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LA HISTORIA
La roue de fortune
Suceden cosas, gira el mundo. El tiempo juega con sus brazos múltiples. Los seres humanos montan su tinglado, se pelean, luchan; cruzan sus pasiones, se adueñan de tierras, crean posesiones a las que se aferran… Hacen con el oro moneda de cambio, del agua hacen líquido con el que dominar, señalan en el aire fronteras inventadas y alzan sobre la tierra barreras que separan. Unos son los que vencen, los otros derrotados…, y, así, en la cadena que se van imponiendo visten con los ropajes de una importancia huera.
Mandar sobre otros, tener más que otros, mirar a los demás subido a una tarima… Y son los que dominan quienes se inventan la historia. Montan sus engranajes de tupidas mentiras y con sus panegíricos envuelven de leyendas los hechos acaecidos, trasladan al olvido cualquier cosa insigne que adorne a los vencidos, buscan borrar la huella de aquellos que, rebeldes, salieron de su noria de metales bruñidos.
¡He aquí los reyes! ¡He aquí los santos! ¡He aquí los buenos servidores que hacen patria y ponen banderas y música a la historia auténtica!
Pero no la sangre… Que nadie la mire, que nadie lo sepa, que nadie contemple la miseria oculta, que nadie comprenda que bajo las flores está la careta que esconde el engaño, la panoplia absurda de su larga historia.
Inventan un mundo que dicen el único. Pero el Mago sabe que es un escenario. Que tras la tramoya de cartón de piedra, todo es humo y fuego… Él conoce y sabe que en los corazones habita una herrumbre que carcome el tiempo, y en sus tristes glorias, los hombres han hecho del amor un juego banal y embustero y han hecho fronteras de papel y sangre que se pudre y llora. Y la Dama sabe que sólo en su Lago el tiempo no puede carcomer el oro de luz ni la sangre que fluye en el aire y el fuego y el aire y siembra en la tierra su quietud eterna que siempre se mueve.
El Mago, cansado de tierra baldía, de cenizas turbias sembrando los campos, de mutilaciones y muertes inútiles…, también ha llorado. Como llora el pájaro que, junto a la fuente, busca en su memoria. Como llora el pez perdido en el agua. Como llora el viento…
Después ha dejado su fuego sin lumbre. Recoge cenizas y las tira al aire y ve que se expanden a los cuatro vientos y nadie las para. Mira los rescoldos de viejas batallas…, en los remolinos que se lleva el viento nota los fantasmas que se desdibujan y que tantas gentes tienen endiosados. Y se va hacia el Lago. En él se sumerge y busca a su Dama y ambos, de la mano, van hacia la Luz y en ella se pierden. Y no hay más historia.