Ser sufriente

 

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Ser sufriente

La persona humana histórica es un ser sufriente. El deseo de felicidad hace más fuerte el contraste con la existencia del dolor. No hay manera de escapar de él, si no viene de una manera, aparece de otra. Antes de entrar en el dolor en el hombre hay una cuestión previa: el mal. A primera vista parece poco problema, pues nadie puede decir –aunque se ha dicho- que haya realidades intrínsecamente malas. Más bien se puede decir que él es "privación de bien debido", no se trata de que exista  una realidad esencialmente mala, sino que le falta algo para que sea buena. Las alas para un pájaro, la enfermedad es falta de salud, la muerte es falta de vida, etc. Es más, no cuestiona nada la existencia de Dios, pues si malum est, Deum est. Si se da el no-ser, tiene que existir el Ser. Pero existencialmente es otra cosa, porque el dolor duele, y esta realidad sí que es un misterio en el cual queremos entrar. Sin saber algo sobre el sufrimiento no se puede entender lo que es la persona histórica[1]. El sufrimiento es inevitable para todos los seres humanos se haga lo que se haga. Algunos sufrimientos son evitables, pero la muerte no. El problema primero es por qué sufro,  el segundo  para qué sufro, es decir, si tiene algún sentido el sufrir.  Ahí está, posiblemente, la solución del problema real.

Últimamente los teólogos, también el Magisterio[2], hablan incluso de un dolor de Dios. No se trata de el dolor como una imperfección, sino un dolor de amor que revela un misterio de amor insondable en Dios, pues desde luego no es indiferente a la vida real de los hombres que sufren

En el hombre se puede distinguir un dolor de imperfección, y un dolor que purifica el amor impregnado de amor propio en casi todas sus actuaciones. Este dolor aceptado puede convertirse en escala para llegar al amor más puro. Es frecuente que el camino de la madurez venga marcado por la purificación dolorosa del amor. Pero no siempre es así, pues hay dolor no querido, dolor por miedo, dolor del culpable, dolor por escándalos, dolor del inocente, dolor en niños. Hay una carga de dolor que llega a todos en la vida, incluso en las situaciones más idílicas pensables. Es más, cuando las expectativas de felicidad son grandes y defraudan la frustración puede ser muy desagradable.

 Las soluciones históricas ante el problema del mal y del dolor pueden ayudar a valorar más la Revelación ante este misterio. El fatalismo es la postura de los paganismos. Dicen que existe un fatum o destino;  un karma dirán los hindús y el New Age, que hace inevitable que los hombres sufran bienes o males. La vida es una tragedia fatal. Algunos atribuyen esta situación a dioses malignos -demonios- a los cuales intentan aplacar con diversas ofrendas. El pesimismo de esta postura es evidente. No tiene solución al mal, sólo cabe la resignación. El budismo es una solución más profunda. El principe Gautama se sorprende ante la pobreza, el dolor y la muerte. Piensa que la causa del mal en el deseo del hombre. Extirpando el deseo, cualquier deseo, desaparecen los males. El modo de conseguirlo es una mortificación, o ascética, más o menos dura y filosófica. La meta es ser indiferente a todo. Es parcial e ignora realidades tales como el amor como meta de la vida humana, aunque encierre una buena parte de acierto en su diagnóstico. La mística dionisíaca es una forma religiosa en la antigüedad que hace referencia a la adoración de los dioses Dionisos o Baco. Tienden a dejar sueltas las más ocultas fuerzas del hombre, pensando que en ese estado de excitación se unen a la divinidad. Tiene una gran actualidad hoy en día al proponerla Nietzsche como voluntad de poder y manifestación de lo oculto del hombre frente a la moral racional o apolínea, como ya hemos visto en otros apartados. Intenta superar el sufrimiento a través de la evasión por medio de la excitación de los sentidos; ésta puede ser alcohólica, de drogas, sexual o de la ira. Lo único que hacen es evadirse momentáneamente de los problemas de la vida ordinaria, que vuelven testarudamente al volver a la conciencia, pero encontrando más débiles a los protagonistas de la huída. Las actuales discotecas, al menos algunas, recrean este modo de vivir, o mejor de huída de la vida, en una diversión frenética que lleva al vacío interior y al agotamiento. El dualismo tiene muchas expresiones históricas (religiones persas, maniqueísmo, cátaros, albigenses, espiritualismos desencarnados). Aceptan un Dios bueno, pero lejano, que crea unos seres más o menos divinos intermedios, y entre ello se da una tragedia que origina un mundo malo. Intrínsecamente malo. El hombre es una chispa de divina encerrada en un alma mala y un cuerpo malo. La esperanza es superar las tiniebla por el conocimiento, que llaman gnosis. El hombre, en el fondo es un extraño en el mundo. El existencialismo ateo piensa que la existencia humana es angustiosa y absurda. El mundo está "asquerosamente aquí", el hombre es una “pasión inútil", algo así como en el gnosticismo, pero ya sin ningún dios lejano, es decir, sin esperanza. La existencia humana se asemeja al mito de Sísifo, que lleva penosamente una gran piedra a lo alto de una montaña y, al llegar, le cae abajo, la vuelve a subir y vuelve a caer; piensan que eso es la vida: un esfuerzo inútil. El marxismo es otra solución atea. La causa del mal son los problemas económicos, la existencia de la propiedad privada. La alienación económica que se manifiesta escalonadamente en otras alienaciones o males.  Al superarla con la revolución se superarán todos los males. Es fatalista ya que todo sucede por necesidad. Niega la libertad humana y, además, lleva a fracasos de todo tipo, también económicos, produciendo problemas mayores de los que intenta solucionar. El cientismo sería la idea, no defendida en serio por nadie, de que la liberación de todos los males vendrá con el desarrollo tecnológico o de la ciencia experimental.

Todas estas soluciones son parciales e insuficientes. Queda una, que es el mal uso de la libertad del hombre. La Revelación enseña que ésta es la causa de la presencia del mal en el mundo. Platón y el gnosticismo hablan de una caída poco explicada, pero la filosofía sola poco puede explicar este misterio. Miremos más detenidamente esta explicación revelada[3]

Algunos se quejan del misterio del dolor y que se pueda explicar por el pecado de origen, pero se puede decir: ¿dadnos una explicación más que una queja? Entonces podremos discutir o dialogar porque el tema es serio, las rabietas sin razones no sirven y ya hemos visto las soluciones históricas, evidentemente insuficientes. Desde luego el mal y el dolor es un misterio, quizá el mayor misterio humano, pero ello no quiere decir que no se pueda decir nada. Y, como los hechos están ahí, inexorables, todas las luces son bienvenidas. Entender la libertad del hombre y la relación interpersonal del hombre con Dios es indispensable, también la solidaridad entre los hombres. ¿Misterioso? Mucho más lo que está fuera de la Revelación o en contra de ella en infantilismos que se quieren llamar maduros y no arreglan nada llegando al absurdo de no saber amar ni sufrir.

El sufrimiento entra en el mundo por un acto libre del hombre. Esta solución es la única aceptable. Si observamos nuestro entorno cercano y lejano podemos ver que continuamente se producen pecados que hacen sufrir a otros humanos. Es más, casi nadie está excluido de haber hecho daño a alguien.  En el mundo animal y en el vegetal no es así. Si se da un cataclismo geológico no pasa nada, si los animales se comen entre sí, tampoco. El problema se da cuando el hombre entra en escena, pues el hombre es consciente de que sufre, es el único que sabe que muere, y, además, puede demostrar, o sabe intuitivamente, que no acaba todo con la muerte, sino que es un ser para la eternidad. La experiencia diaria es que los pecados de los hombres (suicidios, asesinatos, robos, mentiras, estructuras de pecado) hacen sufrir a muchas personas. En lo individual es perceptible que los actos contra cualquier mandamiento moral son fuente de dolor para el que lo comete, aunque sea poco consciente de la malicia del pecado. Ocurre algo así como ponerse cerca de una infección, suele infectar; aunque no se quiera. No es nada incoherente pensar en un pecado de grandes proporciones, con consecuencias de dimensiones cósmicas. Es lo que dice la Revelación. Dado que no hay otra explicación coherente y con sentido, se puede aceptar. Para el creyente es parte importantísima de la fe, que además le permite explicar muchas cosas que para otros permanecen como absurdas, o sinsentido

Dios no quiere el mal. Dios no tiene idea del mal. Le sorprende en su infinita inocencia, y convierte el mal en bien, sin despojar de la libertad a los que han originado los males. Esto es el misterio: la Libertad infinita y la libertad finita. El Amor infinito y el amor finito. Si quisiese el mal sería porque era malo, y eso es absurdo, porque decir Dios es lo mismo que decir bueno. Pero el mal existe, o mejor no el mal abstracto que es no-ser y no existe, sino el sufrimiento real de la persona doliente. Sólo cabe afirmar que Dios lo permite para evitar un mal mayor[4]. Ese mal sería o la anulación de la creación y la desaparición de todos los seres creados, o la desaparición de la libertad humana origen del pecado. Luego la libertad humana es tan importante, que la existencia de los dolores y males que conocemos no anula su valor, aunque destaca su difícil uso,  y los riesgos del abuso.

Ya hemos visto el sentido de la libertad amante y la desgracia de la libertad errante. Ahora queda ver hasta qué punto afecta el mal y el dolor al hombre. Se puede decir que va desde lo más íntimo hasta lo más externo. Entra en lo íntimo de la persona y amenaza con disgregarla con rebeldías. El mal y el dolor comienza en la relación personal entre Dios y el hombre, que es una relación libre. La noción de participación es demasiado abstracta para captar lo que ocurre cuando el hijo se aleja o desprecia a su padre. No se corta la relación, pues no es posible dejar de ser hijo y volver a la nada por propia voluntad. Pero se cortan, o se enfrían, las relaciones paterno filiales. Hay desamor en el hijo, aunque el Padre siga queriéndole, no hay intercambio de sabiduría, aliento en la lucha, amor mutuo, hay sospechas, ir aun país lejano, no verse, no oírse, no tocarse, no manifestar afecto, alegría, gozos mutuos, pasión.   Este alejamiento producido por el acto rebelde, que llamamos pecado, divide fuertemente el espíritu humano, lo oscurece, lo hace pesado, retorcido, malquerido y malqueriente. Agita los afectos hermosos convirtiendo al hombre, en ocasiones, en casi infrahumano, con crueldades y abusos que llegan a parecer inverosímiles. Los sentidos son el corcel desbocado que difícilmente guía el auriga, aunque conviva con un caballo blanco fuerte y dócil, como lo expresa gráficamente Platón. 

La Revelación recogida en la Biblia

Se puede resumir en lo siguiente:

a) El hombre es creado en una situación  paradisíaca, en la que es feliz, domina la tierra y los animales. La armonía interior y exterior es plena. Posee además los  dones preternaturales de la inmortalidad y de la ausencia de dolor. (cfr. Gen 1,28.29.30; 2,8-15)

b) Dios puso al hombre en estado de prueba. No comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, es decir, obedecer. Poder alcanzar la verdad, pero como orante, no como orgulloso autosuficiente que quiere ir más allá del bien y del mal.

c) El hombre fue tentado por el diablo, simbolizado por la serpiente.

d) Una vez consumado el pecado el castigo no se hace esperar.  Lo podemos  resumir en lo siguiente:

1.- Pérdida de la amistad con Dios, del estado de gracia, de la filiación divina, de la felicidad prometida en la vida eterna.

2.- El cansancio se añade al trabajo, antes placentero.

3.- La tierra es maldita a causa del hombre y es duro someterla.

4.- A la mujer se le añade el dolor para tener hijos. La sexualidad del hombre y la mujer se hacen difíciles.

5.- La Naturaleza humana queda herida en sus fuerzas naturales, aunque no esté esencialmente pervertida y sea totalmente pecadora sin libertad para no pecar o amar.

La historia humana estará marcada, a partir del pecado original, por la sucesión de pecados humanos (Caín matando a Abel es el primero), y la esperanza de la salvación prometida, que concluirá con la venida del Mesías prometido, Jesucristo, aunque cada hombre deberá aplicarse libremente los méritos de la Redención superando sus tentaciones.

Esto nos dice la revelación sobre el origen de los dolores que hacen del hombre un ser sufriente. Pero cuando el dolor se hace presente no bastan los discursos. Es significativa la queja de Job que sufre sin ninguna culpa, y es inocente antes y después de las desgracias, sin rebelarse, a pesar de que sus amigos acuden a  consolarle diciendo que se arrepienta pues esos dolores le vienen de haber cometido algún pecado; él lo niega y se queja con una fuerza dramática muy real. Veamos un resumen del libro de Job.

  Satán dice a Dios que Job es justo porque todo le va bien, pero que si le hace perder sus bienes lo odiará, y si le hace experimentar el dolor y la enfermedad la rebeldía será total. No fue así, y no se rebela Job, pero su queja es antológica de todo dolor humano, es un quejido profundo y real, que pueden hacer suyo todos lo que han sufrido dolores y amarguras intensos.  En los primeros dolores y desgracias Job 3,1  “abrió la boca y maldijo su día. Tomó Job la palabra y dijo: ¡Perezca el día en que nací, y la noche que dijo: «Un varón ha sido concebido!». El día aquel hágase tinieblas, no lo requiera Dios desde lo alto, ni brille sobre él la luz. Lo reclamen tinieblas y sombras, un nublado se cierna sobre él, lo estremezca un eclipse. Sí, la oscuridad de él se apodere, no se añada a los días del año, ni entre en la cuenta de los meses. Y aquella noche hágase inerte, impenetrable a los clamores de alegría. Maldíganla los que maldicen el día, los dispuestos a despertar a Leviatán. Sean tinieblas las estrellas de su aurora, la luz espere en vano, y no vea los párpados del alba. Porque no me cerró las puertas del vientre donde estaba, ni ocultó a mis ojos el dolor. ¿Por qué no morí cuando salí del seno, o no expiré al salir del vientre?  ¿Por qué me acogieron dos rodillas? ¿Por qué hubo dos pechos para que mamara?  Pues ahora descansaría tranquilo, dormiría ya en paz,  con los reyes y los notables de la tierra, que se construyen soledades; o con los príncipes que poseen oro y llenan de plata sus moradas.  O ni habría existido, como aborto ocultado, como los fetos que no vieron la luz.  Allí acaba la agitación de los malvados, allí descansan los exhaustos. También están tranquilos los cautivos, sin oír más la voz del capataz. Chicos y grandes son allí lo mismo, y el esclavo se ve libre de su dueño.

¿Para qué dar la luz a un desdichado, la vida a los que tienen amargada el alma,

a los que ansían la muerte que no llega y excavan en su búsqueda más que por un tesoro,

a los que se alegran ante el túmulo y exultan cuando alcanzan la tumba, a un hombre que ve cerrado su camino, y a quien Dios tiene cercado? Como alimento viene mi suspiro, como el agua se derraman mis lamentos.  Porque si de algo tengo miedo, me acaece, y me sucede lo que temo.  No hay para mí tranquilidad ni calma, no hay reposo: turbación es lo que llega”[5].

  Después de los falsos consuelos de los amigos, que aumentan el dolor llamándole culpable, pues ven el pecado personal como causa de sus males vuelve a clamar: “¿No es una milicia lo que hace el hombre en la tierra? ¿No son jornadas de mercenario sus jornadas? Como esclavo que suspira por la sombra, o como jornalero que espera su salario, así meses de desencanto son mi herencia, y mi suerte noches de dolor.  Al acostarme, digo: ¿Cuándo llegará el día? Al levantarme: ¿Cuándo será de noche?, y hasta el crepúsculo ahíto estoy de sobresaltos. Mi carne está cubierta de gusanos y de costras terrosas, mi piel se agrieta y supura. Mis días han sido más raudos que la lanzadera, han desaparecido al acabarse el hilo. Recuerda que mi vida es un soplo, que mis ojos no volverán a ver la dicha.  El ojo que me miraba ya no me verá, pondrás en mí tus ojos y ya no existiré. Una nube se disipa y pasa, así el que baja al seol no sube más. No regresa otra vez a su casa, no vuelve a verle su lugar. Por eso yo no he de contener mi boca, hablaré en la angustia de mi espíritu, me quejaré en la amargura de mi alma. ¿Acaso soy yo el Mar, soy el monstruo marino, para que pongas guardia contra mí?  Si digo: «Mi cama me consolará, compartirá mi lecho mis lamentos», con sueños entonces tú me espantas, me sobresaltas con visiones. ¡Preferiría mi alma el estrangulamiento, la muerte más que mis dolores!  Ya me disuelvo, no he de vivir por siempre; ¡déjame ya; sólo un soplo son mis días! ¿Qué es el hombre para que tanto de él te ocupes, para que pongas en él tu corazón, para que le escrutes todas las mañanas y a cada instante le escudriñes? ¿Cuándo retirarás tu mirada de mí? ¿no me dejarás ni el tiempo de tragar saliva?

  Si he pecado, ¿qué te he hecho a ti, oh guardián de los hombres? ¿Por qué me has hecho blanco tuyo? ¿Por qué te sirvo de cuidado? ¿Y por qué no toleras mi delito y dejas pasar mi falta? Pues ahora me acostaré en el polvo, me buscarás y ya no existiré”[6]

En el libro de Job no se da una respuesta de Dios sobre el dolor, se hace referencia a la sabiduría de Dios muy superior a la de los hombres y, al final, se le recompensa ampliamente con bienes materiales y, sobre todo, con muchos hijos y tres hijas. Bien puede simbolizar Job a la Iglesia que sufre, es madre de muchos y crece en la fe, la esperanza y la caridad por su perseverancia.

La historia no bíblica narra muchos dolores, unos productos de pecados y otros no, pero la presencia de crueldades, matanzas, abusos, penas y dolores es constante, añadiendo la muerte como sello. La respuesta humana es variada: unos los superan, otros se rebelan, otros viven sin pensar. Pero el inexplicable dolor afecta a todos, en el alma y en el cuerpo.

Lo difícil es cómo compaginar la bondad de Dios –si no fuese Bueno no sería Dios- y la presencia del sufrimiento de sus hijos los hombres. Santo Tomás dice que “Dios no tiene idea del mal  Es como una luz esta idea, pues es como comprender la inocencia de Dios que se sorprende del mal, del mal uso de la libertad, de la rebelión del hijo amado. Dios es totalmente bueno, pero el hombre es realmente libre y con gran fuerza en su poder. No podemos tener una idea débil del hombre y la Revelación nos aclara el sentido de ese extraño sufrimiento que acosa a los hombres. Los santos han expresado de muchos modos este misterio del dolor con una superación que les lleva a ser más humanos- más amorosos- porque el dolor les permite amar sin restos de amor propio –raíz envenenada- purificándose en esa dificultad nada engañosa por lo real [7].

El sufrimiento afecta al fondo de la persona, pues el acto de ser queda debilitado en su participación del Esse. Si está en pecado mortal, se pierde la elevación sobrenatural de la gracia, y se vive una como muerte, pues realmente se da una separación de la Vida divina.  Si no se alcanza el perdón puede llevarle al sufrimiento eterno, que no es reconducible a purificaciones del amor, sino que es una perseverancia y un endurecimiento en el desamor y en el odio para siempre, que ya veremos más adelante

Esta herida íntima afecta a la persona como alguien ante Dios y para siempre, que se resiente del alejamiento producido por el pecado original y aumentado por las pecados personales y los del mundo. Después afecta, principalmente, a la voluntad que pierde su natural tendencia al bien –único que le puede dar la felicidad-, y queda afectada por la malicia, origen de los pecados más hondos, pues lleva a la mala voluntad, al orgullo, a la soberbia, al desconocimiento voluntario de uno mismo y con ello a muchos sufrimientos interiores y desequilibrios. La inteligencia es afectada por la ignorancia, y se le hace oscuro lo que podría ser claro y luminoso. También esta herida lleva a sufrir por miedos, errores, malas soluciones búsqueda infructuosa de la felicidad y el amor. Conocido es el alivio de los enfermos al conocer el diagnóstico y evitar los fantasmas elaborados interiormente. El mundo de los sentimientos se encuentra desordenado. Son muy conocidos los desequilibrios psíquicos, espirituales o de malas conductas por amores y miedos, por falsas alegrías y por desesperaciones, los problemas de iras furibundas, las tristezas más o menos depresivas endógenas o exógenas, los agotamientos, las sensaciones de fracaso, la sensación de vacío etc. Los sentidos internos –imaginación y memoria- vuelan llenos de fantasmas, y su dominio no es fácil. Obsesiones, recuerdos de situaciones traumáticas, sucesos que se quieren olvidar porque inconscientemente duelen, otros que no pueden alcanzar el bálsamo del olvido; deseos fantásticos que llevan a vidas irreales. Poner las riendas de la razón, de la buena voluntad y de la fe es tarea ardua y constante. Los sentidos externos son más controlables, pero si no se les domina son fuente de muchos dolores. El cuerpo está especialmente propenso al dolor.

 

Literatura ante el sufrimiento

Víctor Frankl ha reflexionado hondamente sobre el dolor, tanto como psiquiatra, como creyente y como paciente en la enfermedad, en la muerte de los seres queridos y en la situación límite del campo de concentración. Sus libros no son teorías de salón, sino vida vivida. Dice que en las situaciones límite, como el campo de concentración, el hambre, la desesperación, angustia, los que más aguantaban no eran los más fuertes físicamente, sino los que tenían un por qué para vivir, aunque fuese leve, y, desde luego, el que vive la religión con coherencia, solía ser el más fuerte[8].  La felicidad y el placer se encuentran en dimensiones distintas. Es más, en muchas ocasiones el ansia de placer, o el abuso de él, lleva al sufrimiento por el desgaste interior, por impedir el amor generoso, por generar soledad, por ser efímero, por defraudar al dar expectativas que desilusionan. En muchas ocasiones los educados en el bienestar necesario y el placer a toda costa son seres deformes, incapaces de superar dificultades, amorfos, amargados, resentidos, si no neuróticos en la amplitud de este término antiguo.

El dolor, aún con pequeña profundización religiosa, lleva al hombre  a la verdad de uno mismo. Por una parte avisa de la enfermedad para poder curarla, por otra parte permite superar sueños irreales, por ejemplo el anciano o el desahuciado puede saber que aspirar a cosas juveniles es iluso. Y, sobre todo, permite matar –aunque no siempre- el amor propio, que ensucia y envenena los amores verdaderos, los que hacen feliz al hombre pase lo que pase. Los ejemplos son multitud[9]

. Sciacca comentando al genial Dostoievski dice: “De aquí la situación «ambigua» de sus personajes, siempre al borde de la perdición y de la salvación, a veces elevados a momentos de transparencia evangélica y a veces hundidos en las tinieblas del infierno. Almas dotadas de recursos inagotables, sacan de su fondo fuerzas gigantescas, alcanzan la salvación en el abismo del mal mediante el sufrimiento, el dolor y la expiación. La escuela del bien y de la salvación se identifica, para Dostoievski, con el magisterio del dolor y del sufrimiento, que pide indulgencia, comprensión y piedad. Dostoievski estaba profundamente convencido de que, aun en el ambiente más ignorante y sofocante, entre los que se hallan fuera de la ley, «aun allá en las canteras, debajo el vestido de un preso y de un asesino, puede encontrarse un corazón de hombre”. Son los desechos y despojos sociales, los que viven fuera del orden, -los que quieren volver a entrar en el orden, después de haber expiado incluso las muchas injusticias cometidas en nombre de este orden y de esta moral; quieren volver a él mejores, en nombre de un orden superior e interior, para elevar a los demás (a los “normales” y a los “justos”) a aquella moralidad y a aquel orden que no es una costumbre anónima e impersonal, sino el fruto de una dura iniciativa personal, filtrada a través del dolor”[10].

El pecado original rompió el orden querido por Dios. A causa del pecado humano toda la creación se vio afectada. No sólo la fraternidad humana, sino el mismo orden de la creación. "Hay gente que dice que no cree porque en el mundo suceden cosas que les parecen una autentica crueldad divina. No deja de ser curioso razonamiento: Dios es cruel, luego Dios no existe. no comprendo por qué Dios  permite eso, luego no hay Dios; no me gusta que suceda esto, luego no le concedo el derecho a existir. No parece una lógica demasiado clara. Salvando las distancias sería como decir: yo estoy sufriendo; si mi madre realmente me quisiera, no me habría traído a este mundo cruel; ergo... mi madre no existe. Me parece una postura más razonable tratar de comprender por qué Dios, siendo infinitamente bueno, permite que exista el mal" dice un hombre lleno de sentido común y buen humor[11] .

Para el cristiano, el misterio de Cristo crucificado  en su inocencia es elocuente. Muestra tanto la maldad de la libertad errante del pecado,  como la fuerza del amor que sigue fiel en el dolor injusto y extremo. Es un dolor sustitutorio y solidario. Es un amor que no se detiene ante el dolor, sino que revela al hombre su capacidad  amar hasta la muerte. El amor de Dios que sufre en Jesús parece mostrar un Dios débil, sin potencia; pero, en realidad,  revela un amor impensable anteriormente.

 Todo hombre unido a Cristo puede convertir el dolor en sacrificio y en solidaridad, y, desde luego, no es un disfraz del egoísmo. Cristo convierte el sufrimiento en sacrificio, en com-pasión, sufre con el que sufre. Se enfrenta con total consciencia ante la injusticia y el dolor hasta la muerte, y perdona, ama, es fiel hasta el último suspiro. El cristiano puede mirar el crucifijo y ver un sentido profundo a lo que otro verá como sinsentido y absurdo. No es problema superficial el que tratamos y depende muchísimo de la solución, aunque quede en el misterio el motivo último.

“Ya Nietzsche nos adelantó que la muerte de Dios trastornaría a los hombres más que cualquier cataclismo cósmico ¿Qué decir del dolor? Los europeos han vivido dos guerras mundiales, muchos han sufrido en sus carnes guerras civil o entre pueblos, y han llegado a pensar, como Papini, que el mundo es un infierno iluminado por la condescendencia del sol. Así resume Dámaso Alonso esa trágica experiencia: “Habíamos pasado por dos hechos de colectiva vesania, que habían quemado muchos años de nuestra vida, uno español y otro universal, y por las consecuencias de ambos. Yo escribí Hijos de la ira ante la estéril injusticia del mundo y la total desilusión del hombre”[12]. Más duro aún serán los testimonios de los que experimentan los gulags y el holocausto. Pero la queja es estéril, sino tiene un para qué que dé sentido al dolor y al horror. Esta es la verdad.

George Steiner dice desde su perplejidad: “cuando estamos enfermos, cuando el terror psicológico o físico se apodera de nosotros, cuando nuestros hijos mueren en nuestros brazos, gritamos. Que ese grito resuene en el vacío, que sea un reflejo perfectamente natural, incluso terapéutico, pero nada más, es casi imposible de soportar”[13]. Ya lo veremos de nuevo más adelante el tema de la inocencia o no del hombre histórico. “Esta es la idealidad que encarnan los personajes dostoievskianos, desde el hombre de los «primeros impulsos» de las Memorias del subsuelo, de cuyo fondo grita a los de la «superficie» para decirles que son «un montón de mísero buen sentido» y de donde emerge a través de la expiación y con un gran deseo de ser bueno, hasta el inmortal protagonista de Crimen y castigo, que personifica las ambivalencias y las antinomias del fondo misterioso del alma humana, siempre desgarrada por antítesis y contradicciones. Raskolnikof, entre otras cosas, es la personificación de la lucha contra la moral común, responsable legalizada y reconocida de tantos delitos y de tantos errores. Pero no es la brillante dialéctica de Raskolnikof («el superhombre») la que logra el triunfo del bien sobre el mal, sino el dolor silencioso de Sonia, la mujer perdida por socorrer a los demás, la «tierna y querida madre» de los forzados, aquella que revela a Raskolnikof a sí mismo, el asesino al asesino, y que en esta revelación le abre el camino de la expiación y de la salud. Quien lo salva, a través de la expiación, es Sonia, la «mártir voluntaria de puro amor»[14]. .
  La respuesta al dolor no está en la rebeldía, ni en la negación, ni siquiera en Job que se conserva fiel sin entender nada, sino en Cristo que en la Cruz padece el dolor y la humillación máxima y resiste –pudiendo liberarse- por amor, ofreciendo en sacrificio perfecto su vida para la salvación de los pecadores. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se revelan en un Amor nuevo, un amor que se abaja hasta ser solidario con el dolor y dándole un sentido de purificación y de sacrificio solidario. El sentido del dolor humano es saber para qué sirve, más que la tranquilidad intelectual de conocer el por qué.

Volviendo a Dostoievski “De aquí la positividad del sufrimiento, del dolor y de la angustia, que no son estéril agitación, ni pura negatividad, ni inexplicable e insignificante absurdo. Los héroes de la humanidad dostoievskiana saben lo que quieren y no tienen nada en común con los «héroes» de la literatura existencialista de hoy, abúlicos, extenuados, absurdos, para los que matar o abrazar es la misma cosa, porque, de todos modos, todo es absurdo, vano e insignificante. Los héroes del existencialismo transforman la tragedia de Dostoievski en una farsa o en una «pose». De ello es prueba el que todas las soluciones del conflicto radical entre el bien y el mal, planteadas por la filosofía contemporánea, escéptica, pragmatista o nihilista, son rechazadas o ridiculizadas por Dostoievski. Para él son impotentes tanto el masoquista gozar del sufrimiento, como el escepticismo desesperado o el creer en algo para obtener provecho o utilidad. Por las mismas razones reserva el suicidio para las almas inferiores (Smerdiakof y Svidrigaiolof), el embrutecimiento para las figuras secundarias o brutales, y la locura y el desastre para el ateo, espíritu aparentemente fuerte y substancialmente débil (Iván Karamazof), al que no le es ahorrado ni el ridículo. Para las almas superiores, para los verdaderos héroes humanos del drama humano, reserva la solución verdadera: la expiación, mediante la cual se produce la rehabilitación, la inversión, la transformación radical, la metánoia. «En la cárcel, quizá estaré mejor»; desde este punto, para Raskolnikof, el superhombre fallido y arrepentido, «empieza la historia de [su] lento renacer... de la gradual regeneración, del lento paso de una vida a otra». Dostoievski es la condena del humanismo ateo, tanto en la forma marxista como en la nietzscheana, ya sea escéptico o pragmatista, existencialista o absurdista; y por ello es uno de los maestros del humanismo verdadero, cristiano y teísta, auténticamente humano”[15]

 Sirvan estos testimonios como refrendo de lo que  hemos planteado desde la razón y la fe ante uno de los mayores misterios humanos.

 


[1] Si Dios Padre Todopoderoso, Creador del mundo ordenado y bueno, tiene cuidado de todas sus criaturas, ¿por qué existe el mal? A esta pregunta tan apremiante como inevitable, tan dolorosa como misteriosa no se puede dar una respuesta simple. El conjunto de la fe cristiana constituye la respuesta a esta pregunta: la bondad de la creación, el drama del pecado, el amor paciente de Dios que sale al encuentro del hombre con sus Alianzas, con la Encarnación redentora de su Hijo, con el don del Espíritu, con la congregación de la Iglesia, con la fuerza de los sacramentos, con la llamada a una vida bienaventurada que las criaturas son invitadas a aceptar libremente, pero a la cual, también libremente, por un misterio terrible, pueden negarse o rechazar. No hay un rasgo del mensaje cristiano que no sea en parte una respuesta a la cuestión del mal” (Catecismo 309).

[2] Juan Pablo II, Domininum et vivificantem nn. 36 y39

[3] Pero ¿por qué Dios no creó un mundo tan perfecto que en él no pudiera existir ningún mal? En su poder infinito, Dios podría siempre crear algo mejor (cf. S. Tomás de A., STh I, 25,6). Sin embargo, en su sabiduría y bondad infinitas, Dios quiso libremente crear un mundo "en estado de vía" hacia su perfección última. Este devenir trae consigo en el designio de Dios, junto con la aparición de ciertos seres, la desaparición de otros; junto con lo más perfecto lo menos perfecto; junto con las construcciones de la naturaleza también las destrucciones. Por tanto, con el bien físico existe también el mal físico, mientras la creación no haya alcanzado su perfección. (Catecismo 310).

 

[4] ” S. Agustín “Porque el Dios Todopoderoso...por ser soberanamente bueno, no permitiría jamás que en sus obras existiera algún mal, si él no fuera suficientemente poderoso y bueno para hacer surgir un bien del mismo mal”  Enchir.11,3.

[5] Job 3:2-3,23 

[6] Job 7,1- 7,27

[7] “En el dolor por amor de Dios encuentro el gozo, la seguridad y la paz. El dolor, el sufrimiento sin sentido, sin amor de Dios es terrible e insoportable para el hombre. El dolor y el sufrimiento en el hombre enamorado de Dios, y por Dios, de todos los hermanos es gozo y paz, es sublime. El misterio del dolor, cuando por obra del Espíritu Santo se te descubre, puedes ya penetrar en él, no deseas nada más, tienes la seguridad de que estás en Dios, por eso tienes en el dolor (físico, moral, espiritual) paz, amor, gozo y puedes decir: “Creo, amo, adoro, confío” Es efímero el sufrimiento, como efímera es la vida terrena, luego: la muerte, la resurrección, la purificación, la gloria, y, por fin para siempre, el encuentro con Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo. Espero todo esto que me ofreces, Dios mío, y aunque hay veces que mi amor hacia Ti me ponga en urgencia de desear estar “ya” en tu Presencia quiero esperarlo sosegadamente, quiero vivir la espera sabiendo    que por mucho que falte, mucho no puede faltar, y voy a aprovechar para con mi trabajo, mi oración, mi mortificación, hacer  que mi entorno sea santificado para tu gloria aprovechar, para orar por la benditas almas del purgatorio, aprovechar para orar por tu Iglesia, aprovechar para amar, aprovechar para purificarme, aprovechar para que con tu ayuda pueda descubrir algo más de Ti  a mis hermanos. Aprovechar también, ¿por qué no? Para gustar de las cosas bellas y buenas que has puesto en el mundo para los hombres y con los ojos ver flores y estrellas, con los oídos oír poesías y canciones, con la boca hablar de Ti y cantar tus alabanzas, con las manos trabajar por tu gloria, con los pies andar de un lado a otro con pasos siempre dirigidos a Ti. Aprovechar para sufrir y enseñar a mis hermanos a sufrir, por tu amor, que es sufrir sin sufrir. Aprovechar para amarte y hacer tu Voluntad. Y aunque no sea ni remotamente comparable esta felicidad con la felicidad del Cielo, es la felicidad que ahora conozco, la única, la que Tú me das y me consuela que, también hay inmenso gozo en la espera, porque quien de verdad ama nunca desespera, “crece” “ (Anónimo)  

 

[8] Víctor Frankl. El hombre en busca de sentido.  Ed Herder. El hombre doliente

[9] “Gracias Padre Misericordioso por revelarnos el misterio del Dolor.

El Dolor  rompe el cuerpo y penetra hasta el alma.

Jesucristo así nos lo enseña mostrándonos su Inmaculado Cuerpo, roto, destrozado, magullado, herido.

Alzado Jesús en el Madero, lanza un grito, una pregunta al Padre, no es una queja, es una pregunta: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado? Culmen del dolor, explosión de puro dolor que se expande por todo el Universo para Él creado. Es entonces cuando Dios desvela el Misterio del Dolor: “Padre, en tus manos entrego mi espíritu”

Bendito el dolor que me hace saber que soy tu hija.

Bendito el dolor que hace que me abandone en Ti.

Bendito el dolor que es tan puro como el Amor.

¡Oh, Padre! Bondad Infinita, gracias por el dolor, es en el dolor donde más me siento unida a tu Hijo, mi Señor Jesucristo.

Al dolor y a la muerte aceptados por Amor les sigue la Resurrección y la Vida Eterna.

No creamos que vamos a resucitar  sin antes haber sufrido.

Tenemos que morir aceptando el dolor que Dios nos quiere enviar, sea poco o mucho. No tenemos que temer al dolor, somos hijos de Dios, somos criaturas suyas y nos ama, somos libres, por eso aceptamos su Voluntad.

Todo puede ser engañoso menos el dolor aceptado por amor a Dios y a nuestros hermanos los hombres.

Desconfiemos del placer que nos proporcionan los sentidos, desconfiemos del hacer (nuestras obras) desconfiemos del no hacer (nuestra quietud) desconfiemos del subir, desconfiemos del volar, o por lo menos no confiemos plenamente en ello, pero en lo que sí podemos confiar es en la aceptación del dolor aceptado por Amor, encontraremos la paz de Dios en nuestra alma y tendremos fe en la resurrección y la Vida Eterna.

Abracemos a Jesús, cuando lo encontremos, en el Sermón de la Montaña y así nos consolará, abracémosle    cuando esté en nuestra barca y calme nuestras tempestades, abracémosle en las “Bodas de Caná”, disfrutemos con Él; pero no se nos puede olvidar, tenemos que tener verdaderos deseos de abrazarle  en la Cruz, en ese estrecho abrazo que le podemos dar a Jesucristo en la Cruz, amaremos el dolor, entenderemos el Misterio del Dolor, no temeremos el dolor, tendremos la paz de Dios en nuestro corazón y amemos el dolor.

Entonces gritaremos llenos de júbilo: ¡Puedo entender el Misterio del Dolor, puedo amar el dolor!

La Virgen Santísima lo abrazó y lo amó.

¿Qué creemos que es refugiarnos en su Costado abierto por nuestro amor?

Refugiarse en el Costado abierto de Nuestro Señor Jesucristo es sufrir con Él, desear sufrir con Él porque es nuestro Dios hecho Hombre como nosotros y le amamos y le adoramos, y tenemos toda nuestra confianza puesta en lo que nos dice en la Sagrada Escritura, y creemos en Él como Única Verdad.

¿Por qué tememos el dolor?

No huyamos del dolor, no le demos la espalda, buscando sólo lo que nos complace, el dolor aceptado y ofrecido a Dios por amor purifica y ennoblece al hombre, nos eleva de animal a hijo de Dios, (todos los animales buscan satisfacer sus instintos naturales de placer, pero ninguno busca el dolor). No creamos que en el placer encontraremos la paz de Dios, es en el dolor donde lo hallaremos. Pidamos a Dios que nos descubra el Misterio del Dolor, para poder entenderlo. A mí me lo ha concedido.

Cuando voy a recibir el Cuerpo de mi Señor, Jesús Sacramentado, le digo: “Deseo unirme a tu Cuerpo Herido y lleno de dolor por mis pecados, deseo recibirte con tus amorosas heridas  que me purifican. Me das a comer tu Carne después del Santo Sacrificio del altar, y en tus heridas penetro, participo de tu Dolor, que es Amor al Padre y a los hombres y a tu Iglesia.

Tus heridas y tu dolor penetran en mi corazón, que es tu Corazón y el de tu Santísima Madre traspasados por el dolor y mi alma se purifica, se enamora y ama el dolor.

Hallo la paz al recibir tu Cuerpo Herido ahora ya glorificado en el Padre por los siglos de los siglos Amén (Anónimo)

[10] Sciacca. Dostoievski en Arvo.net Noviembre 2002

[11]Alfonso Aguiló . Ed Palabra. Interrogantes en torno a la fe. p. 123

[12] J. Ayllón. Dios y los náufragos. Ed Belacqua. Barcelona 2002

[13] ibid.

[14] Sciacca. Dostoievski en Arvo.net

[15]ibid