gran mayoría de los grandes artistas de dicha época asumen la consigna nietzscheana de que Dios ha muerto, buscan en los esplendores naturales y en el arte por el arte (el arte como punto de partida y como meta, como proveedor de inspiración artística, aunque ello sea calificado como parodia), la totalidad que Dios ha dejado vacante; y de esos esplendores naturales, ¿qué podría ser más atractivo, más digno de veneración, que el cuerpo humano, contemplado y gozado ya no sólo como expresión de la sección de oro de los pitagóricos o como ilustración de la figura perfecta, el círculo, según el famoso dibujo de Miguel Ángel Buonarroti, sino como vehículo de transporte místico, ya sea en la contemplación o en el propio acto sexual?

Por lo que se refiere al hecho de que García Ponce se alejó de ortodoxias estilísticas, lo constatamos con suficiente claridad en uno de sus primeros cuentos, “Feria al anochecer”, en el que no sólo impune, sino que victoriosamente se atreve a incluir numerosas, excesivas tríadas de ese elemento de la gramática injustamente satanizado por la preceptiva moderna: el adjetivo; y no contento con este acto de rebeldía, utiliza la figura pleonástica “lapso de tiempo” sin caer en el pleonasmo, con el sencillo recurso de escribir “lapso de tiempo libre”, que para mi gusto es, dentro de su sencillez, tan sorpresivo como la cinta de Moebius o los personajes desafocados de cierta película de Woody Allen.

Pero el caso es que acudo a estas inocentes transgresiones y hallazgos del cuento “Feria al anochecer” porque, independientemente de la preferencia que yo pueda tener por él, que a fin de cuentas no importa, lo cierto es que “Feria al anochecer” ocupa numerosas y sustanciales páginas del libro de María Cristina de la Peña titulado Imágenes del deseo / Estética en la obra de Juan García Ponce, ensayo que no tiene una sola palabra de más y sobre el cual nos ocuparemos, aunque sea brevemente, al final de esta ponencia, que si aspira a tener algún mérito lo coloca en las citas y no en mis propias consideraciones.

Por otra parte, tenemos que ese alejamiento de ortodoxias estilísticas se da en la mayor parte de la narrativa de García Ponce bajo un recurso paradójico: imitando con absoluto descaro a sus autores preferidos, desde el sobrio y directo Cesare Pavese hasta el profuso y laberíntico Marcel Proust, pasando por Nabokov, Thomas Mann, Robert Musil, Borges y muchos otros que uno de los más lúcidos y aplicados comentaristas de la obra de García Ponce, John Bruce-Novoa, se ha encargado de catalogar en su ensayo “La novelística de Juan García Ponce: el deseo por el modelo”, que se puede leer en el libro Juan García Ponce y la generación del medio siglo, editado en 1994 por la Universidad Veracruzana, y que en uno de sus párrafos más eruditos desglosa ese sistema de parodias usual en la narrativa de García Ponce de la siguiente manera:

“Para comprender lo que Musil no logró plasmar bien en La realización del amor —le faltó darle espacio al desarrollo de la protagonista para preparar el final— hay que leer La cabaña. Pero al mismo tiempo, para comprender que Blanchot pudo haberse equivocado en su novela L´Arrêt de morte y Bataille en La Morte, también hay que leer La cabaña, ese espacio donde Musil, Blanchot y Bataille se encuentran en el claro del bosque que resuena con los ecos de lo sagrado de un ensayo o de una novela de Pavese, todo para fundirse con la presencia del ángel tan caro a Rilke. (...) Una y otra vez se funden los modelos en la escritura de García Ponce: La escena de El libro que pasa en un escenario de Las tribulaciones del joven Törless, la reescritura de Los cuadernos de Malte Laurids Brigge de Rilke en La vida perdurable, la transposición de La llave de Tanizaki dentro de De anima donde el autor rescribe la creación de su propio cuento ‘El gato’ y luego hace que se realice la filmación del mismo que en la contingencia de la ‘vida real’ nunca se pudo llevar a cabo, filmación que recrea una vez más la escena del exhibicionismo en un taxi que es un homenaje a Bataille”, etcétera.

A esta serie habría que agregar, entre otras parodias, la de La revocación del edicto de Nantes, de Klossowski, que se observa en De anima al estar estructuradas ambas novelas con la inclusión de los diarios íntimos de sendas parejas de amantes; parodia, por cierto, señalada por el propio García Ponce en la “Introducción” de De anima, en la que también reconoce la presencia de Tanizaki en cuanto autor erótico.

Pues bien, ya que esta ponencia se titula “Juan García Ponce y sus críticos”, debo anticipar que el género ensayo tiene para mí un supremo interés adicional cuando se refiere a mis autores preferidos, especialmente cuando el análisis parte de personajes que unen a su preferencia por dichos autores una visión extremadamente sagaz que viene a reconfigurar mi perspectiva sobre tales escritores, ello dentro de un proceso sumamente agradable de aceptaciones, rechazos o suspensión provisional de la credulidad, que se parece muchísimo al propio acto creativo. Lo curioso del asunto es que la propia obra ensayística de García Ponce ilumina su obra narrativa, como trataremos de verificar, tanto por esa condición señalada de parodia en su escritura, como por el testimonio que ofrecen sus ensayos acerca de una cierta actitud ante el mundo y ante la escritura.

Por ejemplo, en estos días estuve leyendo el libro Crítica sin fin, abocado a la obra de José Gorostiza, en el que participan los más entusiastas y lúcidos comentaristas de este poeta singular, y aunque el misterio radiante de Muerte sin fin permanece sin develar porque uno de los atributos más célebres de este poema es precisamente su irreductibilidad a otro lenguaje que no sea el mismo del poema (lo cual permite que los momentos más convincentes y emotivos del análisis sean justo los que transcriben versos de Muerte sin fin), observamos acercamientos luminosos a este poema, semejantes a la dialéctica platónica, que no desentraña la verdad última de conceptos caros al pensamiento como la propia poesía, el amor, la templanza, la justicia, etcétera, pero que sí nos entregan verdades parciales, deslumbrantes, útiles y agradables, exactamente como lo apunta Kundera en la cita que transcribimos al principio de esta charla: despertando a la inteligencia de su sueño egoísta y prejuicioso.

Dice también Kundera: “Del mismo modo que Robert Musil acercó la novela a la filosofía, Nietzsche acercó la filosofía a la novela.” Y también refiriéndose a Nietzsche dice el escritor checo: “Por primera vez la filosofía no reflexiona sobre la epistemología, la estética, la ética, la fenomenología del espíritu, sobre la crítica de la razón, sino sobre todo lo que es humano.” Nosotros podríamos ser más audaces que Kundera y proponer que en Así hablaba Zaratustra se diluyen los límites entre poesía y filosofía, de manera que podríamos decir acerca de esta obra que es filosofía poética o poesía filosófica sin acertar cabalmente en su definición.

Evidentemente, nos hemos detenido en la figura de Nietzsche porque, parafraseando a Pedro Páramo, podemos afirmar que todos los grandes pensadores de los últimos cien años son hijos de Nietzsche, pero sobre todo porque la presencia de este raro y trágico escritor es muy visible y expresa en la obra de García Ponce, especialmente porque su afirmación de que Dios ha muerto fue tomada muy en serio, y dolorosamente también, por artistas de la estirpe espiritual de García Ponce.

Así, es bajo esta noción de la ausencia de una totalidad en la que pueda apoyarse la obra y la vida del ser, que García Ponce hace la siguiente afirmación sobre la novela; afirmación que por supuesto se revierte sobre la obra del mismo García Ponce, que dice así “¿Qué pasa con la novela en México?”:

“La novela ha vuelto al terreno inevitablemente libro, inevitablemente solitario, de la invención de posibilidades, a través de las cuales deben darse nuevas e imaginadas, tal vez no reales todavía, imágenes del hombre que pueden, por supuesto, convertirse en modelos para el hombre. ¿Pero cuáles son los instrumentos a los que tiene alance para realizar esta tarea? Fundamentalmente son dos, esencialmente pueden reducirse a dos aspectos, que resultan opuestos a primera vista y que deben unificarse dentro de la realidad fuera de la realidad que crea y hace posible para sí el espacio de la novela. Esos dos elementos fundamentales son el cuerpo y el lenguaje. El cuerpo porque es el único garante legítimo de la realidad del individuo en un mundo dentro del que todo sentido de la realidad, toda posibilidad de coherencia, se ha ausentado. El lenguaje, porque sólo él puede establecer la comunicación entre la vida del cuerpo y la conciencia de esa vida, porque nacido del cuerpo le permite contemplarse a sí mismo.”

La reversión de este comentario general sobre la particularidad de la narrativa de García Ponce, encuentra confirmación en las siguientes palabras de John Bruce-Novoa tomadas de su referido ensayo:

“El lector buscado por estos textos es el que está dispuesto a entrar al juego de la pérdida de identidad, a dejarse seducir por la belleza inútil en términos sociales y, aún más, dejase convencer por el modelo de una vida alternativa que ofrece el texto (...) Ese lector modelo tiene que sentirse, también, como el objeto deseado de la narración. Es su vida, su contemplación creadora, que se desea, pero no la del individuo en sí, sino la del lector capaz de perderse en lo genérico de los lectores escogidos...”

Pero es María Cristina de la Peña la que coincide plenamente con esa observación de García Ponce sobre la novela que propone imágenes del hombre que pueden convertirse en modelos, pues esta extraordinaria crítica asevera que la orgía, uno de los factores “perversos” de la narrativa de García Ponce, “presupone la instauración de costumbres que no son, parcial o totalmente, repudiadas por aquella sociedad (de la que nacieron), sino que a su vez forman una nueva sociedad —acaso una sociedad secreta, futurista, utópica—, que es una negación de la existente y el embrión de lo que constituye probablemente la fuerza operante de un periodo de transición.” (cursivas de la autora)

(Por cierto, esta sociedad la podemos visualizar en la última cinta de Stanley Kubrick, Ojos bien cerrados, extirpándole el agravante del asesinato.)

Este “período de transición” está brillantemente analizado por otro participante del libro Juan García Ponce y la generación del medio siglo: Óscar Rivera-Rodas en su ensayo “Categorías de la posmodernidad en Juan García Ponce”, en el que se postula primeramente que la modernidad es un proyecto inacabado, pero que “se caracteriza por su desencanto respecto a las grandes y trascendentes concepciones tradicionales (de la metafísica, teología y ontología) que, mientras para la tradición revelaban la verdad, para la modernidad sólo pretenden explicar mediante mitos y dogmas los aspectos incognoscibles de la realidad”. Sin embargo, Rivera-Rodas, se apoya en el filósofo Habermas cuando en 1981 escribe éste que “el proyecto de modernida d todavía no ha sido realizado. Y la recepción del arte es sólo uno de sus al menos tres aspectos (los otros son la ciencia y la moral). El proyecto pretende reconectar diferencialmente la cultura moderna con la praxis cotidiana que todavía depende de herencias vitales, aunque el nuevo tradicionalismo la empobrecería”.

En suma, lo que Rivera-Rodas propone es que García Ponce empieza a publicar justo cuando el período de transición entre modernidad y postmodernidad está ocurriendo, y que a pesar de poseer García Ponce mucha de esa conciencia escéptica y dolorida por lo irresoluto de la época que fenece y por la ausencia de Dios que es su signo o divisa más importante, escribe ya desde una perspectiva postmoderna, en el sentido de que su reflexión (pues Rivera-Rodas se ocupa de la obra ensayística de García Ponce) “logra articular categorías que permiten comprender el arte  y la literatura de la modernidad más allá de sus límites inmediatos y explícitos. Ante la negación de las formas representativas tradicionales de la realidad y el mundo vacío y sin sentido, carente de toda metafísica inmanente, García Ponce afirma que se debe ver en esas expresiones una dimensión de lo sagrado, que no tiene nada que ver con las nociones religiosas de la tradición. Esta es una propuesta digna de atención, puesto que representa la recuperación por la conciencia moderna y libre, aunque en soledad irremediable, de esa categoría (lo sagrado) de la que se apoderaron las sectas religiosas para convertirla en instrumento de su violencia autoritaria”.

Esa “dimensión de lo sagrado” está también explícita, sugerida e invocada en muchas partes de la narrativa de García Ponce; tanto, que sería titánico hacer siquiera una antología de esos momentos, pero como la referida ensayista María Cristina de la Peña se ocupa de este aspecto (y de otros) con meridiana lucidez, como se decía antaño, dejemos para el final sus aportaciones al tema.

Mientras tanto, sería injusto dejar de mencionar en este parcial recuento de críticos en torno a García Ponce a Adolfo Castañón, que en su libro Nueve del treinta puntualiza lo siguiente, contenido en el ensayo “Juan García Ponce: la mirada de una voz”:

“...no deja de ser asombroso que sea un escritor en apariencia tan desarraigado y tan ajeno a las tradiciones o al menos a los protocolos más burdos de nuestra cultura patria el que, a través de su actitud, de su honestidad y valentía, venga a revelarnos algunos de los caracteres más relevantes y menos halagadores de la tradición cultural local. De ser así, ¿qué lugar cabe en la cultura a la audacia de este ensayista que abre su propio tiempo situándose fuera de las edades oficiales, poniéndose al margen para hacer de esa orilla su origen, su centro? Su lugar sólo puede ser la frontera —de ahí su dificultad no siempre evidente para establecer un límite estricto entre los géneros—, la línea ambigua e imaginaria que separa un lugar de otro y que hace de quienes la habitan hombres habituados a la soledad, dueños de una incómoda tolerancia y de un agudo sentido de la observación, dueños de una incómoda tolerancia. No es extraño que un creador de límites escriba ensayos, ¿pues acaso no es el ensayo la tierra de nadie de la literatura, el ambiguo terreno de la astucia donde la voluntad y el tino, la gracia y la profundidad se unen y separan a la vista de todos dejándolos con la sensación de haber asistido a un juego limpio, iluminado, garantizado en cierto modo por la luz de la razón?”

Sobre esta faceta de la escritura de García Ponce, el ensayo, otro colaborador de Juan García Ponce y la generación del medio siglo, Lauro Zavala, apunta que, en contraposición con lo dicho por García Ponce en uno de sus trabajos acerca de Musil, de que “no nos proponemos ser sencillos ni directos”, sin embargo, “en algunos (de sus) ensayos, súbitamente, el tono de la escritura cambia radicalmente, y se adopta una actitud informativa, sintética, casi periodística, en la que se entremezclan referencias específicas con comentarios valorativos. Estos ensayos tienen un tono accesible, incluso didáctico, con algunos momentos poéticos, y en ellos se recrea con fidelidad el espíritu del autor reseñado. Éste es el caso de los trabajos sobre Nabokov, sobre Henry Miller y sobre Malcom Lowry”.

Un poco después, Lauro Zavala afirma que, “debido a lo ceñido de las argumentaciones, su escritura difícilmente podría ser condensada, excepto al citar frases entresacadas del texto”, y luego postula que “la escritura de García Ponce es una escritura circular, autosuficiente: sus textos se generan a sí mismos, generan a sus objetos de reflexión”. Sin embargo, es en su inciso “Epifanías” donde Zavala nos brinda la explicación de por qué dichos ensayos lleguen a conmover profundamente a los lectores, ya que en cada uno de ellos “ocupa un lugar central la búsqueda de iluminaciones, es decir, de revelaciones estéticas que cumplan las funciones de la revelación mística. En ese sentido, su literatura surge de la tradición en la que se espera que un texto contenga una revelación, y no sólo asideros para interpretar el mundo”.

 Por su parte, en su referido escrito, Adolfo Castañón ofrece esta visión panorámica de la obra de García Ponce que, en el extracto que vamos a citar, termina refiriéndose a la obra ensayística de nuestro héroe y de paso ilustra el motivo de este calificativo: héroe; así que solicitando disculpa por la extensión de esta cita, dice así Castañón con giros sintácticos muy parecidos a los del mismo escritor que analiza y pondera:

“Extensa, rigurosa, versátil, ya innumerable, la de Juan García Ponce (1932) es también una obra notable por la calidad de los sentimientos, por la nobleza de las calidades intelectuales y cordiales que en ella se despliegan. La extensión de su obra nos remite a la avidez, si no es que a la voracidad, de esa exigente vocación literaria que a Juan García Ponce le ha tocado encarnar; nos remite asimismo a la disponibilidad para encarnarla, a la voluntad y a la decisión que han llevado a Juan García Ponce a vivir en la literatura y para la literatura y a hacer del ejercicio de la palabra un destino; nos remite, en fin, a un mito, pues el capullo de esa obra laboriosa le ha permitido al autor hacerse a sí mismo posible como mito, encarnar un mito, rodear a su persona y a su obra con el resplandor de una leyenda que puede o no resultarnos tolerable pero sin la cual la discusión en torno a ella corre el riesgo de seguir una trayectoria tangencial. Por lo demás, a la voluntad de la vocación, a ese querer responder con la plenitud de la persona al llamado y a la deuda de la vocación, lo afirma y guía en el caso de Juan García Ponce una intensidad, un conjunto de pasiones intelectuales y de fuerzas pasionales, una lealtad a su mundo y a sus temas, una fidelidad radical a su lenguaje que, en conjunto, lo perfilan como uno de nuestros grandes escritores y, más allá, como uno de los pocos románticos de nuestras parvas letras nacionales, si no es que uno de los últimos de la literatura hispánica. Tal pasión por las ideas (...), tal interés inteligente por las pasiones y los sentimientos (...), tal atención al amor como realidad primera y substancial, en fin, tal consagración de una vida por la literatura han desbordado naturalmente las formas y géneros de la creación literaria entendida en un sentido estricto e intransigente para alimentar y permear las relaciones del escritor con el mundo que lo rodea, a tal grado que lo han estrechado a dibujar con la crítica un mapa de la historia literaria en que él mismo se inscribe y de la cual sólo es un eslabón. A los encuentros con esos escritores, creadores y temas ha decidido llamarlos Apariciones. Epifanías o revelaciones, irrupciones de un signo trascendente en la trivialidad del espectáculo, las sucesivas Apariciones que aspira a restituir el cuerpo disperso del ensayista demuestran que para Juan García Ponce el ensayo y la crítica —literaria, plástica, cultural— no son en modo alguno ejercicios marginales de su quehacer creador y que, en definitiva, ‘sus cosas’ también son éstas que él ha puesto bajo los iconos de otros autores; que ‘sus cosas’ están ambiguamente soslayadas o encubiertas entre estos ensayos escritos al pie de una imagen, es decir de un referente del cual extraen buena parte de su sentido.”

 Me he permitido omitir algunos otros comentarios inscritos en el libro Juan García Ponce y la generación del medio siglo porque, a pesar de ser todos importantes para acceder con mayor amplitud de perspectiva a la obra de este autor, se concentran en libros o temas específicos o, en su defecto, utilizan métodos de análisis un tanto difíciles de entender por el gran público, como son la semiótica o los tecnicismos filosóficos, cuando no una rara fusión de ambos recursos plagada de exotismos o palabras de otros idiomas, como sucede con el texto de José de Jesús Sanpedro.

Como ejemplo de trabajo semiótico, tenemos en este mismo libro el ensayo “La dialéctica del erotismo” de Magda Díaz y Morales, del que tomamos prestado este fragmento sobre la novela De anima:

“Paloma es un sistema significativo que escapa a determinismos, los semas (aquí hay un llamado a pie de página que nos informa que el sema designa comúnmente a la unidad mínima de la significación, y que la naturaleza de los semas es únicamente relacional y no sustancial, y que no pueden ser aprehendidos en la estructura elemental de la significación) que la definen establecen una categoría semántica que en la superficie manifiestan a la mujer que rechaza los cánones establecidos por la tradición. Lo mismo sucede con el personaje femenino de La cabaña, donde (...) se congregan las isotopías” (y aquí hay otro llamado a pie de página donde nos enteramos que Greimas y Courtés definen el concepto de isotopía como la recurrencia de categorías sémicas, sean éstas temáticas o figurativas).

Por supuesto, aunque la parte más salvaje de mí recuerda con esa sonrisa depravada con que López Velarde pretendía asistir a “las ineptitudes de la inepta cultura”, el verso de un amigo que dice “me orino en la semiótica”, debo reconocer que esta especie de disciplina tiene sus fervientes acólitos y, por lo tanto, éstos encuentran en ella mucho placer y luces que se me escapan. Pero lo cierto es que la literatura artística busca influir en el gran público, no importando que este público pertenezca más al futuro que al presente en que fue escrita; y por otro lado, creo que un autor bastante complejo como García Ponce requiere más de la sencillez que de posibles modas filológicas en su análisis. Pero también debo confesar que en este asunto de la semiótica, como en muchos otros, espero estar equivocado. Por ejemplo, no he recapacitado en el hecho de que ese libro colectivo, Juan García Ponce y la generación del medio siglo, busca acercarse a los escritores de dicha generación desde diversos ángulos; ni he tenido en mente que el organismo que lo edita, el Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana, está o estuvo fuertemente influido por la moda semiótica.

Lo que ocurre en realidad es que estoy deslumbrado por un libro que, a pesar de ocuparse de la obra escrita por García Ponce en los años sesenta y principios de los setenta, presenta una visión amplia, amena y sumamente ilustrativa de los muchos factores que contribuyen a hacerla no sólo cada día más popular, sino que está ocupando la atención de diversos especialistas. Se trata de Imágenes del deseo / Estética en la obra de Juan García Ponce, de María Cristina de la Peña, publicado en noviembre de 2003, un mes apenas antes de la muerte de García Ponce.

La autora tiene una formación filosófica y un doctorado en letras iberoamericanas por la siempre laudable Universidad Nacional Autónoma de México. Esta visión estereoscópica de la literatura se aprecia en el mismo título de dicho libro, ya que para la filosofía tradicional “estética” significa teoría de la sensibilidad o sensación, mientras que su acepción popular implica belleza.

A su vez, el tratamiento filosófico de dicha etapa de la producción de García Ponce tiene en este libro de María Cristina de la Peña un saludable énfasis sobre los aspectos cotidianos de los personajes, en vez de centrarse en el estudio de las ideas, los conceptos, la metafísica que suele acompañar a la mayoría de los tratados filosóficos; sin embargo, es necesario reconocer que esa especie de antropología filosófica es ya el carácter distintivo de la propuesta socrático-platónica y, sobre todo, que surge de la propia idiosincrasia de la narrativa de García Ponce, como afirma esta autora en uno de los párrafos iniciales de su ensayo, al decir que

“El culto exclusivo a lo humano da paso a una toma de conciencia más amplia, más realista. Los personajes de Juan García Ponce logran una transformación en la escala de sus valores. Debido a esta concepción antropológica, el escritor mexicano abre una nueva vía en la literatura, la promesa de nuevos descubrimientos en el ámbito de la subjetividad.”

Inmediatamente antes de estas palabras, la escritora cita unas líneas del ensayo “Juan García Ponce: subversión de la vida cotidiana”, de Armando Pereira, escritor que también participa en el referido libro de la Universidad Veracruzana; estas líneas dicen, refiriéndose a la narrativa de García Ponce, que

“...no se sitúa nunca en ámbitos insólitos o en relaciones excepcionales, proviene invariablemente de la propia vida cotidiana, de las situaciones más habituales, de esos sujetos comunes que la viven y la sufren día con día. De ahí la indiscutible fuerza subversiva que habita en el centro de la obra del escritor yucateco, que la recorre de principio a fin. No es nunca a un hombre excepcional al que le habla, sino a ti y a mí...”

Hacia el final de su libro, María Cristina de la Peña prodiga juicios valorativos como éstos:

“La narrativa del escritor yucateco es una exaltación de lo que existe. Pone al descubierto sus obsesiones y su captación apasionada e impetuosa de la vida.”

“Por medio de la novela se retorna a un terreno libre, inevitablemente solitario, de invención de posibilidades a través de las cuales se dan nuevas e imaginadas vertientes existenciales, tal vez no reales todavía, pero sí en imágenes del hombre que pueden convertirse en modelos.”

“Desde el punto de vista artístico, el valor principal de la obra del novelista mexicano no reside en el argumento, el cual casi invariablemente podríamos resumir en la búsqueda y la pérdida del amor, en el afán de conocerse a sí mismo a través de la pareja o bien en desenlaces dramáticos como el suicidio o la locura. Más allá de estas historias clásicas, la originalidad y fascinación de su obra residen en el arte con que plasma a sus personajes sirviéndose sólo de escenas visuales, cinematográficas, y de cuadros inmóviles, como los de una naturaleza muerta.”

Y este otro comentario, que se aboca al factor quizá más divulgado de la narrativa de García Ponce:

“En vista de que en la obra de nuestro escritor las escenas sexuales alcanzan un notorio grado de obscenidad, nos ocupamos de la relación del arte y la moral, cuestión que proviene desde Platón en La República. Sabemos que arte y moral son de orden diverso; que hay una moral positiva regulada por la ley, las normas y las costumbres, y una moral negativa, denominada inmoralidad, que puede cuestionar el valor artístico de algunas obras. Sin embargo, también sabemos que los límites entre una moral positiva y otra negativa no son rígidos, y que varían conforme la cultura va modificando los valores en la sociedad. De cualquier modo, la identificación de una obra como pornográfica no cancela su valor artístico; arte y obscenidad no se excluyen recíprocamente.”

Esto dice María Cristina de la Peña; pero sabemos también que la narrativa de García Ponce fue avanzando después de la época analizada por esta escritora, hasta proponer nociones que identifican ya no sólo al arte con la obscenidad, sino a la teología con la pornografía, como se observa en uno de sus ensayos sobre Klossowski y en muchos otros, como se observa en la narrativa del propio Klossowski y en la de Bataille, autores venerados por García Ponce y el primero de ellos traducido por éste al español.

Sin embargo, dado que García Ponce fue indudablemente uno de los más lúcidos críticos de arte y un intelectual que abrió caminos para el individuo que, como uno de los personajes principales de Ana Karenina, busca desesperadamente, como una cuestión de vida o muerte, una espiritualidad que la realidad prosaica del mundo se empeña en aniquilar, tomemos para finalizar esta selección de análisis uno de sus conceptos, contenido en la Introducción a su libro de ensayos Las huellas de la voz, para ubicarlo con sus propias palabras en el justo sitio que, a través de una obra monumental y ciertamente heroica, él mismo se construyó. Dice así Juan García Ponce:

“...el arte es siempre un espejo de la libertad en el cual se hacen visibles tanto la vida como la muerte, tanto la razón como la locura, tanto la inteligencia como los sentimientos, tanto la pasión como la indiferencia y también tanto la virtud como el vicio, porque no los sustituye ni los juzga, sino que los obliga a mostrarse.”

Para concluir, debo aportar un comentario personal sobre la escritura de Juan García Ponce, con la seguridad de que voy desentonar entre las ilustres y agudas opiniones que me he permitido espigar en esta ponencia; así que sólo diré que el tiempo ha venido a resultar el mejor aliado de su obra; y que en ésta se transparenta un poeta extrañamente místico, un pornógrafo que olímpicamente salta sobre las modas científicas, literarias e ideológicas de su tiempo, para conectar el viejo paganismo (adorador de las deidades naturales y proclive al rito orgiástico), con la urgente necesidad que tiene el caótico tercer milenio de recuperar el sentido religioso de la vida.

 

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CLAUIDO OBREGÓN

 

LAS    ISLAS

  

Las islas se asemejan a la voluntad de existir rodeado de una soledad adversa.  En ellas, el tiempo se suspende,  las sombras danzan y el silencio silba suavemente.  Las islas han sido la esperanza del náufrago.  Los piratas hicieron de sus recovecos, resguardo para sus andanzas. Al alba, los pescadores llegan a sus playas con los frutos cosechados en el desierto azul y al final del crepúsculo,  se reconocen mortales.

 

Las islas se desprenden de la tierra como las hijas de una madre que cierra los ojos lentamente y con los brazos extendidos las deja ir reconociendo su destino.  Aparecen en medio de las aguas de manera silenciosa o irrumpen violentamente cubriendo el cielo de  humo y el mar de fuego. Al igual que las mujeres cuando maduran después de la pasión o la violencia, las islas se asientan y  generosamente entregan las semillas de su experiencia. 

 

Ser isleño tiene el encanto de vivir rodeado por la inmensidad pero también el límite de escasas perspectivas visuales. Una montaña en una isla es tan preciada como un beso o una caricia en nuestra infancia; sus laderas se parecen a un libro abierto, basta conocer su código para gozar de sus secretos. Las islas  aceptan al foráneo siempre y cuando deje su historia personal del otro lado del oleaje. Las islas no necesitan de ninguna explicación, son ellas las que otorgan las respuestas.

 

Las aves visitan las islas porque a ellas no les gustan las razones: un ser que vuela reconoce en una isla una verdad encapsulada, no mira con deseo, es tan puro que prescinde del agua dulce. Los reptiles y las hormigas viajan en troncos arrastrados por corrientes marinas; pueblan una tierra virgen pero no la conquistan, se dejan seducir por su atmósfera y, tiempo después, evolucionan de manera distinta a la que experimentaban en   tierra firme.

 

Las islas son y serán siempre: espejos con dos caras idénticas, no es necesario ver del otro lado para saber quién eres.

 

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SARA VANÉGAS COVEÑA

 

TRES POETAS ECUATORIANAS

 

Hoy nos referiremos a tres autoras fundamentales en nuestra poesía: Dolores Veintimilla de Galindo, Aurora Estrada y Ayala e Ileana Espinel.

 

DOLORES VEINTIMILLA DE GALINDO (Quito, 1829- Cuenca, 1857)

Precursora del Romanticismo en Ecuador. Su paso por la vida y su muerte, acontecimientos siempre polémicos, han servido de inspiración para numerosas obras literarias. (Ricardo Márquez Tapia, La Safo ecuatoriana. Dolores Veintimilla Carrión de Galindo, 1968; G.h.Mata, Dolores Veintimilla asesinada, 1968, 1976, 1977; Alicia Yánez Cossío: Y amarle pude …, 2000).

 

Nace en una época de luchas revolucionarias y guerras civiles, que desembocan, entre otros hechos, en el asesinato del Mariscal Sucre (Berruecos, Colombia).

Dolores Veintimilla, de alma libre y gran sensibilidad es el ejemplo vivo del espíritu romántico que ella anticipa en el país:

 

¡Y amarle pude …Al sol de la existencia

Se abría apenas soñadora el alma …

Perdió mi pobre corazón su calma

Desde el fatal instante en que le hallé.

/…/                                                                                                       (Quejas)

 

Su vida y obra están cruzadas permanentemente por la sombra de la incomprensión y la intolerancia.

Su espíritu rebelde y su hipersensibilidad la elevan a la categoría de heroína romántica y trágica, a la vez que la predisponen al sufrimiento y a la maledicencia de la sociedad:

 

En mi nombre mi sino me pusiste!

Sino, madre, bien triste!

Mi corona nupcial está en corona

De espinas ya cambiada …

Es tu Dolores ay! tan desdichada!                 (Sufrimiento)

 

Casada a los 18 años con un médico colombiano, se traslada con él a Guayaquil y, luego a Cuenca, lugar donde queda con su hijo, mientras Galindo emprende nuevos viajes, esta vez fuera del país.

En Cuenca, organiza tertulias literarias, en las que participan los más conocidos intelectuales de la época.

Mas la pacatería de la ciudad, aislada y autosuficiente, hace que la gente pronto empiece a murmurar sobre el comportamiento de esta mujer, atractiva, buena lectora y de libre pensamiento.

La situación se complica cuando, en abril de 1957, Dolores, por medio de una hoja volante, Necrología, defiende a un indígena condenado a muerte bajo la acusación de parricidio. (Y este parece ser el primer alegato en Ecuador contra  la pena de muerte, vigente entonces). En esa hoja demanda “que pronto, una generación más civilizada y humanitaria que la actual, venga a borrar del Código de la Patria de tus antepasados la pena de muerte”.

El arzobispo de Cuenca, Vicente Solano, junto a otro sacerdote, Ignacio Marchán, contestan a esa hoja con otra, denominada Graciosa Necrología, justificando el castigo, para lo cual se basan en citas de las Sagradas Escrituras; y presentando a Dolores como enemiga de la religión católica; esto, en una sociedad rayana al fanatismo religioso!

Se multiplican entonces las calumnias y los maltratos contra la escritora, quien es tildada de inmoral, atea, panteísta …

 

Ella, en A mis enemigos, su último poema, escribe:

 

¿Qué os hice yo, mujer desventurada,

Que en mi rostro, traidores, escupís

De la infame calumnia la ponzoña

Y así matáis a mi alma juvenil?

 

Poco después del ajusticiamiento, incapaz de hacer frente a su destino, y luego de escribir una carta a su madre, ingiere cianuro. No cumple aún los 28 años de edad.

Dolores se despide de la vida con estas palabras:

 

Mamita adorada:

 

Perdón una y mil veces …No me llore. Le envío

mi retrato, bendígalo: la bendición de una madre

alcanza hasta la eternidad. Cuide de mi hijo y déle

un adiós al desgraciado Galindo. Me he suicidado …

 

                                                                                                              D.V.

 

Por su forma de muerte, no pudo ser enterrada “en sagrado”, sino en un lugar destinado a herejes, ajusticiados y suicidas, según un precepto católico.

Solo muchos años más tarde llegaría el marido a exhumar sus restos y a trasladarlos a un lugar digno. Pero hasta hoy nadie sabe dónde descansa Dolores.

 

Juan León Mera, escritor contemporáneo de Dolores, al evaluar la situación de la mujer de su época y las circunstancias que llevaron a la muerte de la poeta, escribe en su Ojeada Histórico-Crítica, “Acábese, por Dios, nuestra criminal indiferencia respecto de las mujeres; alentémoslas, saquémoslas a la luz para que fueron creadas, sentémoslas a nuestro lado y busquemos en ellas la mejora de nuestra propia condición.”

 

De su pluma se conservan muy pocos textos. Parece que antes de suicidarse quemó sus escritos; solo quedan 9 en verso y 3 en prosa, recopilados póstumamente.

Pero, pese a ello, Dolores Veintimilla, con su obra intimista, de gran lirismo y armonía; lenguaje de un casticismo perfecto, forma simple y gran aliento, precursora de todo un movimiento literario, es figura cardinal en las letras ecuatorianas.

 

 

Casi medio siglo después aparece la figura de

AURORA ESTRADA Y AYALA (Pueblo Viejo, 1902 –Guayaquil, 1967)

 

Luchadora incansable, promotora y directora de revistas y suplementos literarios, que se honraron con colaboraciones de distinguidos escritores de la época –Gabriela Mistral, Jorge Carrera Andrade, Gonzalo Escudero, Carlos Sabat, Juana de Ibarbourou, Alfonsina Storni, entre otros-. Fue, además, gran viajera, socialista, maestra, feminista y pacifista.

 

Grande y polémica, Aurora, al igual que Dolores, sufrió la intriga y la maledicencia. En 1963, por motivos políticos, se la separó de la cátedra en la Universidad de Guayaquil.

 

Llegó a publicar solo dos libros: Como el incienso (1925) y Tiniebla (1943). El resto de su obra, permanece aún inédito.

 

La obra de Aurora, confluye, básicamente, en tres ejes centrales: amor y muerte, naturaleza, poesía.

 

AMOR Y MUERTE

Su poesía amorosa se consideró “escandalosa” en su tiempo, pues, empapada de un suave erotismo, revela una perfecta armonía entre lo carnal y lo místico. Así, en estos versos:

 

Era como un joven dios de la selva fragante

este hombre hermoso y rudo que va por el sendero

en su carne morena se adivina pujante

de fuerza y de alegría un mágico venero.

/.../

Yo, tan pálida y débil, sobre el musgo tendida,

he sentido al mirarlo una eclosión de vida

y mi anémica sangre parece que va a ahogarme...”  

(El hombre que pasa)

 

Mientras que el tema de la muerte constituye todo un libro: TINIEBLA, escrito ante la desaparición de su madre. Se inicia con un poeniano “Nunca más”, que nos arroja brutalmente a la situación definitiva, sin salida:

 

Ya nunca más sobre mi tiniebla su estrella dulce. 

Nunca más en estos silencios su voz de brisa y de jazmines.

Nunca más el lazo tibio de sus brazos ciñéndose a mi cuello ardiente.

 

Y termina con la asunción valiente de la muerte:

 

Hoy creo como nunca que estás ida para siempre,

porque ningún signo celeste me ha hecho sentirte cerca.

¿O es que tornada en ángel te ahuyenta la miseria

de esta carne que hiciste de tu sangre y espíritu?.

 

LA NATURALEZA, LAS COSAS

Aurora nos habla de la naturaleza en relación íntima con lo humano; de la identidad que descubre entre hombres, animales y cosas, revelando incluso un cierto panteísmo en que todo tiene alma, vida y canto. Así, en este texto de innegable evocación contestataria a Darío:

 

Pienso que el árbol siente, que la piedra medita

y al tomar una rosa en lo que guardará

y que en los ecos vagos algo extraño se agita:

¿Nunca has pensado, hermano, lo que allí dormirá?                               (Avatar)

 

LA POESÍA

La poesía misma es, para Aurora, la llave mágica que le abre el mundo no solo de las cosas –rasgo este propio del postmodernismo, movimiento al que se adscribe, fundamentalmente, su obra-  sino también del hombre y del pasado de su antigua estirpe  humana.

Así, la autora, entre visionaria y surrealista, nos habla de la voz que la habita desde épocas inmemoriales. Escuchémosla en estos versos:

 

Pero en un punto arcano de mi alma

hay un henchido surco de destinos

guardando la memoria de esa voz

venida a mí en idas lontananzas ...

Y que alguien de una raza que partía

me dijo en oración de extraña lengua.         

(Es una lengua dulce y perdida)

 

La palabra, sí, la poesía como última morada –en el sentido que da a este término la Santa de Ávila -, redención para la pequeñez humana.

 

 

Y, llenando los últimos dos tercios del siglo XX, nos encontramos con

 

 

ILEANA ESPINEL CEDEÑO (Guayaquil, 1933 – 2001).

 

Poeta, ensayista, periodista, promotora cultural. Colaboró con diarios y revistas de Ecuador, Venezuela y México, básicamente (en México fue redactora de la gaceta Nivel, dirigida por el poeta colombiano Germán Pardo García), difundiendo el quehacer literario de sus contemporáneos.

Impulsora decidida de vocaciones artísticas y culturales, presidió, en 1965, la Sección de Literatura de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas y más tarde fue directora de su editorial. Así mismo, se desempeñó como presidenta de la Comisión de Cultura y Bellas Artes del Municipio de Guayaquil. Tiene poemas traducidos a varios idiomas. Y la biblioteca del Círculo de Periodista del Guayas lleva su nombre.

 

A los 24 años publicó Piezas Líricas, libro donde se manifiesta ya esa estructura versal entre clásica y contemporánea (con gran dominio en la construcción de sonetos) y ese tono sardónico, que caracterizarán su obra toda (Club 7, La estatua luminosa, Triángulo, Arpa salobre, Diríase que canto, Tan solo 13, La corriente alterna, Sólo la isla).

Su poesía está llena de logros y sorpresas.

Por un lado, revaloriza el lenguaje informal, cotidiano; como por ejemplo, en su conocido poema TÚ SABES …, en el que con expresión predominantemente denotativa y sobria nos va presentando las cosas de todos los días, desde las más concretas hasta las más sutiles; vistas, siempre, a través del prisma de la emoción y la innovación:

 

Tú sabes muy bien que cuando uno está enfermo

todo se hace insufrible:

el ruido de la máquina. El chirriar de la puerta. Y la voz.

/…/

Madre mía, tú sabes que cuando uno está enfermo

todo se hace adorable:

la sonrisa de un niño. La caricia de un ala. Y tú.

Tú lo sabes muy bien ...

Y si lo sabes, di:

¿por qué te duelo tanto?

 

Pero también abundan los momentos en que su poesía alza vuelo y se instala en regiones de alta inspiración, en atmósferas de desprendimiento y visión cósmica, apoyada en metáforas de impactante hermosura:

 

…Y un día estaré Allí, vueltos mis ojos

al esplendor purísimo que irradia

vida y amor sobre la faz del orbe.

 

…Y un día –fiesta viva de la carne-

tendré la vestidura del Misterio

y la Belleza al fin me besará en los párpados.                            (Patria Futura)

 

Pero no es ajena a su poesía tampoco la denuncia social ni el compromiso con su gente:

 

Nada pudo el amor de tus tres hijos

ni el de Aquel que dijera “Dadle agua al sediento”.

Te molieron a palos, María Juana Pinto

Que vives en la cruz de estas palabras.                        (María Juana Pinto)

 

Sin embargo, quizá donde más poeta se la siente es en el tema existencial, con textos que indagan inmisericordemente entre los pliegues sufridos de la condición humana para rescatar algo de esa “divina escoria” que somos. Rescate que se nos muestra, en cada verso, solo es posible por y a través de la palabra:

 

Dolor insomne. Amarga,

   ya no sé qué sentir

  para medir la nueva longitud del paisaje

para lavar la sucia falda gris del cansancio

y coronar mi muerte con grandes flores rojas.                            (Divina Escoria)

 

 

 ¿Era la Vida? No. Era una llaga

en la aguja sin norte de mis venas

/…./
 ¿Era la Muerte? No. Era una nube

de murciélagos. –Pájaros acedos-                                                 (Mar Final)

 

Poesía que rezuma sabiduría amarga. Asunción valiente del olvido, el tiempo, la nada en que finalmente desembocamos.

Las imágenes van y vienen entre la ternura y el sarcasmo

 

Pero esta carta azul no llegará a tus manos.

Se quedará perdida

en la ternura única de esta tarde inefable

en que, amarrada al cauce

de tu luz que se aleja,

mi enternecida sombra te dice Adiós, llamándote …

(Epístola ternísima para el final de un sueño)

 

 

Compréndeme, oh Tú,

conservador de ese antro que es el mundo

donde solo el dinero siembra y siega.

Asume este cansancio que navega en mis venas

con un final desprecio tan puro como el llanto.    (La Universal Escoria)

 

Poesía dura y luminosa, alto canto de amor a lo humano, a la vida, al destino inevitable …

Ileana, con esa forma tan suya de escribir, desenfadada, directa y luminosa, es, sin duda, una de los pocos poetas que han marcado su época y han dejado escuela en Ecuador.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

- Antología Poética de Ileana Espinel, Guayaquil, s. l., 2002

- Barriga López. Franklin y Leonardo, Diccionario de la Literatura Ecuatoriana,

Guayaquil, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1982

- Cabiedes-Fink y Ted Maier, Between the silence of voices. An anthology of contemporary Ecuadorian women poets, Quito, Abya-Yala, 1997

- Mera, Juan León, Ojeada Histórico-Crítica, Guayaquil-Quito, s.a

- Pesantez Rodas, Rodrigo, Del Vanguardismo hasta el 50, Guayaquil, Universidad de Guayaquil, Frente de Afirmación Hispanista, 1999

- Rodríguez Castelo, Hernán, Antología de la poesía ecuatoriana. Joyas de la   Literatura Ecuatoriana, Bogotá, Círculo de Lectores, 1985, 1986

- Rodríguez Castelo, Hernán, Lírica ecuatoriana contemporánea, Tomo II, Bogotá, Círculo de Lectores, 1979

- Vanégas Coveña, Sara, Poesía y Cuento Ecuatorianos. Antología Temática, Cuenca, Universidad del Azuay, 1998

-  VVAA, Diccionario de Literatura Universal, Barcelona, Océano, 2003

 

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ELMYS GARCÍA

 

JOSE ANTONIO PORRAS BOLIVAR :

“ Poeta de Otras Dimensiones “

                                                            “ Gracias a la amistad están presentes

                                                                                               los ausentes, los pobres son ricos,

                                                                                              los cobardes se vuelven valientes,

                                                                                             y lo más increíble, los muertos viven.   

                                                                                                                                            Cicerón

Me detengo ante la magnitud de este poeta y entrañable amigo: pasión viva hecha poesía. Lo recuerdo con la misma pasión que supo imprimirle a todo lo que me escribía. Mantuve con José Antonio Porras un intercambio epistolar hasta el propio día de su partida. Muestro a continuación algunos fragmentos de sus cartas, donde se revela su condición de hombre apasionado por la vida y el poema.

“ Tengo cumplidos los 40, una edad que me ha señalado la ruta de mi vida, plena el todo el término y tengo bien claro los cuatro puntos cardinales y cuya brújula señala al norte- siempre al norte“

En una ocasión le envié un poema dedicado a Jhon Lennon y me decía: “ Su poesía con magia y duende, con fuego seductor y deseo oculto " “ Versos que son la confirmación de una mujer que espera que alguien llegue a tocar la puerta, mejor la ventana – y quiebre el cristal de los frutos del deseo, el reino de tu cuerpo por amor “.

Más adelante me regaló: “ Un pez recién nacido del mar y su perfil de escamas resplandecientes y le regalo un puñado de conchas y caracoles que he recogido en una de las playas de mi tierra provincia natal, allá en Guanacuaste. Te doy mi amor fugitivo y distante como la ola que golpea la roca y le regalo mi mano tendida en medio del mar. Le regalo todo mi horizonte y sus consecuencias “. “ Mi Alondra ... tú has corrido las cortinas de la ventana ... “.

“ Reciba una espuma que vi a principios de Marzo de 1980, cuando arribé a la Habana por primera vez y venía de Moscù, fecha que aún no he perdido en el calendario de la vida y le regalo el árbol del bosque y la sombra que eres tú ... Hay en su persona y en su creación un arpa que solo es tocada por los ángeles y por Usted...”

Y en una de sus últimas cartas me confesaba. “ Estas sus líneas o palabras me trasladan hacia otros espacios, otros territorios y otros climas, en donde habitan los reinos de un mundo de ilusiones, entibiado por el mar y la calidez azul de las aguas que

invaden la Isla. Las mismas aguas refrescando y recorriendo las colinas de tus pechos. Las zonas en donde nace el gemido de ola y el sabor salado del fuego nocturno de tu sexo en una noche de cubanía ... “

Y como si todo fuera una premonición en su última carta recibida    el mismo día de su partida me decía. “ Y ahora cierro, pongo el candado y guardo la llave que debo entregarle no sé cuando ... “.

 

______________________________________________________________________________________________

José Antonio Porras Bolivar ( Tierras Morenas de Tiralán- Guanacuaste- Costa Rica- 19 de Octubre de 1954  Poeta y ensayista, abogado de profesión ). Sus poemas y ensayos siempre sonoros y vigorosos y clara síntesis y expresiones metafóricas sorpresivas que van de lo natal hacia lo nacional trascendiendo.

Perteneció a la llamada “ Generación Dispersa “ y miembro de la Asociación de Autores de Costa Rica. El Grupo de Escritores de Venezuela le entregó el Diploma de Honor por su labor de Difusión Cultural. Obtuvo el Segundo Premio Internacional de Poesía “ Fulbrugh “ en 1982 y Premio de Poesía de la revista Nacional de Cultura de Costa Rica, en 1991. Premio de Ensayo de Radio Habana – Cuba en 1988.

Estudió Literatura en la Universidad de su país y Literatura Rusa en la Universidad Estatal de Varonnel en la otrora URSS. Mención Honorífica en el “ Segundo Concurso  Internacional de Poesía Sobre la Paz “ Ramón Liuli “ de Palma de Mayorca- España, en 1995. Autor del poemario “ Arbol Salvaje “- 1974-1977. Dejó su libro inédito “ La Provincia Sitiada “ 1992- 1995. Editor de la publicación trimestral “ Papel de Tiralán “.

Incluido en la “ Antología de una Generación Dispersa,” editada en su país en 1982. En su prólogo se señala lo siguiente: “ Toda generación de poetas es un desgarramiento, un sobresalto, un cuestionamiento, una combativa indefectible búsqueda del propio ser expresivo, frente a una realidad enajenante , que utiliza todas sus fuerzas para impedir cualquier desequilibrio, para ahogar las voces que intentan denunciarlas ... “.

Poeta finalista en el concurso de Poesía Erótica, convocado por el Centro de Documentación “ Ramón Rubiera “ de Nueva Paz- Habana en 1994, con el poema titulado “ ROJO “ el cual es el titulo de un poemario. Este poeta falleció en un lamentable  accidente automovilístico, el día 10 de Enero de 1997.

 

 

“ ROJO “


 

Rojo

Es el color del hombre prehistórico

de la edad de Piedra.

Rojo

es el color del hombre de NEARDENTAL.

 

Rojo

pintaban el cuerpo el hombre caldeo

ante los ojos de CHOLA y CHOLIBA.

 

Rojo

El APOCALIPSIS DE SAN JUAN

y el corcel rojo sangre

de su jinete malévolo

el dragón vomitando

rojas estrellas

sobre el planeta TIERRA.

 

Rojo

es la VENUS DE VILLENDORF

de abundantes formas

y fértil femineidad.

 

Rojo

es la túnica victoriosa

en los héroes de HOMERO

Rojo

los remos junto a la cama de ULISES

Rojo

era el dios marte

en su fundación de hierro ROJO VIVO

Rojo

el fuego y el valor del guerrero de RUDIANO

los rayos del trueno y las barbas de DIOS THOR

Rojo

es el peligro y es la guerra

el capote y la espada del torero

y las astas ensangrentadas del novillo

y la plaza al caer la tarde

Rojo

Es el tono de la cólera y la fuerza

Rojo

siempre presente

en la música y el cántico

Rojo

es el silencio

cuando se canta la liturgia

que condice al éxtasis.

 

Rojo

es el color de la lámpara

y las cortinas, el florero

y los claveles que lo contienen

y de ROJO es el revestimiento de las paredes

y la habitación y el lecho

para hacer el amor.

Rojo es el amor en su acto

más puro y ardiente, es el clímax

y las colinas de tu cuerpo

y el oculto y tibio sexo.

Rojo, es el deseo y es el beso

En tus labios carmesí y es la clave

donde reside el encanto de la ROSA,

siempre ROJO.


 

 

De: José Antonio Porras Bolívar.

       Costa- Rica.

 

 

 

Poema finalista en el concurso de Poesía Erótica, convocado por el Centro de Documentación “ Ramón Rubiera “ de Nueva Paz- Habana, en 1994.

 

 

 

Elmys García Rodríguez. Holguín- Cuba. Poeta- Narradora. Miembro del Taller Literario “ Lalita Curbelo Barberán “ de Holguín. Ha publicado en diversas revistas internacionales; también plaquetas de poesía en España, Perú y Argentina. Tiene un cuaderno editado en Italia en 1995, con el título “ Diálogo con la Impaciencia “ y otro en Brasil.  En 1999, con el título “ Mujer que se Desnuda frente a la Ventana “. Su obra ha sido traducida al portugués, italiano, francés e Inglés.

 

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CARMEN PÉREZ CALLEJÓN

 

J U D Í O S   S E F A R D Í E S

Fundación Garnata – Medievo Escrito andalusí

                               

 

OCTAVO CENTENARIO de la muerte del gran sefardí Maimónides, que se está celebrando este año a nivel internacional. Con motivo del  homenaje a este sin par cordobés, hacemos el esfuerzo de hilvanar estas líneas. Por cortas van a ser pobre tributo a un sabio de esta talla, el cual representa al genuino sefardí peninsular, dadas las características que veremos.

Se impone desde el comienzo diferenciar. Sefardí es el judío oriundo de la Península Ibérica, que ellos llamaron Sefarad. Parece que están aquí desde la diáspora del pueblo judío a Babilonia, aunque  tenemos testimonios históricos que al  Extremo Occidente, que era entonces la Península Ibérica, llegaron unos cinco siglos antes de Cristo, los fenicios en sus naves desde Tiro y Sidón. Luego la conexión de nuestra península con Oriente nos viene desde épocas muy remotas. El aporte de la civilización musulmana, gracias a esas constantes conexiones con el otro extremo de las tierras conocidas entonces, es el  último intercambio entre culturas y pueblos del otro extremo, que hemos gozado, para beneficio de ambas orillas.   

Existe la otra gran rama de judíos askenazíes, tanto  centroeuropeos, como otros del resto del mundo, con características, que nada tienen que ver con el judío de Sefarad. Se da  además el sionismo. Este es un movimiento político, que no es de ahora; viene de antaño, el cual reivindica un espacio territorial, como pueblo con entidad propia, para los  portadores de la Estrella de David, contra las apetencias de sefardíes y de askenazíes, que han elegido siempre ser ciudadanos del mundo, siendo alemanes, con los alemanes, ingleses con los ingleses, franceses con los franceses, rusos con los rusos, indonesios con los indonesios, irakíes con los irakíes, etc. Establecidas estas  necesarias diferenciaciones entramos en nuestro  tema, con un tanto de temor. Desde luego que,  aceptadas  nuestras limitaciones, nos veríamos recompensados si arrancáramos con esto otras aportaciones al tema que llenara nuestras lagunas e incluso imprecisiones, sobre esta parcela tan singular y rica  de nuestra historia. De    paso, iríamos despojándonos de tabúes, de miedos ancestrales de unos  hacia los otros.

 

Los conocimientos  y datos almacenados, que manejan   los eruditos entre ellos, pero que  se divulgan poco, quedan sin digerir por siglos, indigestión que  históricamente, nos daña.  Éste es el caso de nuestro  sefardismo. Como mucho, la palabra suena, pero vacía de  contenido. Nosotros tratamos solamente de promover un tema. A los judíos peninsulares los tenemos relacionados únicamente con las negras páginas de la Inquisición, acumuladas a base de acusaciones, sin que paralelamente se nos presenten las beneficios que hemos obtenido de un vivir con gentes, a los que se les condenaba solamente desde el punto de vista de su religión, y  eso lo organizaba otra religión, con la que también convivíamos.   

Tuve la gran oportunidad  de participar, de forma esporádica a algunas de las lecciones magistrales del ciclo de conferencias, que bajo  el título de “Curso de Cultura Hebrea” se celebró en Córdoba en marzo de 1985, con motivo del 850 aniversario del nacimiento de Maimónides.  El estudio que presento viene avalado por la solvencia de los Profesores responsables de este curso. Para evitar constantes citas declaro que las dos líneas maestras, que aportaré  en este ensayo las extraigo del curso completo, a través  de  sus Actas. Se impone presentar  al elenco de Profesores, que bajo la dirección de  JESÚS PELÁEZ DEL ROSAL fueron responsables de él: Antonio Piñero Sáez,Universidad Complutense. Carlos Carrete Parrondo,Uni. Pontificia de Salamanca. Mª de los Ángeles Navarro Peiro, Uni.Complutense. Angel Saez Badillo, Uni. de Granada. Mª Encarnación Varela Moreno,Uni. de Granada. Fernando Díaz Esteban, Uni. Central e Barcelona. Haim Beirart, Uni Hebrea de Jerusalén.  David Romano Ventura, Uni. de Barcelona.  Aparte de otros detalles, muy importantes, por cierto, pero imposible de tratar en este corto espacio, me llamó poderosamente la atención, que no hay ni uno solo de estos Profesores que discrepe a la hora de  resaltar dos peculiaridades de nuestro sefardísmo.  Características que vienen a diferenciarlos  del judaísmo  askenazí y sobretodo del sionismo. Estos eruditos, a nivel internacional, nos aportan objetivamente sus investigaciones y  su pensamiento, al que, después de un concienzudo estudio de las Actas del  curso, quedo adherida.

 

LA PRIMERA  característica  básica, gracias a la cual  los sefardíes pudieron, por siglos, ir avanzando en la profundidad  de sus estudios, los cuales han enriquecido el pensamiento occidental,  fue el amparo, protección y  mecenazgo que recibieron constantemente durante el período de Al-Ándalus,  tanto en la época califal, como de los reinos de taifas.

Después del largo etc.  de leyes en contra y largas  persecuciones  en la època  visigoda, es natural que los sefardíes  “acogieran con los brazos abiertos a los árabes a partir del 711... Una vida plácida, sin especiales persecuciones ni problemas había sucedido a la anterior bajo la férula visigoda. Esta  nueva situación duraría más de ocho generaciones y supone el lapso de tiempo más prolongado  que una diáspora judía conocida haya pasado sin especiales problemas en toda su historia.”

El mismo Profesor PIÑERO SANZ, que estoy citando, nos hace caer en la cuenta, que  en los levantamientos  de los cristianos, que hubo en el Sur de la Península contra Abderramán II , no queda constancia  ninguna que los judíos se unieran a ellos. Lo que si consta es que en  época anterior, en tiempos de  Al-Hakam I ( 796-822)  continuaron llegando a la Península  judíos de la diáspora, que fueron muy bien acogidos. En fin , todos los autores señalan la lealtad de los sefardíes  a  los gobiernos musulmanes, a los que llegaron a prestar valiosos servicios.  Avanzamos en el tiempo y encontramos los testimonios escritos de cómo  la época de Abderramán III  se caracteriza por las altas cotas de cultura a que se llega, gracias a las estrechas relaciones sociales, que se dan entre las tres comunidades, cuyo pensamiento y costumbres propias estaban garantizados por la ley musulmana vigente. Respecto a los judíos, “legalmente contaban con autoridades rabínicas propias, que juzgaban los litigios entre judíos de acuerdo a la ley judía. Maimónides menciona esta circunstancia en su obra  sobre la Misná.” (Los Judios de la España Musulmana- HAIM BEINART.) Estas mismas disposiciones, que garantizaban los derechos religiosos, las costumbres e incluso los aspectos legislativos regía también para el grupo cristiano.

Este Profesor nos instruye sobre ciertos datos muy interesantes. Primero, no gozaban los judíos de esa época de gran desahogo económico, y nos hace notar también,  de forma muy objetiva, que tampoco faltaron  persecuciones esporádicas, pero nada de esto impidió el avance cultural y científico del judaísmo español. 

Concretando este punto nada mejor que traer el sentir, que deja por escrito uno de los grandes sabios de esta época, un sefardí granadino,  MOISÉS IBN EZRA: Después  que los árabes se hicieron dueños de la península de Al-Ándalus conquistándola de manos de los godos, los israelitas que se encontraban en la península aprendieron de los árabes, en el transcurso del tiempo, las distintas ramas de las ciencias. Gracias a su constancia y aplicación aprendieron la lengua árabe, pudieron escudriñar sus obras y penetrar en lo más íntimo de sus composiciones, se hicieron perfectos conocedores de sus diversas disciplinas científicas, al mismo tiempo que se deleitaban en el encanto de su poesía...”

La lengua materna de Maimónides era el árabe. La mayor parte de su obra va escrita en esta lengua, pero con caracteres hebreos, es decir, sus obras son aljamiados hebraicoárabes o arábigohebreo. Precisamente una de las peculiaridades del sefardismo, que le dio superioridad cultural sobre el resto del judaísmo, fue su dominio hablado y escrito de la lengua árabe.

Por otra parte, la gramática hebraica fue objeto de gran atención y notables progresos, gracias al mecenazgo del califato. Tanto que la literatura hebrea alcanza en la Península su mayor esplendor, al incorporar  a su literatura las formas poéticas de la lengua árabe.   

Respecto a este sentido de integración y pertenencia a los proyectos comunes, nacido de la especial protección y apoyo que recibieron tanto del califato como de los emiratos posteriores,  no me resisto a presentar textualmente las palabras del Profesor  CARRETE PARRONDO: “Hay que afirmar una  vez más, una evidencia que todavía hay quienes no están dispuestos a aceptar: el judío castellano, aragonés, navarro o catalán y, en su caso, andaluz, era y se sentía – antes que propiamente judío- profundamente castellano, aragonés, navarro, catalán y andaluz. Mientras esta realidad no se admita en todos sus extremos poco avanzaremos en la investigación histórica.”

El tejido social de nuestro medievo, que duró ocho siglos, no lo olvidemos, estaba tan estrechamente  imbricado, que el escritor FRANCISCO BUENO, en la presentación de su recientísima obra,”Los Reyes de la Alhambra”, nos confiesa: “Llevo muchos años estudiando a los judíos en España. Pues para estudiar el judaísmo ha sido necesario conocer la historia de los musulmanes españoles, especialmente la historia de los reyes de Granada.”

 

LA SEGUNDA característica del judío sefardí es algo muy singular. El centro de la religiosidad y de la educación de los judíos es el Talmud, que contiene las disposiciones universalmente reconocidas para todos ellos.  Pero en España, la norma religiosa,  que tenía validez era el Talmud de  Babilonia, no el de Palestina. Los judíos españoles reconocían que los verdaderos expertos en temas religiosos se hallaban en las Academias teológicas de la judería de Babilonia”, a las que consultaban constantemente para resolver sus dudas religiosas y jurídicas de aplicación de sus leyes y costumbres. Este mismo Profesor, que estamos citando, así como todos   los participantes en el “Curso de Cultura Hebrea”, que he mencionado, nos dicen que, pasado el tiempo, se convierte Córdoba, y esto ya en el siglo IX, en el centro de  consultas del resto del mundo judío. Adquiriendo fama especial, ya en este siglo, ELEAZAR BEN SAMUEL de Lucena, autor de múltiples “respuestas”. Preguntas y “respuestas” que, entre los judíos, se archivaban hasta ir formando un cuerpo jurídico aplicable a todas las juderías. Eleazar ben Samuel sintió la necesidad  de afianzar sus conocimientos de la Ley  o Tora, y se traslada  a Sura, ciudad  en lo que es hoy Irak, centro tan importante como Babilonia para  la interpretación  de la Ley judaica. De Eleazar ben Samuel  nos dice este Profesor que: “Su vida es un testimonio claro de la solidez de los lazos entre la judería culta española, fundamentalmente andaluza, y los asentamientos judías de Babilonia.”  Mientras tanto, en estos intercambios de discusiones rabínicas entre grandes pensadores, quedó  siempre excluida la consulta al judaísmo palestino. Incluso, se trajo a la Península el Talmud de Babilonia,  del que  se hacían copias y se vendían a otros países, una vez que Al´Andalus y especialmente Córdoba se convirtió en  el centro de toda clase de estudios.

Siguiendo con nuestro tema, le ocurrió algo insólito a nuestro sefardismo integrador , no sólo del pensamiento musulmán, como se dio, al estudiar y aceptar los avances filosóficos de Aberroes y de otros muchos pensadores musulmanes, sino que llega más tarde el intento de  sincretismo hispanomusulmán elaborado por  RAIMON LLULL elaborado en el siglo XIII, porque el pensamiento español de aquella época era terreno abonado desde hacía siglos para proponerlo. Pero,  “Los dirigentes judíos de Centroeuropa observaban con sorpresa –a veces con indignación- los rumbos liberales y creativos que adoptaban sus correligionarios de Sefarad: el averroísmo podía convertirse en un auténtico peligro para la pureza doctrinal mosaica; el contacto con la población cristiana era un síntoma de posible asimilación....

Los askenasíes no podían comprender que en Sefarad se estaba produciendo una simbiosis hispanojudaica, de la misma manera que antes se produjo una cordial convivencia judeomusulmana. Por consiguiente había que intervenir con decisión. Y  es a  mediados del siglo XIII cuando destacados dirigentes de Asquenaz se trasladan a Toledo para revisar en profundidad la situación jurídica y religiosa de los judíos de la España cristiana...”(“El Legado Renovador de los Judíos Españoles”, Carrete Larrondo).

Dados estos siglos de esplendor, gracias a todos; recordemos la Escuela de Traductores de Toledo promovida por un monarca cristiano, ¿qué ocurre en marzo de 1492?  ¿Qué poderosos motivos tuvo el Rey de Aragón para  firmar, junto con el inquisidor general, un  Decreto de drástica expulsión de sus súbditos, sólo porque eran judíos?  Isabel y Fernando firman la última Capitulación con el reino de Granada, dos meses antes del mismo años, en estos términos: “... Item mas, les dejaremos vivir en su ley y no serán apremiados ni constreñidos a seguir  ni guardar otra ley, y les dejaremos y mandaremos dejar sus almuédanos  y  algimias y alfaquíes y serán juzgados por su ley sarracena...” Estos hechos nos inducen a pensar que  los sefardíes no fueron expulsados de la Península por motivos religiosos.  Necesitamos un estudio exhaustivo  y una generosa divulgación sobre esta expulsión.  

Con este Decreto de expulsión se pretendió acabar con  el judaísmo en la Península. Éste siguió viviendo soterrado. Con lo que se acabó fue con todas sus actividades culturales.  Para bien de todos, vuelven a organizarse en España  a través de la RED DE JUDERÍAS EN ESPAÑA , que “es una Asociación pública, sin ánimo de lucro, la cual tiene como objetivo la defensa del patrimonio urbanístico arquitectónico histórico, artístico y cultural del legado sefardí en España.” Cuenta ya con doce centros: En Barcelona, Cáceres, Córdoba, Girona, Hervás, León, Lucena, Rivadavia, Segovia, Toledo, Tortosa y  Tudela.  Y nacen ya con un objetivo, el cual los han caracterizado a través de toda su historia, desde las naves de Tiro y Sidón: Promover la economía de nuestro país, contando como base y  fundamento el hecho cultural.  Para ello, según veo en mi información, han conseguido como patrocinadores de sus actividades culturales  a  las Concejalías de Cultura, Patrimonio y Turismo de estas ciudades. Su vinculación con las instituciones es tal, que como dato, tenemos en estos momentos, como Presidenta de la “Red de Juderías en España”, a Dª  ROSA  AGUILAR, alcaldesa de Córdoba.

 

Para concluir este somero bosquejo, un par de pinceladas extraídas del caudal de conocimientos, que nos ha aportado el “Congreso Internacional- Maimónides y su Época”:

La Profesora MARÍA JOSÉ CANO de la Universidad  de Granada, acabó su excepcional disertación sobre “Las relaciones judeo-musulmanas en el Egipto de Maimónides”,expresando de forma muy clara su oposición a cierta tendencia, tendenciosa desde luego, que pretende convencernos de que entre estos españoles de cultura y religión dispar no hubo convivencia.  Ella  deja explícitamente aclarado, que si la hubo y en alto grado. ¿Somos conscientes, que nuestro esplendoroso pasado puede ser el modelo que está necesitando hoy nuestro mundo? Pero para entrar en esta valoración de lo que podemos representar hoy  para nuestro mundo, necesitamos conocer a fondo qué es lo que fuimos.

Esto no son eufemismos ni mitos históricos. Son realidades tan interesantes, que continúan llamando la atención y siendo tenidas en cuenta mundialmente por el pensamiento constructivo de hoy, como ha venido a mostrarnos este gran Congreso  de Córdoba, en el que han participado treinta y un Profesor de las más prestigiosos universidades del mundo, cuyos nombres sería prolijo enumerar, organizado por la “Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales”, cuyo Presidente inauguró este evento.  Olvidamos una gran realidad: Tenemos un Santo Tomás gracias a un Maimónides y a un Aberroes.  

DON MIGUEL CRUZ HERNÁNDEZ de la Autónoma de Madrid, en su conferencia magistral sobre “Maimónides, el gran rabino de su tiempo”, nos trajo esta preciosa anécdota: En el testamento, que deja a su hijo, Maimónides se atreva a  recomendarle: “No te fíes más que de los pensadores sefardíes.” Y con mucho gracejo, el Profesor CRUZ nos advierte que, “decir esto es una cosa muy gorda, porque con ello está  previniendo a su hijo incluso contra los pensadores griegos,” que realmente, el sefardí cordobés puso en duda en algunos aspectos.

En las palabras de presentación del programa de actos académicos de este Congreso se nos dice: “Maimónides fue un hombre de su tiempo y de su tierra, al-Ándalus. Toda  su vida continuará llamándose Moisés Ben Maimón el Sefardí o el Cordobés o el Andalusí. Por esto, en el Congreso se tendrá  una consideración muy atenta a  aquella etapa  gloriosa del judaísmo andalusí….”

    

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JOSÉ REPISO MOYANO

 

LA BONDAD CÓMODA Y LA BONDAD TRABAJADA


Hay quienes que, desde que nacen, ya cuentan con casi todo: con demasiados recursos y con demasiadas atenciones; y cómodamente no tienen por qué pugnar por lo más imprescindible, aquello que sí es muy importante desde siempre y para la mayoría.

No tienen que luchar vitalmente en el día a día por cada obstáculo, por cada contra a la que otros se encuentran sometidos con el sobreesfuerzo, con el desconsuelo o con la desprotección, en las recaídas, en el enfado y en el desenfado. Como cuentan con apoyos no necesitan arriesgar la obediencia, la simpatía acaramelada ni la pasividad que defienden ante todo lo que obligatoriamente hay que levantar la voz -para que la escuchen-, estar en desacuerdo, tomar partido o posición, rebelarse, manifestarse o mojarse hasta el...trasero. En efecto, están tranquilos -porque lo que causa intranquilidad
lo desconocen- y también predispuestos a vender esa imagen bendita de que no ponen contras, son muy buenos, son muy guapos para que no cambien sus privilegios; puesto que no han estado vinculados al padecer continuo de quien se destempla -y no puede ser de otra manera- porque le han asesinado a sus hijos mientras la Justicia le da de lado, por ejemplo.

Y es que no tienen motivos -se les dio papillas hasta por el culo- para arriesgar mucho sacrificio meramente por sobrevivir, y también por no consentir lo que ya saben de sobra, por los demás. Sin embargo, Miguel Hernández, Pablo Neruda o César Vallejo ya tuvieron que gritar y sacrificar bastante para otro tipo de bondad alejada la esa "pija" o del sórdido protocolo que engrandece a las santas mentiras.
             "Castiga a quien te malhiere mientras te queden puños" dijo Miguel Hernández; por eso es muy malo. Con elegancia, en cambio, los "pijos" sólo tienen que decir piropos y piropos a los poderes que les protegen y, además, consentirlo todo implícitamente.

Existe una bondad que es la auténtica, que es la que no calla y busca la dignidad hasta del último ser humano, que malhiere diariamente las injusticias, que grita, y que no ha vendido aún su voz; esa bondad bien existe, pero importa poco a los que sólo halagan sus imágenes, sus cuentas corrientes y con una opinión de simpatía consienten lo mismo el terrorismo de Estado que derroches del dinero público para comprar armas o para la publicidad de sus campañas electorales de "bondad".

  

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ANA MARÍA FUSTER LAVÍN

 

       "Hay poetas que hacen el amor de corrido / Como si les doliera la espalda envejecida / Escriben versos con olor a sexo trajinado / En callejones sanjuaneros los fines de semana / En el Empire State building  los lunes a las nueve / En la Torre Eiffel una semana después / Y regresan / (del) (la) penthouse de las mentiras / con una nueva amiga / (Y todo para casarse con el hábito teatral de la escritura) / Pero está dicho que el hábito no hace al monje." Belia Segarra, Aguafiesta


     Los silencios del poeta son los truenos del huracán: vino, cerveza, humo, clandestinaje, ideales, compromiso, amor, pasión y versos compartidos en un balcón de olas o en un micrófono de un bar urbano donde todo se puede. Los poetas recuperan la noche y se apropian del mundo de los silencios donde las conciencias gritan mil secretos, amor y muerte. Sí, Belia, hay poetas que hacemos las palabras de corrido, como si nos dolieran las manos de tantos ruidos, injusticias, desconciertos.
     Una poeta anónima acaba de leer su manifiesto potente, visceral y mi cigarrillo se ha consumido sin llegar a aspirarlo. Y es que hay tantas formas de amar como de morir, ¿lo dije en voz alta? ¿Me escuchaste? Suspiré y miré al querido amigo y poeta cagüeño José Manuel Solá, y señaló invisible mil palabras para decir: "El amor, tanto como el desamor, es el punto de partida de toda mi poesía. Lo que pasa es que asume diferentes vertientes: mujer, tierra, justicia, ser humano y solidaridad y denuncia. Todo ello emana, en lo que escribo, de una profesión de fe en el amor. Creo que lo mismo sucede con la mayoría de los poetas que he leído, o, ¿quién podría negar que la Elegía a Ramón Sijé, de Miguel Hernández, es un poema de amor? De amor fraterno. Y de rebeldía y de rabia, claro está. ¿Quién se atrevería a afirmar que el Canto General de Neruda no es un canto de amor? Sólo tenemos que leer a Ángelamaría Dávila, a Magaly Quiñones, a Julia, a ti misma, Ana María, a Roque Dalton, a Ángel Darío Carrero... ¡qué se yo!, a tantos que desde diferentes y a veces encontradas perspectivas y tonos escriben y encontramos -en todos ellos- que el amor es el aura que define su poesía."
  Y es que el amor es el motor de tantos versos, cuando no es trillado. Tres poemas, una cerveza y seguimos. Pero mi pana --otro clandestino conspirador de la palabra, poeta, viajante, crítico literario y bohemio, Mario Antonio Rosa (autor de los poemarios Misivas para la paz y Tristezas de la Erótica, ed. Isla Negra)-- ¿se nos puede acabar el tema?, me contesta: "El amor siempre es tema nuevo. Tema de continuidad en su descubrimiento. En  la creación poética puede explicarse en un enlace entre la voz del alma que siempre alimenta las palabras de la poesía, el pretexto de sentir amor hacia todo lo visto y lo creado y la conjunción maravillosa con la imaginación. Lo diario, por no decir lo cotidiano con el tema amoroso es una diversidad;  cada día que se vive, existen a su modo y bajo su magia muchos actos de  amor, y siempre al escribir el viaje del amor siempre recién nacido y vigoroso  existe. Los detonantes son el mismo hombre y su complejidad de sentimientos  vividos y extinguidos, y en su cauce la manera única de confesar una  búsqueda hacia la verdadera belleza."

 

Como si la vida fuera suficiente
plantearse otras risas, otros llantos
volar hacia otra muerte
aún así regresar al  origen
soñando con el destino de otra piel
naciendo de los propios deseos
sin arrepentirse
sin cadenas
sin perdones ni agradecimientos
sólo seres anónimos, descarados,
pero vivos.
Como si la muerte no fuera suficiente.
Ana María Fuster, Elegía I
       

   Vivir, morir y volver a amar una mirada, la patria, la sonrisa de un niño o el cuerpo desnudo del amado. Hablamos de amor, lo creamos, lo vivimos, que nos lleva a una y otra muerte. Muerte del cuerpo, muerte de las etapas en la vida, son tantas y tantas.  Así, entre versos, huyendo de los fantasmas de la cotidianidad, la poeta puertorriqueña Maribel Sánchez Pagán me responde: "El tema de la muerte es como el del amor.  Ambos serán siempre trabajados y comentados.  Uno porque es el motor que nos sostiene vivos (la fuente del amor) y el otro, porque es el que nos recuerda nuestra finitud y algo más difícil de entender, el más allá.  Hay maestros en el arte de cantar el tema de la muerte, ahí tienes el caso de César Vallejo, que no sólo habla de la muerte física sino, de la espiritual y las diferencia a ambas.  El tema de la muerte fue un tema con el que estuve mucho tiempo atrapada, la fascinación por ese acto que traiciona la vida, el morirse.  Porque este animal llamado "hombre" tiene conciencia de su muerte a través de la muerte de los otros.  ¿No es para filosofar?  ¿Quedará incluso, la palabra viva en algún rincón del planeta?"  ¡Sí!


"El mítico pájaro de la muerte
bate sus alas sobre mi cabeza.
Levanta altivo su pico de mi corazón,
me puebla de llovizna, me nombra.
Sujeta a la orilla,
mi risa prendida de los sauces,
mis manjares preferidos, mis vidas pasadas,
el poema de los días del clavel que duerme.
Fijo la mirada en el mar y me urge un rato de amor,
el alba de los que conocen la vida.
Allí pacto:
nada tiene el mar que en mí muera."
Etnairis Rivera, El mítico pájaro de la muerte.


 Sí, Etnairis, somos islas, somos planetas, somos vida, volveremos a tomar por asalto otra noche, otra barra, otra página de un periódico.  Tenemos alas de sangre lloviendo silencios de amor y de muerte, silencios clandestinos, y fluimos fluimos...

comentarios a:
amfuster@prtc.net


Publicado en Claridad, en Rojo, de Trasmano, pág. 30

semana del 22 al 28 de julio de 2004

 

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