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La persona humana es corporal. El cuerpo no es
un añadido, ni una máquina que actúa conjuntamente, o un freno para
el desarrollo del espíritu como han dicho con diversos matices los
dualismos. Platón lo llama cárcel del alma y ésta conoce como encerrada
en una caverna. Descartes lo separa tanto del alma que no hay manera
de coordinarlo salvo, con una acción extraordinaria de Dios. La
consecuencia del dualismo cartesiano será aparentemente contradictoria,
pues del la res cogitans surgen los idealismos y racionalismos,
y la res extensa los materialismos; unos prescinden del cuerpo,
o no lo tienen mucho en cuenta; y los otros del espíritu intentando
vanamente explicarlo todo con la materia. En uno y en otro la unidad
de la persona se pierde.
La Biblia es más unitaria pues utiliza el término
basar para expresar cuerpo, pero su matiz de traducción es
cuerpo espiritual como lo llama San Pablo, a veces este término
sirve para mostrar toda la persona, aunque son más frecuentes los
de nefesh y ruah que expresan la realidad espiritual del hombre.
En realidad lo más frecuente ha sido una unidad dual, o dualidad
unitaria, que un dualismo y mucho menos un monismo ( todo y sólo
es cuerpo o espíritu excluyéndose uno a otro)[1].
El acto de ser contituyente de la persona irradia
una vida que hace ser a la forma como tal con todas sus propiedades.
El alma es principio de vida del cuerpo, que pasa a ser un cuerpo
espiritual. Yo soy mi cuerpo, puede decir un ser humano, aunque
no se pueda añadir que sólo soy mi cuerpo. Mi cuerpo es instrumento
del alma y es digno como lo es la persona, por eso verlo sólo como
un instrumento externo, que en el fondo no mío es un error. “Son
cosas del cuerpo” como si no se fuese responsable de lo que
hace el cuerpo puede ser cierto cuando hay inconsciencia, enfermedad,
o involuntariedad clara. Pero habitualmente lo que hace mi cuerpo
es mío, es parte de mí. A través de él accedo a la realidad del
mundo material y también de gran parte del espiritual. Es mío, realmente
mío, se puede decir: “yo soy mi dedo”, aunque no sólo
sea eso, pero el dedo no es un aparato ortopédico añadido. Tanto
en la filosofía como en la espiritualidad se ha oscilado entre dos
extremos: ¿el cuerpo es amigo o enemigo?
Para salir de esta dinámica se debe acudir al hombre
histórico, al hombre real. En el origen es patente la alegría de
Adán al ver a la mujer y clamar “esto sí es carne de mi carne
y hueso de mis huesos”[2]
expresando la alegría al ver el cuerpo de Eva. La Biblia no pone
ninguna palabra en boca de la mujer, sólo mostrarse, diciendo quizá
con este silencio que su papel en la relación personal en cuanto
al cuerpo es más atraer que buscar. Después del pecado original,
es decir la situación histórica, sí habla de buscarle. Es decir,
el cuerpo de hombre y mujer son amigos del alma. Pero en la situación
histórica se da una dificultad de dominarlo, las relaciones sexuales
pueden ser de uso de uno y otro como un objeto. En ocasiones, el
cuerpo domina al hombre contra su querer, por ejemplo miedo que
paraliza, enfermedades, obsesiones, vicios, cansancio, dolor en
el parto en la mujer etc.
Los antiguos hablaban habitualmente del cuerpo
humano desarrollado, pero no tenían acceso al cuerpo mínimo. Aunque
ya los primeros cristianos decían que se distinguían de los paganos
en que no abortaban ni realizaban infanticidios, en la actualidad
las técnicas médicas y el cientifismo como regla de todo saber han
replanteado la cuestión con gran virulencia pues el número de abortos
que se producen es enorme en casi todo el mundo. Desde el punto
de vista intelectual el trayecto se puede considerar así: primero
para Descartes el cuerpo es una máquina separada del alma y se unen
accidentalmente; después los materialistas niegan el alma y tiene
que explicar todo con el cuerpo, aunque sea imposible lo intentan
con mil oscuridades; el sentido del animal no espiritual a que reducen
al ser humano es su conciencia que emerge de la conciencia; por
último como el cuerpo mínimo molesta para una vida sexual sin moral
humana, pues se suprime y ya está. Veamos alguno de los datos de
científicos humanistas entre los miles que existen.
Angelo
Serra genetista y director durante algunos años del Departamento
de Genética de la clínica Gemelli de Roma dice: “La ciencia
puede establecer –como cualquier otro ser- el momento concreto
en el que un determinado ser humano comienza su propio ciclo vital”
Serra explica la complejidad de la concepción en la que destaca
tres características principales: coordinación, continuidad y gradualidad.
Coordinación puesto que “el desarrollo embrional desde el
momento de la fusión de los gametos hasta la formación del disco
embrional, hacia el 14º día de la fecundación, es un proceso en
el que se da un coordinado subseguirse e intregrarse de actividades
celulares bajo el control del nuevo genoma, modulado por una ininterrumpida
cascada de señales que se transmiten de célula a célula y del ambiente
extracelular y extraembrional a cada una de las células. Esta característica
implica y exige una rigurosa unidad en desarrollo. El embrión humano,
incluso en sus más precoces estadios, no es y no puede ser una mera
agregación de células ontológicamente distintas, como alguien quisiera
sostener. Es, por tanto un individuo en el que cada una de las
células que se van multiplicando están integradas estrechamente
en el proceso.
La multiplicación celular y la aparición de los
diversos tejidos y órganos aparecen a nuestros ojos como discontinuos.
Sin embargo, cada uno de ellos no es sino la expresión de una sucesión
de una sucesión de acontecimientos encadenados el uno al otro sin
interrupción; si hay interrupción se da patología o muerte. Esta
continuidad implica y establece la unicidad del nuevo ser en su
desarrollo. Es evidente que al forma definitiva se alcanza gradualmente”[3]. La única conclusión lógica, afirma Serra es:”con
la fusión de los dos gametos humanos, un nuevo ser comienza la existencia
o ciclo vital, en el que realizará autónomamente todas las potencialidades
de que está intrínsecamente dotado(...) El embrión, pues, desde
la fusión de los gametos, ya no es un potencial ser humano, sino
que es un real ser humano”.
Los
errores dualistas al intentar destacar la excelencia del espíritu
humano han puesto en bandeja a los materialistas la justificación
de las conductas abortistas ahora, y fueron sustento de las crueldades
médicas racistas y eugenésicas nazis. Esperemos que los técnicos
manipuladores del cuerpo ni incurran en el mismo error antropológico
y destruyan seres humanos, o creen monstruos, o atenten contra derechos
elementales en la persona, sea nacida o no nacida.
Mouroux describe maravillosamente esta relación
de muchos modos con una tendencia claramente positiva, por ejemplo
cuando dice: “El cuerpo es para el alma un medio de acción.
No actúa sino mediante él, como claramente se echa de ver en
las acciones exteriores. Para vivir es necesario comer y beber,
reaccionar ante los estímulos del ambiente. Para plasmar una civilización
no basta concebirla; hay que edificarla con esfuerzos corporales.
Todos conocemos la maravillosa capacidad de adaptación que posee
el cuerpo para este género de trabajos, cuyo símbolo es la plasticidad
de la mano: mano callosa del albañil, dura como la piedra que toca;
mano del artista ágil y precisa para llegar a ser matemática e inspirada;
mano del cirujano, sensible, inteligente y certera como el escalpelo.
Desde este punto de vista, el hombre es un instrumento animado,
un espíritu que posee y anima intrínsecamente su propio instrumento,
expresándose realmente mediante su misma actividad. Como decían
los antiguos, el hombre es inteligencia y mano: « ratio et manus[4]».
El cuerpo es necesario aun para los actos más espirituales.
Está hecho para el espíritu. Llegamos aquí a la raíz de la unidad
de cuerpo y alma. La ciencia moderna no duda en admitir esta afirmación
de Santo Tomás: «El alma está unida al cuerpo por el acto de la
inteligencia, que es un acto propio y principal; por eso es preciso
que el cuerpo, unido al alma racional, esté dispuesto del mejor
modo posible para servir al alma en lo que es necesario al pensamiento».
El cuerpo es instrumento del alma. “Mens sana in corpore sano”,
“quando il corpo é sano il anima balla” se dice en sentido
clásico y también popular. Se podrían encontrar muchos otros dichos
sabios de todos los tiempos y culturas. Es cierto que muchos sabios
han tenido un cuerpo enfermizo que quizá les ha permitido una experiencia
del dolor que les ha despertado el espíritu. Pero lo normal es que
la mente necesite un cuerpo sano. Sin vista no se ve el arco iris,
ni se pueden apreciar los colores ni la pintura, salvo Betthoven
la música necesita oído fino, la sensibilidad del tacto, del olfato,
del gusto, de la imaginación, de la memoria sensitiva abren posibilidades
a entender y actuar.
Ya vimos en el capítulo del hombre como ser pensante
la importancia y la insuficiencia del cerebro. “No hay pensamiento
actual sin el concurso de todo el cuerpo, utilizado conforme a su
extraordinaria complejidad”[5].
Aunque se ha dado en los últimos años un estudio mucho mayor del
cerebro, es valido lo que dice Mouroux en 1960 sobre su relación
con el pensar y el querer o la afectividad: “Podemos localizar
las estructuras que sirven para las funciones psíquicas, «los elementos
morfológicos donde se desarrolla y se desenvuelve el proceso funcional.
La delicadeza de estas estructuras es tal, que una lesión, por pequeña
que sea, acarrea perturbaciones muy características. Supuesta como
zona del lenguaje la región próxima a la hendidura de Sylvius, una
lesión anterior impedirá comprender las palabras y una lesión posterior,
la escritura. Según esto, se comprende el grado de precisión y delicadeza
inauditas con que el cuerpo puede trabajar en beneficio del espíritu.
Sin embargo, es imposible localizar puntualmente una función psicológica,
puesto que para su producción se requiere el concurso de todo el
cerebro, y, a su vez, el cerebro es el lugar en donde convergen,
repercuten y actúan todos los factores orgánicos, de tal modo que
todo el cuerpo es necesario al pensamiento”[6].
El cuerpo como medio de
expresión.
El lenguaje es el máximo
medio de expresión y comunicación. “Cuando miro a un hombre
a los ojos, su mirada me responde. Me deja penetrar en su interior,
o bien me rechaza. Es señor de su alma, y puede abrir y cerrar sus
puertas. Puede salir de sí mismo y entrar en las cosas. Cuando dos
hombres se miran, están frente afrente un yo y otro yo. Puede tratarse
de un encuentro a la puerta o de un encuentro en el interior. Si
se trata de un encuentro en el interior, el otro yo es un tú. La
mirada del hombre habla. Un yo dueño de sí mismo y despierto me
mira desde esos ojos. Solemos decir también: una persona libre y
espiritual. Ser persona quiere decir ser libre y espiritual. Que
el hombre es persona: esto es lo que lo distingue de todos los seres
de la naturaleza”[7] Las ideas son iguales
para todos los seres humanos, no así las lenguas en número casi
infinito. El lenguaje necesita en primer lugar sonidos a los que
se les da un contenido. Luego vendrán los gestos más o menos simbólicos
como las: danzas. Después de las ideas está la manifestación de
los sentimientos y aquí el cuerpo tiene un papel más significativo
dentro de la ambigüedad de los sentimientos, pues pueden coexistir
los contrarios o varios al tiempo. Es claro en la alegría por el
gesto del rostro, la actividad, las expresiones vocales, etc; lo
mismo para la tristeza (laxitud, rostro ensombrecido, cansancio).
Más aún en la ira que puede llegar a una exaltación enorme, o en
el miedo que puede llegar a la parálisis, emblanquecimiento o pérdida
del cabello, sudor frío, o de sangre, incapacidad para un juicio
o una decisión libre. El amor tiene muchas formas de manifestarse
en los esposos, con los hijos, los abuelos, los amigos, los compañeros,
los compatriotas etc. Lo mismo el odio que se une a la ira exaltada
y el terror. El amor y el odio mezclados llevan a actitudes un tanto
sorprendentes también en el cuerpo. Relajación y máxima tensión
se suceden o se entremezclan.
Caben falseamientos en este lenguaje del cuerpo
con maquillajes, ficciones, engaños, técnicas, de falsa naturalidad;
que en realidad son mentiras gestuales ambiguas. Sin embargo, no
es fácil engañar con el gesto, no sólo en el caso del niño que no
sabe mentir o en el del hombre recto que si lo hace se advierte
una conmoción.
La belleza es manifestada muchas veces en el cuerpo
y aquí caben desde las sensibilidades apolíneas a las romanas o
las simbólicas primitivas, o a las desarraigadas de las tribus urbanas
o a las burguesas, con tabús o sin ellos, así como las provocadas
por modas artificiales[8].
La comunión de personas es el grado más alto del
amor personal. Se puede dar en el ámbito meramente corporal, en
el afectivo o en el de intimidad que es casi como un cielo en la
tierra cuando las personas que se quieren llegan a ese nivel. El
cuerpo de más a menos siempre tendrá algo que ver en esa comunión:
“Nos referimos ahora a la suprema dignidad del cuerpo: la
unión y la comunicación de las personas. Esta función no surge de
la nada, puesto que el cuerpo desempeña ya la misión de unimos con
el universo. ‘Este cuerpo es un instrumento admirable, que,
sin duda, no usamos en toda su plenitud. Con frecuencia lo empleamos
tan solo para el placer, el dolor y los actos indispensables para
la vida. Unas veces nos confundimos con él. Otras olvidamos su existencia.
Ora como brutos, ora como puros espíritus, ignoramos los lazos universales
con que estamos unidos, la maravillosa sustancia de que están fabricados.
No obstante, por el cuerpo participamos de lo que vemos y tocamos.
Somos piedras, árboles. Intercambiamos contactos e inspiraciones
con la materia que nos rodea. Tocamos y somos tocados. Transportamos
virtudes y vicios. Sumergidos en la fantasía o el ensueño, adoptamos
la naturaleza de las aguas, la arena, nubes ... ‘[9]»[10].
Hay situaciones en que la expresión corporal es
mucho más fuerte que el lenguaje hablado, tanto si no se pueden
emitir palabras por imposibilidad, como por emoción: “Volviendo
a las palabras y a los gestos, diremos que llegan a ser instrumentos
de comunicación en la medida en que son capaces, por encima de su
sentido directo y definido, de revelar algo de nuestro misterio.
Cuando dos seres que se aman se encuentran después de largo tiempo,
se dirigen a menudo las palabras más simples y vulgares, pero sus
almas se compenetran y se estrechan mediante esta misma pobreza
de palabra. Cuando dos seres sufren juntamente, con frecuencia se
realiza la participación más profunda en el mismo dolor, a través
de una minada o del silencio, de una palabra que se anuda en la
garganta, de una lágrima que se asoma al borde del párpado.
Por otra parte, hay algunas experiencias cruciales
‑al comienzo y al final de la vida‑ que aclaran más
la función desempeñada por el cuerpo. La primera sonrisa que el
niño dirige a su madre, por ejemplo. En este caso, no solamente
se franquea la prisión corporal, sino que el cuerpo mismo es el
medio de relación gracias al cual la madre y el hijo comparten la
misma alegría. La última mirada del moribundo ofrece una experiencia
análoga. El cuerpo va convirtiéndose paulatinamente en una prisión
en la que el alma se encuentra recluida antes de evadirse. Sin embargo,
esta última minada es el supremo ímpetu en que se insertan el llamamiento
y el deseo, el sufrimiento y el amor. Tenemos, finalmente, el caso
de los que se encuentran privados de la voz, del oído y de la vista
al mismo tiempo. Almas aherrojadas y condenadas, cuerpos inútiles,
sin ventanas. ¿Cómo lograr que en ellos nazca un signo? Sin ojos,
sin oídos, sin lengua, solo les queda la mano, la bendita mano,
y con ella la inmensa docilidad del cuerpo y el deseo infinito del
alma”[11].
Se puede hablar de otras situaciones en las que
las reacciones del cuerpo cuentan mucho como la fiesta: ¿qué es
una fiesta religiosa, civil o familiar celebrada en soledad? ¿Y
las reuniones de masa? Pueden ser despersonalizadoras, como se ha
visto tantas veces, pero es indudable que tanto si es por motivos
de arte, sobre todo música, o por motivos políticos o religiosos,
hacen vibrar a todos en una especie de reacciones similares, casi
anónimas, sorprendentes. Los grandes espectáculos deportivos tienen
ahí su gran atractivo, más que en las gestas deportivas muchas veces
falsificadas. En lo político ¿cómo olvidar los mítines de Nuremberg
por Hitler? O, con más escepticismo, las de los partidos democráticos
en tiempo de elecciones para ganarse voluntades.
Ciertamente “el arte nos permite deducir
análogas conclusiones. Este medio de comunicación profunda pone
en juego todo el cuerpo. Tanto en el artista que trabaja, necesitado
de una cierta delicadeza de órganos, de una habilidad manual o corporal,
como en el espectador, oyente o lector, que actúa a su manera, vibrando
al unísono. Sin embargo, se requiere una especial educación de cuerpo
y alma para penetrar en este mundo encantado. El ejemplo de la música
es, quizá, el más significativo. La música es capaz de efectuar
la unión de una muchedumbre, ya se trate de un regimiento en desfile,
con música al frente, o bien del Credo, cantado a plena voz por
millares de peregrinos. Una vibración física enorme se apodera del
ser humano, le agrega a la masa y le arrastra con su vértigo. Esto
no es la cima del arte, y resulta a veces infinitamente más peligroso,
por su formidable potencia. Por otra parte, cuando se ha llegado
a penetrar verdaderamente en el reino de la música, la comunión
se hace más profunda. Un aria de Mozart, una fuga de Bach, una sinfonía
de Beethoven nos introducen en un mundo nuevo y nos hacen penetrar
en una intimidad inefable, en que el alma queda liberada y cautiva
al mismo tiempo. Se cuenta de Beethoven que, yendo a visitar a una
madre que acababa de perder a su hijo, entró sin decir palabra,
se sentó al piano y tocó durante unos instantes. Al marcharse, la
madre lloraba de ternura y de agradecimiento”[12].En
el caso del cine y televisión se puede manipular tanto la realidad
de la historia o de la información que la imagen se torna en medio
de mentir o decir la verdad del modo más persuasivo, de tal modo,
que los autores son corresponsables de las acciones de los espectadores.
En cualquier caso, cuando el organismo corporal
funciona a la perfección, toda la vida espiritual se desarrolla
sin esfuerzo ni pérdidas por “rozamiento”. El ser espiritual-anímico
y la vida se expresan en el cuerpo, nos hablan a través de él. Pero
también aquí lo corporal puede poner obstáculos: malformaciones
patológicas, por ejemplo paralizaciones de músculos y nervios, o
un crecimiento desmesurado de los tejidos, perjudican a la capacidad
de expresarse, mientras que un cuerpo sano, que funcione con normalidad
y esté bien ejercitado, «responde» con facilidad. (Con todo, hay
que tener en cuenta que la correcta constitución del cuerpo es una
condición meramente negativa, cuyo cometido se limita a posibilitar
la formalización espiritual. La formalización como tal es realizada
de hecho por el alma espiritual: un cuerpo sano, entrenado e incluso
bello puede ser bien poco “espiritual”, mientras que
uno enfermo, débil y poco ejercitado puede estar muy espiritualizado).
El cuerpo no es solamente expresión del espíritu, sino el instrumento
del que éste se vale para actuar y crear. El pintor, el músico y
la mayor parte de los artesanos dependen de la habilidad de sus
manos, al igual que para muchas profesiones se requiere fuerza o
movilidad de todo el cuerpo, y para otras un alto grado de desarrollo
de este o de aquel sentido. En todos los casos, la salud y un funcionamiento
normal del cuerpo son condición del éxito, pero de nuevo es necesario,
también en todos los casos, que el espíritu tome en sus manos el
instrumento idóneo y fácil de manejar y lo emplee de la manera adecuada.
A modo de resumen podemos decir que el cuidado y el ejercitamiento
del cuerpo, realizados conforme a un plan y con vistas a unos objetivos
determinados, contribuyen a que pueda llegar a ser espiritual. Pero
únicamente podrá llegar a serIo en virtud de una formalización espiritual
es decir, por un lado en virtud de que en él hay una vida espiritual
que impulsa y guía voluntariamente el proceso de formalización,
y por otra parte en virtud de que el espíritu utiliza al cuerpo
para fines espirituales[13]
Dentro de la actividad corporal es especialmente
importante la del cerebro. Es posible distinguir en él una zona
intermedia, que podemos llamar psíquica, que sin directamente voluntaria
ni intelectual tiene una gran influencia en la voluntad y en la
inteligencia. Pero donde tiene más influencia es el mundo afectivo,
de tal manera que resulta difícil calibrar los afectos o sentimientos
espirituales y los inducidos por el cerebro o el cuerpo. A su vez
se da también una influencia de signo inverso de la parte superior
espiritual hacia el cuerpo de modo que sentimiento personales y
exclusivamente espirituales (por ejemplo amor en la oración, contrición,
culpabilidad, vergüenza) influyen mucho en el cuerpo, especialmente
en el cerebro que es el primer receptor. Se da así una actividad
de signo contrario a tener en cuenta, sobre todo en el terreno médico
y en estrictamente espiritual, como ya veremos en el apartado del
cerebro. Más adelante ampliaremos esta noción ternaria del hombre.
“El rostro supera a todas las demás partes
del cuerpo por la facilidad y multiplicidad de sus movimientos.
En él asistimos a un movimiento casi continuo de las partes, que
muchas veces no se hacen patentes como tales partes, sino más bien
como modificaciones del todo. A éstas se añaden otras modificaciones:
cambio radical del color del rostro, o modificaciones de este mismo
y del tamaño o del brillo de los ojos. Si la cabeza ya por su posición
desempeña el papel preponderante en el conjunto de la estructura
del cuerpo humano, esta multiplicidad de posibilidades de cambio
le presta aún más relevancia”[14]. El rostro tiene en el cuerpo
un singular efecto comunicativo. El rostro puede crisparse, descomponerse,
desencajarse, desdibujarse, lucir, reflejar, transfigurarse. El
rostro puede ser adusto, agraciado, altivo, angelical, apesadumbrado,
aquilino, cadavérico, cándido, candoroso, celestial, cariacontecido,
compungido, congestionado, crispado, demacrado, desafiante, enjuto,
escuálido, estático, inexpresivo, expresivo, impertérrito, imperturbable,
inmutable, lívido, malicioso, maligno, pesaroso, pigmentado, pletórico,
risueño, siniestro[15].
La alegría y la tristeza son evidentes, aunque se intente disimularlas.
La actitud reflexiva no se advierte en otras partes del cuerpo,
en el rostro, sí. La admiración, la extrañeza, la duda, el pesar,
el perdón, la compasión y muchos otros actos interiores se ven sin
necesidad de emitir palabras que los expliquen, es más, con frecuencia
basta una mirada para decir casi todo lo que se piensa o se quiere
decir sin encontrar el modo.” El rostro supera a todas las
demás partes del cuerpo por la facilidad y multiplicidad de sus
movimientos. En él asistimos a un movimiento casi continuo de las
partes, que muchas veces no se hacen patentes como tales partes,
sino más bien como modificaciones del todo. A éstas se añaden otras
modificaciones: cambio radical del color del rostro, o modificaciones
de este mismo y del tamaño o del brillo de los ojos. Si la cabeza
ya por su posición desempeña el papel preponderante en el conjunto
de la estructura del cuerpo humano, esta multiplicidad de posibilidades
de cambio le presta aún más relevancia”[16].
La riqueza de expresiones revela la expresividad
de las emociones, de los sentimientos y de los estados de ánimo
que se observan en el rostro. En el rostro se encuentran diversos
órganos: ojos, nariz, boca, oído, a los que se puede añadir como
expresivos: frente, pómulos, barbilla. Los músculos principales
son unos cincuenta, varios alrededor de cada órgano. Las posibilidades
de gesto combinando unos y otros son innumerables. Por otra parte
existen culturas y temperamentos que tienden a la inexpresividad,
este gesto ya es muy expresivo de la interioridad. La mayoría de
los humanos suele ser muy expresivo y, aunque algunos gestos son
modos de comunicación aprendidos culturalmente, la mayoría son espontáneos
conjugando esas miles de posibilidades con resultados que son un
verdadero lenguaje.
El rostro del santo y del libertino reflejan dos
mundos, y sin grandes esfuerzos de análisis, sino por un sentido
natural más profundo que la misma razón, adivinamos la santidad
o el vicio en sus rostros. Entre esos dos extremos se sitúa ese
rostro enigmático, variable, mediocre, que muchas veces es el nuestro;
pues somos unos miserables que no estamos hundidos en el vicio por
pura misericordia de Dios, pero que ‑oprimidos por la debilidad
humana‑ nos hallamos lejos de la santidad. Todo lo cual confirma
el adagio: el semblante es el espejo del alma”[17].
Además de ser el rostro medio de significación
del interior Levinas hace referencia al rostro como superación del
ensimismamiento subjetivista e idealista. Al descubrir el rostro
del otro se sale de la interioridad y subjetivismo. “Este
acontecimiento único, radicalmente nuevo se produce, según Levinas,
en una experiencia absoluta, la epifanía del rostro, es decir la
aparición del otro como rostro al desnudo. Encontrar una mirada
es encontrar una exigencia que irrumpe en el ghetto de mi suficiencia,
que rompe el cerco de la totalidad. La mirada del otro es algo distinto
de una cosa y se resiste a ser encerrado en el horizonte objetivo
que proyecta mi yo, es como un relámpago inasequible que rasga la
bóveda englobante de la totalidad egológica”[18].
“En el cara a cara de la epifanía del rostro, el
ser se presenta como exteriorizado, muestra la transcendencia. El
rostro es exterior en el sentido de que no puede ser reabsorbido
en el circulo de la interioridad. El prójimo es transcendente. En
la irrupción visible de su transcendencia se manifiesta la transcendencia
del Completamente-Otro, del Invisible, de Dios. El prójimo, precisa
Levinas, es la huella del completamente Otro”[19].
Después de tantas cosas bellas sobre el cuerpo
un lector desapasionado quedará sorprendido, porque debido al cuerpo
se debe comer y beber cada pocas horas, es necesario dormir gran
parte del día, existen enfermedades, compulsiones y situaciones
degradantes que impiden una vida espiritual, el cuerpo se resiste
al esfuerzo. No es extraño ante estas evidencias que los dualismos
hayan sido constantes en la historia, tanto en la teoría como en
la práctica. “que el cuerpo no es un ídolo, ni un fin en sí
mismo, ni un dios, sino un mero instrumento. Posee, ciertamente,
todas las ventajas de la materia: ser permeable al espíritu y capaz
de servirle. Pero también está sujeto a todos sus inconvenientes
y miserias: ser limitado, constituir un lastre y una fuerza antagónica
del espíritu. Por eso es muy difícil que pueda ser vencido, orientado[20] y ordenado con
el pensamiento y el amor. Todo esto debe conducirnos al conocimiento
exacto de nuestra condición de criaturas materiales. El hombre,
en cuanto materia, es pesado, opaco, condenado al sufrimiento y
a la muerte. Es «polvo y ceniza». Si el cuerpo posee una dignidad
inmensa, lo debe al alma, que le constituye en cuerpo de un ser
creado a imagen de Dios. El alma le confiere su ser corporal, ya
que el cuerpo no es más que una potencia actuada por el alma, un
instrumento cuya dignidad se define por su relación al alma”[21].
Tanto en la infancia
como en la vejez, y ,ante todo, en la muerte, se hace patente la
miseria del cuerpo. El niño no puede valerse por sí mismo, y depende
totalmente de las ayudas del exterior. Es conocido el caso de niños
que han sobrevivido entre lobos y al rescatarlos no han tenido acceso
ni al lenguaje. Las enfermedades en toda la vida pueden dejar inútil
para una vida normal. Es necesario comer y beber con relativa frecuencia,
o adviene la muerte. También dormir y descansar. Movimiento y descanso
del cuerpo influyen de manera decisiva en el alma. La vejez puede
ser de una pasividad total, o casi. El envejecimiento, si se sobrevive,
es imparable y las aspiraciones de la mayoría se reducen precisamente
a sobrevivir. Pero el problema mayor del cuerpo es la muerte, que
ya veremos, pues se da una descomposición total del cuerpo al dejar
de estar unido al alma y pasa a polvo de la tierra y desaparece
casi totalmente, con una afección en el alma que quiere esta unión
con el cuerpo en la inmensa mayoría de los casos.
El dolor y el placer
marcan el ritmo de muchas actividades humanas que se pueden humanizar,
pero que también pueden rebajar el nivel de dignidad humana, como
se ve en la miseria extrema o en los campos de concentración del
desgraciado siglo XX en que se puede llegar a la antropofagia y
el suicidio, o a una dignidad máxima y martirial religiosa o humana.
Por otra parte la sensibilidad
del cuerpo permite captar muchos aspectos de la belleza de formas
gratificantes, pero también velarlas. Cabe un cuerpo rudo, o que
ha vivido en formas degradadas o ineducadas, o simplemente que es
rudo sin más. Santo Tomás movido quizá por el modo de vida muy sedentario
de los intelectuales de aquellos siglos y la vida agitada de los
guerreros y los campesinos, decía que las más inteligentes son “molliores
carnes”, de carnes blandas, gordos más bien. Quizá no es muy
válido en nuestros tiempos, pero desde luego existen estudios del
cuerpo que dan un tipo de carácter aproximado: los atléticos, los
asténicos, los flemáticos, los sanguíneos, los coléricos y los abúlicos,
con tantas mezclas intermedias que de poco sirven en tiempos de
tanta abundancia alimenticia y culto al cuerpo a través del ejercicio
físico. La importancia del cuerpo para el ser humano es grande y
necesitada de estudio que va desde considerarlo amigo hasta despreciarlo
como enemigo. El cristiano lo aprecia como amigo, pero sabiendo
que está herido y puede hacer traición al espíritu[22]
Cuando el hombre sitúa
su horizonte en el cuerpo le sobrevienen grandes pesares: el placer
es difícil y efímero, al día siguiente de una buena comida vuelve
el apetito, unas horas sin comer se hacen insufribles; los vicios
del cuerpo (comodidad, pereza, sensualidad) hacen muy difícil una
vida verdaderamente humana, y el hombre degenerado en este terreno
es un desgraciado. Las enfermedades impiden muchas vida espiritual
(fiebre, debilidad, psicosis, stress, ceguera, sordera, dislalia,
etc). Y, sobre todo, del envejecimiento y la descomposición del
cuerpo muerto lleva al desconcierto a todo ser humano.
“El cuerpo, corrompido por el alma, es, a
su vez, para ella un peso y una opresión. Toda la tradición repite
como estribillo doloroso aquella frase de la Escritura: «Corpus,
quod corrumpitur, aggravat animam»: el cuerpo corruptible
oprime al alma (Sab 9, 15). Hemos vuelto a caer bajo la férula de
lo corruptible, a ser gobernados por el espíritu de la carne, que
lucha contra el espíritu. A causa de este cuerpo que arrastramos,
nos es preciso llevar una vida de peregrinos lejos del Señor. Si
queremos curar el cuerpo, tenemos que comenzar por liberar el alma,
que es la primera que pecó. Y porque el cuerpo constituye el lastre
más pesado de nuestra miseria, no nos queda más remedio que tender
los brazos al que es el Liberador de los cuerpos y de las almas,
elevando a Dios nuestra oración para que se compadezca de nosotros,
pobres criaturas carnales”[23].
No en vano en San Pablo la palabra carne sarxs quiere decir realidad
corporal opuesta al espíritu pneuma. En cualquier caso, cuando el
organismo corporal funciona a la perfección, toda la vida espiritual
se desarrolla sin esfuerzo ni pérdidas por “rozamiento”
.
“El ser espiritual-anímico y la vida se expresan
en el cuerpo, nos hablan a través de él. Pero también aquí lo corporal
puede poner obstáculos: malformaciones patológicas, por ejemplo
paralizaciones de músculos y nervios, o un crecimiento desmesurado
de los tejidos, perjudican a la capacidad de expresarse, mientras
que un cuerpo sano, que funcione con normalidad y esté bien ejercitado,
«responde» con facilidad. (Con todo, hay que tener en cuenta que
la correcta constitución del cuerpo es una condición meramente negativa,
cuyo cometido se limita a posibilitar la formalización espiritual.
La formalización como tal es realizada de hecho por el alma espiritual:
un cuerpo sano, entrenado e incluso bello puede ser bien poco “espiritual”,
mientras que uno enfermo, débil y poco ejercitado puede estar muy
espiritualizado).
El cuerpo no es solamente expresión del espíritu,
sino el instrumento del que éste se vale para actuar y crear. El
pintor, el músico y la mayor parte de los artesanos dependen de
la habilidad de sus manos, al igual que para muchas profesiones
se requiere fuerza o movilidad de todo el cuerpo, y para otras un
alto grado de desarrollo de este o de aquel sentido. En todos los
casos, la salud y un funcionamiento normal del cuerpo son condición
del éxito, pero de nuevo es necesario, también en todos los casos,
que el espíritu tome en sus manos el instrumento idóneo y fácil
de manejar y lo emplee de la manera adecuada. A modo de resumen
podemos decir que el cuidado y el ejercitamiento del cuerpo, realizados
conforme a un plan y con vistas a unos objetivos determinados, contribuyen
a que pueda llegar a ser espiritual. Pero únicamente podrá llegar
a serlo en virtud de una formalización espiritual es decir, por
un lado en virtud de que en él hay una vida espiritual que impulsa
y guía voluntariamente el proceso de formalización, y por otra parte
en virtud de que el espíritu utiliza al cuerpo para fines espirituales”[24] nos dice Edith Stein en su estudio fenomenológico de la persona
humana..
“Cristo tomó un cuerpo como el nuestro. Por
lo mismo, un cuerpo nacido de mujer (Gal 4, 4). Corpus natum
de Maria Virgine. El ser humano se forma al conjugarse, por
una parte, un complicado proceso biológico, y, por otra, la acción
creadora de Dios. Dos células que se unen y Dios, que les infunde
un alma. El resultado es el hombre viviente, la persona con destino
eterno, la imagen indestructible de Dios. Cuando Cristo vino a la
existencia entrando en el mundo, la Santísima Trinidad toma del
seno de la Virgen los elementos biológicos del ser humano, e infunde
un alma ese cuerpo. Por consiguiente, «al mismo tiempo que la carne
es carne, es también carne del Verbo de Dios; carne animada de un
alma racional y, a la vez, carne del Verbo, pues en Él, y no en
sí misma, ha encontrado su existencial. Pero simultáneamente, «la
Madre de Dios, contra todas las leyes de la Naturaleza, ha dado
forma a Aquel que lo ha formado todo; ha dado el ser de hombre al
Dios, que es autor de todas las cosas y diviniza lo que une conmigo».
Desde este momento, el Cuerpo de Cristo se alimenta como cualquiera
de nosotros, de la carne y de la sangre de su Madre, y sigue un
proceso análogo de desarrollo y perfeccionamiento, con la única
diferencia ‑milagro‑ de que su alma está completamente
despierta y es dueña de su cuerpo. Nace y se abre a la vida como
nosotros, con la diferencia ‑milagro también‑ de que
Él deja a su Madre más pura y virgen: integritatem non minuit,
sed sacravit. Entra, por fin, en nuestra pasada historia: hambre,
sed, trabajo, sueño, alegría, penas, muerte. Pero no penetra en
esta historia sino para transformarla. Tal es su misión, como vamos
a estudiar.
El cuerpo es para el alma un medio de expresión
y un velo; la revela y la oculta. La caída ha oscurecido este velo
y lo ha hecho menos transparente al espíritu. Por la Encarnación,
el cuerpo humano extiende su capacidad de expresión hasta lo infinito:
expresa a Dios. Rigurosamente hablando, el rostro de Cristo
es el rostro humano de Dios. Cristo es la imagen del Dios invisible
(Col 1, 15). Quien le ve a Él, ve a su Padre (Jn 14,
9). Si la persona se revela a través del rostro, en el de Cristo
se revela una Persona divina, una Persona cuya profunda realidad
es la misma realidad de Dios. Cuando vemos a Cristo‑Hombre,
vemos a Dios. La expresión «imagen de Dios» no debe inducimos a
error. Para los antiguos, la imagen no era un ser disminuido, una
realidad depauperada, un puro reflejo, sino una participación de
la realidad misma, que la expresa en su núcleo sustancial y que
actúa con su eficacia propia5. En este sentido debemos considerar
la expresión paulina: Cristo, por ser imagen de Dios, es Dios, pero
Dios entregado y hecho comprensible. Por eso, quien le ve, ve a
Aquel que le envió (Jn 12, 45). La primera función de Cristo
es manifestamos a Dios por medio de su Cuerpo, según el modo que
hemos dicho. La fe es, sin duda, necesaria para captar esta presencia.
Pero la fe no crea nada. Es una mirada adaptada a las realidades
divinas y no hace más que descubrirlas. En realidad, el Cuerpo de
Cristo es el gran signo por el que Dios se nos ha manifestado. La
mirada de Cristo en la mía, su voz en mis oídos, su mano sobre mis
hombros, son la mirada, la voz, la mano de Dios hecho hombre. Por
eso, sin duda, su mirada me penetra hasta el fondo, me revela a
mí mismo; su mano me sana; y, por eso también, su mirada, su voz
y su mano me revelan el amor, la verdad y el poder de Dios”[25].
Pero hay más, ese Cuerpo es el que sufre la Cruz,
es el que transforma el sufrimiento en medio de salvación y sacrificio.
Sin el Cuerpo no se habría dado una redención del hombre entero.
El amor transforma el dolor del cuerpo en medio de sacrificio, en
ocasión de un amor en el que no se da ningún acento de amor propio.
Y, sobre todo, Cristo Resucita con su Cuerpo, con
una vida nueva que llega a todos hombres que tengan fe y al final
de los tiempos el cuerpo humano también resucitará glorioso libre
de las lacras históricas. “. El sepulcro no es un fin, sino
una esperanza. El cuerpo sepultado no es un cadáver, sino una semilla;
por cuanto él ha querido su muerte, tiene derecho a la recompensa.
Por haber dado su vida, tiene derecho a volverla a tomar tal como
le es debida. Por haber sido crucificado, el Señor de la gloria
merece una exaltación eterna. Su alma recupera el cuerpo, lo penetra
totalmente, lo hace espiritual. En lugar del cuerpo de nuestra
humildad, Cristo posee actualmente el Cuerpo glorioso (Flp 2,
21), espiritual, transparente, ágil, clarificado, instrumento natural
del alma del Dios Salvador. Murió para hacernos morir al pecado.
Resucitó para hacernos vivir en Él y resucitar como Él algún día.
El cuerpo inmolado ha llegado a ser cuerpo glorioso, Y con esto
se pone punto final a la redención de los hombres”[26].
Algunos centran la dignidad del cuerpo en la pureza
de la sangre y a la hermosura corporal. «El pecado contra la raza
y la sangre es el pecado original de este mundo y la ruina de la
humanidad que lo comete». Aparece de nuevo el viejo sueño pagano
de la adoración de la sangre y, por tanto, del cuerpo: del misticismo
de las fuerzas vitales, en reacción absoluta contra las fuerzas
espirituales. Si vamos al fondo de las cosas, nos encontramos con
un crudo materialismo que arrastra todas las energías y justifica
todas las crueldades. Ningún sacrificio más arduo y bello para forjar
la nueva humanidad. En realidad, el cuerpo ha llegado a ser un
ídolo y un medio destructor del hombre. Tal es el resultado
de este balance.
La
persona comparte con todos los hombres una naturaleza racional pero
que se encuentra existiendo de una forma singular, con una personalidad
propia, individual, con unas particularidades que le distinguen
de otros individuos de la misma especie.
El concepto de persona lleva incorporado un concepto
de dignidad, de algo semejante al personaje, a la dignidad de quien
tiene algo que decir en la escena del mundo. La superioridad de
la persona radica en su naturaleza racional, que es inmaterial,
espiritual, pero que se encuentra unido de forma constitutiva con
una materia, con un cuerpo, mediante el cual actúa y con el que
se manifiesta a los demás hombres. Aunque en el orden coloquial
decir de alguien que es una personalidad indica asignar a esa persona
determinada una connotación de éxito social, de prestigio importante,
personalidad en términos psicológicos indica la forma característica
que tiene el hombre de sistematizar, asimilar e integrar la información
que recibe y la manera en que trata de adaptarse al medio que le
rodea.
Persona
y personalidad son términos relacionados pero no equivalentes. Toda
persona se manifiesta hacia el exterior mediante una serie de rasgos
propios que hacen referencia a cualidades personales, tanto heredadas
como adquiridas, así como cognitivas y emocionales.
Se
han dado tantas definiciones de personalidad como escuelas psicológicas
surgidas a lo largo de los últimos siglos. Podemos decir, de forma
amplia, que personalidad es el conjunto existencial y dinámico de
rasgos que hacen de ese individuo un ser único y original, aparte
de todos los demás. La palabra personalidad deriva, como persona,
del mismo término latino que designaba la máscara del actor. Uno
de los caracteres de la máscara del teatro antiguo es su permanencia,
su fijeza: el actor utilizaba durante toda la obra la misma máscara
que era la que ejercía la función psicológica de un “yo”,
de un “alguien” concreto, uno y permanente.
Este
primer contacto etimológico con el término nos indica que el ser
humano, la persona, utiliza su personalidad como forma de manifestarse
al exterior. Y, en este sentido, la personalidad tiene mucho que
ver con la corporalidad. El cuerpo es la materia con la que el hombre
expresa su forma, su acto de ser. Y no me refiero solo a la corporalidad
externa, la que vemos cuando tenemos un contacto con esa persona,
sino también a todas las estructuras nerviosas que resultan imprescindibles
como base para que el hombre pueda conocer, moverse, expresar sus
ideas o sus sentimientos... Esto no hay que olvidarlo porque la
plasticidad corporal es limitada. La biología es el fundamento material
de las diferencias personales. La vida psíquica del hombre depende,
en una gran parte, de su desarrollo biológico. El hombre, como unidad
ambivalente de cuerpo y alma, es un único “yo” y actúa
como espíritu encarnado, con una conducta de naturaleza psicobiológica.
En este sentido, el hombre se encuentra con dificultades y limitaciones
lo cual no significa que se encuentre determinado sino que su libertad
no es absoluta. La espiritualidad está conformada con la corporeidad
y, por tanto, con la sensibilidad. Esta unión tiene un particular
papel en la formación de la personalidad del hombre. Todas las facultades
del hombre están ordenadas al servicio de la persona, a su perfeccionamiento,
y todas ellas contribuyen al desarrollo progresivo del ser humano.
Pero
en la personalidad hay un segundo aspecto que se nos muestra también
en todo su dinamismo de manera inmediata. Los filósofos dicen que
ontológicamente la persona subsiste como sustrato último y raíz
de operaciones y actos libres. Subsiste en el tiempo y es siempre
“la misma” aunque no sea “lo mismo”. Mi
personalidad es mía y expresa mi “yo” pero ese “yo”,
uno y el mismo, es algo cambiante a lo largo del tiempo y de mi
espacio vital. El concepto de personalidad se halla íntimamente
ligado a la noción de conciencia y del “yo”, pero no
se agota ahí porque su noción es más amplia que lo que corresponde
al conjunto de elementos conscientes del psiquismo, ya que comprende
también sus elementos inconscientes. La personalidad es el individuo
mismo en su totalidad, en su unidad psicoorgánica y en su continuidad
a lo largo de toda la vida personal. La personalidad viene ya dada
como un germen en el recién nacido pero ha de desarrollarse y madurar
a lo largo de toda la vida. Los dos planos, el antológico, el de
la persona que subsiste en el tiempo, que es siempre la misma, y
el dinámico, ese ir cambiando a lo largo del espacio y tiempo, se
reclaman mutuamente. Ello es lo que permite que mi vida sea una
biografía, un continuo, y no una sucesión independiente de flashes
o sucesos. En este sentido, personalidad es la organización dinámica
de los aspectos cognitivos, (es decir, intelectuales), afectivos,
conativos (es decir, pulsiones y voliciones) fisiológicos y morfológicos
del individuo que se va desarrollando a lo largo de toda la vida.
El
desarrollo de la personalidad es todo un proceso lento y progresivo,
hecho de aprendizaje y educación, pero también de personal esfuerzo,
laborioso y cotidiano. Es en este aspecto dinámico de la personalidad
en el que hemos de hacer especial hincapié porque solo la persona
que, libremente, se compromete a integrar y armonizar los múltiples
aspectos y recursos de que dispone y es capaz de dirigirlos y adaptarlos,
en primer lugar consigo misma, y con el resto del medio que le rodea,
será capaz de vivir en paz y en armonía, de ser feliz. Y el deseo
de felicidad es la finalidad, el motor que mueve toda nuestra vida.
Decía Zubiri que la edificación de la propia personalidad, como
empresa de la vida, es lo que caracteriza y define la vida humana,
en cuanto humana: “El hombre existe ya como persona en el
sentido de ser un ente cuya entidad consiste en tener que realizarse
como persona, tener que elaborar su personalidad en la vida”[27]. En este sentido, el hombre es
persona desde su concepción en el seno materno pero su realización
personal, su desarrollo personal es algo que se va haciendo de forma
progresiva pero que no debe dejarse a la espontaneidad o la improvisación.
La
personalidad de un individuo está en germen desde su nacimiento
y los primeros años, hasta la adolescencia, van a ser decisivos
en ese proceso de maduración y desarrollo. Debemos a nuestros padres
un porcentaje alto de lo que llegamos a ser en nuestra vida. Ellos
nos transmiten sus genes, la herencia, que son determinantes de
muchos de los rasgos de nuestra corporalidad y que van a jugar su
papel importante, constante y estable, a lo largo de toda nuestra
vida. Por otro lado, en nuestra infancia nuestros padres han sido
el eje del mundo, el modelo a imitar, el eje de seguridad, el rodrigón
que permite el propio afianzamiento, la seguridad, la autoafirmación,
la propia identificación. Los padres son los primeros en enseñar
actitudes básicas y fundamentales, normas de comportamiento, hasta
que el niño es capaz de autoiniciarse en el autocontrol y en la
autodisciplina. De esta manera, la personalidad se va elaborando
de acuerdo con la cultura y sociedad a que pertenecen los padre.
La
escuela tiene también su parte en ese desarrollo pero su papel es
menos importante en la estructuración de la personalidad. La mayoría
de los autores están de acuerdo en admitir que los primeros años
de vida son decisivos en la configuración de la futura personalidad
ya que lo asimilado en estos años queda fijado y estable siendo
muy difícil el que su estructura pueda cambiar. Al nacer, el cerebro
tiene un grado muy alto de inmadurez siendo los dos primeros años
de vida del niño los momentos en que goza de gran plasticidad neuronal
y en los que se realizan las conexiones nerviosas que van a dar
la madurez y estructura propias del cerebro adulto.
A los factores dados se le ha llamado temperamento.
Temperamento es el conjunto de inclinaciones innatas propias de
un individuo (base genética, heredada), resultante de su constitución
psicológica íntimamente ligada a factores bioquímicos, endocrinos
y neurovegetativos, que imprimen unos rasgos distintivos al individuo.
Resulta bastante estable y difícil de variar. Es la “forma
de ser” y se encuentra íntimamente ligado a las estructuras
anatomofisiológicas centroencefálicas y límbicas y se nos desvela
en pulsiones instintivas, tendencias, estados de animo y sentimientos
vitales.
Sobre la base del temperamento los factores ambientales,
culturales y educativos van perfilando a lo largo del tiempo un
modo de ser propio y peculiar. Es lo que se ha llamado carácter,
más flexible y fácil de modificar que el temperamento. El carácter
admite un mayor grado de plasticidad. La personalidad no es exclusivamente
producto del ambiente o de la herencia, sino que se necesita siempre
de la participación de ambos componentes. Como veíamos al hablar
de la influencia de los padres no es posible deslindar de forma
clara lo que se debe a la acción de los genes y lo que influye el
aprendizaje.
Pero eso no es todo porque, sobre el temperamento
y el carácter, la persona se va configurando a través de sus decisiones
libres, adquiriendo unos hábitos que le definen como esta persona
singular. Es un proceso que no acaba nunca, que se puede llamar
proceso de personalización, y en cuya configuración interviene una
parte genética, otra educacional y la propia actividad libre. La
personalidad está influenciada por múltiples factores tales como
el aprendizaje y la experiencia adquirida que van moldeando a lo
largo de toda la vida unos sustratos biológicos como son la constitución
física, el temperamento, la inteligencia, que son como los materiales
con los que se construye dicha personalidad.
No es fácil deslindar las nociones de carácter
y de personalidad. La antropología experimental suele considerar
la personalidad como resultado de la interrelación de tres estratos
o niveles: cuerpo, pique (psicología y afectos) y espíritu (inteligencia,
memoria y voluntad), lo cual resulta bastante artificioso porque
el hombre es una unidad con dos componentes, el material, y el espiritual,
íntimamente unidos y relacionados, con una complejidad de funciones
y actividades que es lo que da origen a que los estudios de psicología
experimental puedan diferenciar esos tres niveles o estratos. El
llamado temperamento viene a ser la resultante de la incidencia
de la constitución somática o corporal en lo anímico espiritual,
lo que se ha llamado la parte instintivo-afectiva de la personalidad,
mientras que el carácter corresponde a la parte más estrictamente
espiritual, es decir, intelectivo-volitiva que puede variar con
el paso del tiempo según el uso que se haga de ese entendimiento
y voluntad libre y responsable.
Al ser el temperamento algo muy ligado a la biología,
al soma, podemos decir que no somos responsables de él. Tampoco
somos responsables totalmente de nuestro carácter en cuanto depende,
en parte, de sus características intelectuales y psicológicas que
pueden ser influenciadas por lo biológico, por lo heredado, y también
por lo aprendido en la primera infancia y que puede haber desarrollado
conexiones nerviosas más o menos estables en nuestro cerebro. Pero
en el carácter hay un margen importante de indeterminación, de posibilidad
de cambio, que se va realizando con las decisiones libres, personales.
En este sentido somos responsables, hasta un cierto punto, de nuestro
carácter. Solo hasta cierto punto porque algunos de los factores
de un carácter son invariables a lo largo de la vida. En este sentido
influye de modo importante el “cociente de plasticidad”
del cerebro, que varia mucho con la edad y que prueba la importancia
de la educación en los primeros años de vida.
El carácter es la forma en que la persona se expresa
hacia el exterior con unas señales propias, con unas diferencias
individuales, que se presentan ante los demás por la intuición concreta
y al conocimiento por simpatía o connaturalidad.
LAS TIPOLOGIAS:
La
impresión visual de una persona nos da numerosos datos sobre su
forma de ser: el vestido, su constitución física, el modo de caminar,
de saludar, sus modales... Aparte del aspecto general en Medicina
se ha hecho clásico el estudio de los “tipos” para
tratar de encuadrar, de clasificar a las personas. Los biotipos
estudian las características somáticas mientras que los psicotipos
estudian las características psicológicas. Los “tipos”
se han considerado como el sustrato, los materiales de que se dispone
para tener un conocimiento de nuestra común naturaleza humana y
de la peculiar condición individual. Frente a estas clasificaciones
no se ha de olvidar que todo hombre es uno y diferente de los demás,
aunque, a efectos didácticos, la biotipología analiza grupos de
parecidos fundamentales referidos a manifestaciones corporales o
mentales. Su estudio tuvo un gran interés para la Medicina en la
primera mitad del siglo pasado aunque hoy su desarrollo e importancia
se nos revela como muy insuficiente.
En
la constitución de un individuo, de forma artificial para su estudio,
se pueden separar tres sectores: el tipo corporal o biotipo morfológico,
los rasgos psíquicos o psicotipo, temperamento y carácter, y, en
tercer lugar, la capacidad reactiva que determina el modo de reaccionar
y las variantes funcionales del individuo ante los diversos estímulos
o estrés.
Los
estudios acerca de las tipologías del temperamento se inician con
Galeno e Hipócrates que lo definieron como “una mezcla en
proporciones variables de los cuatro humores fundamentales: linfa,
bilis, nervios y sangre”. De ellos procede la división clásica
de los temperamentos en linfático, bilioso, nervioso y sanguíneo.
Las
tipologías aparecidas en la historia de la psicología han sido múltiples.
De los tipos corporales o biotipos existen numerosas clasificaciones.
Una de las más conocidas es la clasificación de Kretschmer que toma
la configuración corporal externa como reveladora de la constitución
del individuo, suma de todas sus propiedades, y arraigadas genotípicamente
a un fondo hereditario. Los concretó en tres biotipos (pícnico,
asténico o leptosómico y atlético) a los que correspondería un temperamento
concreto que llamó ciclotímico, esquizotímico y enequético y a los
que asignó una tendencia a unas determinadas enfermedades psiquiátricas
haciendo de esta manera una sobrevaloración del papel de los factores
constitucionales en la génesis de la enfermedad psiquiátrica.
El
tipo pícnico se caracteriza por una morfología con predominio de
las medidas transversales y circulares. Las cavidades corporales
son grandes mientras que su esqueleto es relativamente frágil. Tiene
tendencia a la obesidad, con cuello grueso y corto, cara ancha,
blanda y redondeada, frente amplia, con tendencia a la calvicie.
Su aspecto general es redondeado. Así nos imaginamos a Sancho Panza.
El
tipo asténico, que se corresponde al leptosomático, tiene un predominio
de las dimensiones verticales. Su silueta alargada y esqueleto
grácil se corresponde con la idea que todos tenemos de don Quijote:
flaco, larguirucho, de cabeza pequeña y nariz larga, con piel pálida
y seca, con poco desarrollo muscular, manos largas y huesudas y
pelo fino y abundante.
El
tipo atlético presenta robustez de los tejidos musculares y óseos.
Su estatura es elevada o mediana con hombros anchos y caídos, cráneo
alto y estrecho y contorno de su cara tiene forma de ovalo alargado,
con cuello alto y manos grandes.
Kretschmer
desarrolló toda su teoría de los temperamentos que ha tenido una
gran repercusión y aplicación en Medicina. Para él, temperamento
es la actitud afectiva total del individuo, definida por dos factores
esenciales: la sensibilidad o susceptibilidad afectiva y el impulso.
Considera que el temperamento influye sobre las siguientes cualidades
psíquicas afectivas: sobre la hipersensibilidad a los estímulos
psíquicos, sobre el colorido del ánimo o sentimiento vital, sobre
el tiempo psíquico (es decir, sobre el retardo o aceleración del
curso psíquico), y sobre la psicomotilidad.
Otra
topología muy conocida es la de Sheldon que diferencia tres tipos
corporales basados en la constitución. En el endomórfico ocupa un
lugar preeminente el desarrollo visceral; el mesomórfico es aquel
en el que tienen preeminencia las estructuras somáticas (huesos
y músculos); el ectomórfico es caracterizado por la importancia
del sistema nervioso. Es una tipología semejante a la de Kretschmer
pero considera estos componentes como rasgos. A las características
somáticas añade una serie de rasgos temperamentales. Así, según
rasgos en relación con la actitud y el movimiento, afición a las
empresas, agresividad, rigidez psicológica, gusto por la soledad,
dominio de las emociones, etc., se les asigna un valor y un tipo
dentro de la “viscerotonía”, la “somatotonía”
o la cerebrotonía”. Ello permite su medición usando una tabla
con veinte rasgos para cada disposición temperamental. La valoración
se obtiene a partir de una serie de signos objetivos, de medidas.
Otra
tipología que ha tenido una gran difusión es la de Jung que describe
los tipos psicológicos a través del análisis de las disposiciones
fundamentales de introversión y extroversión a las que añadió cuatro
funciones psicológicas elementales: el pensar, sentir, percibir
e intuir. Esta clasificación guarda poca relación con la constitución
y morfología de la persona y se refiere más al carácter que al temperamento.
Es una tipología basada en la actitud hacia el mundo.
El
extravertido de Jung da un gran valor al mundo exterior (a la riqueza,
al prestigio), busca la aprobación social, tiende a ser conformista,
es sociable, le gusta la actividad exterior, el cambio, la variación.
Sus emociones, fáciles de despertar, son poco profundas y tiene
pocas inhibiciones.
El
introvertido está caracterizado por los rasgos opuestos y su interés
se centra fundamentalmente en el mundo de las ideas.
La
tipología de Jung ha sido aceptada de forma amplia aunque tome un
solo rasgo de `personalidad. Con frecuencia se le confunde con la
de Kretschmer ya que el tipo introvertido se corresponde con el
esquizotímico y el extravertido con el esquizotímico.
Otra
topología muy usada es la de Heymans y Wiersma, popularizada en
Francia por Le Senne, que se interesa por la integración de tipos
de funcionamiento del sistema nervioso y de tipos psicológicos y
no por las características morfológicas del cuerpo. Distingue tres
propiedades fundamentales: la emotividad, la actividad y la resonancia.
Entiende por emotividad la capacidad de desencadenar una reacción
afectiva por un hecho insignificante. Actividad es la capacidad
de gastar una energía para obtener un fin determinado. La resonancia
de las representaciones es inmediata en el “primario”
y tardía en el “secundario”. Su combinación permite
obtener ocho tipos puros bien conocidos: coléricos (EAP)[28], apasionados (EAS), nerviosos
(EnAP), sentimentales (EnAS), sanguíneos (nEAP), flemáticos (nEAS),
amorfos (nEnAP) y apáticos (nEnAS). A estas combinaciones de dimensiones
fundamentales se asocian algunas propiedades secundarias, con alto
grado de probabilidad lo cual permite deducir una verdadera descripción
caracterológica.
El
colérico se entusiasma con facilidad, pueden ser irritables y perder
el autocontrol. Sus sentimientos se expresan hacia el exterior con
fuerza y facilidad.
El
apasionado vive sus experiencias con fuerza y profundidad. Es tenaz,
con sentimientos profundos y constantes que sabe controlar.
El
nervioso es sensible y emotivo, reacciona fácilmente ante los estímulos
pero lo hace de forma pasiva, sin manifestar hacia el exterior sus
emociones lo que puede desencadenar con facilidad trastornos psicosomáticos.
El
sentimental se diferencia del anterior en que es secundario, es
decir su respuesta hacia los estímulos es más tardía aunque más
duradera. Manifiesta poco hacia el exterior sus sentimientos pero
estos son vividos con gran profundidad y estabilidad.
Los
sanguíneos son personas tolerantes que se adaptan con facilidad
a situaciones nuevas. Los sentimientos no tienen hondura y conectan
poco con lo intelectual. Superficiales, su interés pasa con facilidad
de un tema a otro.
El
flemático es ecuánime y equilibrado. Comprensivo, tolerante, prudente
y paciente aunque puede caer en la indiferencia y en el escepticismo.
No se precipita a la hora de tomar una decisión y le cuesta adaptarse
a situaciones nuevas.
El
amorfo es poco emotivo, dominado por la pasividad, responde de forma
superficial ante los estímulos externos.
El
apático es frío y pasivo aunque es constante en sus ideas y poco
influenciable ante los estímulos externos.
Como
podemos ver ante las múltiples tentativas de médicos y psiquiatras
en tratar de deslindar temperamento y carácter y de intentar definir
al individuo en función de unos “tipos” comunes de existir,
los esquemas caracterológicos no pueden por menos de producir una
decepción porque una tipología define al individuo por lo que no
es él mismo, fijando sus límites en vez de tratar de ayudar a su
mejora personal. Esos esquemas no son sino un camino hacia el conocimiento
del ser individual ya que solo conociendo las características propias
podemos tratar de educarlas y mejorarlas en lo que sea posible.
Unos sentimientos fuertes, potentes pueden ayudar mucho en la mejora
personal ya que son un fuerte motor para la actuación personal pero
hacen más difícil el equilibrio interior ya que hacen mas fuerte
el sufrimiento interior ante los fracasos o las dificultades.
La
personalidad constituye la síntesis de todos los elementos que intervienen
en la formación mental de un sujeto y que le dan una fisonomía propia.
Esta configuración resulta de múltiples particularidades de su constitución
psicofisiológica, de sus componentes instintivos y afectivos, de
la forma en que reacciona y de las impresiones dejadas por todas
las experiencias vividas a lo largo de toda su historia y que han
ido dejando su huella en el individuo. Pero la estructura de la
personalidad se ha de situar en un marco más amplio. La personalidad
no está simplemente situada en un mundo y abierta a él, de forma
que ese mundo entra como elemento integrante de la personalidad
misma. La personalidad opone su “yo” al mundo exterior,
perfilando de esta manera su consistencia y sus limites. Ello no
quiere decir que se “enquiste” en el mundo sino que
la personalidad está obligada a interrelacionarse con el mundo “a
actuar” con él, a ajustarse con su conducta a las circunstancias
del momento pero también está obligada a modificar con su actuación
el ambiente exterior. El hombre no sigue exclusivamente las leyes
de la adaptación al exterior sino que es el ser que, al actuar,
se relaciona con el mundo para cambiarlo, para mejorarlo, si actúa
bien.
psique, soma,pneuma,
En este apartado vamos a seguir la división tripartita
de espíritu (pneuma), psique (parte psíquica psiqué) y cuerpo (soma)
como más útil para describir el fenómeno humano. Es cierto que se
ha utilizado ampliamente la división dual de alma-cuerpo siguiendo
la fórmula forma-cuerpo, que es de gran utilidad, pero es tan rico
el ser humano que parece más adecuada la composición ternaria. El
alma abarcaba lo espiritual, y es principio de vida de todo el ser
humano incluido dar el ser al cuerpo. En el alma residen las facultades
de la inteligencia y voluntad claramente espirituales y conectadas
con el cuerpo- En el cuerpo se estudia lo corporal. Pero existe
una parte intermedia que llamamos psique, algo confusa pues unas
veces se atribuía al espíritu y otras al cuerpo, y que pensamos
tiene entidad suficiente para estudiarla.
El acto de ser que constituye a la persona sigue
siendo el acto que da el ser a todos los niveles del hombre y le
hace persona, pero actúa de modo diverso en los tres niveles antedichos.
En el pneuma se distinguen la inteligencia y la voluntad y una fuerte
actividad afectiva. En la psique se encuentra el soporte del pneuma
en los tres niveles. En el soma está el cuerpo con sus percepciones
y función de relación con todo el universo material.
Es posible distinguir , especialmente en la actividad
del cerebro una zona intermedia, que podemos llamar psíquica, que
sin ser directamente voluntaria ni intelectual tiene una gran influencia
en la voluntad y en la inteligencia. Donde tiene más influencia
es el mundo afectivo, de tal manera que resulta difícil calibrar
los afectos o sentimientos espirituales y los inducidos por el cerebro
o el cuerpo. A su vez se da también una influencia de signo inverso
de la parte superior espiritual hacia el cuerpo de modo que sentimiento
personales y exclusivamente espirituales (por ejemplo amor en la
oración, contrición, culpabilidad, vergüenza) influyen mucho en
el cuerpo, especialmente en el cerebro que es el primer receptor.
Se da así una actividad de signo contrario a tener en cuenta, sobre
todo en el terreno médico y en estrictamente espiritual, como ya
veremos en el apartado del cerebro.
Es significativo que existan tantos trabajos de
psicólogos que intentan que el hombre alcance un equilibrio más
o menos normal. Sus intentos dependen de su experiencia y de su
antropología, pues quieran o no, todo hombre es filósofo. Suelen
racionalizar y se suelen encontrar con consejos o manuales de comportamiento
que hubieran sido más profundos si hubiesen conocido los libros
sapienciales de todas la culturas antiguas (descubren el Mediterráneo,
y no todo) y también los libros de autores espirituales que saben
muchísimo de los estados del alma.
Recojo unas observaciones de un psicólogo Seymour
Espstein que en su validez muestra lo que acabo de decir. Distingue
entre inteligencia racional y experiencial e intenta conciliarlas
“La inteligencia racional es la que todos
conocemos desde hace tiempo y a la que nos referimos cuando hablamos
de cociente intelectual o CI. Tradicionalmente, se ha concedido
más importancia a este tipo de inteligencia. Sin embargo, se ha
visto que un CI alto no garantiza el éxito en la vida, las relaciones
o el trabajo. Para eso hacen falta otro tipo de habilidades, que
son precisamente las relacionadas con la inteligencia experiencial.
Ésta se basa en la experiencia vivida, es automática, preconsciente,
rápida, fácil y está relacionada con las emociones y la personalidad.
Se basa en aquellos pensamientos que aparecen en nuestra mente de
manera automática ante cualquier acontecimiento de nuestra vida,
y en modos más generales de ver el mundo, a nosotros mismos y a
los demás, aprendidos en la infancia y a lo largo de nuestras
vidas y experiencias y que forman parte de nuestra forma de ser.
Por ejemplo: "Pienso que no se puede confiar en nadie"
o "Pienso que en el fondo todo el mundo es bueno".
La inteligencia experiencial funciona por asociaciones en vez de
por lógica, estableciendo relaciones entre acontecimientos que tienen
una fuerte carga emocional. Es decir, si un acontecimiento sigue
a otro, significa que el primero ha causado el segundo. Por ejemplo,
cuando Javier tuvo un gran éxito en una reunión de trabajo el día
que se puso su camisa amarilla, después se ponía siempre esa camisa
cuando tenía una reunión importante. Por supuesto, su mente racional
le decía que eso era una tontería, mientras que su mente experiencial
le estaba diciendo lo contrario.
Por lo general, ambas mentes trabajan unidas,
de modo que no nos damos cuenta de su existencia, excepto en los
momentos en los que existen contradicciones entre ambas. Es decir,
cuando la cabeza nos dice una cosa y el corazón otra distinta. Después
da consejos que pueden ser útiles si conociésemos mejor el cuerpo
y el cerebro, además de la vida espiritual:1. Identifica tus pensamientos
automáticos. El primer paso para poder cambiarlos es
llegar a ser consciente de esos pensamientos automáticos preconscientes.
Para ello puedes guiarte por tus emociones, de modo que cada vez
que estás en una situación en la que te sientes mal, presta especial
atención a lo siguiente: Cuando las emociones no son
muy intensas resulta un poco más complicado detectar los pensamientos
automáticos. En estos casos prueba a decirte diferentes cosas hasta
que encuentres alguna frase que intensifique esos sentimientos.
Con la práctica te irá resultando cada vez más fácil. 2.
Identifica tus procesos mentales secundarios. Son otros pensamientos
automáticos que siguen y son consecuencia de los primeros. Por ejemplo,
alguien critica tu trabajo y tú lo interpretas como un ataque, de
modo que tu pensamiento automático es "me ha insultado".
Después aparecen otros pensamientos (procesos secundarios), como
"me las va a pagar" o "bueno, tal vez no ha sido
un insulto" o bien "tendré que mejorar para que no vuelva
a pasar esto" o "es mejor no hacerle caso". 3. Identifica
tus respuestas conductuales. Los pensamientos automáticos pueden
llevarte a actuar de un modo otro. En el ejemplo anterior, tu comportamiento
dependerá de lo que has pensado. Por ejemplo, puedes atacar verbalmente
a quien te criticó; ponerte a trabajar más duro, no hacer nada en
absoluto, etc. 4. Identifica tus "zonas sensibles". Se trata de aquellas cosas
que te sacan de quicio y ante las cuales reaccionas con más intensidad
que la mayoría de las personas. Son un indicio de que tu pensamiento
constructivo es muy malo es esos casos y necesitas mejorarlo. Por
ejemplo, puedes ser especialmente sensible al rechazo, al fracaso,
a lo que otros piensen de ti, etc.
Son consejos prácticos según un esquema previo
más o menos intuitivo. Si observamos a los niños pequeños al ser
más pasivos respecto al mundo exterior se pueden hacer más observaciones
¿Cómo se desarrolla el afecto a través del tiempo
de 0 a 18 meses?
1. Antes de los dos
meses, los bebés se consideran uno con el mundo y responden del
mismo modo ante cualquier persona.
2. Hacia las ocho
a doce semanas aparecen las primeras señales de cariño: lloran,
sonríen y balbucean más ante la madre que ante otra persona.
3. A los 6 o 7 meses
empiezan a mostrar ansiedad ante los extraños y buscan a su
madre para que les dé seguridad.
4. Hacia los 9 o
10 meses suele aparecer la ansiedad de separación, que perdurahasta
los 2 o 3 años. Forma parte del desarrollo normal del niño y sucede
porque ya es plenamente consciente de que es un ser independiente
y separado de su madre y el mundo.
5. Durante el periodo
que va de los 10 a los 18 meses la principal actividad de los niños
consiste en explorar el mundo. Pero esta exploración implica también
inseguridad; puede sentir miedo y verse amenazado por el ambiente
que le rodea. Por eso, antes de adentrarse en el mundo, necesita
saber que hay alguien que lo protege y a quien puede recurrir en
caso de necesidad sabiendo que le dará su apoyo y consuelo. Por
tanto, si el proceso no ha sido adecuado, pueden tener problemas
a la hora de lanzarse a descubrir el mundo. La unión con la madre
se manifiesta aquí en forma de continuas comprobaciones para asegurarse
de que está cerca, entrelazadas con constantes incursiones y exploraciones
del. Este dilema (permanecer junto a la madre frente a explorar)
también puede dar lugar a conductas contradictorias. El niño puede
seguir a sus padres como una sombra y pegarse a ellos como una lapa
y más tarde salir disparado como una flecha tanto alejándose de
ellos como hacia ellos.
También se pueden estudiar otras situaciones entre
las infinitas en las que se encuentra el ser humano.
Acontecimientos estresantes. Algunos estudios
han comprobado que los ansioso-ambivalentes han sufrido más acontecimientos
desagradables en sus vidas, como malos tratos, enfermedades graves,
abuso sexual, muerte de un progenitor y divorcio de los padres a
una edad temprana. Los sucesos negativos aumentan la probabilidad
de desarrollar un apego inseguro incluso aunque el comportamiento
de los padres con el niño sea el adecuado. Un ejemplo estudiado
es el de los hijos de madres drogadictas pues
tienen más probabilidades de desarrollar un apego desorganizado,
debido principalmente a la forma que tienen de comportarse estas
madres: tienen más probabilidades de abandonar, rechazar o maltratar
a sus hijos, son más insensibles a sus necesidades y los tocan y
acarician menos. Sin embargo, si la madre abandona las drogas tras
el nacimiento de su hijo, éste puede llegar a desarrollar un apego
seguro.
Generalización de la influencia de los afectos,
el entorno y las funciones cerebrales[29].
Según las experiencias emocionales que vive el
ser humano desde sus primeras etapas de desarrollo se van moldeando
no solo sus circuitos neuronales con el consiguiente estilo de pensamiento
personal, sino que también se va produciendo cambios neuroquímicos
de las sustancias que intervienen en el funcionamiento cerebral
y en los diferentes estados de ánimo, que experimenta cada persona.
Tanto la base orgánica cerebral, los neurotransmisores como los
estilos de pensamiento están grandemente influenciados por las experiencias
emocionales que recibe el ser humano, incluso desde etapas prenatales.
Así nos explicamos algunos casos de niños de meses de vida con serios
trastornos del sueño y en cuya madre recogemos la información de
experiencias emocionalmente muy traumáticas, como miedos o depresiones
por la muerte de un familiar significativo en los últimos meses
del embarazo. Observamos bebés hiperalertas, con dificultad de iniciar
el sueño, incluso de día como demostrando una necesidad de controlar
el ambiente que experimentan como amenazante, pareciera que sienten
la necesidad de estar atentos a cualquier peligro inminente. Si
no se modifica su horario de sueño, se van produciendo los correspondientes
neurotransmisores químicos, que se encargaran de mantener despierto
al sujeto. Así, una causa emocional, ambiental puede influir en
una estructura cerebral determinada, que en el caso del niño está
en plena formación y maduración.
La forma de afrontar un problema en la vida adulta
tiene mucho que ver con el estilo de pensamiento y con las experiencias
que vivió la persona en las primeras etapas de su vida, siendo de
especial trascendencias aquellos aspectos relacionados con su desarrollo
emocional. Así una persona positiva, que en su niñez tuvo la suerte
de recibir estímulos que le permitieron mantener una autoestima
alta, en quien sus padres confiaban y le daban oportunidades de
éxito verá siempre alguna salida positiva, optimista a los problemas
que se le plantean en la vida adulta.
En cambio una persona que en su niñez sufrió situaciones
de inseguridad, de quien las personas que se encontraban cerca no
tenían buenas expectativas de su conducta y abundaron en su niñez
experiencias emocionales estresantes y de frustración marcaron su
estilo de afrontar sus problemas en la vida adulta, destacándose
por su inseguridad, pesimismo y tendencia al desánimo, a los miedos,
a la ansiedad y finalmente a la depresión, grados que dependen del
apoyo que le brindan las personas de su entorno familiar y social
más cercano.
Esta opinión como todo lo que se relaciona con
la vida del ser humano no puede ser categórica cien por cien, ya
que en la persona la constante interacción de pensamientos, ideas,
movimiento de la voluntad y dirección u objeto de su amor y estima,
son procesos dinámicos. Cada persona recibe la influencia positiva
o negativa del que tiene a su lado, a veces una simple conversación
en un momento crítico puede ayudar a cambiar una decisión.
Esto no quiere decir que el futuro esté decidido
por la infancia o la etapa prenatal, pero si que influye grandemente.
Sin embargo, el hombre es libre y bebés en las condiciones ideales
no responden al ideal humano, ni siquiera al normal, y bebés en
condiciones difíciles son fuertes capacas y amorosos en su madurez.
Queda en pie la influencia del espíritu en la materia y viceversa.
El campo es inmenso, ahora intentaremos ver como el cuerpo (soma)
influye en la parte superior (psique) y éstas influyen y son influidas
en el alma (pneuma)
Este título se hizo famoso por el trabajo conjunto
de Eccles premio nobel de Neurología, especialista en la neurofisiología
del cerebro y Karl Popper, internacionalmente conocido. El Dr. Cervós
me decía en una conversación personal sobre el tema que es más fácil
destruir teorías al respecto que hacer una buena. Hay que señalar
que este doctor de neurofisiología del cerebro, ex vicerrector de
la Universidad libre de Berlín y ex rector de la Universidad Internacional
de Cataluña, tiene unos 500 trabajos publicados en revistas de prestigio
internacionales, lo que da un valor a sus afirmaciones.
Después de la distinción que hacemos de espíritu,
realidad psíquica y cuerpo, pasamos a más detalles concretamente
en el cerebro y la afectividad siguiendo en gran parte el estudio
de M Gudin, Cerebro y afectividad. Publicado el año 2002.
Esta autora constata que “el cerebro ha pasado
de ser una caja negra, en la que entraban determinados datos sensoriales
par salir transformados en hechos de comportamiento, a ser un sustrato
propio del conocimiento científico”[30]. De un modo aproximativo se cuantifica que el
cerebro tiene unos 100 billones de neuronas con una 10.000 conexiones
vivas llamadas sinapsis que forman unas redes muy complejas que
se van rehaciendo..
El salto científico de los últimos tiempos se ha
realizado sobre todo en el campo biológico, y la gran incógnita
es el cerebro, aunque se conozca mucho más que hace pocos años.
Parece importante que se de el paso a la de comprobación desde las
hipótesis o las fantasía para que no se elaboren grandes teoría
sin fundamento.
Simplificando, se puede decir que “la función
del sistema nervioso es transmitir estímulos nerviosos para la comunicación
de diversas áreas del cuerpo”[31]. Por otra parte, tienen gran importancia “los
neurotransmisores, que son sustancias liberadas en las terminaciones
neuronales y actúan sobre la neurona excitándola o inhibiéndola
(...) En muchos transtornos del estado de ánimo falla la serotonina
(liberada en el tronco cerebral), muchas ansiedades provienen del
exceso de noradrenalina y adrenalina. La esquizofrenia guarda relación
con exceso de dopamina. Su falta conduce al Parkinson”[32]. El equilibrio es muy difícil
y aún no se sabe demasiado.
Lo primero es constatar que el cerebro se encarga
de las funciones cognitivas más altas y el cerebelo de las funciones
automáticas del organismo. Luego viene hacer un estudio somero y
simplificado de la acción de las zonas cerebrales. Todo teniendo
en cuenta que la realidad es mucho más compleja porque, por ejemplo,
en las regiones blancas que parecen de exclusivo transporte se da
la presencia también de neuronas (cuerpo gris) y que en cada zona
se pueden identificar hoy núcleos diversos; además de que las redes
neuronales tiene gran plasticidad y van cambiando con multitud de
circunstancias como la muerte de muchas de ellas todos los días
desde el día del nacimiento, superando estas pérdidas con la reorganización
continua de actividades. También tiene gran influencia el entorno
y de las actividades superiores, las enfermedades, las experiencias
negativas y positiva en el campo sentimental, el aprendizaje etc.
Como vemos la complejidad es enorme.
Aún así, se puede distinguir que “la región
prefrontal tiene gran importancia en el hombre y constituye una
de las principales áreas asociativas (...) el hombre se distingue
del animal en el increíble desarrollo prefrontal, que es la región
del cerebro que modula los comportamientos unidos a una meta
y hacia la consecución de objetivos (p.90) como memoria a corto
plazo, una anticipación y una función protectora de influencias
externas o internas. Lesiones en esta área pueden resultar apatías
y falta de movimiento espontáneo, y también hipercinesia, euforia
y desinhibición (92) Está muy relacionada con la inteligencia considerada
como capacidad de creación (93). Fuster la describe según lo que
Aristóteles y Santo Tomás llamaban cogitativa (órgano de valoración,
pero todavía sensitivo decían). Es la facultad última de la sensibilidad”[33]
Muy distinta es la función del “lóbulo parietal
que contiene el mecanismo de la percepción, no es silente como se
pensaba antes. Es como un centro para la integración de la información
sensorial”[34]
Se ha observado que según la actividad se desarrollan
más algunas partes del cerebro, no al revés. En los casos estudiados
en Einstein la región parietal; el violinista la región motora de
la mano etc. Existen muchos casos clínicos estudiados como el de
H.M. que un corte de la zona temporal para controlar la epilepsia
pierde la memoria retroactiva posterior. Es decir que abarca desde
la operación quirúrgica en adelante, pero no la memoria de lo anterior.
Actualmente se detectan alrededor deocho centros de memoria distintos.
El caso de Phineas Gage con lesión frontal y un cambio de conducta
notable en cuanto a infantilismo aún teniendo emociones fuertes
es muy conocido.
En “lóbulo temporal se sitúa el lenguaje
auditivo, la memoria y gran parte del campo emocional. (...) También
tiene funciones específicamente humanas: como la memoria y el lenguaje
y las emociones de miedo y defensa, vergüenza, culpa, enfado, ira,
excitación anticipatoria, excitación sensorial y sensación de contento
o felicidad (95 –97) se conecta fuertemente con la zona frontal
y parietal que le dan una significación más personal. También con
la amígdala, el hipocampo y el sistema límbico creando un patrón
de excitación o inhibición” (97) “El sistema temporal
es un sistema vivo y dúctil, no cerrado en lo ya aprendido, permite
pasar de lo concreto a lo abstracto y de lo particular a lo general
y al revés”[35] Aunque también
hay que tener en cuenta que un sistema de neuronas puede ser intercambiado
con otro.
Menos profunda es la función de los “lóbulos
occipitales que son esenciales para la percepción visual y también
abarca funciones vegetativas”[36]
En el centro del cerebro está la amígdala de gran
importancia para la afectividad. “A la amígdala se le puede
llamar cerebro emocional, se sitúa en el sistema límbico. Se le
llama el corazón y el alma de la red cerebral emocional. Tiene la
función de asignar contenido emocional a los datos de experiencia
común, por el ejemplo, el miedo produce taquicardia, palidez; el
enamoramiento también tiene efectos bien conocidos”. En resumen
“en la amígdala se vivencian los afectos”[37] .
Cercano a la amígdala está “el hipocampo
en el cual se consolidan los datos sensoriales y afectivos con la
memoria”[38]
Ambos están situados en el centro del cerebro, aunque las emociones
no se reducen a estas zonas pues existen otros núcleos activos
Ya decíamos que“la plasticidad del cerebro
en sus redes de neuronas vivas hace más rica la realidad cerebral
que la distribución en zonas. Además puede intervenir en esas redes
las acciones de la inteligencia y la voluntad por ejemplo cortando
circuitos obsesivos o con el aprendizaje o la memoria intelectual
o sensorial, por ejemplo.
Es de notar que en el campo emocional corpóreo“la
respuesta emotiva puede ser rápida, como en los animales (el león
y su víctima) estando especialmente desarrollado el olfato que
es el sentido menos inteligente, por así decir. Un miedo muy grande
o furia lleva a actuar sin pensar. Los sentidos envían a la amígdala
un dato saltándose la corteza cerebral. Aumenta la tensión arterial,
los grandes músculos se preparan para una acción rápida; estas reacciones
son muy importantes en la vida diaria p.e. conducir, frenar, acelerar
etc., pero lo propiamente humano es lo elaborado en la corteza cerebral,
sin esta actuación el hombre se animaliza sin vida racional”[39]
Muy distinta es “la reacción lenta incluye
acciones de múltiples sistemas corticales”. En la reacción
rápida “tristeza y alegría, placer, ira, temor pueden surgir
espontáneamente ante estímulos naturales” sin que sea casi
acción humana. Por supuesto no es acción intelectual, o libre, o
espiritual. Estas reacciones pueden crear “emociones que
pueden bloquear el cerebro racional en una situación de tensión
máxima haciendo incapaz de razonar correctamente. La reacción lenta,
en cambio, está más cerca de la acción voluntaria. Aunque no reside
en ella la voluntad, como veíamos antes equivale algo a la cogitativa
aristotélica que no pudo disponer des estudios del cerebro tan detallados,
pero que ya entendió esta función corporal intermedia.
Ahora bien influir no quiere decir explicar, pues
el hombre es verdaderamente libre, aunque, a veces no lo sea como
se decía en los clásicos en los actos primo primi. Se debe distinguir
los actos humanos (voluntarios) y los actos del hombre (involuntarios).
La moral clásica señalaba, aunque no conociese el cerebro como
acabamos de señalar, que las pasiones antecedentes anulan la voluntariedad
si no son provocadas queriendo la causa; y que en el caso de las
pasiones consecuentes se es libre y responsable.
El espíritu actúa en el mundo psíquico y en el mundo corporal
El espíritu puede actuar sobre la materia, en
concreto la inteligencia puede mover a adquirir un aprendizaje que
modele las emociones corporales modificando las acciones de los
sentidos, p.e. Si falta la emoción de miedo puede resultar muy peligroso
para vivir, especialmente en los niños, y conviene aprender. En
la actividad sexual es evidente la importancia de una conducta precoz
y sin frenos o una educada en la racionalidad y el respeto. La acción
intelectual no sólo actúa en los sentidos sino también en la razón
sensitiva (por lo menos la zona cortical) modificando conductas
como que los niños no lloran, o que rezando se adquiere más paz
interior y se superan temores, o eligiendo un vestido decoroso y
no provocativo etc.
La voluntad tiene la última palabra pues decide.
Con dificultades, pero elige. Elige según el dato de la inteligencia,
pero puede decidir que la inteligencia siga buscando otras razones,
hasta que la detiene y juzga. Elige según las experiencias sensoriales
y emocionales, pero puede decidir alejarse de la percepción, como
no ir al cine o ver otro canal de TV. Elige experiencias que moldean
el carácter, como puede ser deporte extremo, o entrenamiento continuado,
o vida de estudioso, educar la sensibilidad artística, o vida muelle.
Elige intentar controlar las emociones que le resultan
molestas, como el miedo excesivo con unos cursos de defensa personal,
o una medicina que fomente la agresividad; o alejarse de las situaciones
que le han encolerizado. Elige una vida de espiritualización de
todas las acciones exteriores e interiores, o rehuye a Dios obteniendo
emociones claramente dispares.
Todo esto se aleja de la situación estática de
acción-reacción porque varía todo: los sentidos, el cerebro, el
entorno, y, sobre todo, el mundo intelectual, volitivo y espiritual.
También cambia la realidad personal profunda, que podemos llamar
corazón en sentido bíblico, y la acción de la presencia de Dios
en el alma y la luz que ilumina el intelecto agente y el amor que
mueve a la voluntad, así como la acción de la gracia sobrenatural
de efectos extraordinarios u ordinarios de comprobada realidad histórica.
Todas estas consideraciones llevan a superar una
visión estática del ser humano, y también una visión reduccionista
que intente explicar con realidades verdaderas pero parciales, como
los mecanismos cerebrales, auténticos fenómenos espirituales. Esto
aleja de la situación estática de acción-reacción, porque puede
variar todo tanto la actividad de los sentidos como la del cerebro,
así como el entorno. El mundo intelectual y volitivo dirige el mundo
sensorial y afectivo, aunque sea fuertemente influido por ellos.
No somos ángeles, pero tampoco somos animales.
La realidad personal más profunda, que hemos llamado
corazón, también actúa en las emociones corporales y en la vida
sensitiva. Actúa influyendo en la acción, más aún si es una acción
lenta y continuada, como vivir la solidaridad con los marginados,
o alegrarse con la fruición estética, o amar a los enemigos, o cuidar
a los enfermos, o acostumbrarse a la sobriedad, etc
La vida estrictamente espiritual también actúa
positivamente en los campos antes señalados. La acción de la presencia
de Dios en el alma conforma la conducta, como es vivir un amor muy
espiritual, llamado caridad por los cristianos. Las convicciones
influyen como la luz de la fe que ilumina el intelecto agente o
el amor que mueve a la voluntad, o la esperanza que da paz y alegría
en las dificultades. La acción de la gracia sobrenatural es clarísima
en los constatados efectos extraordinarios o místicos muchas veces
estudiados; también en los ordinarios llevando a tener, por ejemplo,
un buen carácter al que lo tenía malo por deficiente contextura
corporal o por lesión cerebral. Olvidar lo tantas veces experimentado
sería fruto de prejuicios anticientíficos. Como decían los clásicos
cristianos la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona.
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