LAYLA Y MACHNÚN

 

 

 

 

 

 

LAYLA Y MACHNÚN,

EL AMOR VERDADERO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

YAHYA NURUL HUDÁ Y  TERESA


 

 

CARTAS INTRODUCTORIAS A

LAYLA Y MACHNÚN, EL AMOR VERDADERO

 

Albolote, Granada, 26 de noviembre de 2005

 

Querida Aimée:

           

             A petición de los autores de este poemario y a pesar de mis reticencias a prologar obra poética, he accedido a escribir una introducción a este Layla y Machnún, el amor verdadero con el único propósito de contextualizar los poemas y, sobre todo, el relato persa del siglo XII en que se inspiran: Layla y Majnún (en trascripción inglesa que los autores del poemario han preferido cambiar por otra más adecuada a la fonética del español), de Nizâmî y que sirve de inspiración a estos versos en los que Yahya Nurul Hudá pone voz a Machnún y Teresa a Layla.

 

Bien sabes lo poco amigo que soy de explicar la poesía pues la palabra, siendo como es un instrumento precioso para comunicar e incrementar el conocimiento del mundo, es también una herramienta limitada (toda palabra es un prejuicio, dijo Espinoza; y a mi parecer estuvo bien dicho). Si ya es difícil “conocer” con palabras cualquier cosa sin estar limitándola, cuánto más insensato sería pretender explicar algo tan inaprehensible como la poesía o el sufismo. Nadie espere, pues, eso en estas letras. Si algo tienen estas dos maneras de mirar la realidad, la poética y la sufí, es que van más allá de lo que la razón permite y son capaces de enfrentarse, con el corazón, al Conocimiento Directo de las cosas que implica las emociones y las ideas (ninguna emoción surge del vacío), pero no se para en ellas: Vive la experiencia, es Uno con ella, desapareciendo la separación entre sujeto observador y realidad observada. Y de nuevo me veo en la imposibilidad de abarcar con palabras lo que se sale de éstas.

           

              Pero como tampoco estoy en contra del raciocinio, que valoro y considero útil para determinados aspectos, te escribo con la intención de contar con tu ayuda para este intento tan descabellado como hermoso (aunque a la fuerza ha de quedar cojo) de referirme a esta historia singular y eterna. Más allá está el misterio y a eso cada corazón lector tendrá que abrirse por su cuenta para dejar que la Luz lo empape por sí misma, sin intermediarios ni sistemas. Cuando toca volar, toda muleta es un estorbo.

 

            Si me dirijo a ti es por tres motivos fundamentales: El primero porque eres mi amiga; y eso no necesita más explicaciones. El segundo por tu preparación científica y tu apertura mental (con lo difícil que es encontrarse estas dos cualidades juntas) y porque confío en que sabrás completar aquello que a mí me quede falto. La tercera porque eres una mujer libre, dueña de sí. Yo quiero que la mirada a esta historia de amor tan especial tenga ambas perspectivas: la masculina y la femenina.

 

            De hecho, no voy a poder evitar que predomine una visión femenina porque para mi reflexión me he apoyado en gran medida en un ensayo de otra mujer, Lourdes Rensoli Laliga,  cuyo ensayo Majnún, el Unicornio me ayudó a poner en orden las ideas que me venían rondando desde mi lectura del relato original, mas les costaba trabajo organizarse. Si algo admiro y envidio de la mujer es su capacidad para abrirse al misterio y dejar que éste la tome y la haga suya.

 

            Paso, pues, a exponerte mis conclusiones, con la esperanza de que puedas compartirlas y, sobre todo, permitan ayudar a quien lea este poemario, no a comprenderlo (eso tiene que hacerlo su corazón por sí solo) pero sí a situarlo en el contexto adecuado.

 

            Lo primero que me pregunto es por qué de entre tantas historias hermosas de amor (Romeo y Julieta, Dafnis y Cloe, Tristán e Isolda) ninguna de ellas ha conseguido convertirse en relato preeminente para alguna corriente de pensamiento, mientras que para muchos sufíes Layla y Machnún es una historia con la que se sienten muy identificados. Y es que no podía ser de otra manera desde el momento en que en ella el Amor, llevado hasta sus últimas consecuencias y hasta una intensidad que sobrepasa los límites de lo ordinario, se convierte en una vía hacia la Iluminación. Y, como en todo camino iniciático, eso sólo ocurrirá tras una ardua y dolorosa travesía.

El abandono de sí mismo (la aniquilación del ego que las distintas místicas nombran y buscan de una u otra manera) es el camino hacia la contemplación de la Faz de Allah (el acceso a la Unión Mística, la identificación con la Unidad de todo lo creado de forma íntegra, experimentada con todo el ser, no de manera intelectual) y el Amor es la fuerza rectora de ese proceso. Ése es el sendero que Qays va a emprender amando a Layla como lo hace. Será ese amor el que lo convertirá en Machnún, el loco, (como la figura que abre el viaje iniciático del Tarot) hasta el punto de que acabará  uniendo en él dos de las locuras de que nos habla Platón: la de Eros, mediador entre los dioses y los hombres y consagrado a la Belleza y a la Sabiduría, persiguiendo incansable lo bello y lo bueno, y la de las Musas, que da la inspiración poética. El Amor, concebido como entrega absoluta, abandono de sí mismo en el perpetuo anhelo por la Amada que, por las convenciones, la miseria y la incomprensión del mundo se volverá inalcanzable, acabará otorgándole el desapego necesario para librarse de la esclavitud de lo material y de los intereses mundanos y poder acceder así a la Iluminación, a la Unión Eterna, aunque para ello el Amor haya tenido que revestirse con la experiencia del dolor. El amor trasciende en ella los marcos de la vida ordinaria para convertirse en causa de la radical transformación de los amantes, de su "despertar" místico, en verdadera gnosis de tal modo que Dios se reconoce como el verdadero objeto del amor y por tanto, la alegría y el dolor que de éste provengan deben considerarse como efectos de la Gracia. Pues no resulta posible acercarse al Autor de las cosas sin que la criatura se niegue a sí misma, se aniquile como ser individual y permita así que aflore la chispa divina contenida en todo cuanto existe. Por ello, el dolor proveniente del amor contiene una fuerza transmutativa mayor que la dicha (Lourdes Rensoli).

            Los amantes mueren de amor antes que poseer a la persona que aman (como ocurría en el amor platónico de los griegos y ocurrirá después en el amor cortés) y el Amor acaba convirtiéndose en amor al amor mismo, sin apego alguno, ni siquiera a la realidad material de la Amada o el Amado (dice la tradición musulmana: procura que las criaturas no te distraigan de aquello para lo que fueron creadas), que serán, de esa forma, el vehículo, la imagen intermediaria, liberadora, más que objeto de deseo (y de apego o idolatría, por tanto). Es curioso que uno de los maestros sufíes más conocido y admirado, Ibn ´Arabí, y el gran místico cristiano San Juan de la Cruz fueron perseguidos por sus respectivas ortodoxias inquisitoriales con acusaciones como la de blasfemia al identificar al alma del Amante con la propia Amada (o El Amado: Dios). San Juan en Viva llama dice: cuando el alma se une a Dios ella es Dios por participación. Y dice también: Ella está transformada en Dios, habiendo completamente dado su consentimiento a todo lo que Dios quiere, la voluntad de Dios y la del alma, sólo hacen uno. Ibn ´Arabí, al igual que el Tao cuando habla de Ser uno con el Todo, menciona el retorno a la unidad original (ittihad), la de la naturaleza del hombre y de lo divino en una unidad viva en la que la naturaleza no pertenece al hombre (ese tipo de humanismo ya vemos a donde nos ha conducido), sino el hombre a la naturaleza, en la que ella y el hombre participan en el acto divino de una creación siempre nueva. También lo dice el Corán hasta en seis ocasiones en que habla de que Dios comienza la creación y la recomienza. En realidad, ambos místicos están hablando de lo que dice un hadiz muy querido por los sufíes: el que me ama no cesa de aproximarse a Mí hasta que Yo lo amo, y cuando Yo lo amo, Yo soy el oído por el cual oye, la vista por la que ve, la mano con la que trabaja y el pie con el que avanza.

            En el relato persa, el marido impuesto por las convenciones sociales y los arreglos de familia: Ibn Salâm, a pesar de ser un hombre respetable y de carácter noble, no consigue el amor ni la entrega física de Layla, pues empleó para conseguirla las virtudes que el mundo elogia: riqueza, agrado, mesura, respeto al ritualismo y las reglas; pero así no se consigue ser amado hasta la locura. En lugar de emprender un camino de perfección a través del amor, que lo pide todo, desaprovecha la oportunidad que el destino le brinda y busca en Layla su apariencia física, confundiéndola con una mujer vulgar que desea ser poseída por los mecanismos del mundo y para sus efímeros deleites.      

La aparente inclinación morbosa hacia el sufrimiento que experimenta Machnún no es más que la consecuencia de su elección de un camino que rompe las reglas y se sale de lo ordinario Pertenece al destino que él elige y que, a su vez, lo ha elegido a él. No es, por tanto, algo enfermizo, sino inevitable, consustancial a su travesía. Machnún primero intuye y después sabe con certeza, que el amor, aunque cueste tanto dolor, eleva al amante y lo libra de la servidumbre humana ordinaria. Y, si al fin y al cabo en esta vida el sufrimiento es algo inevitable, es preferible tenerlo por una pasión que merezca la pena y ninguna lo merece más que el Amor Verdadero, pues Dios es Amor y también lo es su obra. Es esa misma vía emprendida la que lo va a apartar del mundo de los seres humanos que no lo aceptarán. El padre de Layla lo rechaza como yerno con el único argumento de su locura al amar; prefiere un amor “normal”. Sin embargo, los mismos humanos que lo rechazan, admiran sus versos y buscan con avidez escucharlos. A quienes viven tan intensamente una pasión, un dolor, se les admira, pero se les aleja; se les rechaza, pero fascinan; pocos elegidos pueden soportar un dolor así y menos quienes no “sufren” ni poseen ese don como parte de su destino terrible. Al Amor Verdadero se le teme y sólo unos elegidos como Layla y Machnún podrán recorrer el camino de los grandes místicos hasta sus últimas consecuencias: en su caso a partir de un amor por un ser mortal, pero que les va a revelar lo divino.

            Salâm, en esa misma historia, es un joven que se acerca para aprender de Machnún. Intentará seguir sus pasos, pero se le hace insoportable la dureza y el dolor que soporta Machnún aunque va a aprender algunos versos. Hay, no obstante, una diferencia sustancial respecto a Machnún: Salâm llora por “un” amor perdido, no por los embates insoportables del Amor. Salâm es sólo un poeta aparente que llora su amor defraudado y se siente derrotado. Machnún ha vencido y es el “Rey del Amor en Majestad”; es de esos poetas a los que podría aplicarse  lo que el profeta Muhammad dijo sobre algunas poesías: que son expresión de la Hikman, la Sabiduría. Machnún es uno de esos tocados con un don sagrado. Tanto Layla como Machnún son poetas-profetas, portadores de la palabra de Dios y cuyas canciones, hijas del dolor y del anhelo, tienen poder para acabar con la infelicidad del mundo, aunque sea a costa de su propia felicidad en esta vida, marcada por un sino trágico, por una estrella que brilla tanto como aniquila.

            Layla (Noche, en árabe) pasó a designar a esa “tiniebla más luminosa que la luz” de la Esencia divina, Esencia concebida en este caso como Belleza que puede partir de la belleza sensible materializada en una mujer para elevarse hasta la Belleza, no cambiando el objeto, sino trasmutándose en la Unicidad, esa Esencia que todo lo trasciende y en todo está. Al sufismo, a menudo, se le define (o acusa, según quién) como panteísta; pero hay una diferencia fundamental en la visión sufí respecto del  panteísmo: no es que Todo sea Dios, es que Dios se manifiesta en Todo, su Trascendencia se concreta en formas múltiples sin perder su Unicidad. De ahí que la granada (símbolo de la Unidad) sea imagen prototípica del sufismo (sus granos son la multiplicidad en que ésta se manifiesta sin dejar de ser ella). La heredará después el misticismo cristiano de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.

            Por eso Machnún, en el relato de Nizâmî, dice a Salâm cuando éste le aconseja con buenas intenciones que procure mitigar su dolor olvidando su amor: Mi alma se ha purificado de la oscuridad de la lascivia, mi anhelo se ha purgado de los deseos bajos, mi espíritu se ha liberado de la vergüenza. He derribado el abarrotado bazar de los sentidos de mi cuerpo. El amor es la esencia de mi ser. El amor es fuego, y yo soy leña que arde con su llama. El amor se ha mudado a mi interior y ha adornado la casa, y mi yo ha liado su hatillo y se ha ido. Tú te figuras que me ves, pero yo ya no existo; lo que queda es la amada. Para acceder a la Unión ha tenido que liberarse de la trampa de los sentidos. La física cuántica ya descubrió que nuestros sentidos nos engañan. Eso de “creer sólo lo que se ve” ya no es nada científico pues al átomo, por ejemplo, nadie lo ha visto nunca y, todavía más: a nivel subatómico, ni siquiera puede hablarse de partículas estables; lo mismo pueden estar que haber dejado de existir, ser una cosa que en el instante siguiente ser otra, la propia intervención del observador con su observación puede cambiar su naturaleza, puede estar aquí y allí a la vez hasta tal punto que los científicos ha tenido que inventarse el Principio de Incertidumbre para explicarlo y lo único constatable es que lo aparentemente sólido y quieto es una perpetua danza de energía y que, al final, Todo está constituido por una misma energía que se manifiesta de múltiples formas pero, en esencia, permanece estática (eterna) en su aparente movilidad. Son palabras del misticismo, pero también de la física. Y, al fin y al cabo, siguen siendo prejuicios (recordemos a Espinoza). Liberarse, pues, de la esclavitud de los sentidos es la única manera de experimentar la Realidad, que no es la que nos parece cierta desde el velo de los sentidos.

            Machnún y Layla llegan al extremo de permanecer vírgenes; de ese modo su energía sexual (tal vez la más poderosa del mundo sensitivo) se trasmuta en energía espiritual y permite la muerte alquímica. Es oportuno recordar que en el erotismo sufí, que es tan abundante como sutilísimo, tan importante es la sensualidad como la castidad. Un sufí raramente es célibe y cuando, como en el caso de Machnún y Layla, lo es, hay poderosas razones para ello. Pero la erótica sufí “siempre” está ligada al amor, la ternura, el respeto, la fidelidad…, muy lejos del pseudoerotismo pornográfico cargado de competición y lucha por el poder, machismo, neurosis, culto al cuerpo y al vigor físico que, a la fuerza, acaba volviéndose contra el ser humano, que no puede evitar envejecer y acaba por sufrir ese pretendido erotismo como una agresión, pues por muchos afeites y cuidados que se hagan, ningún ser humano puede engañar al tiempo que pasa inexorable para todos. Cronos siempre acaba devorando a sus hijos y eso ningún humano lo puede evitar. La sensualidad para un sufí es algo bello y bueno, pero también lo es la castidad que, más que reprimir, libera del dictado de las pulsiones morbosas y de las neurosis compulsivas para hacer que los instintos defiendan la armonía y el equilibrio en lugar de atacarlos.

            La historia de Layla y Machnún transcurre en el siglo XII, pero se puede leer con ojos actuales porque, aun considerando los detalles propios de su época, se mueve en un mundo intemporal, en un espacio de Ideas que constituyen la sustancia esencial de toda la existencia en la que el ser humano se mueve, evoluciona y siente.

            Hay, todavía, algunos aspectos de esta historia que quisiera destacar, aun a riesgo de alargarme más de lo deseable y de no seguir el desarrollo lineal de la narración que, para estas reflexiones, no es imprescindible. Cuando el noble guerrero Nawfal intenta ayudar a Machnún a conseguir a su amada, logra en primera instancia que recupere su salud y se acerque de nuevo al mundo de los hombres corrientes, pero Nawfal, sin saberlo, hace el papel alquímico de “el guardián del umbral”: el que pone la prueba clave tendiéndole una trampa que ha de superar si quiere llevar a feliz término su camino; si olvida todo ideal de pureza y está dispuesto a matar inocentes para conseguirlo, podrá poseer por fin a su amada. Pero Machnún no cae en el enredo; renuncia a conseguirla así y acaba ganándose el odio y el desprecio de los mismos guerreros que lucharon por él. No tiene otra solución que regresar al desierto y allí, apartado para siempre de los seres humanos, sólo tiene la compañía de los animales salvajes que, sin ser domesticados, sólo por su actitud amorosa y su inocencia se hacen sus amigos y velan por él. Piénsese que estamos en el siglo XII y al leer esos pasajes en que rescata animales de las garras de los cazadores pareciera que estamos leyendo cuentos ecologistas de finales del siglo XX; apenas un siglo después Francisco de Asís continuará los pasos de Machnún. Lo que encontramos aquí es el retorno al paraíso perdido, la restitución de la condición adánica en la que el ser humano goza de toda su inocencia y bondad en plenitud, sus instintos (los animales salvajes) velan por él en lugar de agredirle y posee además el lenguaje prístino, “las palabras perdidas” que tienen el poder de los verdaderos nombres.   Uno de los animales con los que Machnún habla es un cuervo, y se diría que es el propio Allan Poe quien está interpelando al córvido, en el famoso poema en que recuerda su amor inmortal por Leonor y aparece esta ave como heraldo, cuando dice nuestro loco en la obra de Nizâmî: ¿Es por eso que llevas ese atuendo oscuro?, ¿o eres un vigilante negro?  En ese mundo de animales cómplices, que te guardan y ayudan,  Machnún es el “buen rey”. Un rey que no oprimía a sus propios súbditos, que no los desollaba a impuestos y que no sacrificaba su sangre en guerras con otros pueblos (Nizâmî).

Hay, así mismo, en el relato un sabio anciano (que en otro tiempo posterior y otro contexto, pero con esas mismas atribuciones acabará llamándose Mago Merlín) que le habla de Layla, a la que ha visto hace poco y la compara a la palabra yâm (formada por las letras yim, alif y min del alfabeto árabe) que significa copa: una copa milagrosa cuyo cristal refleja el secreto del mundo (la misma que Merlín denominará Santo Grial).

            Superadas las pruebas, y tras el arduo camino lleno de dolor, separación y soledad, es la muerte la que acaba por unirlos. Layla queda viuda, pero no aprovecha su nueva condición para unirse con su amado en vida. Antes habían tenido un único encuentro en el que tan sólo se cruzaron las miradas. Y no necesitaban más: ya no eran dos jóvenes enamorados, sino que eran dos almas en una sola. En ese punto de su vida no quería nada más de ésta (Ni siquiera Machnún, el perfecto enamorado, pide más), agotada y cansada del mundo muere y pide que sea enterrada con su vestido de novia porque sabe que en la otra vida se casará con Machnún. Éste, al enterarse, acude a su tumba y también muere. Machnún, el loco de amor, es salvado por el amor de la virgen inalcanzable y ambos, en su Amor Verdadero e inmortal, consuman la Unión Mística en la contemplación de la Faz de Allah.

Sé, querida amiga, que habré dejado multitud de cabos sin atar, pero es que esta madeja es harto compleja de tejer. Hay mucha bibliografía que explica más y mejor los entresijos del sufismo y, a pesar de todo, tanto en éste como en la poesía siempre habrá una misterio que no es desentrañable. El lenguaje poético es poderoso por su capacidad para abrir puertas y sugerir cosas que pertenecen al reino de lo inefable y eso le permite acercarse un poco más que el resto de los lenguajes al sufismo y a cualquier clase de experiencia mística. Comprender con el razonamiento el sufismo o la poesía es tan complicado como sencillo es entenderlo con un corazón abierto y receptivo al misterio y a la Vida en toda su plenitud. El problema es que para que un corazón sea capaz de eso, tiene antes que liberarse de las ataduras con que el ego y sus mecanismos le aprisionan. Para un ser humano en un estado de inocencia primigenia eso sería espontáneo. Pero no es nuestro caso. Miles de años de adiestramiento y evolución han “educado” nuestro pensamiento como una poderosa arma racional, pero han atrofiado, debilitado y anulado nuestra Luz original. Cuando nacemos nos “separamos” de la Unidad primordial y llegamos a un mundo de experiencia basada en la dualidad: el dictado del tiempo y de la sucesión de los fenómenos. Un shaij sufí o un maestro zen podrían decir con un par de frases mucho más que todo lo que yo llevo dando vueltas en esta carta. El problema es que para “entender” todo lo que esas pocas palabras llevan dentro habría que tener un corazón abierto a la luz que ellos tienen y transmiten. Y eso no es nada fácil de conseguir. Puede llevar toda una vida de disciplinas y ni así se garantiza esa apertura.

Me contentaré con poder ofrecer un poco de claridad sobre el tema que nos atañe; la suficiente como para que el lector sepa al menos que éste es un poemario de amor, pero también se inspira en una historia que tiene mucho que ver con el sufismo. Con esa finalidad vuelvo a insistirte antes de despedirme en que me prestes tu valiosa ayuda. Yo te lo agradeceré como un amigo que te quiere y admira y los lectores ganarán la claridad y la precisión de tu verbo.

Con mi más ferviente amistad.                                                

Emilio


 

CARTA RESPUESTA

 

 

Rio Grande, 26 de noviembre de 2005

 

 

Emilio querido:

 

             La amistad, ese otro rostro de las afinidades electivas, hace que acoja tus palabras con placer y me disponga, una vez más, al diálogo, pensando que siglos de racionalismo positivista y subjetivismo extremo, con sus variadas expresiones epocales, no han podido destruir la posibilidad real de comunicación en la que la creación estética, como parte de la riquísima praxis humanizadora, encuentra su sentido más pleno. Dialogar es una actividad eminentemente humana que nos acompaña en el cotidiano y, a la vez, funciona como paradigma cultural. Dialogar supone encuentros fecundantes de modos de  ver el mundo y actuar. La imaginación dialógica implica un encuentro de temporalidades, de perspectivas y lenguajes. Entrecruzamientos y confluencias forman parte de esta cultura del diálogo que, como ves, de manera explícita nombro como punto de partida, sin olvidar, además, que la carta es una formación discursiva dialógica por excelencia.

              En verdad esa retomada de las figuras de Machnún y Layla nos lleva, de manera natural, a la imaginación dialógica. Diversa culturas se han puesto en contacto en las recepciones tanto históricas como actuales, a las que se suman experiencias lectoras y horizontes diversos de lectura, haciendo del texto contemporáneo una trama de alusiones, rastros, virtualidades. Y si tomamos alguna distancia, aparecerá un matizado tejido de interacciones, influencias recíprocas y convergencias donde parecen concertarse, con sus sincronías y disonancias, las voces más diferentes para rendir tributo al Amor Verdadero.   

           Y ese contenido culturalmente determinado, pero en modo alguno restricto, localista, que se engarza en las identidades históricas, en el imaginario y la espiritualidad del Islam, es una de las claves de tu carta que, tomándome de manera tan gentil por interlocutora, acaso esté más dirigida a los destinatarios de Layla y Machnún, el amor verdadero, como contribución, no controlando o modelando su recepción. En verdad, los autores, Yahya Nurul Hudá y Teresa a su zaga, que parecen moverse tan a gusto en el sufismo y no menos en las huellas de San Juan y Santa Teresa, han sentido la necesidad de algunas referencias inexcusables para que sus lectores, como en cualquier diálogo auténtico, puedan quedar en libertad interpretativa, pero con fundamentos para crear el propio texto, sobre todo considerando que su poemario no es narrativo, más bien se detiene en algunos momentos fecundos de irradiación poética. Desde mi propia condición lectora, el raconto de la historia canónica de Nîzamî que haces de manera poco convencional, matizando con comentarios personales -¿cómo escapar al contrapunto de temporalidades?-,  así como la inscripción de la historia en el caudal inagotable de la espiritualidad sufí, desde un conocimiento interior y honda vivencia, deben traer al libro actual más amplias y contextualizadas significaciones.

             Quizás valiera la pena añadir que, aunque la historia circula aproximadamente desde el siglo VII, es en el  XII cuando alcanza una forma escrita de notable repercusión. Su autor Abû Muhammad Ilyâs ibn Yûsuf ibn Zakî Mu'ayyad (1141-1209), cuyo nombre literario ya sabemos es Nizâmî, vivió en una época de inestabilidad política e intensa vida intelectual, patente, lo que no quiere decir ostensible, en su poesía. Poseedor de una vasta cultura no solo literaria fue un temprano humanista. Autor de poemas líricos, es mucho más reconocido por su poesía narrativa. La obra de Nizâmî forma parte de una ininterrumpida tradición poética persa, de notable refinamiento estilístico y conceptual. En Layla y Majnún (1188) recoge una leyenda, la del poeta Quays y su amor por Layla, existente hace siglos, configurando un coherente y original universo poético en el cual, y es mérito del poeta que me gustaría señalar, la mujer ocupa un lugar también protagónico. A semejanza de los poemas homéricos, su obra culmina una tradición oral y un imaginario colectivo que alcanza un modo altamente elaborado, en el que sobresale la vívida subjetividad de las figuras y su compleja espiritualidad alegórica. En el convivio poco estudiado de esa fuentes, que se expanden en Occidente con la lírica trovadoresca, la concepción cátara del amor, la poesía mística ibérica, Dante habrá de concebir esa obra consagratoria que es la Comedia con una visión tanto literal como simbólica, figural en consecuencia; también Goethe en Fausto reinterpretará el tópico del eterno femenino, de la salvación a través de la mujer espiritual, motivos estos que deberíamos rastrear de una manera más integralmente intercultural, quiero decir no circunscrita a las fuentes clásicas o neoplatónicas, como la creación de Nizâmî nos está proponiendo.

              Si bien el sufismo no atribuye un lugar diferenciado o específico a la creación literaria, tal como lo entendemos en nuestras culturas modernas occidentales, muchos menos a la llamada institución literaria, a veces campo de experimentación intelectualista y ejercicio de poder, no estaría de más detenernos en las peculiaridades de la práctica sufi que incluye cosmovisión, filosofía, moral, ética, estética, en interrelación activa. En esa praxis, y lo subrayaría, hay también una presencia femenina de relieve, basta recordar a Hayyûna, Ša‘wâna y ‘Ubáida de Basora, las cuales, y no como excepción, se encuentran entre las primeras maestras de la Vía del Amor. Lugar especial tiene Râbi‘a al-‘Adawía (siglo IX), figura capital, que enrique notablemente esta vía. A partir de ella el sufismo deviene profunda vivencia del Amor Infinito, tópico ya dominante en su obra poética. Así toda la praxis sufi, incluyendo la literaria con las especificaciones anteriores, sus poemas, cuentos, ensayos buscan el acercamiento a la Unidad, el Recuerdo de Allah, la entrega al Amado. El sufismo, como tú bien dices, y yo aún no comprendo, sigue el camino del corazón y no es explicable más que desde la percepción. Sin embargo, reparando en principios como la vuelta al origen, al núcleo sagrado, la espiritualidad sufí evidencia una relación esencial con la creación poética porque en ambas el centro de gravitación está en la búsqueda de lo desconocido, lo innombrable y lo indecible, en esa aspiración al crecimiento espiritual más allá de la prisión del ego, en esa proyección del mundo empírico al imaginario. Y todo queda dicho de la mejor manera si invocamos a Ibn 'Arabi (1165-1241) cuando afirma que la existencia es imaginación dentro de la imaginación.

                Así la floración de la poesía en la órbita sufi es una característica que no debe quedar en un segundo plano. Desplegándose en el vasto mundo árabe, podemos identificar un discurso poético de extraordinaria reverberación espiritual y artística en el que el Amor ha ocupado siempre un lugar principal en sus significaciones sensuales, espirituales y divinas, metafísicas y místicas, tradición en la que Jalâluddin Rûmi (1207-1273) ocupa un lugar cimero como maestro sublime del misticismo erótico. El lector advertido, si bien aún no cultivado en esas seculares prácticas, pudiera pensar en estas correspondencias e ir a su encuentro. Quién sabe si dejarse llevar por ese flujo constante, iluminado, de armonías entrañables como forma inaugural de renovadas vivencias humanizadoras. Y es evidente que estoy hablando por mi propia experiencia.

             No quisiera terminar sin decirte que reconociendo la extraordinaria presencia de la matriz islámica, como mi mirada, siendo extranjera, también se funda en la diferencia  - espero que no de otredad alienada-, me inclino a celebrar la universalidad de la historia en sus formas poético-míticas, paradigmáticas, simbólicas, si bien no tributarias del hermetismo medieval con su predominio de la abstracción y sus códigos semióticos fijos. La intensidad poética de los motivos de Eros y Tanatos, de la búsqueda de la Unicidad, de la fuerza creadora del Amor, de la Locura Divina, de la Luz espiritual femenina, nos revelan a Layla y Machnún (de tan diversas versiones y presencias) en el corazón de una genealogía espiritual que ahora, y gracias a ti, comienzo a descubrir en sus reales proyecciones ecuménicas, ojalá que también los lectores, pues con frecuencia, y no siempre de modo inocente, la visión pretendidamente universalizante ha sido apenas eurocentrista y, en no pocos casos, de racismo explícito o latente. Por supuesto que tampoco invoco aquí cualquier tipo de universalidad complaciente, de intolerancia disimulada bajo la forma del multiculturalismo abstracto y nivelador, propio de algunas visiones globales tardías.

             A mi manera de ver, de lo que se trata es del reconocimiento, para también inscribirnos en ella, de una filiación de resplandecientes sentidos místicos y espirituales, del éxtasis y las epifanías en las que se accede a otras formas del Ser, una de las experiencias más  hermosas del trato amoroso con estos maestros que integran un legado verdaderamente universal. A riesgo de ser acusada de ingenuidad, lo cual hasta es una atribución positiva, quiero rendir tributo a la belleza de esta historia de amor intemporal y proliferante en su valor ejemplar, devenida clásica porque nunca deja de significar, de actuar sobre sus destinatarios, transformándolos. En verdad tiene mucho que decir en relación a nuestras propias búsquedas de sentido y trascendencia, especialmente en horas atribuladas, confusas. Esa relación tan productiva de gnosis, espiritualidad y filosofía centrada en el Amor como rango superior del Conocimiento Supremo ha sido, para mí, el mayor de los descubrimientos, y te lo agradezco. Así, y para dejar abierto nuestro diálogo, me despido con las palabras de Ibn 'Arabi, maestro espiritual no sólo del Islam, sino universal, palabras expresivas de un nuevo tipo de sabiduría sin fronteras ni barreras de intolerancia y fanatismo, acaso la aspiración más elevada de todo, y de este, diálogo. Como dice el gran poeta y místico de tu al-Ándalus en su deslumbrante y esperanzador augurio: Mi corazón se ha hecho capaz de asumir todas las formas: monasterio para el monje, templo de los ídolos, parque de las gacelas, la cábala del peregrino, las tablas de la Torá, el libro del Corán. El amor es mi credo. Donde quiera que vayan sus caravanas, el sigue siendo mi religión y mi fe.

             Tudo de bom te desea, desde el otro lado del mundo, tu amiga,

                                                                                                                          Aimée


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Oh si tu amor ardiese

tanto que mis entrañas abrasase!

¡Oh si me derritiese!

¡Oh si ya me quemase

y amor mi cuerpo y alma desatase!

 

San Juan de la Cruz

 

 

 

 

Ya toda me entregué y di,

y de tal suerte he trocado

que es mi Amado para mí

y yo soy para mi Amado.

               

                Santa Teresa de Jesús

 

 

 

 

 

El amor, si no es verdadero, no es más que un juguete de los sentidos, que dura tan poco como la juventud.

                    El tiempo es perecedero, el amor no. El brasero de carbón en el que arde es la eternidad misma,

sin comienzo ni  fin.

 

Nizâmi: Layla y Machnún

 

 

 

 

 

 

 


 

LAYLA

 

 

He gritado tu nombre en el eco del valle.

¡Layla!, dije y volaron las pájaros.

Soy un loco de amor,

un machnún que se entrega a  la dulce inocencia de Layla.

He cortado una rosa y la he puesto en el viento.

Se han soltado sus pétalos y al irse volando

eran alas de mil mariposas en danza.

¿Cómo canta el silencio su nombre por cada cañada?

¿Por qué oculto misterio en los ojos del agua

veo sólo sus ojos?

 

Corazón trastornado, ay, cómo la añoro…

Todo tiene su nombre grabado en el filo.

Todo enciende en mi sangre su dulce recuerdo

que es amargo también.

Tiene luz en la sombra y sombra en la luz.

 

¡Layla! Vuelvo a gritar. Y se callan las cosas.

De repente la noche se ha echado en los montes

y la luna me deja en el alma al mirarme

una pena que sangra alegría

y un dolor que es tristeza que salta.


 

           MACHNÚN

Machnún del alma estremecida,

paloma sedienta y plena,

yaces en mi pecho

desplomado con leve peso.

En el valle interior escucho tu grito.

Viaja hacia ti,     

 

ahí estoy a tu encuentro.

 

Casa del alborear

y las sombras,

tu alma es morada

del oscuro esplendor.

Más allá del sueño

en tu espíritu diáfano

existo amante.

 

Porque soy un sí sin límites

en el confín de la vida

a ti me doy por entero.

Y desde ti mismo

respondo a tu voz

con un silencio elocuente

que te habita de amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el llanto, el que ama es como las nubes;

en la perseverancia, como las montañas;

en la postración, como el agua;

en la humildad, como el polvo en el camino.

                                                                                                                

                                                               Rumi

 

 

 

 

 

 

Si los ocho paraísos se revelaran en mi choza y me pusieran en las manos el mandato del mundo entero, no daría por ellos ese preciso suspiro que surge al amanecer desde el fondo de mi alma cuando recuerdo el anhelo que tengo por Él.

.

                                                                                                              Bayazid Bistami

 

 

Fuera de ti no hay buscarme,
porque para hallarme a Mí,
bastará sólo llamarme,
que a ti iré sin tardarme
y a Mí buscarme has en ti.

 

Santa Teresa de Jesús

 


 

LA FLOR DEL HIELO

 

Crece en tu ausencia la flor del hielo,

Layla, y respiro

agujas negras que me penetran

cuando en los pinos

dejan las aves sus dulces lágrimas.

Me acerco al agua y en el arroyo

tu piel es musgo que me acaricia

pero me duele.

Voy a subir sobre los oteros

para gritar sin cesar tu nombre,

que llegue el eco

hasta la sombra que hay en tu pecho.

 

Layla, amor mío,

tu sencillez es la luz del alba,

tu amor el fuego y tu ser la calma.

Quiero dormirme sobre tu falda,

la que no tengo, la que echo en falta,

que mi cabeza repose en ella

mientras el cielo me da la espalda

y alguna estrella baja hasta mi alma.

 


 

     EL RIO DE FUEGO

 

Amado, desciende

hasta esta tercera margen del río,

ribera virgen donde es posible

la resurrección  de las palabras.

Allí te aguarda mi falda generosa,

sombra esperanzada del alba.

Allí te espero transmutada

en  piedad balsámica         

perfumada de jazmines,

de albahaca fragante,

como ofrenda del ser recobrado

más allá del grito y la lágrima.

 

En  la orfandad de los sueños

soltaremos las amarras.

Mi cuerpo será un velero

estrecho, alado, cálido.

Y olvidados de nosotros mismos

de cómo ya fuimos escritos

navegaremos silentes en este río

de todas las aguas y fuego.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando la dulzura de la pasión echa raíces en el corazón se convierte en una enfermedad incurable.

 

                                                                                                              Ibn Atail-lah

 

 

 

 

 

 

Cada gota de sangre que derramo le informa a la tierra
que me vuelvo uno con mi Ser Amado
cuando tomo parte en el Amor.
En esta casa de agua y barro,
mi corazón ha caído en ruinas.
Entra en esta casa, mi Amor, o déjame partir.

Rumi

 

                                                                                                       

                                                 Practico la religión del Amor; en cualquier dirección hacia la que sus camellos avancen, la religión del Amor será mi religión y mi fe.

 

                                                                                                                             Ibn  ´Arabí

 


 

  PUÑAL DE LIRIOS

 

Me dices, paloma blanca,

que ella ya no me quiere,

que tal vez nunca me quiso,

que es tan sólo un sueño vano

que creció en mi desvarío.

Y mi corazón te dice:

¿qué importa si en mi delirio

yo inventé un puñal de lirios?

Layla es el sol que en el alba

llena de luces mis días

y es la luna que en la noche

baña de metal el lago.

Layla es el pájaro errante

que canta su canción de agua

y es el árbol que en la arena

da dátiles y granadas.

Layla es el viento que llega

y limpia mi corazón de algas

y es el rayo que en lo oscuro

ilumina la cañada.

Layla es la flauta que suena

con su murmullo de caña

y es el cálamo que escribe

en la página de mi alma.


 

      LIRIOS DE SANGRE

 

Dile, paloma blanca,

que mis lirios son de sangre.

Con mis venas escribo amor.

Amor y puro amor destilo.

Amor que me torna

mujer en la doncella.

Amor de semilla ardiente

que no germinará en la tierra.

Amor que me desangra

en la fértil espera.

Bendito delirio de amor

que me fecunda y transforma.

Machnún también yo,

unidos en la misma locura.

 

Dile, paloma blanca,

que después de todas las fronteras

en un reino increado

donde somos 

en el instante definitivo

de la pasión,

allí soy lirio rojo

toda entrega.

Pecho y regazo.

Aleteo, aroma, cueva.

Párpado en vela. Sueño real.

Sol constante y piadosa noche

que irradia en cada estrella.

Errante escriba de lo oculto

y del silencio, guerrera.

 

Envío:                 

Machnún, bienamado,

líbrame de todo puñal.

Conságrame en el lirio

rojo de la pasión

que soy solo amor

y aún amor

y amor sin fin

y por entero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Supón hecho a tu gusto el mundo; y al fin, ¿qué?;

supón leído el libro de tu vida; al fin, ¿qué?;

supón que has realizado cien años tus deseos;

supón que te quedaras otros cien; y al fin, ¿qué?

 

                                                                              Omar Jayyam

 

 

 

 

Carrera muy larga
 es la de este suelo,
 morada penosa,
 muy duro destierro.
 ¡Oh sueño adorado!
 ¡sácame de aquí!
 
 
Santa Teresa de Jesús

 

 

 

Mira mi cara como el oro del tiempo y no preguntes.
Mira esta lágrima cual grano de granada y no preguntes.
No inquieras sobre el estado interior de la casa.
Mira la sangre en el umbral y no preguntes.

Rumi


 

        TRAS MI VENTANA

 

Hay un desierto frente a mi casa

que extiende su aspa de calles anchas.

Cuando me asomo por la ventana

y miro el turbio corredor de ansias

viene a mi mente la vieja higuera

donde creció mi lejana infancia.

Echo de menos sus hojas ásperas,

el tronco recio, las ramas bajas

que me escondían de las miradas

cuando jugábamos y algún hada

dejaba brillos entre las ranas.

Ahora, los coches por la avenida

son como arena sucia de aceite

y hay un murmullo ronco, estridente

que no me deja soñar y entonces

mi pecho grita de nuevo: ¡Layla!


 

        EN EL SUEÑO

 

En mis sueños apareces

con la belleza perfecta de Quays

que tú, Machnún, superas.

Supremo artífice de ti y de mí

en el amor genésico.

Me bañas con tu luz

y transfigurada

soy tan semejante a ti

que en el sueño

nace una criatura nueva

nimbada por el amor

y a este páramo

del todo ajena.

No quiero despertar.

No quiero acordarme, Machnún.

Amanezco y anochezco sobre mi lecho.

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre mis entrañas y sus ojos hay una guerra de amor,

por causa de ella mi corazón está al morir.

Ibn ´Arabí

 

 

 

 

 

 

La poesía es la llama en el corazón y la retórica son copos de nieve. ¿Cómo unir entonces la llama con la nieve?

 

                                                                                                                             Khalil Gibran

 

 

 

 

 

 

¿Qué es en verdad tu vida?

Nada más que una lucha por ser alguien,

nada más que una huida de tu propio silencio.

 

                                                               Rumi

 

 

 

 


 

          LO POR VENIR

Todo esto es demasiado antiguo:

versos modernos porque no riman,

músicas de hoy que no emocionan,

manchas de heces sobre la tela,

voces que siguen la norma impuesta,

críticas necias, lecturas ciegas,

amores vacuos sobre la ciénaga,

personas “libres” que son esclavas

de baratijas e ideas prestadas.

No me interesan cuerpos que pasan,

ojos que miran lo que otros miran,

almas que  nunca escuchan y cantan.

Siempre es presente. El porvenir

fue el futuro y será el pasado.

Sólo lo Eterno, rime o no rime,

sea mancha o forma, ruido o silencio

puede ser clásico y será eterno.     

No quiero amores de porcelana,

huecos, con brillos de luces vanas.

Quiero la fuerza que tiene el agua,

la transparencia de la mañana,

lo que no acaba. Yo quiero a Layla.

 


 

     DE LO ETERNO

 

Cosas pequeñas 

de proclamada levedad

me cercan con su presencia

 innominada.

Aprendo a inscribir en ellas

los signos fieles.

Así, con encausto formo

las palabras

que nombran el amor sin fin.

Y en este presente perpetuo           

escribo que un día

del pasado incierto

entraré en la noche

de la verdad alumbrada.

Allí existo

visible y secreta,

como punto de encuentro

de todos los espacios

y tiempos

en la infinitud que eres,

Machnún eterno.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la noche dichosa
en secreto que nadie me veía
ni yo miraba cosa
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

 

San Juan de la Cruz

 

 

 

 

 

En un jardín con diez puertas,

un pájaro de aire.

Lo extraño es que se queda dentro de ellas.

 

                                                               Kabir

 

 

 

 

 

Tus labios de granate recuerdo y beso la piedra.
No tengo a mi alcance aquéllos y beso ésta.
Y como mi mano no llega a tu cielo
en tierra me postro y la tierra beso.

Rumi


 

LAYLA: LA NOCHE EN EL DESIERTO

 

Si me gustan tus ojos de noche silenciosa,

Layla, la de los labios del dolor de la rosa,

es porque ven el agua que mana de la Fuente

y no miran el barro que enturbia la corriente.

Si me gusta tu pelo de luna en el desierto

es por su transparencia en cielo descubierto.

Niña de arena y viento, de blancura de estrella

que en su inocencia ignora hasta qué punto es bella,

dulzura de caricias en campos de amapolas,

sol que llena mis sueños del rumor de las olas…

Mi vida es en tu boca arrebol y aleteo

y es entre tus pestañas un suave parpadeo.

Bésame con la risa de tu alma sencilla

que en tu amor es mi alma flor de la maravilla.


 

MACHNÚN: EL TIEMPO EN EL DESIERTO

 

Si adoro que tu boca consagre la locura,

Machnún, el de los actos de indómita ternura,

es porque me delicio en tu ausente presencia

con los signos tangibles y vivos de tu esencia.

Amo tus manos ya rozadas en el sueño

porque son leves alas de un pájaro sin dueño.

Ah, tu cuerpo de almizcle aromado en canela

que me expande tan libre como veloz gacela.       

Ah, tu voz que penetra luminosa en mis sombras

cuando desde el silencio gozosa el alma nombras.

En este áureo génesis al que llaman desierto

renacidos al tiempo del amor, que es abierto,

rindo culto cantando a tu ser por entero

y unjo amante en tu boca el amor verdadero.

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sal para saber

que el camino del amante

es el opuesto a cualquier otro camino.

.

                                                               Rumi

 

 

 

 

 

 

 

 

        

                   El amante no es el que espera ser recompensado por el amado o quiere algo de él. El amante es el que te da, no al que le das.

 

                                                                                                              Ibn Atail-lah

             

 

 

 

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno
donde secretamente solo moras
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno
cuán delicadamente me enamoras!

 

San Juan de la Cruz


 

                 AUSENCIA

Te he buscado en los riscos que hay en el río.

Te busqué por la sombra de los jazmines.

Entre la enredadera que por mi patio

extiende un dédalo en su enramado.

Te he buscado en el brillo de los cristales,

en las rosas caídas, en el atajo

que la vieja vereda tiende hasta el bosque.

Pero no te he encontrado.

Y llamé con el fuego que por mi sangre

late con voz de lobo entre la jauría.

Te llamé con la fuerza que en la cascada

rompe sobre la roca el fragor del agua.

He llamado en el viento que por la playa

hace espumas de arena sobre las olas.

Te he llamado en la noche que en el desierto

explota sus estrellas sobre los cielos.

Pero no contestaste.

Y me doblo en silencio y un dolor callado

se retuerce en mi pecho. Soy el esclavo

del Amor y me muero si no me escuchas.

Tal vez sea morir la forma

de estar ya para siempre en ti

y para ti, mi Layla.


 

PRESENCIAS

 

Machnún, si me convidas

a la muerte jubilosa                               

no he de negarme.                                 

Renacidos seremos                                 

de nosotros mismos        

y como vida que fluye
existiremos por siempre
en el eje espiritual

del universo.                                                      

 

De blanco vestida                                  

como novia

de la luz alada,

el velo rasgado,

visión yo y mirada, 

mi mano irá a tu mano

 y juntas

descubrirán el gozo.

 

Ven a este lecho de piedra y rosas

donde sepultamos el vacío de la ausencia.

Penetra a través de mis entrañas vírgenes

y resguardado ya para siempre

en el centro del corazón profundo,

sé el latido y la fibra,

la esencia y la armonía.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mañana o cualquier día,

tal vez hoy mismo el cuerpo te demuestre

que no es lugar seguro para guardar tu vida.

 

Como el agua en vasija

                               de barro sin cocer.

                              

                               Kabir

 

 

 

 

 

 

 

 

Aunque separadas, nuestras dos almas amantes se unen,

pues la mía es toda tuya y la tuya es mía.

Dos enigmas somos para el mundo,

uno responde al hondo lamento del otro.

Pero si nuestra separación nos divide en dos,

una luz radiante nos envuelve en común,

como procedente de otro mundo.

 

Nizâmi: Layla y Machnún

 

 

 

 

Transforma tu cuerpo entero
en visión, hazte mirada.

Rumi

 


 

ME GUSTA EL AMOR DE LAS ROSAS

 

 

Me gusta que el amor

se muestre misterioso

como una mariposa

detrás de los visillos.

Que rebulla en la sangre

y un temblor de claveles

se delate en las manos.

Que un pudor inocente

haga nido en el pecho

y en el rostro se asome

el rubor de la vida.

Que la mirada tenga

el brillo de esos pájaros

que no saben, que cantan

porque su corazón quiere.

Me gusta que me ahogue

con el agua de un roce

y deje con un beso

una presencia de alas.

Me gusta que me asuste,

me gusta que me muerda

y que en sus remolinos

pierda hasta la conciencia.

Me gusta que sea dulce,

me gusta que sea tierno

y que nunca se apague

aunque no esté su cuerpo.

Que con ella a mi lado

sea intenso y sin ella

sea un fuego que arde

por encima del tiempo.


 

ME GUSTA TU AMOR DIVINO

 

Me gustas Tú, Machnún,

como presencia intangible

porque todos los arcanos

del amor encarnas.

Me gusta tu cuerpo de la vida

y la piel morena hasta el deliro

que todas las fragancias exhala.

Me gusta el desenfrenado giro

de la cabeza hirsuta en equilibrio

con la delicada fijeza de tu adentro.

Como leve brisa de la tarde

se desliza tu mirada tutelar

y  tus manos sosegadas

son en la tempestad        

la entera quietud del alma.

De tu sonrisa solo digo   

que es un lugar ingrávido          

tocado por la Gracia.                 

Me gusta tu ser

que vibra, vuela, salta

formado de gritos esenciales.

Me gusta cómo te entregas

tan dócil y salvaje,

transformado en aquel corcel

de dulce plenitud fogosa

que en la segunda vida del sueño
hacia lo hondo de mi ser galopa.


 

 

 

 

 

Los enamorados, en un solo instante, los dos mundos pierden.
En un breve lapso, cien años eternos pierden.
Mil estaciones recorren por el olor de un aliento.
Por seguir un corazón, mil vidas pierden.

Rumi

 

 

 

He derribado el abarrotado bazar de los sentidos de mi cuerpo. El amor es la esencia de mi ser. El amor es fuego, y yo soy leña que arde con su llama. El amor se ha mudado a mi interior y ha adornado la casa, y mi yo ha liado su hatillo y se ha ido. Tú te figuras que me ves, pero ya no existo; lo que queda es la amada.

 

Nizâmi: Layla y Machnún

 

 

 

 

 

 

 

 

No me culpes si apuesto

mi vida entera en tu camino;

¿qué puedo hacer?

Es todo lo que tengo.

Prendería fuego al

árbol de la vida

si pudiera arrancar una rama encendida

de las llamas de tu amor…

 

Khusrawi


 

SU FUERZA

 

¿Por qué te detienes,

gavilán del alma,

cuando en el collado

cabalgo buscándola?

En briosos corceles

persigo su estrella

que me da la fuerza

de su fuego blanco.

Su belleza pura

enciende mi anhelo

y aunque no la alcanzo,

su luz me alimenta.


 

         TU NOMBRE

 

Tú,  que todas las faltas colmas

piadoso amor que me nombras.

Tú, que no te cansas de reunir

los jirones nuestros en el viento.

Tú, que todos los vuelos conoces

y eres capaz de llegar al horizonte.

Tú, que traspasas el tiempo

y eres lo mismo y lo diverso.

Tú, que te olvidaste de ti

en la memoria divina.

Tú, que sabes que no existes

y por eso te conoces.

Tú, que concibes sin límite

del amor las imposibles formas.

Ampárame.

 

¿Con qué nombre invocarlo,

 cierva  herida,

si está en lo intangible

de su  nombre?

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando tu corazón se consume de anhelo y se quema hasta convertirse en cenizas, se levanta la brisa del Amor y barre las cenizas, y llena el cielo y la tierra con el que está totalmente quemado.

 

Kharaqani

 

 

 

 

 

 

 

 

Fui aniquilado por el Amor y me esfumé en la Nada;

de pronto, fui El que Vive Todo, y vi sólo a Dios

 

Baba Kuhi de Shiraz

 

 

Oh vida de mi cuerpo y fuerza mía, todo tú.
Alma y corazón, oh corazón y alma míos, todo tú.
Te has vuelto todo mi ser, por eso eres todo yo.
Yo me he vuelto nada en ti, por eso soy todo tú.

Rumi


 

       HABRÁ UNA LUNA

 

 

Habrá una luna que, al brillo de su espada,

rasgue de punta a punta el velo de la noche

de modo que los rayos de luz por la vereda

enciendan sobre el musgo su aroma de esmeralda.

Será entonces mi mano sobre tu mano, Layla,

y el puente de tus brazos que abarcando mi espalda

ya nunca más se abra.


 

           CONFLUENCIA

 

Nada muere en la infinitud mínima del alma.

Si ya fuimos dos peregrinos exiliados

vagando en esta tierra dolorosa del tiempo,

en el abrazo místico recobrémonos Uno.

Soy la noche de las confluencias radiantes.

Machnún, deja el cuerpo arrasado de la errancia

y reposa en mi luz con alegría.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La unión es un río que brama hacia el mar,

y hoy la luna besa las estrellas,

cuando Machnún se convierte en Layla,

oh, Bienamado, sé así para mí.

 

                                                              Rumi

 

 

 

 

 

¡He vendido mi vida por el amor! ¡Sí, soy yo! ¡Ojalá pudiera ser siempre esclavo del amor! Los demás me dicen: “Abandona el amor, ese es el camino del restablecimiento”. Pero yo sólo cobro fuerzas gracias al amor. Si el amor se extingue también lo haré yo. Mi naturaleza es discípula del amor. ¡Que mi destino sea la nada si no es el amor!

 

Nizâmi: Layla y Machnún

 

 

 

 

 

 

Si quieres dormir en paz debajo de la tierra, tranquiliza los corazones de los seres que están en ella.

                                                              

                                                               Sadi

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

SÓLO TÚ HAS DE SALVARME

 

Cuando el viento en la noche me lanza

su estela de sombras

y fantasmas de piedra golpean en la puerta

de mi alma

o la clara mañana se amontona en la niebla

enredada en las ramblas

sólo tú has de salvarme.

Si el silencio ominoso me pudre las raíces

y un chasquido metálico va espantando las aves

de las ramas de mi árbol

y si crece en el agua sobre el légamo turbio

el acónito glauco

o un hedor pustulento se hace dueño del valle

y lo llena de miasma,

sólo tú, Amada mía, con tu mirada blanca…,

sólo tú has de salvarme.

Porque tú eres la llave que sabe abrir las puertas

y el aire transparente que se lleva las ansias

y el agua de la fuente y el sol que alumbra el alba.

Sólo tú, dulce Layla, eres la luz divina

que ilumina mis pasos

y me da fuerza y Vida.

 

HEMOS DE SALVARNOS JUNTOS

Sumo mar de las aguas vastas,

fuego del caos germinal,

día y noche suspensos en el aire,

tierra, matriz, semilla

de la espiral del tiempo,

cosmos visible y oculto,

colibrí verde de la sabiduría:

los quiero a todos de abrigo.

Hemos de salvarnos juntos,

Machnún de la unión amorosa,

despojado el velo,

en el corazón del silencio   

resplandeceremos.

Mis ojos serán tus ojos

tu lengua será mi lengua

en la palabra compartida.

Amado y Amante trocados

en el éxtasis de la mirada. 

Escribas libres de tan largo exilio

que cantan la vuelta

a la verdad del amor y la Vida.      


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

por el cálamo y por lo que los hombres escriben

no eres tú, por la Gracia de tu Señor, un loco

y en verdad que tendrás un galardón sin reproche

pues ciertamente estás sobre una Creación inmensa.

Corán, LXVIII, I-4