| |
| Afectividad Espiritual |
 |
| Afectividad Psíquica |
 |
| Afectividad Corporal |
 |
Cerebro y afectividad
Son muy interesantes
los estudios sobre el cerebro del último siglo, aunque los científicos
son conscientes de que queda por saber mucho más de lo que se sabe.
Sirva como dato que el cerebro tiene 100 billones de neuronas y cada
neurona tiene aproximadamente 10.000 conexiones (sinapsis) con otras
neuronas formando unas redes muy complejas, que además tienen plasticidad,
no son rígidas, son cambiantes. Los estudios sobre las zonas cerebrales
fueron muy interesantes, pero ya se está mucho más lejos, como veremos.
La afectividad es una parte muy importante de estos estudios, aunque
no es fácil distinguir cuando el espíritu afecta a la psique y al cerebro
y cuando es el cerebro el que afecta a la parte superior del espíritu,
pensamiento, voluntad, amor, captación de la belleza y libertad.
La afectividad espiritual, la psíquica y la
corporal.
Con lo que hemos dicho se
puede hacer una distinción que nos parece importante entre afectividad
espiritual estrictamente Ae, afectividad psíquica Ap, y afectividad
corporal Ac. Delimitar lo más posible estas tres emociones ayuda, pero
el problema es que hasta las más corporales como puede ser el terror
se manifiestan como algo inmaterial y se sienten como estados del alma
(ánimo), o de conducta con la que se hace fácil la confusión entre si
la emoción, el sentimiento o la efectividad es moral (acto humano) o
no lo es (acto del hombre). Además el lenguaje favorece la confusión,
pues se suele utilizar la misma palabra sea cual sea el origen.
Ciertamente “los grandes sufrimientos y
las grandes alegrías se experimentan en las profundidades del alma;
son algo que nos conmueve y nos hace vibrar en nuestro interior. Cuando
el alma que los experimenta permanece tranquila y firme (no porque sea
«insensible», sino viviendo esos estados en toda su profundidad), demuestra
que en su intimidad posee algo que le permite hacer frente a todo lo
que «se le venga encima»: en esto estriba lo que suele denominarse «fuerza
anímica»”[1].Es cosa clara que una emoción corporal
influye en lo más alto del espíritu, y viceversa una emoción espiritual
mística afecta al cuerpo. Esto se ve muy claro en las descripciones
de los éxtasis de Santa Teresa de Jesús. Por ello voy a intentar una
distinción que favorezca el entendimiento.
Afectos espirituales Ae ----------amor
-----------odio
-----------alegría,
gozo
-----------tristeza
Afectos psíquicos Ap -----------deseo
-----------asco
-----------ira
-----------temor
Afectos corporales Ac -----------terror
-----------agresividad
Las interrelaciones son
múltiples por ejemplo Amor espiritual, lleva al deseo psíquico y a la
conmoción física. La alegría disminuye el terror, el asco y la ira.
Y al revés el terror, produce ira y tristeza, y también puede desconectar
el espíritu de la parte superior del hombre. Es conocido el efecto de
la disciplina militar incluso en personas muy autónomas e intelectuales.
Por otra parte si una persona ve que está en un ataque de agresividad
está a tiempo de encerrarse, o tomar una medicina, es decir, de controlar
la espontaneidad corporal. Si el instinto sexual está muy activo y despierto
hasta la irracionalidad y quedan fuerzas espirituales se puede controlar
los sentidos externos, los lugares donde se acude, etc. Los cuadros
añadidos en la presentación señalan una posible interrelación de estos
tres afectos.
Una racionalidad de control perfecto no parece
posible con mecanismos, pero algo sí es posible. Este control libre
se llama virtud, ser enamorado, etc. En resumen diríamos que se
trata de vivir un orden de lo superior a lo inferior. El espíritu
manda políticamente sobre el cuerpo y de habituarse al control del
cuerpo por la ascesis para que la espontaneidad no destroce el actuar
libre de la persona, como es el caso de los drogadictos, alcohólicos,
vagos, obsesos sexuales etc. “Por ejemplo, una gran alegría
inesperada es algo que posee un sentido puramente espiritual, y
de suyo no tiene por qué ir acompañada de fenómeno o manifestación
corporal de ningún tipo: podemos perfectamente atribuir una alegría
como ésa a un ser puramente espiritual que no guarde relación alguna
con lo corporal. En cambio, es propio de un hombre enrojecer o palidecer
«de alegría», prorrumpir en manifestaciones de júbilo o por el contrario
enmudecer, según como sea en cada caso su constitución corporal-anímica”[2]
|
|