HERIDO,
MUERTO DE AMOR
Emilio Ballesteros
HERIDO
El laúd comenzó…
Mi corazón rompió las cadenas.
Algo cantó desde las cuerdas:
“Loco herido… ¡ven!
Rumi
En soledad
vivía,
y en soledad ha puesto ya su nido,
y en soledad la guía
a solas su querido,
también en soledad de amor herido.
S. Juan de la Cruz
Amor, amor
que está herido.
Herido de amor huido:
herido,
muerto de amor.
Federico García Lorca
POR SIEMPRE
El tiempo pasará como pasa la lluvia
que deja tras de sí el olor a humedad.
Habrá momentos tristes y de felicidad
creciendo como flores silvestres del camino.
Como leves jirones de las nubes que pasan
surgirán los recuerdos que, a orillas del olvido,
remuevan algo dentro que estaba allí escondido.
Pero aquellos momentos de tierna libertad,
de dulces descubrires, de densa oscuridad
bañada por estrellas; esos no morirán.
Con ellos construimos la luz de nuestras casas,
la faz de nuestras caras, la fe de nuestras vidas.
El tiempo pasará, sí, como pasa todo;
pero hay algo esencial que, adentro de nosotros,
jamás nos dejará y encima de los tiempos,
más allá de la muerte, siempre nos mantendrá
unidos por los hilos que nunca se terminan.
Junto a mi corazón, donde las horas mueren
y nacen como rosas de algún jardín eterno,
allí estarás tú siempre y allí tú me tendrás
por siempre y para siempre feliz, tierno y sereno.
de Ojos de corazón y fuego
TÚ
Te hablo con esta música porque sé que me entiendes,
porque tu pecho brujo entre sus huecos busca
las voces que en silencio nos dice el corazón.
Tú, que eres como el agua azul de la cascada
que hacia la espuma tórrida sin más se abandonó…
Tú, que eres como el fuego, rojizo y anhelante
de mística pasión.. Tú entenderás la dicha
sin fin de mi llamada, y en su sensual cadencia
te tomará el arrobo de su felicidad.
A ti, por eso, a ti me ofrezco en sacrificio;
Generoso, egoísta, sincero y mentiroso.
A ti que me comprendes, para que en el silencio
las olas de la vida nos hundan en su amor.
de Ojos de corazón y fuego
ÉRAMOS
Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.
Miguel Hernández
Éramos dos y éramos uno
que en un abrazo se consumían.
Éramos dos y era una chispa
de ardiente fuego que se encendía.
Éramos dos y éramos uno,
nuestros contornos se disolvían.
Éramos dos y era otro mundo
en el que todo se diluía.
Éramos dos y éramos uno;
un clavo ardiente que derretía.
Éramos dos y era lo eterno
que en un instante se contraía.
Éramos dos y éramos uno,
que se besaban, que se mordían.
Éramos dos y era la muerte
bella y salvaje que se reía.
de Ojos de corazón y fuego
LLORAR DE ALEGRÍA
¿No sabes que la noche
es puta pero es santa,
es noble pero es mala,
es negra pero es blanca?
¿Es que acaso no sabes
que la flor es la espina,
que la arena es la harina,
que la muerte es la vida?
¿No sabes que se puede
arder con agua fría,
soñar en la vigilia
y llorar de alegría?
de Ojos de corazón y fuego
LA LLAGA INCURABLE
La cogía en mis brazos y hacía que el mundo girara inconsciente entre besos y abrazos.
La mordía. Sus pechos de azúcar llenaban mi boca de néctar de luna.
En mis manos su pelo dejaba regueros de suaves caricias;
su piel de alabastro posaba en mis dedos aceite de olvido.
Sus piernas ardientes abrían su valle secreto a mis ojos;
mi rostro era un rojo carbón en el mórbido albor de sus muslos.
Después era un mundo de magia en la noche;
oscuros perfumes, mi pelo en su vientre, mi cuello en sus dientes, mi sexo en su sexo...
Lamía su oreja, besaba sus ojos, me hincaba en su cuerpo...
El mundo dejaba de estar un instante; las cosas huían, la luz se ofuscaba, el aire hecho tromba, en vértigo negro me henchía y mataba...
Después..., el sosiego..., quietud y silencio... Y un glauco destello de estrella apagada.
El frío del agua, la luz del espejo, mi imagen gastada...,
sus ecos decían que, al fin, ese cuerpo
extraño dejaba vacío en el alma...,
dolor de una llaga que no se curaba.
de Alhucema, nº 2-3
Te miraba de lejos...,
a mi boca sedienta tú eras fruta prohibida;
con dolor te dejaba
en el aire de ausencia
besos de ceniza.
Te decía las cosas
que escuchabas silente con un aura divina.
Y no sé si sentías
que mi amor te lanzaba
en el aire secreto
besos de ceniza.
Cuando el tiempo se vaya
y el recuerdo se asome a tu espíritu un día
notarás en el alma
un temblor vago y dulce
que te deje en la boca
besos de ceniza.
de La luz
en las flores
ABRASADOS DE TERNURA
se escurría entre las hojas y la luz y por el agua nos dejaba
sensaciones de un calor que desde dentro encendía un no sé qué
que por fuera nos dejaba como piedra, como hielo, sin saber muy bien qué hacer, ni qué decir, ni en qué lugar posar los ojos.
Un eléctrico sopor por nuestra piel se revolvía, nos cubría de un rocío de ilusión y de deseo.
Nos miramos con temor y con deleite. Nos dejamos arrastrar por ese velo que la vida nos tendió. Nos acercamos. Nuestros cuerpos,
a su amor, fueron dos llamas de una hoguera que se atreve.
Pero un viento misterioso nos frenaba. Y era un miedo a que la vida nos llevara a sus praderas deleitosas, tan inmensas de gozosa libertad, que pudiéramos perdernos sin saber cómo es posible disfrutar lo que es feliz de puro hermoso.
Nos quedamos abrazados sin saber si al otro lado de la puerta estaba el fuego más intenso que destroza de ese amor sin ataduras.
Preferimos esperar a que ese viento tan extraño nos dejase
y tuviéramos valor para el amor y la aventura.
Nos hablamos. Nos miramos. En tu cara posé un beso.
Y lo mismo que un rosal adolescente, nuestros labios
se quedaron con la sed, abrasados de dolor y de ternura.
de La luz en las flores
EN LA CASCADA
La cascada sonaba a pájaros de lluvia.
En el aire flotaban aromas de ternura
y el brillo sobre el agua lanzaba los rescoldos
del fuego de tus venas al musgo de tus ojos.
Sentí latir mi pecho con ansias de paloma,
bebí de tu mirada, respiré tu murmullo,
la tierra abrió sus carnes desenfrenada y loca
cuando se abrió camino mi mano por tus muslos.
Hay veces que la vida te hace sentir contento
con el canto de un ave que se posa en la roca.
Mi corazón saltando sintió en aquel momento
que el mundo se reduce a un beso de tu boca.
de La luz en las flores
VOLAR CONTIGO
Quiero sentir tu cuerpo
como abierta llanura
que al son de mis caballos
recorra con locura...
Quiero arañar mi pecho
del roce de tu pelo,
que hundidos en la noche
conquistemos el cielo...
Quiero volar contigo
a estrellas de corales,
viajar sobre tu vientre
a mundos siderales.
Quiero sentir tu sangre
latiendo por mis venas
y que mis olas vayan
al mar de tus arenas.
de La luz en las flores
VI
A Rosi
Cuando el placer te hizo llorar lamí tus lágrimas.
Sabor a sal. El paladar trajo a mis ansias
remotos ritmos que en el mar las olas marcan
y aquel olor tan mineral de arena y algas.
No quise herir la soledad con las palabras
y me callé sintiendo arder en nuestras almas
hondos silencios que crecían como llamas.
Si te besé fue por tenerte en mis entrañas.
Si me dejé fue por perderme entre tus aguas.
Si te abracé fue por saber dónde acababas,
porque en el borde de mi sed se esfuminaba
cualquier contorno que mis ojos dibujaran.
Mi corazón, preso en tu amor, también lloraba.
de Trilogía del silencio (Trece)
IX
Un dolor que es silencio de tierra y de olivo,
que no sabe de ausencia ni sabe de olvido
y se muere de verse callado y rendido…,
un amor que es de sombra y de luz derretida
y de piedra y cenizas y calor en la espiga
y se quiebra y se calla y se alza y te grita…,
un candor que es de mirlo en la lluvia que canta
como si algo pudiera cambiar su garganta
que es de herida y de fuego y de llaga escarlata…,
un fulgor que es de llama apagada que espera
resurgir con el viento en febril primavera
y morirse en los brazos amantes con ella:
Son la rosa silente que guardo escondida.
de Trilogía del silencio (Trece)
MI DOLOR
Si yo pudiera entender mi dolor
de ortiga aprisionada...
Si pudiera al fin comprender
qué serpiente perturba en el légamo negro
la quietud de las sombras...
Oh, si al fin consiguiera mirar esa luz
que el sosiego me ofrece lejana y divina
y perderme en sus rayos de paz...,
qué belleza podría consolarme
en la noche sin nombre que me muerde en la entraña
y qué clara mañana podría ofrecerte
en la dulce y total beatitud.
Pero soy sólo un pobre mortal que se agita en la niebla
y fantasmas feroces se me enredan como algas
calcinadas y fétidas que me queman el pecho
y me enredan las piernas.
Y es tu amor esa llama pacífica y noble
que me ofrece el calor y la tibia esperanza
de seguir y vivir y encontrar...
Encontrar yo no sé qué lugar que se esconde en tu vientre
y me ofrece el cobijo de un sentido lejano a mis pasos
y una excelsa certeza a mi muerte.
de
EntreRíos nº 0
EN TUS BRAZOS
Una aurora de peces que me nubla la boca
se amontona en mis labios cada vez que me besas
y me muerde en el vientre un fulgor de cristales
si el suspiro de tu alma desvanece mi aliento.
Yo no sé qué silencio se te enrama en los ojos
cuando miras ausente en el río de mis lágrimas
ni qué estrella silente se despierta en mis manos
estallando de luces que me cantan la risa
de tu piel de aceituna.
Ay, qué tiernos dolores que me llenan de gracia.
Ay, qué alegres tormentos... En tus brazos me muero
de un vivir tan intenso que mis flores se encienden
y se mustian de luz y después que sus pétalos
caen entre las aguas van dejando un aroma
que es azul por el aire.
Qué dolor tan alegre, qué alegría tan triste
respirarte en mi pecho, respirarme en tu boca
y que la muerte tenga el sabor de tu pelo
entre mis dientes rotos.
de Extramuros nº 33-34
He puesto jugo de ausencia en la copa de tus labios. Mi silencio es la tristeza.
Dice adiós y me da besos la herida de la distancia; me hace vibración y piedra,
ay, ay, la noche sin tregua, ay, el nefando cariño; pero tú no te das cuenta.
de Trilogía del silencio (Trípticos: combinación de fichas K-II, K-I, L-III)
Es la brisa entre tus dedos el vuelo de una paloma que prende tus ojos tristes;
ceguedad de trigo y alces de un cielo lleno de alas con el reflejo en sus ondas.
Barricada de tus labios, siempre anhelando a la Amada, la oscura sed de mi alma.
de Trilogía del silencio (Trípticos: combinación de fichas H-I, G-III, G-II)
AGUÁRDAME EN LA NOCHE
Para que no se aleje de tus labios
la sensación aleve de mi beso
aguárdame en la noche del regreso
y olvida el amargor de los agravios.
Para que mis silencios sean sabios
y mis palabras sepan a embeleso
deja que entre la arena de mi exceso
se pierdan en tu azul mis astrolabios.
Porque no sé de reglas ni medidas
ni me importa saber lo que habrá luego,
porque siento tu miel por mis heridas
sin pararme a pensar si es todo un juego.
Sólo quiero sentir que mis guaridas
se han llenado de pronto con tu fuego.
De Hybrido (Nueva Cork, 2001) e Il Convivio, nº 9 (Sicilia, 2002)
I
LA SOLEDAD DEL AGUA
Quiero escalar la soledad del agua,
vencer al fuego rojo que habita sus paredes
celestes como espejos de llama derretida,
surgir de la ebriedad que estalla en los geranios
y como en copa de oro que la miel desbordara,
ser la luz derramada sobre tus ígneos labios.
Quiero ser oración que se ofrece a tu vientre
y en el aire cansado de la tarde, ser flujo
de la brisa marina que acompasa las olas
al silencio de arena.
Como espada de nube resquebrajando el tiempo,
quiero ser ese beso de quietud que no para,
que te deja en la boca el sabor de la muerte,
el sabor de la vida.
II
EL DOLOR DEL FUEGO
Vino el dolor.
Llegó como tormenta
de fuego por la arena
arrasando las formas
en su niebla abrasante,
arrojando en los ojos
su polvo incandescente
que era lluvia y deseo
feroz como la carne
entre dientes de hiena.
Llegó y puso temblando
la flor que en los geranios
lucía su esplendor,
ese clavel que el tiempo
nos hinca entre los hombros
con terrible belleza.
Vino el dolor y todo
fue como astro fulgente,
noche transfigurada,
explosión que en el cosmos
expandió su estallido
y su aniquilación.
III
LA LEVEDAD DEL AIRE
Como vilanos leves
que el viento en su arrebato
sacude y bambolea,
destellos en un tiempo
de espada y desvarío,
subimos a las nubes
doradas de la tarde
y vimos desde el cielo
en la quietud doliente
de la molicie azul
surgir de las colinas
un sol que se acostaba,
morir sobre las aguas
la luz que renacía…
IV
EL PESO DE LA TIERRA
Somos barro que al barro regresa
y que en el barro
florece con la escarcha
de estrellas trastornadas.
Somos piedra en la piedra
y que en la piedra tiene
semillas a la sombra,
fulgores a la luz.
Somos tierra que pesa
y el peso de la tierra
nos transcurre en el río,
nos transforma en la noche,
nos transfiere en el río,
nos trastoca en las cosas
y tras salto y traspiés
es la triste alegría
que trasciende y se va.
MUERTO DE AMOR
Ojos míos, frotad vuestra venda con sangre.
Alma mía, cuelga tu ropa en la rueda
de la vida y de la muerte.
Rumi
En una noche oscura
con ansias en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
S. Juan de la Cruz
Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.
Federico Gracía Lorca
III
He notado en tus ojos tristeza de invierno
y una luz que resbala hacia bordes opacos.
En tus labios he visto dolor y desierto,
como si algo dejara en su hueco la arena
que algún viento lejano arrastró por el tiempo.
Me has mirado y he visto que al fondo de tu alma
se ha colgado una daga de tórrido hielo.
Si dejaron sin nervio el color de tus sueños,
despoblados y ausentes, y dejaron sin besos
la tibieza inocente y azul de tu cuerpo,
yo, que no te conozco, te ofrezco mi noche
encendida de estrellas de un cálido cielo.
Y que en negro arrebato nos trague el silencio.
de Trilogía del silencio (Trece)
ME GUSTA EL AMOR DE LAS ROSAS
Me gusta que el amor
se muestre misterioso
como una mariposa
detrás de los visillos.
Que rebulla en la sangre
y un temblor de claveles
se delate en las manos.
Que un pudor inocente
haga nido en el pecho
y en el rostro se asome
el rubor de la vida.
Que la mirada tenga
el brillo de esos pájaros
que no saben, que cantan
porque su corazón quiere.
Me gusta que me ahogue
con el agua de un roce
y deje con un beso
una presencia de alas.
Me gusta que me asuste,
me gusta que me muerda
y que en sus remolinos
pierda hasta la conciencia.
Me gusta que sea dulce,
me gusta que sea tierno
y que nunca se apague
aunque no esté su cuerpo.
Que con ella a mi lado
sea intenso y sin ella
sea un fuego que arde
por encima del tiempo.
de Layla y Machnún, el amor verdadero
SÓLO TÚ HAS DE SALVARME
Cuando el viento en la noche me lanza
su estela de sombras
y fantasmas de piedra golpean en la puerta
de mi alma
o la clara mañana se amontona en la niebla
enredada en las ramblas
sólo tú has de salvarme.
Si el silencio ominoso me pudre las raíces
y un chasquido metálico va espantando las aves
de las ramas de mi árbol
y si crece en el agua sobre el légamo turbio
el acónito glauco
o un hedor pustulento se hace dueño del valle
y lo llena de miasma,
sólo tú, Amada mía, con tu mirada blanca…,
sólo tú has de salvarme.
Porque tú eres la llave que sabe abrir las puertas
y el aire transparente que se lleva las ansias
y el agua de la fuente y el sol que alumbra el alba.
Sólo tú, dulce Layla, eres la luz divina
que ilumina mis pasos
y me da fuerza y Vida.
de Layla y Machnún, el amor verdadero
HABRÁ UNA LUNA
Habrá una luna que, al brillo de su espada,
rasgue de punta a punta el velo de la noche
de modo que los rayos de luz por la vereda
enciendan sobre el musgo su aroma de esmeralda.
Será entonces mi mano sobre tu mano, Layla,
y el puente de tus brazos que abarcando mi espalda
ya nunca más se abra.
de Layla y Machnún, el amor verdadero
ADIOS A LA TRISTEZA
¿A qué sentir tristeza si al final
tiene la oscuridad ojos de tigre
que nos ha de mirar y hacernos piedra
de luz y nada más?
¿A qué sentir tristeza?
Nostalgia, ¿para qué?
Si somos al andar briznas de viento
que danzan por los campos cual vilanos
ligeros y sutiles.
No dejaré que el musgo
se aferre a las escamas
doradas de mis alas
ni estorbe con su peso el vuelo de mi alma.
Adiós a la tristeza
me digo y en las ramas me responde
el rumor de la lluvia y el viento de los grillos
y después un silencio redondo que acompasa
mi corazón al mundo.
CADA NOCHE
Cada noche dejaba en tus labios un beso de alondra.
Cada noche dejabas abierta la flor de tu cuerpo
y un aroma de mirto y albahaca llenaba la estancia.
En tus pechos de nieve bebía la miel del silencio
y en caricias de cálidos bosques que tú me ofrecías
cada noche dejaba asomarse desnudo a mi invierno
tu fiero verano.
Ahora, amor, que los años febriles de entonces
son sólo pasado,
cada noche te busco en mi cama igual que quien busca
el rastro del agua
y hay un tierno calor que acompaña mis manos que ahuyentan
el gris desamparo
y que encuentra latiendo en tu cuerpo el dulce sosiego
de un amor callado.
CONOCÍ
Yo conocí el fragor
que forma en los incendios la vida desatada.
Yo conocí la angustia
que aferra el corazón y lo hace prisionero.
Yo conocí el ensueño
que con su luz brillante te provoca ceguera.
Y conocí la risa
como cáscara hueca que al quebrarse resuena.
Y el llanto conocí.
Un llanto inconsolable que nunca se saciaba.
Ahora que todo es nada
y miro en los rescoldos las huellas de la hoguera,
sé que tu amor es limpio
y que es su luz tranquila la que de paz me llena.
TUVIMOS EN COMÚN
Te di mi corazón y una azucena.
Tuvimos en común cielos y olvidos,
un extraño clamor de hondos quejidos;
tuvimos en común risas y pena.
A veces yo te di una flor de arena
y tú me diste a mí soles transidos.
Los dos fuimos palor, brillos heridos.
Tu rostro fue en mi rostro luna llena.
Tuvimos en común ese aire extraño
de noche sin estrella, agua sin cauce,
olivo sin verdor o ave de paso.
Tuvimos en común placer y daño,
la umbría perfumada bajo el sauce,
la música de Bach y Garcilaso.
REGRESO A LA INOCENCIA
Buscar la luz
como pez que se admira de ver sobre el agua
los rayos del sol
y, en la noche, de mirar la luna cual rosa
de ausencia.
Sentir la impiedad
de la vida que rompe los topes
y es tan dulce como los duraznos
y tan agria como las allozas
y es ternura que se hace dureza
y dureza que se torna llanto.
COLORES
¿Y si tu rojo es mi verde?
¿Y si tu verde es mi azul?
¿Y si yo tengo un marrón
que no encuentras en tu luz
o en tu morado hay matices
que no ve mi corazón?
¿Y si tu mundo y mi mundo
ni se abrazan ni se olvidan?,
¿cuál de los dos es mentira?
En el retrete se acuesta
una pantera dormida
que se agazapa en tus ojos
si en el espejo te miras.
Por detrás de la ventana
la lluvia arrecia en las ramas
y se dibujan las hojas
con un brillo de manzanas.
La serpiente de mi boca
cuando te hablo desenrosca
su silbido de guadaña
y si me callo te araña
el gavilán de la calma.
DESCUBRIMIENTO DEL AMOR
He traído a tus ojos esta hoguera de besos
como ofrenda entregada a tu bosque sagrado.
Porque ahora conozco tu belleza bendita
la profunda pureza de tu limpia mirada,
la dulzura que vence la rutina y el tiempo,
la sencilla terneza de la flor en la arena...
En tu luz hay un lago de mariposas blancas
que jamás se perturban por el hierro y el fuego.
Quiero hacer con mis manos un altar a tus aguas
que me calman la sed y me dan fuerza y luz.
Y fundirme en tus brazos como el viento y el árbol
que en su danza sostienen la ilusión del camino
y que un día el silencio cuando llegue a buscarnos
en sonrisas y paz nos encuentre fundidos.
LO QUE HE VISTO EN SUS OJOS
La conocí de paso una clara mañana.
Se marchaba muy lejos, como el ave que migra
obedeciendo instintos que la ligan al aire.
Apenas si pudimos tomarnos un café.
Ella hablaba de cosas sutiles y sencillas,
de su vida, marcada por una muerte triste,
de internet y del hombre, que se afana en sus juegos
de apariencias y herrumbres como si fueran todo.
Pero hubiera bastado su mirada en silencio.
Lo que yo vi en sus ojos fue llanuras de espliego,
fue el agua en la sierra, que ha nacido diáfana,
fue la sonrisa limpia del corazón en fiesta.
Y me dije: ¡quién fuera la paloma torcaz
que acompaña su vuelo por las nubes eternas!
Pero el viento le puso el impulso en las alas
y miré, suspirando, cómo se iba. A lo lejos
se quedó por el aire un perfume temblando.
VINO CON EL VIENTO
Vino con el viento como rosa blanca
que nadie esperaba.
Pasó por mis labios y dejó un perfume
de noche estrellada,
de ausencia nacida en la fronda leve
de un amor lejano.
Besaré su boca con el fuego errante
de mi pecho herido
y entre las manzanas de su voz lejana,
bella de silencios,
plantaré la rosa que el viento me trajo.
LLEGARÉ A TI
Llegaré a ti alguna tarde inesperada,
cuando en los anaqueles levanten su plumaje sorprendido
dormidos pájaros de ensueño.
Apenas en susurro te hablaré
por no romper la magia azul de los silencios.
Con toda la ternura del dolor infinito
te cogeré la cara entre mis dedos trémulos,
te dejaré en los ojos
la lluvia blanca de mi amor
y posaré en tus labios, como lo hiciera el viento,
el temblor de una rosa.
LA INOCENCIA GANADA
Fue primero el ingenuo palor del pabilo. La llama era cálida y limpia. Venían
polillas danzantes a su halo y, lejos, la noche rendía en las charcas el
canto de ranas y había en los árboles tibias sonatas de grillos y luna
arrobada.
Hubo luego la impronta feroz de la fronda surgente. El hondo latido que marca
la tierra. La lluvia feraz y el verdor de la hierba. Las frescas manzanas
vestían sus pieles de escarcha y el sol era un fuego de halcones y jarcia.
Y llegaron después las palomas heridas. La tarde vestía un dolor de aceituna y de
ortiga y el agua lloraba rendida en el pálido azogue del lago dormido. Las puertas se habían cerrado y un légamo turbio llenaba de orín los rincones.
Con los álamos rotos se hicieron entonces refugios umbríos. Por toda la sierra
crecieron los ósculos, monstruos sonrientes de urbana ansiedad que
aparenta ser libre pero no es más que un vértigo negro que busca
esconderse de sí, olvidar su vacío interior, renegar de la muerte y huir
sin cesar de la vida diciendo que así es la única forma que hay de vivir.
Mas las sombras dejaron también un lugar para el claro de luna. Y hubo un bosque
y un duende tardío que vino montado en luciérnaga y quiso dejarme su
vieja canción como mágica fórmula y yo recobré la alegría de entonces.
He encontrado una senda que es limpia y que se abre entre cañas lozanas. Arroyos
fulgentes extienden regatos que brillan al sol y a la luna y dejan
serpientes de luz por los campos. Y ahora recojo otra vez los aromas de
siempre: la tierra mojada, la abierta madera, el barro y el musgo, la
hierba que llena de amor la vereda…
Canto al fin la canción que olvidé y el recuerdo me oprime y me hace llorar de
alegría, pues abro mi ser a la noche y al día y dejo otra vez que me
inunde la antigua inocencia que ahora está iluminada.
de Eldígoras (digital)
MARIPOSAS AZULES
Mariposas azules
en tu pelo de niña.
Esplendor en la hierba
y en un cielo radiante
caballitos de espuma recorren el alba.
En mi boca tus senos,
en tu boca mis besos,
en tus manos mi sangre
y en la piel de la tierra dos cuerpos se entregan.
Tuyo soy, amor mío
y me muero en tus brazos
porque sé que eres mía
y no hay nada en el mundo
que se atreva a apagarnos la dulce alegría.
NAVEGO POR TUS AGUAS
Navego por tus aguas
y al intentar cogerte,
pez de escarcha y de niebla,
te vas de entre mis dedos.
Buceando contigo
Me hago pez y soy niebla.
Y es entonces que el mundo
se hace entero de bruma
y se mete en nosotros
y ya no existe nada
que no sean nuestros cuerpos.
VI
EL AMOR
Los enamorados
¿Qué perfume da vida a las flores, da verde a los campos, ternura a las bestias, plumaje a las aves? ¿Qué calor hace tibias las noches, hace bello el invierno, hace dulce el estío?
Donde nace el silencio y la noche, y la luz y la aurora, donde cielos rosados y amaneceres glaucos pintan sus horizontes que se encienden de estrellas y jirones de nubes desgarran la quietud de los espacios zarcos...
Allí es el Amor.
Y en el rincón pequeño, casi insignificante, que ha buscado refugio en la linde doliente de un corazón al sol y ha encontrado en su llaga una espada de Amor.
El Amor. Fuerza pura para vivir muriendo, y morirse viviendo y vivir en la muerte y así Vivir por siempre, porque siempre morimos. Fuerza para existir no siendo y llenarse entregándose y crecer cuando das.
El Amor es la Fuente. El Amor es la Tierra. No se muestra ni engríe. No se exhibe. No miente. Se regala en silencio y es el Aire y el Fuego.
El Amor en las ramas. El Amor en las hojas. El Amor en el viento...
Mago y Dama se entregan en las aguas del Lago a un rito milenario que disuelve sus cuerpos y los une en el Todo. Las palomas del agua rompen la superficie y elevan surtidores de estrellas encarnadas. Las ondinas al ritmo de la danza del aire celebran la Fortuna de la Vida y le hacen un árbol de canciones que dedican felices al fulgurante Amor.
De El Mago