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Anexo 1. ¿Cómo es el cerebro?
El cerebro es el órgano más
complejo del ser humano. Anatómicamente el cerebro ocupa casi en su totalidad
la caja craneal. En su conformación exterior presenta unos pliegues, o
circunvoluciones, entre las cuales se observan una serie de hendiduras
llamadas surcos y cisuras. Visto por su convexidad se compone de dos hemisferios:
El hemisferio cerebral derecho y el izquierdo. En cada hemisferio se pueden
estudiar cuatro lóbulos cerebrales: Frontal, parietal, temporal y occipital.
El cerebro está tapizado por una capa de 1 a 4 mm de espesor denominada
corteza cerebral. El cerebro junto al cerebelo y a lo que se llama tronco
cerebral, es decir, bulbo raquídeo, protuberancia y mesencéfalo, forman
el llamado encéfalo.
La corteza cerebral está formada
por seis capas de células nerviosas o neuronas, dividiéndose según los
lóbulos da lugar a unas áreas implicadas en la función cerebral. Así la
zona motora del cerebro se inicia en las neuronas que forman la corteza
cerebral de un área del lóbulo frontal. Desde esta localización parten
las vías nerviosas de la motilidad voluntaria. La sensibilidad sigue vías
nerviosas que tienen como última estación la corteza de la región parietal.
Los fenómenos de la audición terminan en la corteza temporal y la visión
finaliza en la corteza occipital.
Si se practican cortes sucesivos
en un cerebro conservado en formol podemos distinguir en su interior unas
cavidades o ventrículos y una serie de núcleos nerviosos como el tálamo,
núcleo caudado, núcleo lenticular, núcleo amigdalino..., además existen
fibras nerviosas que unen ambos hemisferios cerebrales como el cuerpo
calloso y fibras que se dirigen a centros del cerebelo, tronco del encéfalo,
médula espinal y viceversa.
Las neuronas son las células
nerviosas del cerebro. En general las neuronas poseen cuatro partes características:
Las dendritas que reciben señales nerviosas, el cuerpo que contiene orgánulos
citoplasmáticos y el DNA (el cual codifica las proteínas y el mecanismo
para sintetizarlas), los axones que forman las vías nerviosas y las terminales
o sinapsis que son el punto de contacto con otras neuronas. Estas células
consumen oxígeno y glucosa e intercambian productos químicos. Se calcula
que hay unos 100 mil millones de neuronas y 100 billones de sinapsis.
Las neuronas forman redes
específicas de señalización que son capaces de transmitir información
singular. Mediante los estudios de neurofisiología ha podido saberse que
el impulso nervioso se organiza de la misma forma en todas las neuronas.
En primer lugar existe un componente de entrada relacionado con los neurotransmisores
en la célula nerviosa que genera un potencial de acción por flujo de iones
de sodio y potasio a través de la membrana celular. Acto seguido este
potencial de acción se propaga por el axón y por último llega a las sinapsis
donde se liberarán neurotransmisores, que son mediadores químicos responsables
de la propagación del impulso nervioso a otras neuronas.
DESARROLLO EMBRIOLÓGICO DEL SISTEMA NERVIOSO
El desarrollo embriológico
del sistema nervioso es extraordinariamente complejo. Todos los cambios
neurobiológicos que se producen van destinados a la formación anatómica
y funcional de este sistema, el cual intervendrá en la fisiología de los
diferentes órganos que integran el cuerpo humano.
El sistema nervioso hace su
aparición en el embrión muy precozmente hacia la tercera semana. Se origina
a modo de una lámina plana de células en la superficie dorsal del embrión
en desarrollo que se denomina placa neural. Esta estructura posteriormente
se pliega formando como un tubo alargado y hueco denominado tubo neural
de cuyo extremo cefálico emergen unos abultamientos celulares prominentes
llamados prosencéfalo, mesencéfalo y rombencéfalo, de donde se desarrollarán
las diferentes partes del encéfalo. Durante este proceso embriológico
de formación del sistema nervioso existen una serie de fenómenos de multiplicación
y diferenciación celular que constituirán finalmente las estructuras nerviosas.
Una primera fase es la denominada inducción de la placa neural. La inducción
es el proceso mediante el cual algunas células de la capa celular externa
del embrión, denominada ectodermo, se diferencian y por tanto se transforman
en el tejido especializado a partir del cual se desarrollará el sistema
nervioso. Este acontecimiento de la inducción se debe a una interacción
del ectodermo con una parte de la capa media y subyacente del embrión
que se denomina mesodermo. Otro fenómeno consiste en la proliferación
de células en diferentes regiones y la migración de células desde la región
en donde se han generado hasta los lugares donde finalmente residirán.
También existe otro aspecto como la agregación de células para formar
las partes identificables del encéfalo, la diferenciación de las neuronas
inmaduras y la muerte selectiva de ciertas células. Por último existe
la formación de conexiones con otras neuronas así como la eliminación
de algunas de las conexiones formadas inicialmente y la estabilización
de otras. Todo ello contribuirá a que en el momento del nacimiento el
sistema nervioso esté suficientemente desarrollado.
ORGANIZACIÓN DEL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL
Uno de los componentes más
interesantes en la organización estructural del cerebro es la corteza
cerebral. La corteza o córtex consiste en una capa delgada de neuronas
de 1 a 4 mm de espesor que cubre todas las circunvoluciones cerebrales.
Aproximadamente contiene 10.000 millones de neuronas. Estas neuronas forman
seis capas principales que según el tipo de células que las integran se
denominan de diferente forma: capa molecular, capa granulosa externa,
capa de células piramidales, capa granulosa interna, capa de grandes células
piramidales y capa de células fusiformes o polimorfas. Los circuitos corticales
se organizan teniendo por base las células piramidales que suponen el
75% de todas las neuronas del córtex y por cuyos axones se exterioriza
la respuesta cortical.
Es clásica la división del
cerebro en lóbulos: frontal, parietal, temporal, occipital, límbico y
de la ínsula. Estos lóbulos están separados por cisuras intercaladas entre
los mismos. A nivel de los lóbulos cerebrales se describen áreas corticales
marcadas por diferencias estructurales y funcionales. Brodmann estableció
una nomenclatura de carácter numérico para designar y clasificar las diferentes
áreas corticales. El lóbulo frontal se sitúa en la porción anterior del
cerebro y se limita posteriormente por la cisura de Rolando. A este nivel
podemos encontrar las áreas corticales motoras 4, 6, 8, 43 y 44. En su
porción más anterior denominada lóbulo prefrontal quedan localizadas
las áreas cognitivas y volitivas 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 32, 46 y 47.
También en el lóbulo frontal existen las áreas de la región orbitaria
basal y medial en relación con el comportamiento emocional que son la
13, 14, 15 y 47. El lóbulo temporal queda situado por debajo de la cisura
de Silvio y en él pueden hallarse áreas para la percepción auditiva 22,
41 y 42, áreas relacionadas con aferencias de naturaleza visual 20, 21
y 37 y el área de percepción olfativa 38. El lóbulo límbico está relacionado
con los procesos emocionales, afectivos, del aprendizaje y de la memoria.
En este lóbulo podemos encontrar las áreas 25, 33, 24, 31, 23, 30, 26,
29, 27, 35, 28 y 34. El lóbulo parietal se sitúa por detrás del lóbulo
frontal y por encima del lóbulo occipital. En el lóbulo parietal se encuentran
las áreas corticales sensitivas 1, 2, 3, 5 y 7. En él confluye la información
que se refiere a la orientación espacial, la percepción de la imagen corporal
y la praxia construccional. El lóbulo occipital ocupa la zona polar posterior
del cerebro y comprende las áreas corticales 17, 18, 19 y, en parte, la
37. Es esencialmente visual en relación a la percepción de la forma de
las imágenes, la agudeza visual, la profundidad estereoscópica, el color,
el brillo y el movimiento. El lóbulo de la ínsula se suele relacionar
con el gusto y las funciones digestivas.
A nivel de la corteza cerebral
existe una actividad eléctrica, la cual puede medirse con el electroencefalograma
(EEG). El conjunto de los cuerpos de las células nerviosas forman la
denominada sustancia gris que queda localizada en la corteza cerebral.
y en acúmulos profundos que constituyen núcleos nerviosos como los tálamos
o los ganglios basales. En el cerebro existen multitud de fibras nerviosas
que forman la denominada sustancia blanca, estas fibras o axones unen
en un hemisferio cerebral territorios de la corteza más o menos distantes,
o unen ambos hemisferios entre si o ponen en relación la corteza cerebral
con núcleos nerviosos y otras estructuras que se encuentran en los planos
inferiores del neuroeje. Los tálamos son dos núcleos nerviosos que tienen
forma ovoide y se relacionan mediante conexiones con la corteza cerebral.
Estas conexiones forman un sistema de fibras extremadamente abundante
dando lugar al sistema tálamocortical. Las fibras nerviosas van en dos
direcciones, tanto de los tálamos a la corteza como de la corteza a la
región correspondiente de los tálamos. Todas las vías que unen a los órganos
de los sentidos con la corteza cerebral pasan por los tálamos, con la
única excepción de las vías olfatorias. Estos núcleos forman parte de
las estructuras nerviosas que se relacionan con la consciencia como es
el caso de la formación reticular que también está relacionada con el
control de procesos tales como el sueño, la vigilia y la atención.
El tronco cerebral está formado
por el mesencéfalo, la protuberancia y el bulbo raquídeo. Por el tronco
cerebral pasan las fibras nerviosas motoras que se dirigen desde la corteza
cerebral a la médula espinal y las fibras sensitivas que desde la médula
se dirigirán a las áreas corticales sensitivas. También podemos encontrar
los núcleos nerviosos de los nervios craneales y núcleos relacionados
con los movimientos respiratorios y cardíacos así como núcleos relacionados
con el mantenimiento del equilibrio.
El hipotálamo es un conjunto
de pequeños núcleos que se encuentran generalmente en la parte ventral
del cerebro donde se juntan los tálamos y el mesencéfalo. El hipotálamo
inerva mediante células nerviosas la glándula hipófisis o pituitaria regulando
así la función de las glándulas endocrinas como el tiroides, las glándulas
suprarrenales, páncreas y las gónadas. El hipotálamo regula funciones
como el comer, el beber, la regulación de la temperatura, la conducta
sexual, el dormir.
Los ganglios basales son un
grupo de núcleos nerviosos que tienen una localización cerebral profunda
y tienen funciones motoras en relación al tono muscular, inicio y control
de movimientos intencionales simples del cuerpo.
El cerebelo se compone de
una corteza cerebelosa, núcleos nerviosos (dentado, globoso y emboliforme)
y fibras nerviosas. El cerebelo establece ajustes en las actividades motoras
que puedan originarse en otras partes del encéfalo. Por tanto interviene
en mecanismos motores del tono muscular y en los sistemas de marcha y
equilibrio enviando y recibiendo conexiones del cerebro, del tronco cerebral
y de la médula espinal.
La neurona o célula nerviosa
es la unidad básica del tejido nervioso. Desde el punto de vista bioquímico
es parecida a otras células del organismo, sin embargo tienen unas características
propias y únicas gracias a las cuales se produce el funcionamiento cerebral.
La mayoría de las neuronas comparten ciertas características estructurales
que hacen posible distinguir tres regiones celulares: el cuerpo celular,
las dendritas y el axón. Los cuerpos celulares de las neuronas varían
entre pequeños y grandes, pudiendo tener morfología ovoidea, esférica,
oval o piramidal. El cuerpo de la neurona contiene el núcleo de la célula
y los mecanismos bioquímicos para la síntesis de enzimas y otras moléculas
esenciales para la vida de la célula. En el núcleo se encuentra el DNA
o ácido desoxirribonucleico. Las dendritas son delicadas expansiones en
forma de tubo que adoptan la forma de ramas a partir del tronco de un
árbol. Su superficie proporciona un lugar de máxima amplitud donde pueden
localizarse las sinapsis y pueden terminar los axones de muchas neuronas
distintas. Los axones se extienden desde el cuerpo celular y son más largos
y delgados que las dendritas. Su longitud varía desde una fracción de
milímetro a más de un metro y al final pueden ramificarse comunicando
con otras neuronas. Los axones llevan los impulsos nerviosos que se alejan
del cuerpo celular. Las neuronas no son el único tipo celular presente
en el cerebro, hay también una red densa de vasos sanguíneos que proporcionaran
el oxígeno y los diferentes nutrientes necesarios para la actividad celular.
Nos encontramos también unas células denominadas gliales que proporcionan
soporte estructural y metabólico a la delicada red neuronal. Otro tipo
de célula que reviste los axones neuronales son los oligodendrocitos y
las células de Schwann. Estas células contienen la mielina que es una
estructura de tipo lipídico que envuelve los axones. La vaina de mielina
está interrumpida más o menos cada milímetro a lo largo del axón por espacios
estrechos denominados nódulos de Ranvier. Las fibras nerviosas que están
rodeadas de mielina conducen el impulso nervioso más rápidamente que las
fibras que no contienen mielina, es decir, las fibras amielínicas.
Las neuronas, como todas las
células, tienen una membrana de unos cinco nanómetros de espesor que consta
de dos capas de moléculas lipídicas. En la membrana existen proteínas
que pueden desplazarse por difusión de un lugar a otro y otras que están
firmemente sujetas por una subestructura. Hay cinco clases de proteínas
en las membranas celulares: bombas, canales, receptores, enzimas y proteínas
estructurales. Las bombas tienen la misión de mantener las concentraciones
apropiadas de iones en el interior de la célula. Los canales son vías
selectivas por donde pueden difundir iones específicos a través de la
membrana. Las proteínas receptoras son lugares de unión para otras moléculas.
Las proteínas estructurales ayudan a conectar las células para formar
órganos y ayudan también a mantener la estructura celular. Las proteínas
de la membrana son el punto clave para entender y comprender la función
neuronal y en consecuencia la función cerebral.
La célula neuronal mantiene
en su interior una composición diferente a la que existe en su exterior.
La diferencia más importante se da en la concentración de iones de sodio
y potasio. El medio externo es mucho más rico en sodio y el medio interno
de la célula neuronal es más rico en potasio. En la membrana neuronal
existe una proteína que actúa como una bomba de manera que intercambia
los iones de sodio y potasio que se filtran por los poros de la membrana
para mantener el equilibrio óptimo en el interior de la célula. Como las
concentraciones de sodio y potasio son diferentes entre el interior y
el exterior de la neurona, el interior del axón es unos 70 milivoltios
negativos con respecto al exterior denominándose a esta situación potencial
de reposo. Se sabe que la propagación del impulso nervioso coincide con
los cambios repentinos en la permeabilidad de la membrana celular del
axón en relación a los iones de sodio y potasio. Cuando un impulso nervioso
se inicia en el origen de un axón, la membrana celular de la fibra se
hace permeable a los iones de sodio a través de los canales proteicos
en una fracción infinitesimal de un segundo, en consecuencia la superficie
interna de la membrana ya no es negativa con respecto al exterior sino
que puede llegar a ser positiva, se dice entonces que la membrana ha sido
despolarizada. Con la misma rapidez se polariza de nuevo. Este cambio
rápido en la permeabilidad iónica de la membrana se describe con el nombre
de potencial de acción.
Haciendo una descripción sencilla
de cómo se propaga el impulso nervioso, hay que tener en cuenta en primer
lugar que la mielina de las fibras nerviosas mielínicas, que constituye
un verdadero aislante, no es continua como se ha mencionado anteriormente,
sino que está interrumpida periódicamente por los nódulos de Ranvier.
En estos nódulos no hay mielina, por tanto la fibra nerviosa está descubierta.
Cuando en la zona de un nódulo de Ranvier se produce una despolarización
de la membrana porque le llega un impulso nervioso, la superficie interna
de la membrana del axón a nivel del nódulo tiene una carga positiva mayor
que la superficie interna del axón en el nódulo de Ranvier vecino, de
manera que existe un desplazamiento de la corriente en dicha dirección.
La onda de despolarización iónica salta a lo largo de las fibras nerviosas
mielínicas desde un nódulo de Ranvier al siguiente; este es el modo en
que se transmite el impulso nervioso en las fibras mielínicas. Por las
fibras amielínicas la señal nerviosa se transmite por una onda de despolarización
iónica a lo largo de la membrana del axón a gran velocidad desde el extremo
del axón que recibió el estímulo hacia su otro extremo.
Un axón puede terminar en alguna parte de la célula nerviosa,
puede terminar en células secretorias de las glándulas, en células musculares
y en los espacios perivasculares. La llegada de un impulso nervioso en
cualquiera de estos sitios genera una respuesta en la célula en la cual
termina una fibra nerviosa.
La función cerebral depende
del flujo de información que pasa de una neurona a otra a través de puntos
de contacto denominados sinapsis. Las sinapsis se realizan con mayor frecuencia
entre el axón de una neurona y la dendrita de otra neurona, sin embargo
existen otros tipos de unión sináptica entre axón y axón, entre dendrita
y dendrita y entre axón y cuerpo celular. En una sinapsis la porción terminal
del axón suele estar ensanchada en una estructura de tipo bulbar. En este
bulbo terminal existen diminutas estructuras esféricas denominadas vesículas
sinápticas que contienen las moléculas de transmisor químico que son de
bajo peso molecular. Estos transmisores pueden ser de dos tipos excitadores
que excitan la neurona como por ejemplo la acetilcolina, noradrenalina,
serotonina, dopamina, glutamato, aspartato y los inhibidores que la inhiben
como el ácido gammaaminobutírico o GABA, glicina, taurina, alanina. Estos
transmisores no se encentran distribuidos al azar por el cerebro, sino
que se localizan en grupos específicos de células nerviosas. El cuerpo
neuronal produce ciertos enzimas que están implicados en la síntesis de
los neurotransmisores (NT), estos enzimas actúan sobre una serie de moléculas
precursoras que se encuentran en el interior de la neurona para dar lugar
al NT correspondiente. Cuando los NT difunden por la hendidura sináptica,
se unen a unos receptores que activarán produciéndose una respuesta fisiológica
determinada. Los receptores de los NT son proteínas localizadas en la
membrana neuronal. Existen diferentes tipos: receptores colinérgicos,
adrenérgicos, dopaminérgicos, receptores GABA, serotoninérgicos, receptores
de glutamato y receptores opiáceos. Esta unión del NT con el receptor
debe concluir inmediatamente para que el receptor pueda ser activado
de una manera repetida. Para ello el NT es captado por la terminación
postsináptica y destruido por enzimas situados cerca de los receptores.
Por tanto un NT es una sustancia producida por una neurona capaz de modificar
el funcionamiento de otra célula de manera breve o duradera, por ocupación
de receptores los cuales activarán una serie de mecanismos iónicos y/o
metabólicos.
En los bulbos sinápticos se
encuentran unas estructuras celulares denominadas mitocondrias que se
encargan de proporcionar la energía necesaria para la síntesis rápida
de los neurotransmisores. En las sinapsis existe una hendidura que separa
la porción terminal del axón de la otra neurona en donde se forma la sinapsis.
Esta hendidura sináptica tiene una anchura de 200-300 Angstroms. Cuando
un potencial de acción llega al bulbo terminal origina la apertura de
los canales del calcio que se acumula en la célula promoviendo la liberación
de las vesículas que contienen transmisores químicos en la estrecha hendidura
que existe entre el bulbo y la membrana de otra dendrita celular que recibirá
el mensaje químico. Las sinapsis excitadoras generan impulsos nerviosos
y las inhibidoras son capaces de cancelar las señales nerviosas. Así en
una sinapsis tenemos la terminal presináptica, que es el bulbo o botón
sináptico, la hendidura sináptica y el área de la neurona receptora postsináptica.
Los neurotransmisores actúan en unos receptores proteicos de la membrana
postsináptica que procuraran un aumento de la permeabilidad de la membrana
dando lugar a un potencial de acción postsináptico en la neurona receptora
y cambios bioquímicos mediante la intervención de los denominados segundos
mensajeros como por ejemplo el monofosfato de adenosina cíclico (AMP cíclico)
pasando de esta manera la información necesaria a la otra neurona. La
mayor parte de las sinapsis pueden entrar en juego en rápida sucesión,
excitadora o inhibidora, con diferencia de solo unas milésimas de segundo
en una red de sistemas químicos y circuitos neuronales que se traducen
en distintos efectos fisiológicos. Estas redes hacen que haya una mayor
eficacia en la elaboración, transmisión y modificación de señales nerviosas,
así en una neurona pueden converger los estímulos nerviosos para elevar
el potencial de acción o pueden divergir para que la respuesta llegue
a más neuronas. Cada neurona puede facilitar o inhibir el paso de señal
dependiendo de su estado receptivo o de los neurotransmisores que se movilicen.
La neuroplasticidad es la
propiedad que tienen las neuronas de reorganizar sus conexiones sinápticas
y de modificar los mecanismos bioquímicos y fisiológicos en respuesta
a un estímulo externo (una conducta determinada o lesiones cerebrales
como un traumatismo craneoencefálico o un infarto cerebral) o a un estímulo
interno (neurotransmisores o medicamentos como la anfetamina y la comunicación
química intercelular).
Desde la perspectiva neurofuncional
esta característica hace que la neurona sea una célula versátil, concebida
para una relación dinámica con otras neuronas, por tanto la corteza cerebral
tiene un carácter flexible, en cuyo desarrollo no solo intervienen los
fenómenos genéticos sino también las vivencias del propio individuo con
la posibilidad de cambios en la estructura psíquica e incluso de la función
nerviosa. Así las relaciones interpersonales y la vida afectiva determinan
la construcción y maduración del cerebro del sujeto. Esta plasticidad
neural en que las neuronas como células vivas tienen capacidad de adaptación
y de cambio formando distinto número y tipo de sinapsis, en una relación
estímulo-respuesta, permitirá educar la forma de ser, modular la personalidad
y aprender. En consecuencia el cerebro es un órgano activo con capacidad
de cambio interno y dúctil a la voluntad de la persona que puede reforzar
la transmisión en las conexiones sinápticas así como establecer y consolidar
redes neuronales. Como ejemplo cabe citar que se han realizado estudios
que demuestran como el área motora cortical del cerebro que controla el
movimiento de la mano está mucho más desarrollada en los violinistas.
Es conocido que a partir de
los mecanismos de plasticidad neural también pueden restaurarse funciones
neurológicas alteradas mediante diferentes métodos: farmacológicos, quirúrgicos,
físicos, comunicativos, ocupacionales y psicosociales. Por ejemplo se
ha comprobado mediante técnicas de neuroimagen que los pacientes obsesivos
tienen una mayor actividad en el lóbulo frontal. Después de realizar psicoterapia,
mejorando su situación mental, ha podido observarse que existe una disminución
de la actividad en estas áreas cerebrales.
Con el concepto de la UFBEN
podemos explicar el hecho de que en un trastorno mental puedan aparecer
alteraciones del pensamiento o de la percepción y porqué este tipo de
patologías responden a un tratamiento farmacológico. En líneas generales
y sin entrar en detalles de carácter fisiopatológico, las enfermedades
mentales cuyos síntomas son manifestaciones anormales de naturaleza psíquica,
seguramente son debidas a una distorsión del campo espíritu-neural. Esta
distorsión puede originarse por alteraciones neuroquímicas o morfológicas
neuronales, por circunstancias ambientales y/o educacionales que hayan
podido tener repercusiones negativas en el “yo” de la persona con una
influencia determinada a nivel cerebral, o por ambas causas. Los fármacos
que se utilizan en este tipo de patologías actúan químicamente en el sistema
nervioso y modifican la distorsión del campo espíritu-neural mejorando
los síntomas del trastorno.
Algunos ejemplos de este tipo
de enfermedades pueden ser los trastornos exógenos cuya causa está claramente
relacionada por una alteración orgánica como por ejemplo un tumor cerebral,
las psicosis en las que se pierde el contacto con la realidad, la depresión,
las neurosis, los trastornos psicosomáticos o los trastornos de la personalidad.
Una enfermedad especialmente grave es la psicosis esquizofrénica. Existen
estudios que hablan de una predisposición genética y/o alteraciones bioquímicas
entre las cuales se puede citar la teoría de la transmetilación o metilación
defectuosa de las catecolaminas que daría lugar a sustancias alucinógenas,
o el aumento de la actividad de la dopamina en el sistema nervioso central.
Existen otras hipótesis en las que se argumenta a favor de un origen socio-ambiental.
En cualquier caso la anomalía se localizaría en algún aspecto de la unidad
funcional biunívoca espíritu-neural, ya que en una esquizofrenia pueden
manifestarse trastornos de la afectividad, deformación de la personalidad,
distorsión del pensamiento, sensación de ser dominado por fuerzas extrañas,
delirios que pueden ser extravagantes, alucinaciones y anormalidades en
la percepción de la realidad. Las alucinaciones son alteraciones en la
percepción que el individuo experimenta a través de alguno de sus sentidos
y son fenómenos que no tienen existencia real, sin embargo para el paciente
tienen un contenido de absoluta realidad y por esta razón no podrá ser
convencido de su no existencia. Los delirios son anomalías del pensamiento
en las cuales, la persona afectada, adquiere por vía de un proceso patológico,
la convicción de realidad de una idea que queda fuera de toda lógica.
Los delirios, las alucinaciones y los trastornos del pensamiento deben
ser producidos por la anomalía en el campo espíritu-neural.
Es importante mencionar la
acción de las drogas en el sistema nervioso, ya que han habido algunos
autores que desde esta perspectiva han postulado que la mente tiene solamente
un origen neurobiológico dado que estas sustancias dan lugar a alteraciones
mentales. Sin embargo se pueden explicar estos efectos por la actuación
de las drogas en la UFBEN por mecanismos bioquímicos, los cuales influyen
de alguna manera en el espíritu. La definición de droga es la de una sustancia
química, natural o sintética, que una vez ingerida altera la conducta,
la percepción, el estado de ánimo y que puede aumentar o disminuir el
rendimiento físico o psíquico. Las drogas crean hábitos existiendo un
deseo de repetir su consumo porque confieren una sensación de bienestar.
Entre los diferentes tipos
caben mencionar los opiáceos exógenos como la morfina, codeína (se utilizan
como analgésicos en medicina) y heroína (utilizada como sustancia de abuso)
actúan sobre los receptores opiáceos anteriormente nombrados. En el cerebro
existen estos tipos de receptores porque el cerebro fabrica sus propias
sustancias parecidas a los opiáceos. Estas sustancias se denominan endorfinas
y tienen un efecto analgésico. Los opiáceos exógenos interfieren los mecanismos
de neurotransmisión de la adrenalina, dopamina y serotonina y producen
en el sistema nervioso central analgesia, hipnosis y constricción pupilar.
El consumo crónico de estas drogas puede dar lugar a cambios en el comportamiento
con alteración en la capacidad de juicio, agitación o inhibición psicomotora,
lenguaje farfullante, deterioro socio-laboral y alucinaciones.
La cocaína tiene la capacidad
de aumentar en las sinápsis la noradrenalina, dopamina y el triptófano
que es el precursor de la serotonina. Los efectos que se producen como
consecuencia son: sensación de euforia, reducción de la fatiga, sensación
de agudeza mental, inhibición del apetito y estimulación sexual. La cocaína
puede causar un trastorno delirante que se caracteriza por ideas delirantes
de tipo persecutorio, alucinaciones, reacciones violentas y agresivas,
pensamiento desorganizado y trastornos de la memoria.
La droga alucinógena más conocida
es el LSD. Estas drogas psicodélicas guardan un estrecho parecido con
la serotonina, noradrenalina y dopamina. Los efectos psicodélicos de estas
drogas parece que están relacionados por su influencia sobre un tipo de
receptores de la serotonina.
En los cannabinoles se encuentran
la marihuana y el hachís. Estas sustancias producen alteraciones en los
principales sistemas de neurotransmisión central, principalmente en el
sistema límbico del cerebro que está involucrado en el comportamiento
emocional. Tienen efectos depresores, euforia, bienestar, pueden alterar
el estado de ánimo y las percepciones visual y auditiva así como la apreciación
subjetiva del tiempo y del espacio. El cannabis produce trastornos en
la memoria, en la capacidad de atención y en el aprendizaje. Psicológicamente
los consumidores pueden volverse asustadizos, confusos, desconfiados y
pueden tener ataques de pánico.
La droga de diseño más conocida
es el éxtasis. Existen una serie de trastornos psicopatológicos asociados
al consumo de estos tipos de drogas como ataques de pánico, alucinaciones
auditivas y visuales, ideas delirantes, depresión, déficit cognitivo,
ansiedad, insomnio y despersonalización.
En pacientes afectos de agresividad
irreductible o de trastorno obsesivo-compulsivo se ha utilizado el tratamiento
quirúrgico a nivel cerebral o psicocirugía con el objetivo de mejorar
los síntomas. Esto también puede dar a entender que el comportamiento
humano es debido únicamente a la esfera biológica y que si existe un trastorno
es debido solamente a una alteración neuronal. Ciertamente debe haber
una lesión en la función neuronal, sin embargo la cirugía cerebral que
modifica el tejido nervioso también tiene una influencia en la UFBEN aunque
no se sepa concretamente como. Los enfermos con un trastorno mental y
una conducta agresiva crónica con ellos mismos o con las demás personas
producen graves repercusiones en el entorno sociofamiliar o laboral. Si
en estos pacientes fracasa el tratamiento utilizado habitualmente puede
procederse a la cirugía. La técnica empleada es la hipotalamotomía posteromedial.
El hipotálamo es una parte del cerebro que está relacionada con la agresividad
del individuo, en esta intervención se produce la destrucción de una de
sus partes con el propósito de reducir o anular los fenómenos de agresividad.
Se desconoce la causa del trastorno obsesivo-compulsivo, aunque se han
apreciado dos hallazgos que cabe considerar: un aumento del metabolismo
en la corteza cerebral orbitofrontal y una alteración en la serotonina,
lo cual está corroborado por la respuesta a medicamentos que inhiben la
recaptación de serotonina. Estos hallazgos van a favor de la disfunción
que pueda haber en la UFBEN. En el trastorno obsesivo-compulsivo el paciente
puede llegar a tener una incapacidad importante y persistente rebelde
al tratamiento con fármacos. En los casos indicados se pueden practicar
diferentes técnicas quirúrgicas a nivel de determinadas zonas anatómicas
del cerebro. Una de las técnicas es la cingulotomía anterior en que se
destruye la porción basal de la circunvolución del cíngulo, la leucotomía
límbica en donde se interrumpen las vías nerviosas orbito-fronto-talámicas
y la capsulotomía anterior en que se produce una desconexión entre la
corteza orbito-frontal y el tálamo a su paso por la cápsula interna. Se
ha informado de eficacia en estas técnicas, aunque no están exentas de
complicaciones, observándose que cuando se producen cambios en la conducta
y personalidad, objetivos y mensurables, de los pacientes intervenidos
suelen ser en la dirección favorable y en raros casos se produce desinhibición
del carácter. Todas estas técnicas quirúrgicas aunque van dirigidas a
una serie de estructuras nerviosas, de alguna manera producen algún tipo
de cambio en la UFBEN.
Este estudio nos facilita
comprender mejor la enorme influencia del cuerpo, especialmente del cerebro,
en el acto de conocer. Pero también la influencia del conocer y querer
espiritual en el cerebro. La noción de UFBEN en el campo médico ayuda
a no perder de vista la unidad sustancial del ser humano. Y ya es un gran
paso, tanto para conocer al hombre, como para curarlo cuando padece enfermedades.
Todo lo que conocemos de las
cosas que nos rodean nos llega a través de los sentidos: la vista, el
oído, el olfato, el gusto y el tacto, nos permiten sentir los cambios
del medio ambiente. Los órganos de los sentidos inducen, mediante cambios
químicos, la producción de un impulso nervioso que posteriormente llegará
a la corteza cerebral somatosensorial. El impulso nervioso que se transmite
es cualitativamente igual y solo se difiere en aspectos cuantitativos,
por tanto ¿cómo se transforma este impulso en experiencia a nivel del
cerebro? ¿cómo reparamos en lo que vemos, oímos, etc.? Atendiendo únicamente
a la neurobiología no se puede entender que es tener la experiencia de
sentir.
La función más importante del sistema visual es la de
percibir objetos y sucesos, el ver es un proceso constructivo en el que
las neuronas relacionadas con este sistema tienen que efectuar complejas
actividades gracias a las cuales el ser humano tiene una visión tridimensional,
observando el entorno, orientación, color, textura y movimiento de las
cosas. La información que recogen nuestros ojos y que llegan a las áreas
corticales de la visión debe ser procesada por el cerebro para que podamos
realizar la interpretación de aquello que vemos. Es bien conocida la anatomía
del ojo humano, en él podemos identificar el cristalino, que es una lente
biconvexa y transparente que se sitúa en la parte anterior del ojo, el
iris que tiene una apertura central denominada pupila, unas células receptoras
de la luz que forman una capa en el interior del ojo llamada retina y
por último una capa rígida, protectora y opaca denominada esclerótica
que está forrada por dentro por una capa pigmentada y vascularizada llamada
coroides. En el interior del ojo se encuentran unos líquidos transparentes,
a través de los cuales pasa la luz, llamados humor vítreo y humor acuoso.
Las vías visuales empiezan en las células de la retina que se denominan
células bipolares, horizontales, conos y bastones. Los bastones contienen
una proteína para absorber el espectro lumínico: la rodopsina. Posteriormente
existe una continuación desde la retina que son los nervios ópticos cuyas
fibras se cruzan en una estructura denominada quiasma óptico. Una vez
superado el quiasma óptico, las fibras nerviosas siguen por las cintillas
ópticas que se dirigen en su gran mayoría a los cuerpos geniculados laterales
talámicos y otras fibras se dirigen a una estructura que tiene por nombre
tubérculos cuadrigéminos superiores mesencefálicos. Desde los cuerpos
geniculados laterales talámicos las fibras ópticas se esparcen en cada
hemisferio cerebral mediante las radiaciones ópticas hasta llegar al área
visual de la corteza cerebral situada en el lóbulo occipital denominada
área estriada o área 17 de Brodman, así como también en las áreas visuales
asociativas que son la 18 o periestriada y 19 o paraestriada que establecen
conexiones intracorticales con la anterior. Más allá de estas áreas se
encuentra el área asociativa terciaria o heteromodal 39 y 40 parieto-temporo-occipital
que se encargará de integrar la perspectiva y la significación última
de lo que se ve, en colaboración con su homónima contralateral y el área
prefrontal de su lado.
La complejidad de todas estas estructuras es imponente
no solamente desde el punto de vista histológico y anatómico sino también
fisiológico. La luz que incide en la retina produce una serie de fenómenos
fotoquímicos en las proteínas de la células retinianas que generan un
impulso nervioso, el cual siguiendo las vías ópticas terminará en las
áreas corticales visuales, que tienen unas subdivisiones funcionales denominadas
V1, V2, V3, V3A, V3/VP y V4. Se han estudiado fenómenos neurofisiológicos
de la visión desde la función receptora de la retina, la estimulación
de sus células y las señales transmitidas a los nervios ópticos hasta
la corteza del cerebro. Es conocido que podemos identificar los colores
gracias a la existencia de los conos que también nos permiten la agudeza
visual, mientras que por los bastones podemos ver en la luz débil. Los
conos y los bastones forman un mosaico desigual dentro de la retina, existiendo
más bastones que conos en una relación 10 a 1. Jeremy Nathans, investigador
de la Universidad Johns Hopkins señala que lo único que hacen los conos
es capturar la luz en relación a su intensidad pero para ver cualquier
color, las neuronas del córtex visual deben realizar múltiples comparaciones
de los estímulos entrantes de las diferentes clases de células cono. A
pesar de esta opinión existe controversia acerca de los fenómenos neurobiológicos
en la visión del color que tienen lugar en las áreas corticales cerebrales,
sin embargo la mayoría de los científicos han asumido que la percepción
de la forma, color, profundidad y movimiento de las cosas y sucesos, se
debe a descargas de células especializadas que detectan esas características
visuales.
¿Cómo un proceso físico-químico neurovisual hace que
una persona pueda ser consciente de aquello que está viendo? ¿Cómo se
tiene la experiencia consciente de la visión? El cerebro procesa toda
una información desde que el ojo recibe la luz hasta la corteza visual
que es el final de todo el sistema. Pero no son las neuronas de las áreas
corticales visuales las que ven y son conscientes de ello, es el “yo”,
el circuito neuronal integra mediante un complejo sistema sináptico los
impulsos nerviosos, pero el último “receptor” es espiritual. La experiencia
consciente de la visión no es propiamente celular, aunque sean necesarias
las descargas de aquellas neuronas que se han activado, es el “yo” que
reside en el alma y que forma una unidad con las neuronas de la corteza
visual el que percibe y experimenta el hecho de ver. Es una función biunívoca
espíritu-neural a nivel de la corteza cerebral la que permitirá la percepción
visual. Evidentemente debe existir una integridad anatómica y fisiológica
de todo el sistema neurovisual y las lesiones que lo afecten producirán
una alteración más o menos grave de la visión.
Las ondas acústicas generadas por una fuerza mecánica
hacen que el tímpano del oído vibre así como la cadena osicular que está
en contacto y se localiza en el oído medio. El último de los huesecillos
de la cadena osicular llamado estribo vibra a nivel de la ventana oval
que se sitúa en la cóclea. En este órgano existe una estructura que se
denomina membrana basal, la cual contiene multitud de células ciliadas
que son muy sensibles a las ondas sonoras. Los cilios se estremecen con
las vibraciones mecánicas de las ondas y producen un código de señales
eléctricas por despolarización iónica acerca de la intensidad, frecuencia
y duración del sonido, estas señales son transportadas por el nervio acústico
al núcleo coclear del bulbo y de ahí las fibras nerviosas se dirigen a
la protuberancia, mesencéfalo, núcleo geniculado medial del tálamo y llegan
a la corteza cerebral auditiva. Esta corteza se compone del área 41 ó
área cortical auditiva primaria y las áreas 42 y 22 que son las áreas
asociativas. Cuando la información llega a las áreas auditivas de la corteza
cerebral se produce un proceso de integración para que tenga lugar la
percepción del sonido. Pero el ser consciente del sonido no se establece
en las mismas neuronas de las áreas corticales auditivas, aunque estas
sean necesarias para la elaboración de la información electroquímica,
es el “yo” el que es consciente de lo que se oye. Escuchar la belleza
de una sinfonía y poder diferenciar las notas y ritmos musicales, no es
un aspecto que se realiza solo y exclusivamente en las neuronas y sus
conexiones, sino que por la unidad biunívoca espíritu-neural, la actividad
neuronal influye en el alma de la persona que es la que se percata y en
último termino percibe verdaderamente la obra musical. Con los sentidos
del gusto y del olfato ocurre algo similar, después de que estructuras
moleculares lleguen a una serie de receptores y exista la elaboración
del impulso nervioso este llegará, a través del tronco encefálico, a las
áreas corticales del cerebro 3b que es el área gustativa y 25 que es el
área olfativa en donde se elaborará la información y nos podremos percatar
del sabor o del olor, pero el que reparemos en estos sentidos es por la
UFBEN que se manifiesta en estas áreas corticales.
Las vías sensitivas se inician en los correspondientes
receptores sensitivos, las fibras nerviosas llegan a la médula espinal
y transmitirán la información al encéfalo. La sensibilidad táctil que
presenta poca capacidad de discriminación va por el fascículo espinotalámico
anterior, la sesibilidad táctil fina y precisa que requiere graduaciones
finas de intensidad va por el cordón posterior, la sensibilidad térmica
y dolorosa por el fascículo espinotalámico lateral. Estos fascículos que
pasan por la médula espinal alcanzan el tálamo y de esta estructura llegan
a la corteza cerebral. Existe una sensibilidad inconsciente que se relaciona
con el equilibrio y la coordinación de movimientos que transcurre por
los fascículos espinocerebelosos directo y cruzado que como su nombre
indica van por la médula espinal al cerebelo. Las áreas corticales relacionadas
con la sensibilidad son la 3, 1, 2, 5 y 7. Anatómicamente la sensibilidad
general se halla en la circunvolución parietal ascendente, no obstante
para que el fenómeno de sentir sea completo, la información de la señal
nerviosa tiene que transferirse al área somatopsíquica, que se localiza
en la mitad posterior de la circunvolución parietal ascendente, donde
se interpretan las sensaciones. Por último el reconocimiento del objeto
(gnosia) se da a nivel de las circunvoluciones parietales superior e inferior.
La unidad funcional biunívoca espíritu-neural a nivel
de estas áreas corticales parietales nos permite mediante la recepción,
correlación, análisis y elaboración del los impulsos nerviosos ser conscientes
de la sensibilidad. Lógicamente las lesiones de las neuronas de esta región
alterarán la unidad espíritu-neural por afectación neurobiológica y podrán
dar lugar a pérdidas de la sensibilidad en una parte del cuerpo o causar
alteraciones en la percepción e integración de la sensibilidad como la
astereognosia o incapacidad de un paciente de identificar los objetos
colocados en su mano, la anosognosia o negación del enfermo de la parte
del cuerpo alterada y la metamorfopsia que consiste en la alteración en
la percepción del tamaño, forma y consistencia de los objetos.
En la actividad mental se distingue una facultad muy
importante propia del ser humano que es el entendimiento. El entendimiento
es la función cognoscitiva por excelencia, es el que da al ser humano
la posibilidad de conocer todo cuanto es. Por el entendimiento podemos
reflexionar, es decir captarse en cierto modo a sí mismo, somos capaces
de tener ideas, conceptos, son posibles los juicios y el raciocinio, que
como se ha visto anteriormente son formas de pensamiento. La génesis del
entendimiento como aspecto de la mente es inorgánica, es decir, espiritual;
sin embargo el cerebro es necesario para la realización del proceso.
La implicación de la corteza prefrontal en las funciones
cognitivas se conoce desde el caso de Phineas Gage, hombre educado y socialmente
adaptado, quien después de un accidente en las vías del ferrocarril, que
consistió en que una barra metálica le atravesó el cráneo entrando por
la mejilla lesionando el lóbulo prefrontal, se volvió obsceno y despreocupado.
La región prefrontal es una estructura muy desarrollada en el ser humano
la cual tiene conexiones mediante fibras nerviosas con el resto de lóbulos
cerebrales, tálamo, hipotálamo, cíngulo, núcleo estriado y el tronco
del encéfalo. En esta región cerebral la UFBEN establece funciones intelectuales
superiores como pueden ser el juicio, el raciocinio, la capacidad de previsión,
la atención e incluso aspectos de la memoria, afectividad, así como funciones
ejecutivas.
La alteración de esta estructura neuronal llevará implícita
una disfunción de la unidad espíritu-neural con las consecuentes manifestaciones
como pérdida de la iniciativa y espontaneidad, mutismo, apatía, pérdida
de la imaginación, dificultad en adaptar la conducta al medio, distracción,
desorganización, falta de programación en el tiempo, pérdida del sentido
de la duración del tiempo, falta de reconocimiento de palabras, confusión,
pérdida de las normas morales y sociales, labilidad emotiva pasando de
la risa al llanto con gran facilidad y viceversa.
El influjo de la voluntad en las estructuras nerviosas
puede ponerse de relieve en distintas facetas. Esta facultad del espíritu,
que se ha analizado anteriormente con brevedad, puede influir en diferentes
partes del encéfalo. La voluntad no es el producto de un conjunto neuronal,
su origen es el alma humana y su operación en el sistema nervioso se produce
mediante la UFBEN, este concepto facilita la comprensión de cómo la voluntad
de la persona influye en la corteza cerebral u otros centros nerviosos.
La voluntad forma parte de la actividad mental junto con el entendimiento
existiendo entre ambos una actuación recíproca. Podemos decir que nuestras
acciones son voluntarias cuando de alguna manera las consideramos libres,
ya que por la voluntad se puede realizar un acto o no dependiendo de si
se quiere o no se quiere, cuando decimos yo hablo o yo dibujo no habla
o dibuja únicamente la estructura neuronal sino el “yo” y además hablo
o dibujo si lo quiero hacer.
La voluntad, entre otros aspectos, se relaciona con una
de las funciones más importantes del ser humano que es el lenguaje. En
la regulación del lenguaje participa una red que une poblaciones separadas
de neuronas que afecta crucialmente a estructuras corticales y a los ganglios
basales. Esta red de neuronas o sistema funcional del lenguaje interviene
en la integración de la información sensorial con el conocimiento almacenado.
La capacidad del lenguaje permite a las personas el poder comunicarse
y relacionarse con sus semejantes así como tener una actividad intelectual,
de hecho el lenguaje es una exteriorización de la mente, porque con el
lenguaje podemos expresar lo que pensamos y pensar es una actividad mental.
En el lenguaje existen dos parámetros fundamentales que son necesarios
para que adquiera un sentido completo: la comprensión y transmisión. Evidentemente
las ideas, pensamientos, opiniones y sentimientos se deben poder trasmitir
mediante sonidos o gestos siguiendo unas reglas determinadas pero también
deben ser comprendidas por aquel que las recibe. Para poder expresarse
mediante el lenguaje es necesario el sistema nervioso y una estructura
mecánica como los labios, la boca, la lengua y la laringe que permitirán
articular los sonidos y emitir las palabras.
Los centros corticales cerebrales que participan en la
función del lenguaje se localizan en tres áreas situadas en el hemisferio
cerebral dominante. Entre un 90-95% de las personas son diestras y tienen
el hemisferio dominante en el lado izquierdo. Las personas zurdas y ambidiestras
tienen en un 70% el hemisferio cerebral izquierdo como dominante, y del
30% restante, la mitad tienen representación del lenguaje en ambos hemisferios
y el resto tienen como hemisferio dominante el izquierdo. De las tres
áreas corticales dos de ellas son receptivas y la otra ejecutiva. Las
áreas receptivas son la 41 y 42 o de Wernicke, localizadas en el lóbulo
temporal relacionadas con la percepción del lenguaje hablado y la otra
es el área 39, en el lóbulo parietal, que se ocupa de la percepción del
lenguaje escrito. Estas áreas tienen una función integradora con las áreas
receptivas auditivas y visuales. El área ejecutiva se localiza en la región
frontal y es el área 44 o de Broca que es la que interviene en el habla
motora. La UFBEN hace posible que la persona pueda realizar la percepción
del lenguaje y su comprensión, y por otra parte también permite la expresión
de los que se quiere decir por el habla. En este proceso intervienen el
entendimiento y la voluntad. Las lesiones de las áreas cerebrales receptivas
dan lugar a la llamada afasia de comprensión en la que el enfermo tiene
una incapacidad para comprender y entender las palabras escritas o habladas,
o sea al lesionarse las neuronas que constituyen la UFBEN en esta región
deja de existir la normal función de esta unidad. Por otra parte si se
lesiona el área motora existiría la denominada afasia de expresión. En
esta afasia la comprensión está indemne y el paciente tiene dificultad
para expresar lo que quiere decir, a pesar de que por la voluntad la persona
quiere hablar no es posible porque la afectación neuronal lleva consigo
una alteración de la UFBEN.
El movimiento humano es un tema muy complejo en el que
intervienen diferentes partes del sistema nervioso central: el lóbulo
prefrontal, las áreas motoras corticales, los ganglios basales, circuitos
cerebelosos y las vías piramidales. En la motricidad voluntaria existe
una acción, cuyo sustrato organizativo son las estructuras nerviosas anteriormente
mencionadas, que consiste principalmente en una decisión de la voluntad,
pero además debe haber una programación del acto motor y la ejecución
del mismo. De todo este entorno cabe subrayar el hecho del acto volitivo.
Para que ocurra un movimiento voluntario debe iniciarse la idea de moverse
y la decisión volitiva de hacerlo, esto parece estar relacionado con la
región prefrontal, posteriormente existe una planificación del acto motor
en cuanto a la secuencia de movimientos en el tiempo y en el espacio a
nivel de las áreas premotoras. Cuando esta actividad cortical se desplaza
al área motora de la corteza cerebral se produce la orden ejecutiva para
que finalmente a través de la vía piramidal que pasa por la médula espinal
y de los nervios se produzca la contracción muscular. La estimulación
eléctrica cerebral puede producir movimientos en pacientes despiertos
que tienen que ser intervenidos del cerebro con el objetivo de no dañar
zonas normales de la corteza cerebral. Por tanto esta estimulación es
capaz de activar e influir sobre los mecanismos cerebrales que intervienen
en el movimiento voluntario. La electricidad actúa como desencadenante
de estos procesos pero en condiciones normales esta activación es producida
por la voluntad de la persona. Por la voluntad se activan unos mecanismos
neuronales previamente establecidos que consisten en una despolarización
por flujo de iones en las membranas celulares y la correspondiente neurotrasmisión
y esto depende de si existe o no el acto volitivo, es decir, de si el
“yo” personal quiere o no quiere realizar el acto concreto. Los fenómenos
bioquímicos de la transmisión del impulso nervioso y la contracción muscular
no dependen de la misma voluntad. ¿Cómo se produce la activación de las
neuronas implicadas en este fenómeno? Por la influencia de la voluntad
a nivel del campo espíritu-neural. La lesión de la corteza cerebral y/o
de las fibras nerviosas cerebrales implicadas en los movimientos voluntarios
da lugar a una pérdida de fuerza muscular. Un tumor, un infarto o una
hemorragia que afecte al córtex motor o a las fibras que emergen de él
puede producir una parálisis en mayor o menor grado de la musculatura
inervada. Cuando esto ocurre y si el paciente está consciente aunque quiera
mover las extremidades paralizadas le será imposible dado que las neuronas
que inician el impulso nervioso están dañadas o bien el impulso nervioso
no tiene continuidad por afectación de los axones nerviosos. También puede
darse una alteración del movimiento voluntario en lesiones de la médula
espinal que darían lugar a una interrupción de la conducción nerviosa.
Cuando la alteración se localiza en la corteza cerebral se producirá una
anomalía en la UFBEN por lo que la influencia de la voluntad no tendrá
lo efectos activadores de carácter bioquímico por el daño neuronal cortical.
La memoria es una capacidad que consiste en retener,
estructurar y codificar sucesos o elementos que acontecen en nuestra vida
teniendo la posibilidad de evocar estos elementos o sucesos y revivirlos
haciéndolos actuales. Se describen diversos tipos de memoria como la memoria
instantánea, la cual es fugaz y de fácil olvido, la memoria a corto plazo
que dura minutos o pocas horas y la memoria a largo plazo que nos posibilita
fijar recuerdos para evocarlos después. Es necesario el concurso de estructuras
nerviosas para la realización de la memoria, tal es el caso de la corteza
frontal, los cuerpos mamilares, el lóbulo temporal en donde se encuentra
el hipocampo y el cerebelo que está implicado en la denominada memoria
motora. En la consolidación de la memoria intervienen una serie de modificaciones
histológicas como la aparición de nuevos circuitos neurales que se estructuran
desde la experiencia adquirida creando nuevas sinapsis, destacando también
la base neuroquímica de importantes estructuras moleculares como la acetilcolina,
el ácido ribonucleico (RNA) que interviene en la síntesis proteica y el
llamado AMP cíclico que actúa principalmente en la memoria a corto plazo.
Todo el estudio anatómico y bioquímico implicado en la
memoria es verdaderamente extenso y complicado, aquí simplemente se han
dado unas pinceladas para tratar el asunto sobre el cual se plantean dos
preguntas fundamentales. ¿Cómo se recuerda? ¿Cómo se actualiza la experiencia
pasada? Es cierto que podemos recordar espontáneamente, sin embargo en
muchas veces se requiere un esfuerzo o atención en donde la voluntad de
la persona interviene como estímulo suficiente activando o facilitando
un circuito mnésico determinado. El campo establecido entre el “yo”, los
circuitos neuronales y los fenómenos neurobiológicos implicados en la
memoria, hace posible lo que decimos en numerosas ocasiones: quiero acordarme
de algo concreto, o bien, esto no se me puede olvidar. En definitiva mediante
la UFBEN el alma espiritual de la persona, en donde reside el “yo”, rememora
el recuerdo y lo relaciona con la imaginación y con el pensamiento haciendo
que la memoria sea un proceso dinámico en donde la información almacenada
en estructuras nerviosas específicas está sometida a procesos de reorganización,
dependiendo de la adquisición de nuevas informaciones y de nuevas interpretaciones
sobre informaciones pasadas.
La memoria está relacionada con el aprendizaje. En el
aprendizaje nuestra conducta varía y se modifica adaptándose a los cambios
que se producen en el entorno, estas modificaciones están mediadas por
procesos perceptivos, cognitivos y de organización motora. El aprendizaje
implica siempre alguna forma de información y, por lo tanto, una modificación
del estado de la mente de la persona. La UFBEN permite el complicado proceso
del aprendizaje en el ser humano, en el que intervienen también la voluntad,
el entendimiento así como fenómenos físico-químicos y de plasticidad neural
a nivel del sistema límbico que está constituido por el cíngulo, el hipocampo,
la amígdala, el septum, el hipotálamo y el tálamo, los cuales tienen multitud
de conexiones por fibras nerviosas.
Las alteraciones que se produzcan en las neuronas de
las regiones anatómicas que intervienen en la memoria pueden dar lugar
a la denominada amnesia en la que existe una dificultad para evocar recuerdos
o aspectos aprendidos. Una amnesia puede aparecer por ejemplo en un traumatismo
craneoencefálico, no obstante existen un grupo de enfermedades que afectan
a la memoria y también a otras funciones cognitivas, son las denominadas
demencias. Una demencia está caracterizada por un deterioro progresivo
y global de las facultades intelectuales con preservación del nivel de
consciencia. Aunque las causas que pueden dar origen a una demencia son
múltiples: tumores cerebrales, intoxicaciones, alteraciones metabólicas,
infecciones crónicas, la arteriosclerosis con repercusión cerebral, la
más frecuente es la enfermedad de Alzheimer. En la enfermedad de Alzheimer
existe una lesión cerebral generalizada cuyo origen es desconocido y que
da lugar a una atrofia difusa de la corteza cerebral. Esta atrofia es
más notable en los lóbulos temporales y frontales, existiendo una degeneración
de las neuronas en ciertas regiones específicas (hipocampo, amígdala,
ciertos núcleos del tronco cerebral, el neocórtex). Debido a esta degeneración
existe una reducción importante en la concentración de un neurotransmisor,
la acetilcolina, en la corteza cerebral y de otros como la serotonina
y la noradrenalina, con repercusión en la UFBEN.
La aparición de esta enfermedad es insidiosa y progresiva
siendo los primeros síntomas un ligero trastorno de la memoria y pérdida
de la eficacia laboral. Posteriormente el enfermo puede tener dificultades
para mantener las relaciones sociales, olvida nombres propios, citas o
conversaciones mantenidas previamente. Tiene dificultad para razonar sobre
un problema determinado. Cada vez está más desorientado y puede llegar
a perderse al realizar recorridos acostumbrados. Presentan alteraciones
en el lenguaje y cambios bruscos de humor. En las fases finales los enfermos
no reconocen a sus familiares, y tienen incapacidad para vestirse, andar
o comer.
Las emociones son estados internos que se relacionan
con el entorno y con las relaciones sociales. En la experiencia emocional
existe un estímulo que llegando al cerebro produce una respuesta fisiológica
por cambios en el sistema nervioso autónomo y en el sistema endocrino.
En un fenómeno afectivo cabe distinguir la intensidad del mismo, su duración
y los efectos orgánicos y psicológicos que produce. Existen algunas emociones
que son intensas y pueden causar un trastorno y otros en cambio atemperan
y equilibran psicológicamente. Otras veces nos mueven a cosas o hechos
externos incontrolables por nuestra parte. Se puede hablar de emoción
cuando existe una reacción afectiva de gran intensidad y de breve duración,
por sus efectos pueden ser desestabilizadoras y pueden causar desorden
psicológico. El sentimiento es una reacción afectiva de baja intensidad
y duración prolongada que generalmente por sus efectos regula y estabiliza.
Por último la pasión es una reacción afectiva por una causa externa a
la razón y voluntad propias.
En la conducta emocional de los seres humanos están implicados
muchas estructuras neuronales diferentes. Entre ellas destaca el hipotálamo
que interviene en los fenómenos homeostáticos o de equilibrio del medio
interno del organismo en que también participa el sistema endocrino y
el sistema neurovegetativo, la sustancia gris periacueductal, la amígdala
y la corteza cerebral orbito-frontal. Estas estructuras están profundamente
interconectadas y la mayoría actúan al mismo tiempo en los diferentes
componentes de las emociones.
Lógicamente la experiencia de la vida emocional no es
propiamente celular, las neuronas son necesarias en la elaboración de
estos fenómenos, pero el “yo” es el que siente y vive las emociones, por
lo tanto una vez más la UFBEN es la que mediante el campo de influencia
mutua entre el espíritu y las estructuras neuronales da lugar a esta experiencia
sentimental. El campo espíritu-neural a nivel de la amígdala tiene una
función importante en la respuesta a estímulos amenazadores y en relación
al miedo. En la corteza órbito-frontal se relaciona con la asociación
de los estímulos recibidos y su importancia social. Se sabe que los pacientes
con lesiones órbito-frontales y en consecuencia con afectación de la UFBEN,
tienen disminuida la capacidad de responder somáticamente a estímulos
que den lugar a emociones. También es conocido que lesiones en la corteza
cerebral de las regiones temporal y parietal del hemisferio derecho ocasionan
una disminución de la experiencia emocional y de la capacidad para imaginar
emociones, luego la UFBEN se afecta por el daño neuronal. Fried y colaboradores
publicaron en la revista Nature (1998) el artículo Electric current
stimulates laughter, en él explica como la estimulación eléctrica
de la división medial de la corteza motora suplementaria del hemisferio
cerebral izquierdo de un paciente producía una sensación de hilaridad
y risa. En cambio Dejjani y colaboradores publicaron en el New England
Journal of Medicine (1999) el artículo Transient acute depresión induced
by high-frequency deep-brain stimulation, en este trabajo puede leerse
como a un paciente se le estimuló un área cercana a la sustancia negra
del mesencéfalo, lo cual le produjo tristeza y lloro. Teniendo en cuenta
estos trabajos el campo espíritu-neural se establece en estas regiones
nerviosas produciendo un estado emotivo diferente en la persona dependiendo
de los estímulos recibidos. En la UFBEN no es una estimulación eléctrica
lo que induce cambios neuronales, es una situación distinta y de características
desconocidas.
En el sistema nervioso central existen neuronas implicadas
y mecanismos neurobiológicos que se relacionan con la consciencia. Es
conocido el llamado sistema activador reticular que controla la actividad
del sistema nervioso central en el que está incluido la vigilia y el sueño.
En este sistema se incluyen estructuras como el tronco cerebral, en donde
se localiza la formación reticular que es un conjunto de núcleos nerviosos
formados por neuronas que tienen formas y dimensiones diversas, el tálamo
y la corteza cerebral. El tálamo es una estructura cerebral que recibe
e integra la información que posteriormente llega a la corteza cerebral
mediante los circuitos tálamocorticales. La consciencia representa la
actividad de toda la corteza cerebral. Hay que tener en cuenta que la
consciencia, así como cualquier función cognitiva, no debe comprenderse
centrándose en una región cerebral sin considerar la relación de esta
región con las demás, por tanto la consciencia se relaciona neurofisiológicamente
con los trabajos de computación de las áreas cerebrales corticales de
asociación. Cuando un animal está dormido la estimulación eléctrica difusa
de la formación reticular produce una activación inmediata de la corteza
cerebral despertando instantáneamente. La activación del sistema reticular
genera impulsos nerviosos que se transmiten a la corteza cerebral a través
del tálamo y nos permitirá la experiencia consciente. Esta activación
puede estar motivada por estímulos sensitivos y sensoriales que originan
impulsos en la propia corteza cerebral así como estímulos que pueden originarse
en el cíngulo, el hipocampo, el hipotálamo y ganglios basales. Sin embargo
¿Cómo es posible que los cambios iónicos que se producen en las membranas
de las células nerviosas y los fenómenos bioquímicos de los impulsos nerviosos
originen la consciencia con todo lo que representa? No existe una explicación
neurocientífica objetiva de cómo se produce la conciencia a pesar de que
existen partes anatómicas en el encéfalo que intervienen en la elaboración
de la misma. Francis Crick y Christof Koch han propuesto
que la conciencia dependería de descargas electroquímicas sincronizadas
de las neuronas corticales a una frecuencia de 40 Hz. Daniel D. Dennet
habla de una teoría en que se combinan numerosos procesos independientes
y producen una respuesta coherente a un suceso percibido. Stuart R. Hameroff
de la Universidad de Arizona y Roger Penrose de la Universidad de Oxford
mantienen que la consciencia surge de procesos físico-cuánticos en los
microtúbulos que son estructuras proteicas del interior de las neuronas.
Las neurociencias quizás puedan descubrir la naturaleza del correlato
neuronal de la consciencia, sin embargo, como dice el filósofo Joseph
Levine existe una laguna en la explicación que relaciona los procesos
físicos neuronales y la consciencia. Además el físico Steven Weinberg
dice que pese a la potencia de la teoría física, la existencia de la consciencia
no parece derivarse de sus leyes.
Considerando la UFBEN se puede sostener que el alma humana
tiene la capacidad de influir de manera precisa en la neuroquímica de
la formación reticular para su activación y originar los impulsos nerviosos
adecuados que terminarán en toda la corteza del cerebro. En las neuronas
corticales existe también un campo espíritu-neural de características
totalmente desconocidas que dará lugar al estado consciente. No es mi
propósito citar aquí procesos neurobiológicos implicados en la consciencia,
quizás con el avance científico se podrán llegar a identificar los fenómenos
neurofisiológícos que intervienen, sin embargo pienso que la interacción
con el espíritu será un aspecto que escapará a la investigación neurocientífica.
El alma humana interviene en la formación de la consciencia
porque es en este estado cuando se manifiestan el “yo” pensante y cognoscente
así como las facultades del alma como el entendimiento y la voluntad,
la cual debe tener una acción concreta en la activación de los centros
nerviosos correspondientes. Sabemos que en el sueño se produce una pérdida
de la consciencia que el sujeto puede recuperar por si solo, mediante
la voluntad, o con estímulos externos o internos, por ejemplo cuando una
persona siente un dolor importante puede despertar y lo mismo puede ocurrir
en un ruido considerable. Pero en cualquier caso, y siempre hablando en
condiciones normales, el que se despierta es la propia persona el “yo”,
por lo tanto no es inverosímil pensar que el alma tiene un papel imprescindible
en la formación de la consciencia, es una capacidad más del espíritu humano.
Cabe decir que básicamente el mecanismo de producción del sueño resulta
de una disminución en la excitabilidad del sistema reticular por centros
hipnógenos que se localizan en el hipotálamo, tronco del encéfalo y cerebelo
así como a cambios en el estado bioquímico de las neuronas de este sistema,
ya que existen moléculas que tienen relación con el sueño como la serotonina
y la noradrenalina. En esta situación la influencia del espíritu disminuiría
la capacidad de activar la formación reticular adecuadamente, por los
cambios bioquímicos, no generándose los impulsos nerviosos óptimos que
llegarían a la corteza cerebral para que se produjera la consciencia.
Evidentemente después del sueño existen modificaciones en este sustrato
neural de manera que el sujeto vuelve al estado de vigilia. Este ciclo
sueño-vigilia es un fenómeno que ocurre fisiológicamente y es necesario
para el funcionamiento normal del sistema nervioso. Si alguien se propone
no dormir, evidentemente su voluntad actuará en mayor o menor grado sobre
la sustancia reticular activándola y generando los impulsos nerviosos
que llegarán a la corteza cerebral, sin embargo cuando los cambios neuronales
sean lo suficientes para impedir la activación vencerá el sueño. Se han
estudiado las consecuencias que conllevan el no dormir durante un tiempo
largo y realmente la persona puede llegar a un estado de alteración psíquica
importante por afectación neural. Los fármacos que inducen el sueño actúan
químicamente en el sistema nervioso y por lo tanto cambian la situación
biológica neuronal que impedirá su activación para que se produzca la
consciencia.
Si existen lesiones encefálicas que alteren el campo
espíritu-neural darán lugar a pérdida de la consciencia por afectación
del sustrato anatómico nervioso. Estas patologías pueden ser los traumatismos
craneoencefálicos, hemorragias en el tronco cerebral, infartos encefálicos
que afecten las neuronas de la formación reticular, tóxicos como el monóxido
de carbono, etc. Estas situaciones pueden dar lugar a diferentes grados
de pérdida de consciencia e incluso el coma. En condiciones normales el
estar despierto equivale a estar consciente de manera que la persona puede
pensar con claridad y rapidez. No obstante existen cuadros clínicos en
que los pacientes están despiertos pero no significa que estén totalmente
conscientes. Ocurre por ejemplo en algunos enfermos que después de haber
pasado un coma profundo inician una apertura de los ojos espontánea con
respuesta a estímulos dolorosos y movimientos oculares dando la sensación
de que existe una situación de consciencia. Sin embargo el paciente permanece
inatento, no habla y no muestra signos de reconocimiento de lo que ocurre
a su alrededor o de sus necesidades internas. Lógicamente el estado perfectamente
consciente del enfermo dependerá de la recuperación de las funciones neuronales
que hayan podido lesionarse.
Concluyendo creo que la consciencia en la persona humana
está relacionada con una función espíritu-neurobiológica a nivel de estructuras
nerviosas como el tronco encefálico, el tálamo y la corteza cerebral que
es el sustrato neuronal necesario.
En el embrión humano y en el recién nacido las facultades
del alma que darán lugar a la cognición y a la actividad mental se encuentran
potencialmente y serán acto cuando el crecimiento y la maduración del
cerebro sean propicias. Algo similar se puede decir del color de los ojos.
El color está en potencia en el genoma pero se manifestará en acto cuando
se hayan constituido los órganos oculares. El desarrollo del cerebro tiene
que ver necesariamente con el genoma pero su operatividad sobrepasa sus
determinaciones, es el alma como acto de ser que eleva, incrementa y amplía
la emisión del mensaje genético, por consiguiente la estructura cerebral
se irá formando por la acción del alma humana que organiza y activa la
información genética, produciéndose en este mismo proceso la UFBEN, entonces
las facultades del alma se irán expresando a medida que se desarrolle
el cerebro a través del cual se irá procesando la información que llega
por los órganos de los sentidos, que será necesaria para que el alma genere
el pensamiento dado que no está dotada de ideas innatas. El campo de influencia
mutua espíritu-neural hace que el desarrollo cerebral y de las sinapsis
neuronales puedan ser modeladas por estímulos externos que llegan al cerebro
por los sentidos y por la voluntad de la propia persona, de manera que
las neuronas como células vivas tienen capacidad de adaptación y de cambio
formando distinto número, tipo y función de sinapsis y circuitos permitiendo
el aprendizaje, los hábitos, el carácter, la personalidad, etc. Por tanto
mediante la UFBEN el cerebro es un órgano activo con capacidad de cambio
interno y dúctil a la voluntad del individuo que puede reforzar la transmisión
en las conexiones sinápticas así como establecer y consolidar redes neuronales.
Aunque se han analizado resumidamente diferentes aspectos
en los cuales se ha desarrollado el concepto de la UFBEN, no son elementos
que se den por separado en el ser humano. La UFBEN es un sistema cuyo
complejo funcionamiento es global y sincrónico, es decir, se realiza unánimemente.
En el campo de influencia mutua espíritu-neural se dan funciones de trasmisión,
recepción, integración y elaboración de información que permitirá todo
aquello que caracteriza a la persona humana: la capacidad de amar, de
tomar decisiones, de analizar, comparar y juzgar ideas, principios y conceptos
que conoce y deducir sus consecuencias. Por la UFBEN el ser humano puede
darse cuenta de las cosas y de saber lo que hace y porque lo hace, descubre
leyes de la física y de la química y sabe utilizarlas, puede hacer arte
con la pintura, la música, la escultura y la arquitectura. Además la persona
humana tiene conciencia, la cual reside en el alma, y por ella puede conocer
y querer el bien, y por el contrario rechazar el mal, y como se ha dicho
anteriormente posee la palabra hablada y escrita. Solamente el ser humano
tiene la intención formal y explícita de comunicar con el lenguaje lo
que piensa y es capaz de captar el pensamiento de los demás cuando hablan
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